lunes, 27 de abril de 2009

COMO BOLAS DE BARANDAO

El lado negativo del viaje de este fin de semana se lo llevan los taxistas zaragozanos (¿por qué no me sorprende?).

El caso es que los taxistas como colectivo no me han caído nunca demasiado bien. Suman en sí mismos todas las desventajas del transporte público (van por dónde les da la gana, se comportan como si fueran los amos de los carriles, se te cruzan sin avisar pero te pitan si tu tienes que parar por algún motivo) y las de los coches individuales. Como conductora, no los soporto. Como usuaria, prefiero mil veces el autobús, que es más económico y me da más libertad para ir andando a dónde quiera, además de ser más ecológico. Son el último recurso para el sitio incomunicado, la hora intempestiva o el transporte de maletas pesadas.

Que eran los tres factores que se sumaban a la vuelta de Sevilla.

Volvíamos el domingo de madrugada, tras haber cogido el tren-hotel a las 9 de la noche en Sevilla, que llegaba a Zaragoza a las 5.15 de la madrugada. Mis padres me habían preguntado varias veces si nos venían a buscar a la estación, pero a mí me parecía una hora infernal para hacerles levantarse de propio, así que les dije “no, hombre, no, que cogeremos un taxi para ir a casa”:

Que me corrijan, pero yo esperaba que, a pesar de la hora, a la salida de la estación lo normal es que haya dos o tres taxis esperando.

Pues miren, no. Cuando salimos aquello estaba desierto. Y no es que otros viajeros hubieran cogido los taxis antes que nosotros, ya que todas las personas que habían bajado del tren con nosotros (y habría al menos 6 o 7 grupos de dos o tres personas) estaban igual, con cara de gilipollas, mirando la calle desierta. Vimos pasar uno o dos taxis, siempre ocupados (de gente que, imagino, iban a tomar precisamente el tren que nos había dejado), pero como la entrada de “Salidas” está después de la de “Llegadas”; tampoco podíamos coger esos taxis.

Al final, Josema y yo nos cansamos de esperar. Ni siquiera la gente de la estación parecía interesarse por ello, ni siquiera un “ya llamamos a un radiotaxi” o “aquí tienen el teléfono de radiotaxi”... ¿para qué?. El guardia de seguridad simplemente nos dijo que esa era la parada de taxis y que si no había ninguno no era asunto suyo. Así que nos recorrimos la larguísima estación (casi un kilómetro de edificio, con dos maletas cuyo peso se medía en toneladas y un niño medio dormido que debería haber pasado del tren al taxi y del taxi al hogar casi sin solución de continuidad en vez de tener que caminar como un zombie y desvelarse durante un cuarto de hora largo) para salir por la otra entrada, donde no había tampoco un taxi ni medio, y continuar camino abajo hacia la Avenida de Navarra, donde llegamos a ver pasar hasta 8 taxis libres a lo lejos.

De hecho cuando llegamos a la rotonda del cruce de la Avenida de Navarra con la calle Rioja casi habríamos podido parar a dos taxis a la vez. Escogimos el más grande de los dos, por aquello de llevar mejor las maletas, y no sé si fue la mejor elección, pero en fin. Para empezar el taxista metió las maletas a regañadientes, y cuando Josema fue a subirse en el asiento delantero (ya que en el trasero estábamos Leo y yo), no se lo permitió. Teníamos que ir los tres detrás como sardinas en lata. Como además no me puedo estar callada, le pregunté “inocentemente” como era que no pasaban taxis por la estación... ¡ya no que estuvieran parados esperando!, pero el tío me soltó que si yo tendría taxis ahí parados. Pues mire, para empezar, en otras estaciones si los tienen, así que se podrá. Es que no sabemos cuando vienen los trenes. Pues los horarios están a disposición de todo el mundo, oiga. Y además, aunque no paren, bien podrían pasar por ahí, que ni siquiera de paso se les veía. Pero ¿pa qué, oiga?. Como hablarle a la pared.

No sé qué oscuros motivos tienen para no coger clientes de la estación de trenes. Quizás no cobren un plus, o quieran que se les avise por radiotaxi para cobrar más dinero, o sabe Dios qué. A mi me da igual. Por supuesto ese señor borde y maleducado no se llevó propina, y en lo que a mi respecta, si ya antes evitaba los taxis como a la peste, ahora ya no voy a contar con ellos ni como último recurso.Si repetimos un viaje maravilloso como este que hemos realizado este fin de semana, aceptaré el ofrecimiento de mis padres y aunque represente hacerles madrugar, que me vengan a buscar a la estación.

A mi los señores taxistas zaragozanos no vuelven a hacerme andar un cuarto de hora a las 5 de la mañana buscándoles, para encima tenerles que pagar. Y menos puteando a mi niño. Como bolas de barandao, los tienen estos señores. Que impresentables.

5 comentarios:

Han Solo dijo...

Lo mejor el titulo, a modo de comentario
jajajaja
Pues lo que hacen es tirar piedras contra su proio tejao. ¿Con crisis, quien va a querer coger un taxi? En vez de atraer clientes, los espantan. Pues bien, peor para ellos.
Los señores "fino ejemplo de conduccion vial y civica", cada día se llenan mas de gloria
Ahora, que los conductores de autobus, tampoco se salvan de la quema. Si, es practico, si yo no digo que no. Pero, ¿cuantas veces te has encontrado con un conductor borde, que cuando te ve correr, para llegar a tiempo, y que no se vaya el muy hijo de su p... madre arranca, cuando llegas a su altura? Y hace ya tiempo, en Valencia, un vejete no podía subir y le dijo al conductor, que bajara de un lado el autobus, para que pudiera subir mejor. Y el gilipoyas de mierda (perdon, pero es que me llego hizo remover los nervios) dijo que se lo pidiera por favor. Pues no señor, es tu olbigacion. El vejete, claro, se quejó, al verse violados sus derechos como usuario. El tio, ni corto ni perezoso, pretendia que el pobre hombre abandonara (encima de cornudo, apaleado) el autobús.
Una verguenza.

Daguona dijo...

Hace un año, cuando viajaba más a Madrid, a la vuelta siempre tenía que coger taxis.

Doy gracias porque nunca me ha pasado algo asi.
Siempre habia taxis en la estacion, se sabían los horarios a los que llegaba el tren. El problema es que eramos mucha gente, y se acababan enseguida.
Yo solia llamar por telefono,y a veces cuando venia mi taxi, cualquiera de los otros lo cogia y se iba, y yo me quedaba con cara de idiota.
Si esque la gente a veces también es...

Lilith dijo...

En Sevilla todas las estaciones tienen parada de taxi, otra cosa es que te clavan lo que no hay en los escritos los muy cabrones de mierda porque tienen una tarifa especial según donde los cojas. Por eso aqui se habla de la mafia del taxi, y con mucha razón.

Veronica dijo...

Recuérdame algún día que te cuente mi anécdota del taxista que me llevó a casa después del un concierto de Manowar.

Casi me bajo en marcha.

Sonia dijo...

Si es que lo lógico sería que hubiese taxis en todas las estaciones, que para eso tienen paradas. Yo no entiendo como estos señores, que viven de los viajes que hacen, no cuidan más a sus clientes. Porque que alguien con sueldo fijo no se mate más que a hacer lo justo (léase conductor de autobús), pues lo entiendo, pero alguien que cobra en función del número de clientes que tiene, al actuar así tiran piedras sobre su propio tejado.

Vero, cuéntame la anécdota!!! Daguona, es verdad, hay de todo en todas partes, la gente le echa un morro tremendo, aunque con lo desesperado que se puede llegar a estar en estos casos hasta lo entiendo y todo... Juan Pablo, a los de los autobuses también les daría yo de collejas, dame tiempo y les dedicaré otra entrada... ;-)
Concha, al menos en Sevilla miran por el negocio, aquí es que encima son tontos, que cuando le dije lo de la estación podía haber mandado a algún compañero para allá y habrían recogido gente, pero no tenían muchas ganas de trabajar... para eso que se queden en su casa, la verdad...

 
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