sábado, 26 de diciembre de 2009

AUTORREGALOS

Este año he descubierto el placer de los autorregalos navideños. No es que los regalos que he recibido de parte de otras personas estén mal, al revés. Mi marido se lo ha currado, consiguiéndome el peluche del monstruito “Brother”, del Anuncio del SEAT Altea, del que llevaba encaprichada desde que lo ví en el stand de SEAT de Port Aventura el pasado 31 de Octubre. Mis padres me han conseguido un precioso mantón de Manila para sustituir el pobre mantón sevillano de más de 30 años que todavía apuro en las últimas Ofrendas de Flores, precioso, único, original y con bordados extras hechos por mi madre, pero ya un tanto deshilachado por los años de uso. En general, no tengo quejas.

Pero tenía el capricho de desenvolver una BJD que me encontrase debajo del árbol de Navidad una Nochebuena, y, aunque oficialmente el regalo me lo hace Josema, me encargué una preciosa Ruru 21 de Elfdoll para que llegase a tiempo para dicho evento. Desgraciadamente aduanas decidió que sería demasiado hermoso para ser cierto y la retuvo, y como el 24 no hay reparto, y hoy sábado se han tomado puente, la muñeca no ha llegado ni para Navidad.

Por otra parte, cuando compré el regalo de mi suegra, un pijama de la caprichosa tienda Etam, añadí a la cuenta una camisola para mí, que andaba algo necesitada de reponer ropas. La consideré un autorregalo, aunque cuando la vendedora me ofreció envolverla como tal me dio vergüenza y le dije que no hacía falta. Cuando ví la encantadora caja en la que envolvieron el pijama de mi suegra me arrepentí de no haber pedido una cajita para mí, y para compensar, me envolví la figura del Pirata Roberts que me compré en la FNAC y esa sí que me la puse debajo del árbol. Porque sí, porque me quiero mucho.

El caso es que hoy nos hemos acercado a cambiar un regalo repetido a la FNAC y a que Leo se puliera su regalo en casa de sus abuelos paternos (50 euros) en los complementos que le faltaban para su juego de Lego Rock Band, que por falta de información le había llegado sin instrumentos musicales (y ha tenido la suerte de que por dichos 50 euros tenía el set completo). Y me he acordado de que en Sephora tenían unas bañeritas de plástico de adorno de las que me había encaprichado, así que tras dejar el cajón con los instrumentos en el coche nos hemos acercado a por dicha pieza. La dependienta nos ha dicho que las bañeritas las ponían a partir de 20 euros de compra en productos de la casa, así que hemos elegido geles de baño, hemos pagado, y mi sorpresa ha sido cuando he descubierto que la bañerita en cuestión era parte del envoltorio de regalo – vamos, que no había que pagar por ella como en otros sitios, así que nos hemos puesto en la fila, les he pedido la bañerita en cuestión... y para rematar la faena, nos han metido el conjunto en una preciosa bolsa de tela de purpurina azul. Todo como envoltorio de regalo. Yo, en el séptimo cielo, me encantan esas chorradas...

Y es que regalarse cosas es un placer. Creo que me voy a dejar de vergüenzas y lo voy a hacer más a menudo: “¿Lo quiere para regalo?” “Sí, por favor”.

miércoles, 23 de diciembre de 2009

I BELIEVE IN ANGELS

Más de una vez he dicho que me considero una persona afortunada. No en el terreno de la suerte pura, de los juegos de azar (en ese sentido soy un auténtico desastre, por eso no me veréis comprar un décimo de lotería por voluntad propia), sino en el de las cosas importantes: salud, dinero y amor, que diría Antonio Lobo... De hecho, siempre digo que mi ángel de la guarda se lo curra muchísimo, y, si os preguntáis que hace una agnóstica como yo creyendo en el ángel de la Guarda, pues os diré que sí, que soy así de incongruente. Como en cierta canción de ABBA que solía canturrear cuando tenía 13 años, para delicia de mi abuela que debía ser la única que pensaba que yo tenía buena voz... “Creo en angelitos, que me cuidan siempre de caer...”



La cosa es que en general, siempre he creído que tenía algo o alguien que velaba por mí, porque si no no se explica que en general todas las empresas importantes de mi vida hayan salido tan bien. Vale que el esfuerzo personal influye, que a nadie le regalan nada y que si me saqué la carrera a la primera fue por que hinqué codos, y si no me ha faltado trabajo ha sido porque me he presentado a todas las oportunidades que me han interesado. Pero otros hacen lo mismo y no lo consiguen. Me presenté a una oposición pensada para consolidar el empleo de los que ya habían estado trabajando sin ninguna posibilidad de conseguir plaza por falta de experiencia, y entré – por los pelos, pero entré. No conseguí plaza fija en el Hospital de Teruel y me surgió el Reingreso Provisional en el Royo Villanova, en Zaragoza.

Ahora, como conté en su momento, y debido al baile de traslados, me iba a tocar irme a Calatayud. Que probablemente sea un sitio estupendo para trabajar, pero que ante la perspectiva de hacerme 180 kms. diarios se me ponían los pelos de punta.

Y va ayer día 22, tranquilitos, de sobremesa, a las 3 de la tarde, y suena el teléfono. Josema mira el número: termina en 00. “Creo que es de un hospital”, le comento, aunque no ubico cual. Lo cojo, con un buen presentimiento, y efectivamente... se trata nada menos que del director del Hospital Miguel Servet, para ofrecerme el puesto de Coordinadora de Admisión que se va a quedar vacante en breve al ser ascendida la actual coordinadora a Subdirectora de Servicios Centrales.

¿Qué si acepto? ¿Cuánto tiempo tengo para pensármelo? ¿Mañana? Vale, mañana estoy ahí.

Cuelgo.

“Me ha tocado la lotería”, le digo a Josema. Ya lo creo. El gordo. No solo no me voy a tener que desplazar ya en coche (el Hospital Miguel Servet está a 5 minutos andando desde mi casa) sino que encima voy de jefaza.

Y es que mi ángel de la guarda se lo curra. Muy muy bien.

Vale, me ha costado dos amuletos de la suerte que he perdido por el camino, aparte de los angelitos de cristal que se me rompieron y la muñeca que se supone que debería llegarme para Nochebuena y que está retenida en aduanas y que no creo que llegue hasta el 28 de diciembre. Pero es el karma, qué se le va a hacer. Vale la pena el intercambio.

lunes, 21 de diciembre de 2009

¡NIEVE!


Parece que como no tenemos luces de Navidad, el tiempo ha decidido darnos ambiente navideño de otra forma, así que lo primero que me he visto al salir del garaje ha sido caer la nieve en copos blancos, blandos y suaves. Hubiera sido hermoso si no me diese tanto miedo conducir en esas condiciones. Y menos mal que he ido por zonas transitadas ten las que la nieve no había cuajado en el asfalto. Ahora a ver que pasa a la vuelta.

lunes, 14 de diciembre de 2009

FRASES LAPIDARIAS

Leo siempre ha sido capaz de sorprenderme con una frase. Empezó muy jovencito, cuando con 2 añitos recién cumplidos, en Diciembre, en un centro comercial, me pidió que compartiera con él mi zumo de naranja repitiendo el “¡Ponme otra, amigo, me tienes seco!” que acababa de oír en la pantalla del Media Markt dónde estaban proyectando la genial “El Emperador y sus locuras”, de Disney.

Después de aquello ha tenido como mil salidas de ese estilo, y probablemente las he registrado en algún sitio, pero como mi amigo el señor Alemán está tan activo últimamente, creo que soy incapaz de recordar ninguna. Haciendo memoria me viene a la cabeza su definición de DNA, hecha cuando tenía 5 ó 6 años: “eso que tenemos en nuestro interior que hace que seamos como somos”. O cuando infirió, al mirar una tabla periódica y siguiendo el razonamiento de la película Evolution, que, si los seres humanos somos seres vivos basados en el Carbono, y nuestro veneno es el Arsénico, y los marcianos de esa película estaban basados en el Silicio y por tanto su veneno era el Selenio, Superman, cuyo veneno es la Kriptonita, tenía que ser una forma de vida basada en el Fluor (coged una tabla periódica y seguireis el razonamiento). Seguramente al final recordaré alguna más... Pero no quiero que se me olvide la de ayer, porque fue simplemente redonda...

Estábamos terminando de comer en casa de mis padres, como todos los domingos, y salió el tema de un trabajo que estaba haciendo a medias con una compañera de clase sobre la geosfera terrestre. Necesitaba imágenes, y quería que le ayudásemos a descargarlas de internet e imprimirlas. Pedía especialmente alguna imagen de la película “El Núcleo” que habíamos visto recientemente y de la que se le había quedado la errónea impresión de que una teoría decía que la tierra era hueca como una Geoda. Entonces le corregimos, ya que en esa película lo que sugerían era que había espacios huecos como geodas, efectivamente, pero no en el centro de la tierra sino repartidos por el manto terrestre, y mi marido empezó a explicarle como sería un hipotético corte de la Tierra. Empezó usando como ejemplo una naranja, pero al faltarle el núcleo pasamos rápidamente a un melocotón: “Imaginate un melocotón”, le dijo. “El hueso, ¿qué sería?” “El núcleo”, dijo Leo. Siguieeon con la carne (el manto), y la piel (la corteza terrestre). Yo, por hacer la broma, y pensando que lo relacionaría con la película ya nombrada y que diría que era la nave de los protagonistas, le pregunté “¿Y el gusano? ¿Qué sería el gusano?”.

Y el contestó sin dudarlo ni un momento y sin equivocar la pronunciación:

“¡Jörmundgander!”

Sobran los comentarios.

sábado, 12 de diciembre de 2009

SPANISH MOVIES

Hace algunos años una película cambió mi vida. Y si esperáis una película profunda o de cierta relevancia moral, estáis equivocados. La película en cuestión fue "Scary Movie 3", y si cambió mi vida fue porque algunos meses antes, Leo había visto “Señales” y había desarrollado un terror pánico hacia los extraterrestres y hacia cualquier cosa que le recordase dicha película. Es curioso como los miedos cambian de unas personas a otras, porque a mí Señales me pareció una peli más bien aburrida, pero a él, como digo, le encendió un pequeño interruptor en su interior y desde entonces no podía ver ni los tráileres de Expediente X en la televisión.

De pronto, haciendo algún tipo de zapping, nos encontramos con "Scary Movie 3", que parodiaba con gran maestría “Señales”, “The Ring” y otras películas menos aterradoras como “Matrix”. Y aunque Leo no perdió el miedo a los extraterrestres, el hechizo que hacía que sólo recordarle “Señales” le dieran escalofríos se rompió. Empezamos a dormir más tranquilos y a valorar un género que a mi al menos me pasaba desapercibido, las parodias de otras películas o, como las llaman usando un término anglosajón, “Spoof movies”. Que en realidad ha dado pocas perlas, aparte de esta Scary Movie 3, ya que incluso las primeras partes de esta parodia son mucho peores, soeces, desagradables, y con un humor menos agudo que esta tercera parte o que la cuarta, que tampoco está mal del todo (impagable la escena en la que Cindy Campbell habla en “japonés” subtitulado con el niño de “La Maldición”).



A pesar de ello, cuando descubrimos que en España habían decidido realizar una película en la misma línea, cuanto menos, la curiosidad nos pudo.



Los tráileres nos empezaron a enganchar...



Y nos faltó tiempo para ir al estreno, en los multicines Renoir, por cierto (que son los que más cerca tenemos de casa, y que por su repertorio de cine español y/o intelectual la verdad es que frecuentamos poco)...

La verdad es que la película no nos ha decepcionado. Que no pasará a la historia del cine, vale. Que proporciona un buen rato riéndose sin malicia, y con bastante mejor gusto que las dos primeras Scary Movies, del cine español, es una verdad como un templo. Lo mejor de todo, que incluso aunque no hayas visto todas las películas que parodian, sólo con lo poco que se sabe de ellas como cultura popular (no parodia “el cine español” tradicional, de la pre-post-durante-Guerra Civil o de comedia romántica soez tipo Jorge-Sanz-se-quiere-f*ll*r-a-Maribel-Verdú, sino los grandes éxitos que lo han sido, precisamente, por salir de esos aburridos tópicos que Juanma Bajo Ulloa englobó tan acertadamente en aquella convención de StarWars) coges los guiños y te ríes a carcajadas.

Y entonces te vas reconciliando con el cine español, y lo apoyas, y te animas a ver “Planeta 51”, que no tiene nada que envidiar a otras películas de animación 3D que se han estrenado de otras compañías (quizás no llegue al nivel de la Pixar, pero en lo que a mi respecta lo pondría a la altura de películas como “Shrek”), o descubres de casualidad pequeñas joyas como “Nocturna”, deliciosa historia de fantasía con una animación completamente distinta a lo que estamos acostumbrados, música maravillosa, y un argumento que a mí me recordó a la vez a las poéticas historias de estrellas perdidas de Neil Gaiman y a los mundos de fantasía infantil para niños inteligentes de Michael Ende...



No os perdáis ninguna de ellas. Cada una en su género, vale la pena, y les dan mil vueltas a todo lo que nos viene del otro lado del charco.

viernes, 11 de diciembre de 2009

TRISTE NAVIDAD


Este año he tardado mucho en poner los adornos navideños. Con el tema de las estanterías nuevas, y luego la aldea inforrolera, hasta ayer día 10 no he podido ponerme a ella. Y qué mal lo he llevado. Ansiosa, nerviosa, triste, deprimida... Para colmo de males, al coger una cinta de espumillón se me cayó una cajita que contenía 6 angeles de cristal que compré por un precio irrisorio hace unos años en Galerías Primero y que no he vuelto a ver nunca a la venta en ningún sitio. Un ángel de cada color, pequeñitos, como de 4 cms. de altura, que brillaban entre las luces del árbol de Navidad como las criaturas celestiales a las que representan. Tal como cayó la caja, los 6 ángeles quedaron desintegrados. Más allá de cualquier reparación posible. Casi me echo a llorar.

Encima, la crisis ha afectado a la ciudad. Apenas han puesto luces, ni siquiera por el centro. Todos esos arbolitos llenos de pequeñas bombillitas que hacía que parecieran poblados por las hadas este año no están ahí para subirme el ánimo cuando salgo de casa, a las 7,30 de la mañana, con frío intenso y noche cerrada. Solo tengo mi pequeño pueblito de Navidad, ese que me regaló Josema, y mi árbol personal con sus lucecitas blancas, que apago antes de irme porque me da miedo que se queden encendidos en mi ausencia. Luego la ciudad está triste, vacía.

Siempre he dicho que las luces de Navidad tienen una razón de ser. Que probablemente ya en la Edad de Piedra los hombres de Cromagnon se arremolinaban asustados por la terrible oscuridad, y encendían hogueras para combatirla. Es más que probable que con el tiempo descubrieran que los pequeños adornos metálicos multiplicaban las luces y eso diera origen a las bolas de cristal, las campanillas doradas, el espumillón y tantas otras cosas con las que la gente barroca como yo inundamos nuestra casa. ¡Si hasta los judíos celebran Hannukah encendiendo velas!

Me comentó mi madre que en un colegio público, ante la controversia de celebrar la Navidad con los muchos alumnos que ya tenían de otras religiones, le cambiaron el nombre por el de Fiesta de las Luces (nombre que comparte con la propia Hannukah, con la Fiesta de las Luces de Lyon o con el Diwali Hindú). Me parece tan adecuado, tan ingenioso, tan necesario...

Creo que la Navidad no me diría nada si no estuviera acompañada de toda esta decoración. De hecho, no me gustaría. Quiero mis luces. Me siento depre sin ellas...

jueves, 26 de noviembre de 2009

CUENTO DE HADAS

Esto de recordar los sueños me va por temporadas y parece que ahora estamos en temporada cinematográfica. El sueño de hoy era hasta en Cinemascope y Technicolor. Y empezaba por todo lo alto, en una cordillera nevada (creo que eran los Andes), en la que yo iba tan alegremente de expedición por la nieve, donde me refugiaba en algún lugar indeterminado para ponerme a clasificar una colección de comics, no sé si mía o que me había encontrado, para ver cuántos tenía y cuantos me faltaban.

Tras este subrealista principio, tenemos fundido en negro y aparezco en una ciudad, probablemente Sevilla, dónde voy con Concha a buscar esos cómics que me faltan a una tienda. Tras rebuscar un rato encuentro dos de los Caballeros de la Mesa del Comedor que creo que no tengo, pero ¡horror! me he dejado la lista y sin ella las probabilidades de acabar (otra vez) con una colección de comics repetidos es tan alta que doy vueltas al ejemplar nerviosamente y ¡mira! en la contraportada yo misma he apuntado los títulos que me faltaban. ¡Pero qué lista que soy! Y definitivamente esos dos no los tengo, puesto que están ahí, aunque es triste que me los tenga que volver a comprar si, dada la prueba de la escritura, ya eran míos.

Cuando salimos de la tienda empezamos a ver gente vestida con trajes medievales y Concha me dice que es que hay un rol en vivo en la ciudad. Me da mucha pena pensar que con todo lo que me he engordado últimamente mi precioso traje medieval se me ha quedado pequeño, si no me uniría a la fiesta, pero entonces veo que en las tiendas de la zona tienen expuestos preciosos trajes medievales de brocado o telas para hacerte el tuyo, y es que la tradición del rol en vivo por ahí, por lo visto, es grande (no, no debía ser Sevilla, después de todo). Tras salir de una zona antigua llena de arcos y portales, me encuentro sola otra vez, y esta vez llevo mi propio traje medieval de brocado verde (sospechosamente parecido, pienso ahora que estoy despierta, a la tapicería de mi sofá). Resulta que es mi traje de baturra, que sin accesorios queda muy bien de disfraz, y sólo me permito una bonita mantilla a juego, que cuando me la pongo me convierte en la princesa de un cuento de hadas que de pronto empiezo a ver en tercera persona.

La princesa en cuestión está en casa de un mago, el cual tiene un libro en el que todo lo que se escribe sucede de verdad. Es más, lo que se escribe (automáticamente) en el libro es lo que dice la princesa, así que la princesa tiene que tener cuidado de no mentir porque la mentira automáticamente se convertirá en realidad. El problema surge cuando vienen unos secuaces que quieren conseguir el libro a toda costa y empiezan a atosigarla. Ella empieza a decir que es la criada del mago, y cuando intentan arrancarle el pelo ella dice que lo tiene corto, así que de pronto su melena aparece cortada en el suelo y aunque ella no sufre ningún otro cambio sabe que ahora ya no es princesa sino la criada del mago. Al final y dada la encrucijada se hacen con el libro y huyen, pero ella engaña a la vecina de abajo y le dice que los señores que bajan la escalera llevan un regalo para ella con lo que consigue que los detenga un rato y así ella gana tiempo para acorralarles y recuperar el libro. Entonces lo abre rápidamente (es como un album de fotos con las páginas negras) y arranca las últimas páginas en las que se han escrito los días pasados con el mago. Así ella vuelve a ser princesa y puede volver a su palacio, pero llevada por la curiosidad lee unas cuantas páginas más del libro, y cual es su sorpresa cuando ve que en el palacio la espera su padre con el que va a ser su marido (muy parecido a Fernando el Católico, por cierto), ya preparados y pertrechados para la boda y preocupados porque la novia no aparece.

En ese punto del complejo sueño me desperté, pero como aún era pronto pude echar una cabezada más en la que el sueño cambió completamente. Esta vez yo era la protagonista de “The Box” (la peli de Cameron Díaz que aún no he visto), y era a mí a quien ofrecían esa caja con un botón que, al pulsarlo, hacía que ocurrieran dos cosas simultáneamente: una, me daban un millón de dólares, y otra, una persona al azar en el mundo moría. En este caso en vez de Frank Langella era Max Von Sidow el que venía a ofrecérnosla, y aunque Josema estaba receloso, yo recordaba que ya la había tenido una vez y que no habíamos pulsado el botón ni una sola vez, así que ¿por qué no custodiarla de nuevo? Así sabríamos con seguridad que nadie más iba a hacer un mal uso de ella, ya que nosotros no la usaríamos, pero Josema no se fiaba, e imagino que con razón... esas cosas siempre tienen trampa... Sin embargo Max no se amilanaba y nos decía que por hablar no perdíamos nada, se metía en mi desordenada casa y se hacía sitio entre los kekos para sentarse en el salón... y ahí si que me desperté definitivamente para ir al trabajo...

miércoles, 25 de noviembre de 2009

EL HIJO DE PUTA ALEMAN ATACA DE NUEVO


Nunca he sido una persona constante en mis pasiones. Lo que me gusta, me apasiona durante un tiempo, luego me voy enfriando y paso a otra pasión, y aunque lo que fuera que me gustaba no deja de gustarme, ya no soy capaz de sacrificarme por ello como lo hacía en el apogeo de dicha pasión. Me ha pasado con mil cosas, desde el Rol a Starwars pasando por las miniaturas de Perfume o las casitas de muñecas. Y me pasó con Spandau Ballet.

Spandau Ballet fue mi grupo favorito durante los 80 y parte de los 90. Los conocí en un concierto que dieron en las Fiestas del Pilar en 1983, quizás el primer concierto importante al que fui en mi vida, y fue el típico flechazo emocional adolescente. Recortes de la Superpop, intentar conseguir todas las versiones de todos sus discos, y, por supuesto, la meta de toda adolescente (o quizás no tan adolescente, pero yo es que tuve una adolescencia un tanto tardía), poder verlos en persona otra vez...

Aquello no se cumplió hasta 1987, en que volvieron a tocar casi por sorpresa en Zaragoza. En aquel concierto conocí a un grupo de personas con las que compartí la pasión y algunos de los mejores años de mi vida (aunque soy de esas personas afortunadas que puede decir eso de casi todos mis años). Con el apasionamiento y el tiempo libre de nuestra edad, creamos un club de fans, nos movimos, nos enteramos de mil cosas, hasta hacíamos un fanzine y nos colábamos en las ruedas de prensa de otros famosos para entrevistarles para el mismo. Fue una época gloriosa, divertida, en las que hicimos, dijimos y planeamos cosas que quizás ahora no me atrevería ni a imaginar, pero de la que jamás me arrepentiré.

Como todas mis pasiones, con el tiempo se fue apagando. Ellos desaparecieron del panorama musical, mis amigas y yo fuimos emparejándonos y creando nuestras propias vidas, y aunque sus canciones seguían trayéndome fantásticos recuerdos y encendiendo todas las células de mi ser, ni se me habría ocurrido sacarme un billete a Londres para ver un concierto de Tony Hadley en solitario ni, en la mayoría de los casos, seguí atenta a su carrera.

En eso, envidio a mi amiga Pilar. Pilar es una de las personas que conocí en ese concierto, con la que con nuestros más y nuestros menos he seguido manteniendo contacto, y que sí ha sabido mantener viva la llama. Ella ha seguido su carrera, en la época en la que ellos estuvieron de bajón llegó a conocerlos en persona y ha continuado con la labor de informar a las fans e incluso a mantener una página web sobre ellos.

Ella es la que me ha enredado maravillosamente en su retorno musical, la que me iba manteniendo más o menos informada de las novedades, y con la que el próximo 12 de Marzo me escaparé, por primera vez en mi vida (ya me vale, con 42 años) a ver un concierto yo sola fuera de Zaragoza.

Y después de que Pilar me avisó por facebook, por email y hasta por SMS de que ayer Spandau Ballet salía en El Hormiguero, que ella iba a estar de público en el programa, y de que yo le prometiera que lo grabaría, voy y se me olvida.

Completamente.

Hasta el punto que esa misma noche fui yo la que sugerí poner una película de DVD, y la que, cuando la misma estaba empezando y los tres estábamos absorbidos viéndola, juró en hebreo cuando sonó el teléfono a las 9,50. ¿Quién c*ñ* será a estas horas y qué tripa se le habrá roto?

Otra amiga (que gran palabra, que grandes personas, que desagradeciros somos con ellos a veces), Lourdes, me llamaba para avisarme “¡Sonia! ¿Has visto quién está saliendo en el Hormiguero?”



Menos darme de cabezazos, de todo. ¿Cómo se me pudo olvidar? ¿En qué puñetas estaba yo pensando?

Pude verlo casi entero, porque creo que empezó con retraso. Hasta me lo grabaron (a trompicones y con problemas porque las desgracias nunca vienen solas, menos mal que son desgracias menores) mis padres. Pero lo estúpida, lo idiota, lo despistada que me sentí, no tiene nombre.

Maldito señor alemán. ¿Por qué no me dejará en paz?

Ah, Pilar, saliste guapísima en el programa.

DOS GENIOS

No soy fan de Queen, pero poco a poco sus canciones se han ido metiendo en mi vida y de pronto van entrando, despacito y sin hacerse notar, en la lista de mis favoritas, y me doy cuenta de que hace 18 años se perdió un genio, una voz única, uno de los pocos famosos a quienes la muerte, en vez de convertirlo en un mito, ha reafirmado el talento que ya se le adjudicada y ha hecho, sobre todo, que le echemos MUCHO de menos. A Freddy Mercury lo descubrí relativamente tarde, gracias a mi amigo Santi, y lo perdí a los dos años de haberlo conocido. De pronto canciones como The Show Must Go On adquirían otro significado y me ponían los pelos de punta cada vez que las oía.

Y este año, otra amiga (sí, los amigos valen un mundo), al día siguiente del aniversario de su muerte, me hace llegar esto:



Y creo que el mejor homenaje que puedo hacerle al maravilloso Freddy Mercury es el del legado de otro genio, Jim Henson, el único famoso cuya también prematura muerte me hizo llorar.

Va por los dos. Espero que estéis en el mismo sitio al que vaya yo cuando me muera porque sin vuestras obras, el Paraíso no podrá llamarse Paraíso.

viernes, 13 de noviembre de 2009

SIMBOLOS EQUIVOCADOS

Que me guste Jack Skellington, la Pesadilla Antes de Navidad y la obra de Tim Burton en general no significa que sea gótica ni emo.

Que esté orgullosa de ser española y me guste nuestra bandera no me hace facha.

Leer a Snoopy no me hace pija.

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Jugar a rol no significa que sea una psicópata asesina...

QUIERO Y NO PUEDO

Quiero modificar la cabeza de una BJD (el Nanuri de Fairyland) para que su expresión se parezca a la de otra (el Bada de Ninodoll). Parece tan fácil... cerrarle un poco esos enormes ojazos estilo manga y ensancharle su linda boquita en una amplia sonrisa. Pero una vez acabado parece la obra de un novato chapucero. Me deprimo mucho. Josema me dice que nadie lo hace bien a la primera, pero es mentira. Conozco gente hace muchas cosas bien a la primera. Está claro que todo es tener la técnica y el talento necesarios. Yo soy demasiado chapucera para permitirme el lujo de no tener suficiente talento. O no tengo suficiente talento como para permitirme el lujo de no emplear las técnicas apropiadas. O las dos cosas. No lo sé. Es la historia de mi vida, cuando dibujaba comic me pasaba lo mismo. Siempre he pensado que debí ponerme más fuerte a la hora de querer estudiar Bellas Artes, para haber adquirido la mucha técnica que me falta. Aunque a lo mejor no hubiera servido de nada...

Con esta cabeza, me doy por vencida. O quizás no. Soy muy guerrera, pero a veces me hundo. Creo que nunca debería haber tocado esa cabezota. Era muy bonita como era, y no necesitaba que se pareciese al Bada. Soy un desastre. ¿Tendrá arreglo?

miércoles, 11 de noviembre de 2009

LA REPÚBLICA INDEPENDIENTE DE IKEA

Hay cosas en esta vida que no dejan de sorprenderme y una de ellas es la omnipresencia de Ikea en nuestras vidas. Recuerdo los tiempos en que todavía no había una tienda de esta empresa Sueca en Zaragoza, había gente que hacía de propio excursiones a Madrid a visitar las que allí había. Y cuando por fin abrieron el Ikea de Zaragoza, en el recién inaugurado Puerto Venecia, aquello fue un acontecimiento.

Yo debo confesar que no lo he pisado más que dos veces en mi vida. También es cierto que a estas alturas, no tengo una casa que amueblar, así que no he necesitado preocuparme por muebles baratos. La primera fue al poco de la inauguración, fui a pasar el día con mis padres (Josema no estaba), comimos allí (comida extraordinariamente barata y no mala del todo) y, sí, al final, no salí de vacío: un larguísimo dragón de trapo que creo que debe tener media España, un par de utensilios de cocina y un muñeco de madera para dibujar del que se encaprichó Leo se vinieron con nosotros. Y aproveché para hacerme la tarjeta Ikea Family, que nunca está de más estar informada.

Desde entonces, no me había vuelto a preocupar. Sí, recibía el catálogo y lo ojeaba, y a veces hasta tomaba nota mental de cosas que podrían ir bien aquí o allá... Pero como digo, teniendo la casa amueblada desde 1997, y además en estilos que tiene poco o nada que ver con lo que Ikea me ofrecía, nunca sentí la necesidad de volver a pisarlo.

La cosa cambió cuando la semana pasada recibo un pequeño catálogo con motivo del aniversario de una de sus estanterías más populares (básicamente la estantería estandar que todos tenemos en casa, porque las dos que tengo en el estudio son hechas a medida y son IDÉNTICAS). En dicho catálogo ofrecen una versión limitada de dicha estantería con un divertido dibujo, que me parece original y que además me pega con las estanterías simplemente negras del estudio. Y como llevamos dos o tres años dándole vueltas a qué mueble poner en el estudio para resolver el problema de almacenaje, se las enseño a Josema y por una vez nos ponemos de acuerdo y nos gustan a los dos.

Y la cosa no pasaría de ser una anécdota si no fuera porque cada vez que comento entre amigos de los más distintos ámbitos que me han gustado esas estanterías y que me las voy a comprar (de hecho, me las he comprado, en esa segunda visita que he nombrado, y por la que le debo otra, grandísima, a mi padre, que vino en el último momento, a las 9 de la noche, a ayudarnos a llevarlas a casa porque no nos cabían en el coche), no necesito dar más explicaciones. A mi comentario de “¿Has visto las nuevas estanterías de Ikea?”, la respuesta generalizada, instantánea, es “¡Son preciosas!” “¡Yo también las quiero!” “¡Qué pasada, ¿verdad?!”.

Y me asusto al pensar que las estanterías Billy Jadder limitadas especiales 30 aniversario de Ikea son tan de dominio público (o quizás más) como el último cotilleo de las revistas del corazón, la última película exitazo de taquilla o el último acontecimiento internacional difundido por TV. Incluso más.

Y me doy cuenta de que la República Independiente de Tu Casa (fantástico slogan, por cierto, igual de fantástico que aquella campaña publicitaria en boca de todos del “Eso no se toca”), promovida por cierto por una empresa de un país monárquico en otro país monárquico, no deja de ser el Imperio Absolutista de Ikea. Dominando todos los hogares.

Que no digo que sea ni bueno ni malo, que conste. Solo curioso.

martes, 3 de noviembre de 2009

DIOSES Y MONSTRUOS

Ya hemos vuelto del fin de semana, y Leo ya celebró su cumpleaños. Parece que los múltiplos de 5 tienen que ser especiales, cuando cumplió 5 nos lo llevamos a Disneyland Paris y ahora que ha cumplido 10, la escapada ha sido a Port Aventura. Que ambos parques tengan durante estos días temática de Halloween ayuda e incentiva.

Sé que hay quien está en contra de esta fiesta, por considerarla importada de Estados Unidos. Otros defienden que ya se celebraba en otros sitios. Ni tanto ni tan calvo: en prácticamente todas las culturas occidentales se ha celebrado de una u otra forma la noche del 31 de Octubre, como se ha celebrado la del 24 de diciembre o cualquier otro Solsticio o Equinoccio... Son fiestas relacionadas con los astros, con la cosecha, con el fin y el comienzo de las estaciones, y la única diferencia está en la forma de celebrarla. En España es una fecha triste, de luto, de ir al cementerio a acondicionar las lápidas de nuestros antepasados (alguna vez hay que hacerlo, así que está bien que haya una fecha que nos lo recuerde) y de ver Don Juan Tenorio por la noche en la TV. En México hacen fiestas coloristas que de niña me aterraban por estar llenas de esqueletos. Y en Estados Unidos disfrazan a sus niños y los mandan (en los barrios residenciales) a las casas de los vecinos a buscar chucherías bajo la amenaza de “¿Truco o trato?” Y digo yo, ¿tan malo es que a los niños españoles, hartos de ver el especial de Halloween de los Simpson en agosto, les apetezca hacer algo divertido para variar? Mientras no perdamos nuestras costumbres, yo no tengo ningún reparo en adoptar otras, siempre que aporten algo bueno y divertido a nuestras vidas. Como Papá Noel y los Reyes Magos: a mi casa, donde todo el mundo es bienvenido aunque no quepa demasiado bien, vienen los dos.

En cualquier caso, Leo no tiene la costumbre de disfrazarse para Halloween, pero para el año de Disneyland nos apuntamos a la fiesta nocturna y aunque no hubo “Truco o trato” nos disfrazamos los tres. Bueno, si a lo de Josema se le puede llamar disfraz (lo llames como lo llames, fue el que triunfó de los tres). Leo con un fantástico disfraz de Tiranosaurio que le compré en eBay para la ocasión. Yo con un disfraz de Maléfica, la mala de “La Bella Durmiente”, que mi maravillosa y ahora tristemente abandonada (en el email que no en mis pensamientos) amiga Selenita me prestó, por correo desde San Sebastián, y que aunque un poco corto, me iba como un guante. Y Josema improvisó un disfraz atándose a la capucha del anorak (la noche era pelona de narices, todos llevábamos jerseys debajo del disfraz) un “facehugger” de peluche, de la película Alien, que yo le había regalado hacía poco (y que sinceramente no sé donde para ahora mismo). Como he dicho antes, triunfó, e incluso un pasajero de la atracción de Star Wars pidió (en broma, o eso creo) bajarse de la nave al verle con un “Mademoiselle, j’ai peur!”.


El caso es que este año no había fiesta de Disfraces (en Port Aventura no la hacen), pero a Leo le dio igual. Se le ocurrió una idea genial, y encima, me sugirió una a mí que además era facilísima de poner en práctica. Así que pasamos sábado y domingo en el parque, y el mismo sábado a las 6 de la tarde o así (me parecía un poco excesivo ir todo el día disfrazados) nos salimos al parking a por los disfraces y nos disfrazamos.

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El de Leo es una pasada, ¿a que sí? Aunque, como me dijo mi tocaya y compañera de trabajo, los disfraces que elige mi hijo son para gente inteligente. Así, muchos le reconocieron, pero algun(a) gilipollas sin cerebro llegó a preguntar en voz alta si ese disfraz era de Cleopatra.

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El mío... bueno, tuvo casi más éxito que el de Leo y la verdad es que dí unos cuantos sustos a la gente. Más sencillo imposible: peluca, kimono (abrochado al revés, por supuesto) y unos guantes del todo a 100. Hasta el Frankestein que encabezaba el desfile de La Parada de los Monstruos se detuvo a darme unas palmaditas en la espalda. Y es que acojonaba lo suyo, mi disfraz...

viernes, 30 de octubre de 2009

MORNING 80

Hoy el pequeño momento de gloria ha sido para Leo, y me alegro de ello más de lo que podeis imaginar.

De mañana al trabajo siempre llevo en el coche la emisora M80. Aparte de que soy perezosa y reticente al cambio, la mayoría de los programas matinales no me gustan: a mi me gusta escuchar música y no a un tío hablando de su vida y diciendo tonterías. Además, a mí lo que me despierta de verdad es la música.

En su día escuchaba No Somos Nadie, desde su época con Pablo Motos, e incluso con él había secciones en los que cambiaba de emisora porque no soportaba tanta tontería (en concreto una sección llamada “Posturas sexuales realmente innovadoras”, o algo así, en la que ponían una voz que imagino pretendía ser erótica, pero era patética, que también es esdrújula, pero que me ponía mala. Como cuando escucho a U2 o Maná, que tengo que cambiar de emisora porque me enerva el tono llorica de su voz). Cuando pasaron a Celia Montalbán la cosa mejoró. Su equipo era mucho más divertido y sus secciones en general me entretenían todas, al menos en los breves 20 minutos en los que tardaba en llegar de casa al trabajo.

Y de pronto, a vuelta de vacaciones, me encuentro con que han vuelto a cambiar, esta vez han partido de cero, y hacen un programa nuevo (aunque exactamente en la misma línea que el anterior) llamado Morning 80.

A mí, que como digo, soy reticente al cambio, me costó acostumbrarme. Celia Montalbán me gustaba, y la veía con un equipo muy participativo y en 20 minutos contaban y hacían muchas cosas. Estos dos chicos nuevos (o al menos, nuevos para mí), Javier Penedo y Miguel Coll, se lo comían y guisaban ellos solos y qué quereis que os diga, al principio me parecían un poco perdidos. Aunque también es cierto que Celia parecía perdida al principio, así que pensé que todo sería cuestión de tiempo.

En efecto, poco a poco cogieron carrerilla. Y de pronto una mañana, hará cosa de un mes, anunciaron una nueva sección en la que llamarían por teléfono a niños más o menos pequeños para felicitarles el día de su cumpleaños.

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Montaje obra de Josema para felicitar a Leo en diversos foros

No perdí tiempo, y ese mismo día les mandé un correo electrónico con la fecha (30 de Octubre, ya que el 31, sábado, no hay programa), la mejor hora para llamarle y el móvil de su padre, por si ya iban en el coche.

Obviamente no recibí respuesta, y a lo largo de las semanas vi viendo como desarrollaban la sección. Solían llamar sobre las 7,50, y por lo que ví, no hacían segunda tanda de llamadas. Además no llamaban a más de dos niños, aunque nombraban a los demás que hubieran recibido. Así que conforme se acercaba la fecha (o sea, la semana pasada) les mandé un correo recordatorio, les dije que podían llamar perfectamente a las 7,50, y el número personal de casa por si acaso. Quedé con Josema en que el día 30 por narices tenía que ser él quien llevase a Leo al cole (el hecho de que Leo esté a caballo entre dos casas complicaría la cosa, y si tenían que decidir a qué número llamar había bastantes posibilidades de que no le llamasen), pero a Leo no le dijimos nada porque prefería que fuese una sorpresa, y, además, no quería que se decepcionase si no le llamaban. Que Leo es un fan de M80, y su grito de guerra siempre que sube al coche es “¿Pones M80?”.

El caso es que ayer recibí un correo electrónico del programa diciendo que intentarían llamarle a las 7,50. Imaginate los nervios que se me pusieron. Hemos orquestado la mañana para que Leo estuviera despierto a esas horas, su padre con él y la radio puesta. Y yo me he ido a trabajar con M80 puesta y el alma en vilo, que me ha dado un salto cuando el primer niño al que han llamado (mayor que Leo, pero bastante sosete) no era él, y otro cuando ¡Sí!, a la segunda, han llamado a Leo, y le han hecho la pregunta “¿Qué es lo primero que haces cuando subes al coche?”.

Le han pillado fuera de onda y le ha costado reaccionar, pero luego ha dado la respuesta correcta “Pedir M80”, le han hecho cantar la sintonía del programa, y tras llamarle crack, han añadido al colgar “¡Que espabilao!”. Que sí, que al compararlo con el primer niño la verdad es que Leo les ha dejado el listón muy alto, pero en fin, a mi se me caía la baba.

Y ya no os digo cuando luego Leo me ha llamado de propio para darme las gracias por el regalo, porque “le había hecho mucha ilusión”.

No se nota nada lo mucho que le quiero, ¿verdad?

jueves, 29 de octubre de 2009

¡VÉRTIGO!

Que Egipto es una de mis metas turísticas es un hecho. Y que como no pinta que vaya a ir en un tiempo (en verano hace mucho calor, y con Leo estudiando imposible ir en otra época), pues esta noche me he dado un paseito en sueños, que sale barato y no hay riesgo de pillar gastroenteritis.

La parte mala, claro, es que en los sueños pasan cosas absurdas. Y así, nos tocaba ir a visitar las pirámides en plena noche, que ya son ganas (debía ser noche de puertas abiertas, como hacen en algunos museos, ya se sabe...). Encima, el interior de la pirámide era un museo, que aunque contenía grabados y otros hallazgos arqueológicos, estaba decorado al estilo moderno, con paredes lisas y pintadas de blanco, lo cual le quitaba toda la posible autenticidad.

Tras pagar la entrada al egipcio de turno, entrábamos en una sala INMENSA, descomunal. Era como un cine vacío, solo que todo en blanco, con paredes lisas de cemento, y en un extremo, donde estaría la pantalla, unos bajorrelieves enormes rescatados sabe Dios de qué templo. Lo malo es que para observarlos en todo su esplendor nos hacían pasar por una pasarela en la pared opuesta, y lo peor de todo es que no sé por qué, en lugar de por la pasarela en sí, que era también de cemento pintado en blanco y llena de estatuas hieráticas de faraones varios, teníamos que bordearla por una pequeña cornisa, de no más de 10 cms. de ancho, situada como medio metro por debajo de la pasarela en sí y que daba al vacío de la sala a nuestra izquierda. Sin barandillas ni nada, además.

Curiosamente nadie tenía ningún problema: pasaban, algunos se paraban a mitad de camino a hacer fotos (sin flash, eso sí), simplemente reclinándose un poco hacia la superficie salvadora de la pasarela tras ellos, y nadie se caía ni se quejaba de la precariedad del pasaje. Pero cuando nos tocaba el turno a nosotros a mi me caía el sudor a goterones por la frente. A duras penas conseguía llegar a mitad de camino y admirar el bajo relieve (impresionante, sí, pero yo quería ver una pirámide por dentro, no un puñetero museo modernizado!!!), pero ahí me bloqueaba y era completamente incapaz de dar un paso más. Josema me intentaba ayudar, me animaba a subirme aunque fuese a la plataforma si así me sentía más segura, pero es que las piernas no me respondían, y al final el pobre Josema tenía que tirar de mí y conseguir hacerme subir hasta la plataforma para llegar al otro lado. Creí que me moría.

Encima, la puerta al otro lado conducía a la cúspide de la pirámide. Pirámide que, a la luz de la luna, era blanca inmaculada, y tenía cuatro estilizadas estatuas (cruce entre estatua y obelisco) desde cuyo pedestal se podía admirar el panorama de El Cairo by Night.

El problema era que mi vértigo persistía, y aunque aquí me sentía más segura que en la plataforma, no lo estaba pasando nada bien. Josema se daba cuenta de mi desazón, y al final me obligaba a bajar y decía que se habían acabado las pirámides. Yo no quería, ¡ahora que por fín había podido visitar Egipto! Estaba dispuesta a sacrificarme y pasar vértigo, además tenía la esperanza de que otras pirámides no fueran así, sino que mantuviesen su estructura arqueológica original, que era, además, lo que yo quería ver, pero Josema fue tajante. Se acabaron las pirámides para mí. A partir de ahora visitaríamos cosas más tranquilitas.

Me desperté muy angustiada, la verdad. Aun me temblaban las piernas y no me terminaban de responder (creo que incluso había intentado moverlas en la vida real, por eso sentía la parálisis típica de los sueños), pero creo que lo que más me fastidiaba era pensar que mi propia debilidad había fastidiado algo que me hacía tanta ilusión.

sábado, 24 de octubre de 2009

BLANCANIEVES Y LOS TRES ENANITOS

Es curioso que en esta semana me han marcado dos historias sobre enanos. No tengo nada en contra de estos personajes, y hablo de los enanos como seres humanos con una determinada característica física, no de los seres de fantasía del mismo nombre, pero como toda minoría (creo que en mi vida personal me habré cruzado sólo con uno o dos), no puedo evitar que me resulten ajenos y con cierto grado de exotismo, y, sobre todo, muy desconocidos como personas, aunque lo lógico sea pensar que excepto por su tamaño, no se diferencien en nada de los demás.

A nivel ficticio, sin embargo, esta semana me he encariñado con dos, que sumados a Tyrion Lannister, de quien ya hablé en esta entrada, hacen tres enanitos (dicho sea siempre con el mayor de los respetos) a incluir en mi universio de seres ficticios favoritos. Si añadimos que esta noche nos hemos vuelto a ver ese clasicazo del cine de los 80 que es Dentro del Laberinto (ese David Bowie!!!), a punto he estado de subir el contador a cuatro, pero la verdad es que ni Hoggle es un enano humano (se trata de un ser de fantasía, después de todo) ni es, en realidad, mi personaje favorito de la película (Sir Dydimus y Ludo siempre pasarán por delante). Así que me centraré en las dos nuevas adquisiciones:

El primero es Tibor, de la novela La máquina de Ajedrez, de Robert Löhr. Si sois aficionados a la novela histórica os recomiendo esta obra encarecidamente. No es que sea una obra maestra, pero pocas veces me he visto tan enganchada con una novela. La estuve leyendo este verano en casa de mis padres (como paso allí bastantes horas, siempre tengo una de las muchas novelas de mi madre en el cuarto de lectura, o sea, el baño), y la recomiendo encarecidamente. No voy a decir que si solo lees una novela al año, sea esta. Pero si te gusta leer, y te gusta la lectura amena, y que incita a que luego te informes sobre un tema, inclúyela en tu lista.

Tibor es un joven enano del siglo XVIII, de vida difícil, ferviente catolicismo y un gran talento para el ajedrez. A pesar de haber sido maltratado por su deformidad, tiene un corazón de oro, y a pesar, o quizás gracias a su fanatismo religioso, te encariñas de su forma de ser, de su ingenuidad, de su buena voluntad. Es un personaje carismático y que te absorbe, y un buen contrapunto a Tyrion, aunque es posible que si las tornas se hubieran cambiado, Tyrion hubiera sido el del gran corazón y Tibor el pequeño cabroncete, ya que somos en gran parte lo que la vida hace de nosotros.

Tibor es un personaje completamente ficticio, a diferencia de otros que aparecen en la novela, como el creador de la máquina u otros muchos personajes históricos. La historia que describe también es ficticia, pero la sitúa en una parte de los hechos de los que apenas hay registros históricos, por lo que no cojea por ningún sitio. Y como digo, incita a informarte más sobre el tema, a leer e incluso a desear ver la reproducción de la desaparecida Máquina de Ajedrez original (más conocida como El Turco) en algún museo. De hecho, me gustaría volver a Suiza y ver algún museo de autómatas, ya que el tema, hermanado además con mis adoradas cajitas de música, ha despertado mi curiosidad.

Y la misma semana que termino la novela, con un pequeño suspiro y lamentando que se haya acabado (cosa que me ocurre con pocos libros), vamos al cine a ver “El Imaginario del Dr. Parnassus” y conocemos a Percy.

Percy es otro tipo de enano completamente distinto a los dos anteriores. No sabemos nada (o casi nada) de su pasado, así que no sabemos porqué es así. Comparte con Tibor y Tyrion un agudo ingenio, pero en este caso solo lo utiliza para ser la conciencia del Dr Parnassus, la única voz sabia e inteligente que con la puya apropiada en el momento apropiado le hace actuar como debe.

Es un personaje mucho más secundario que los otros dos, y quizás no habría merecido una linea en mi blog si Tibor no se hubiera cruzado en mi camino literario justo esa misma semana, pero me llamó la atención la coincidencia. Además de que, en una película como esta, personajes que te devuelvan a la realidad son un soplo de aire fresco. ¿Por qué? Bueno, desgraciadamente la versión final de “El imaginario del Dr. Parnassus” ha sido hecha para loor, gloria y homenaje del difunto Heath Ledger. Da la sensación de que desperdicia una idea quizás fascinante en regocijarse en lo supuestamente buen actor que era este hombre (cuyo talento, a mí personalmente, me deja indiferente, de hecho me parecieron mil veces mejores las interpretaciones de Colin Farrell, Jude Law y, por supuesto, Johnny Depp, que en los pocos minutos que sale de película se come la pantalla y todos los recuerdos hasta de tu vida anterior), hasta el punto que, quizás por que adaptaron el guión tras su prematura muerte, quizás porque ya estaba pensado así, la historia acaba siendo inconexa y con la sensación de que desaprovechan a otros personajes millones de veces más interesantes y apasionantes, como el joven y maravillosamente interpretado (y mucho mejor doblado) Antón, o el ya nombrado Percy.

En resumen, un libro que recomiendo, una peli que me dejó fría, y dos enanos para la posteridad.

viernes, 9 de octubre de 2009

SOLO PUEDE QUEDAR UNO

La actividad principal de esta semana ha sido acompañar a nuestra amiga Gema a elegir su traje de novia. Aparte de que, conociéndome, he disfrutado como una enana viendo tantísimos trajes de novia, y que me emocionado como una tonta viéndola vestida de blanco, he vuelto a llegar a la conclusión de que todas las mujeres deberían vestirse de novias al menos una vez en su vida, y que cada mujer tiene SU vestido, ese que cuando te lo pruebas se abre una trampilla en el techo, te iluminan unos focos y se oye como una música celestial mientras todos los que te ven dicen “¡AH!”.

Gema en realidad ha tenido dos, pero al final, uno tuvo que vencer.

Si este es el finalista, el que se quedó en el camino, imaginaos (no, no pienso desvelar el secreto) lo maravilloso que es el otro...

sábado, 3 de octubre de 2009

NATIONAL GEOGRAPHIC 2

Cumpleaños infantil en el parque de Atracciones de Zaragoza. Aproximadamente 20 niños acechan a su presa: la tarta de gominolas que, como otros años, me ha tocado hacer a mí, y que lleva 17 euros de gominolas de Frutos Secos El Rincón que, creedme, a peso, son unas cuantas gominolas.

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Llega el momento de quitarle el plástico y encender las velas. Me toca a mi encenderlas, y me cuesta un par de intentos porque siempre está el graciosillo de turno que sopla mientras estás con la segunda vela, o nada más encenderla. Al final se sosiegan, conseguimos que soplen todos a la vez...

Y antes de que me de tiempo a sacar la cámara y a hacerles una foto soplando, la tarta ya ha quedado en estas condiciones.

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La jauría ha caído sobre ella, y hasta ha habido que pararle los pies a un cachorro más espabilado que había arramblado con un piso entero de tarta sin dejar meter baza a los demás. Luego dirán que los niños son tontos... Salvajes puede, pero tontos, ¡ni un pelo!

viernes, 25 de septiembre de 2009

HUYENDO DE LA QUEMA

Ayer pasé un día extrañamente estresada. Sin mucho motivo real (de hecho, fue un día más tranquilo que otros), tuve un par de ratos de esa ansiedad asquerosa que me pone mariposas en el estómago. Así que mi cerebro esta noche ha decidido meterme en una historia de acción para curarme esas tonterías... Digo yo que ha sido eso, porque la verdad es que me he levantado hasta cansada y todo...

Dando una divertida vuelta a la geografía, en mi sueño el hospital en que trabajo estaba en pleno centro de la ciudad, en vez de las afueras, y para más INRI, el río Huerva (riachuelo que excepto en contadas ocasiones, está prácticamente seco), pasaba por un lado y por debajo, ya que se dividía en dos pequeños ramales justo al llegar al hospital. Así que la cafetería, que es dónde estaba yo en mi sueño (algo poco frecuente en la vida real, por cierto – prefiero perder tiempo con internet a irme a tomar café) estaba coquetamente construida encima de uno de esos dos ramales, y se podía observar el río desde los amplios ventanales.

Había nevado mucho, y el río venía bastante cargado de agua, lo cual nos daba un entretenido espectáculo y algo de que hablar durante el café. Observábamos la corriente venir y dividirse poco antes de llegar al edificio, un ramal más grande que se desviaba a nuestra izquierda, y uno más modesto que pasaba por debajo del edificio, y de pronto veíamos llegar flotando unos grupos de cajas. Eran cajas grandes, agrupadas de a cuatro, como en palés, y por como venían (veíamos hasta tres lotes de cajas), deducíamos que había habido algún accidente río arriba y que algún camión había volcado. Uno de los tres lotes entraba por el ramal del río que pasaba bajo la cafetería y se quedaba atascado casi a nuestro lado, y veíamos que eran grandes cajas de comida para perros. Me daba pena, por el desperdicio que representaban, pero al menos no parecía peligroso... aunque alguien debería sacarlas de ahí tarde o temprano, ya que podían quedarse atascadas y embalsar el agua en esa zona.

De pronto, las chicas que estaban conmigo en la cafetería llamaban mi atención sobre algo que venía a lo lejos y se me ponían los pelos de punta... ¡La cisterna de un camión de transporte de combustible! Por lo visto, el accidente había sido peor de lo que parecía al principio.. y yo, al acordarme del aterrador final de la película “The Eye” (película que demuestra que no hay que tener miedo a los fantasmas, sino a la vida real), me levantaba a cámara lenta con intención de salir corriendo de ahí: si esa cisterna explotaba, íbamos a durar menos que un caramelo a la puerta de un colegio.

Precisamente por la cámara lenta, veía como la cisterna se metía por el ramal recto que llegaba hasta nosotros y se quedaba atorada justo frente a la cafetería sin explotar. Un suspiro de alivio – pero como el riesgo no había pasado, prefería curarme en salud y seguir con mi idea inicial: salir corriendo. Y eso hacía.

Debía de ser por la tarde, ya que aunque cuando veíamos venir la cisterna hacía un sol radiante, ahora empezaba a anochecer. Me encontraba en mitad del Paseo de Pamplona (aunque como digo, la ciudad estaba un poco cambiada – no mucho para lo que suelo hacer en mis sueños, en los que incluyo enormes jardines palaciegos cerca de la Plaza San Francisco o inmensas catedrales a lo Gotham City por la zona de Torrero) y lo que quería era poner tierra (y a ser posible casas y cualquier otro tipo de parapeto) por medio antes de la inminente explosión. Así que corría y corría por la Gran Vía (bonito pareado) y en cuanto llegaba a la primera manzana, torcía a la derecha para poner un edificio por medio. Ahí había una galería comercial así que en lugar de ir por la calle me metía por ella para atravesar la siguiente manzana. Y cuando salía por el otro lado (ya de noche), entre el gentío que también corría (estaban evacuando la zona), veía bomberos que estaban cortando la instalación eléctrica de las tiendas cercanas, pero por algún motivo al cortarla estallaba en llamas y chispas, inofensivas allí, pero letales si llegaban hasta el camión cisterna dos manzanas más abajo, así que venían con los camiones y empezaban a echar agua para apagarlas (era un sueño, ¿vale?, así que no provocaban ningún cortocircuito ni nada).

Para resguardarnos del agua toda la gente que estabamos por ahí dábamos corriendo la vuelta a la manzana y nos parapetábamos en la parte de atrás del edificio, pero la potencia del agua era tal que llegaba por los laterales y según donde te pusieras, te mojabas igual. De hecho yo ya iba como una sopa, me notaba calada, y menos mal que en este punto del sueño ya no era invierno ni había nieve, que si no me muero de frío.

Como ya estaba mojada, me cansaba de estar parada ahí y aunque ya me había alejado bastante de la cisterna, decidía intentar llegar a casa para ponerme a salvo (“Como te has pasado con la onda expansiva”, me comentaba hoy Josema cuando le he contado mi sueño, pero es que a mi “The Eye” me impresionó mucho, la verdad). Y aún en casa no las tenía todas conmigo y me preguntaba si no sería mejor coger todo e irme a casa de mis padres, más lejos aún...

En este punto del sueño me desperté, y aún debí dormitar un par de veces, ya que me recuerdo llegando a casa de mis padres en plan exiliada, aunque la verdad es que la cisterna no estallaba ni a tiros, pero en fin, cualquier excusa era buena para no ir a trabajar al día siguiente y si no llega a ser por un grillo que estaba cantando al pie de la ventana y que no me ha dejado dormir profundamente la hora y media que me quedaba, quizás hubiera aprovechado la excusa.

¡Que la carrerita me había dejado exhausta!

miércoles, 23 de septiembre de 2009

COMO PERROS Y GATOS


Toda mi vida he sido más de perros que de gatos. Me creía a pies juntillas la leyenda de que los gatos son “mala gente” y “no son de fiar”, que son independientes, que antes cambian de amos que de casa y que solo puedes hacerles carantoñas cuando ellos quieren. Mientras que los perros eran fieles, cariñosos, y que darían la vida por sus amos si se terciaba. Así que los gatos, aunque hermosos en la distancia, y adorables cuando se dejaban tocar (normalmente los gatitos pequeños que veía en casa de mi tía Araceli; cuando de adulta empecé a frecuentar otra gente con gatos adultos, veía que pasaban olímpicamente de las visitas y que no aceptaban carantoñas más que de sus dueños) nunca entraron en mi lista de las mascotas que algún dia iba a tener.

Como he comentado muchas veces, la cosa cambio cuando Jonsey se autorregaló como regalo de cumpleaños cuando Leo cumplió 4 años.

Durante ese tiempo he llegado a algunas conclusiones, y sé que algunas son disparatadas, pero me da igual.

La primera es que los gatos son marcianos.

Llegué a esa conclusión aquella vez que Jonsey se “emporró” comiendo alguna planta alucinógena indeterminada. Se pegaba el rato tumbado con ese tercer párpado que tienen (sí, como las serpientes) y las pupilas contraidas en un hilillo, también como las serpientes, con una cara de alienígena que daba miedo. Cuando lo llevé al veterinario para consultarle y que le pusiera tratamiento, resultó que la mayoría de los medicamentos humanos que les damos a los perros (como la aspirina) son venenosos para los gatos porque no pueden metabolizarlos. Vamos. Que su metabolismo no tiene nada que ver con el de otros mamíferos de pro, y no es que los perros y los humanos estemos emparentados, la verdad.

La segunda, que engrana con la primera, es que nos vigilan. Particularmente a los coleccionistas de muñecas.

Atad cabos. Jonsey apareció por nuestra vida cuando empecé a coleccionar muñecas Nancy, y TODAS las coleccionistas de Nancy con las que me relacionaban tenían gato. En el foro de BJDs en el que estoy, no creo que me pase mucho si digo que el 90% de los participantes también tienen gato. Tiene que haber alguna relación. Entre otros grupos la presencia de estos animales no tiene ni de lejos tanta intensidad.


La tercera es que la mitad de las leyendas sobre los perros y los gatos son mentiras... o verdades a medias.

Los gatos no son más inteligentes que los perros. Ni de coña. Que requieran menos cuidados, puede, y eso de que hagan pipí en su bandeja de arena y no haya que sacarlos a la calle (cosa que me consta que se puede enseñar también a los perros pequeños), o de que no haya que bañarlos porque se lavan solos, es de lo más práctico, pero poco más. O eso, o a nosotros nos ha tocado el único gato tonto. Porque Jonsey es estúpido. No aprende. Si algo le reporta un daño, el que sea, le da igual. Lo vuelve a hacer las veces que haga falta. Un buen ejemplo son esos estúpidos gatos paracaidistas que se tiran de un séptimo piso. No les da para más.

Otra es que son independientes. Y una m. Jonsey no aguanta quedarse solo, y está siempre en la misma habitación que nosotros. Y cuando quiere mimos, está más tiempo encima de nosotros que cualquier perro. Ninguno de nuestros perros (ni siquiera la excepcional Kira) se tumbaba encima nuestro mientras veias la tele o ibas al baño. Jonsey sí. Y creo que aún no nos ha perdonado que le dejásemos solo en casa cuando nos fuimos a Japón de vacaciones, pese a que dicen que un gato prefiere quedarse solo en casa a pasar unos días en casa de algún desconocido. Desde luego, el nuestro prefiere estar con alguien. Es un p... cobarde.

Si es cierto que no son de fiar. No traicioneros, porque para ser traicionero hay que ser inteligente, y os aseguro que se les ve venir de lejos. Pero eso de que esté ronroneando y demandando caricias y a los cinco minutos y sin mediar ningún tipo de estímulo para ese cambio de actitud te salte al brazo e intente desgarrarlo con furia devoradora no acaba de parecerme muy normal. No sé si es signo de estupidez supina o un intento alienígena fallido de dominar el mundo. Mientras que un perro dará la vida por su amo. De eso estoy segura, he tenido varios.

Y el caso es que quiero a ese estúpido psicoputa de gato que tengo. Me encanta achucharle como al peluche que es y mirarle a sus preciosos ojos azules. Pero sigo pensando que dónde esté un perro, que se quiten todos esos pedantes orgullosos alienígenas felinos altaneros.

Como decían en Babe, el cerdito valiente: Guárdate del felino sibilino...

EN BUSCA DEL TESORO


Hace ya algún tiempo comenté que al final el Ayuntamiento nos la metía doblada y nos instalaban un inútil tranvía (que después de la experiencia en Sevilla, en la que nos adelantaban los peatones, todavía le tengo más manía) en vez del cada vez más imprescindible metro que necesita Zaragoza. Pues bien, este mes han comenzado las obras y han cortado uno de los ejes centrales de la ciudad, el que va desde la antigua carretera de Valencia hasta la Gran Vía, cerrando el acceso al Hospital Miguel Servet (el más grande e importante de la ciudad) y una de las dos únicas salidas del cada vez mas populoso barrio de Valdespartera.

Si eso ya está trayendo el caos circulatorio a la ciudad (no pueden pretender que usemos el transporte público cuando a) También está afectado por los desvíos y b) Trabajo demasiado lejos para que me valga la pena utilizarlo ya que tendría que levantarme hora y media antes), para colmo a algún iluminado se le ha ocurrido poner, a la vez, el carril bici (contra el cual no estoy, siempre y cuando los ciclistas se dignen utilizarlo) por todas las grandes avenidas de la ciudad, así que TODAS las vías alternativas (el Paseo de las Torres, Duquesa Villahermosa, Hernán Cortés) también tienen tramos en obras que estrechan y dificultan más aún el tráfico.

Y para terminar de rematar la faena, este verano también han decidido empezar una serie de obras de supuesto acondicionamiento de varias calles de la ciudad que aún no han terminado, así que también tenemos completamente cerrados al tráfico, por ejemplo, la Avenida de Madrid (incluido su transitado cruce con la Vía Universitas/Calle Rioja), el Paseo de las Damas o el Coso Bajo. Por poner unos pocos ejemplos, y hablando sólo de las calles que yo he visto. Que seguro que en barrios que yo no transito hay más obras.

Y aunque ya no debería pensar en ello, porque como digo siempre, el urbanismo es un acto de Fé, como la Santísima Trinidad, ya que no hay forma humana de comprenderlo, no puedo evitar preguntarme ¿a quién se le ha ocurrido semejante barbaridad? Que sí, que si hay que hacer obras se hacen, pero una detrás de otra, por el amor de Dios, no todas a la vez. Ir al trabajo o a buscar a Leo al cole se está convirtiendo en un auténtico infierno y lo peor de todo es que, al menos en el caso del j*d*d* tranvía (sí, lo odio), que terminen las obras no va a ser para nada garantía de que las cosas vuelvan a la normalidad, porque me apuesto lo que queráis a que cuando abran esas calles al tráfico, la mitad de los carriles van a quedar restringidos al uso exclusivo del tranvía, si no restringen tramos enteros, con lo cual a efectos prácticos, va a ser como si no los hubieran abierto. Vamos, que ya podemos aferrarnos a nuestras vías alternativas, si nos dejan.

Que sí, que entiendo que hay que favorecer el transporte público, pero como digo siempre, j*d*r al que no tiene más remedio que usar el coche no es la forma de favorecer el autobús, o en este caso el tranvía.

Y encima, lo que digo, TODA la ciudad levantada. Como comentábamos el domingo pasado, se parece a la época en la que en Madrid, Gallardón estaba a la búsqueda del tesoro. Al parecer, aquí en Zaragoza también debe haber rumores de que hay un tesoro, y allá donde ven la equis, se ponen a picar.

Aunque mi teoría es otra. Con la crisis, muchas empresas constructoras se han quedado sin trabajo, ya que no hay forma de vender pisos como antes, así que han llamado por teléfono a sus amiguitos políticos (sí, aquellos que antes les daban los permisos de obra para hacer edificios en un metro cuadrado, como el que hicieron en tiempo record al lado de mi casa), y estos les han dado trabajos alternativos en las reformas que (probablemente) necesitaba la ciudad.

A todos a la vez.

Tiene cojones la cosa.

lunes, 21 de septiembre de 2009

GANO EL WARRO CON LOS HERMANOS WARRO

Parafraseando al genial Ford Farlaine - película que probablemente habría pasado desapercibida si no fuera por la insuperable labor de doblaje friki (como pasó con “Como perros y gatos”, doblada por Gomaespuma) a cargo nada menos que de Pablo Carbonell y plagada de guiños a la cultura de los 80 -, aprovecho para compartir un descubrimiento que hice ayer, gracias a los ya famosos gatos parlantes (gracias, Juan Pablo, por hacérmelos conocer): los fabulosos Warro Brothers, que toman hábilmente el testigo que dejó Florentino Fernández y su equipo con “El Informal” y nos deleitan con hilarantes re-doblajes de algunas escenas del cine, la TV o, como en el caso de estos gatos parlantes, la red:



Parodia de “El Último Superviviente”:



Batman Dark Knight” (gloriosa)



300” (parodiable hasta la saciedad, todos los sabemos, pero ¡hay omá, que ricos!)



Y la última, y para mí, la mejor de todas: “El Ataque de los Clones” (también altamente parodiables, o si no, que se lo digan a JMV):



Si quereis ver más videos de esta gente, buscad en Youtube el usuario RAYXNUM1. No creo que os arrepintáis.

jueves, 17 de septiembre de 2009

ESPECIE EN EXTINCIÓN

Luis Piedrahita, humorista excepcional y acertado cronista de lo cotidiano, comenzaba uno de sus monólogos hablando de “una de las cosas que más le gusta atesorar a los seres humanos y que, sin embargo, no da la felicidad: las bolsas de plástico”. Como en tantos de sus monólogos con los que me he sentido identificada, solté una carcajada al oirlo: en mi casa las bolsas de plástico son una plaga sólo comparable a la de las cosas que colecciono voluntariamente, y es que mi conciencia ecológica se resiste a tirarlas a la basura, así que las guardo para reutilizarlas, bien como bolsas de basura, bien como bolsas de transporte, o, la mejor solución que encontré en mucho tiempo, tras una selección previa de las bolsas procedentes de compras “limpias” (ropa, libros, regalos, etc... nunca las de alimentación, por si acaso), se las bajo a la dueña del kiosco de revistas de debajo de mi casa, que normalmente las gasta en una sola mañana, pero me las agradece como si le diera provisión para todo un mes...

Ahora leo que (por fin) se va a tomar en España la medida que hace tiempo se tomó en otros países como Francia, y que la mayoría de los comercios van a retirar las bolsas de plástico o las van a poner a la venta, para intentar reducir su consumo, y me invaden sentimientos antiguos.

Siempre he procurado reducir al máximo mi uso de bolsas en la compra. Si bajo al supermercado de debajo de casa, con mi viejo carrito vestigio de la lista de bodas del Corte Inglés (sí, ¿qué pasa? Yo puse en mi lista de bodas cosas útiles), intento meter todo en el carrito y no usar bolsas, o como mucho, meter en bolsas lo que no me cabe en el carrito (siempre hago corto...). Si voy con el coche al hipermercado, apuro las bolsas al máximo, y para las cosas grandes como botellas o la arena del gato no uso ninguna – me parece un desperdicio usar una sola bolsa para un solo producto. Me enervo cuando la cajera, al embolsar por su cuenta para ayudarme, mete cuatro cosas y luego pasa a la siguiente bolsa, y relleno las bolsas que ella deja a medias. Y cuando al llegar a casa recojo todo, todavía me asombro de la cantidad de bolsas que se me van acumulando bajo el fregadero o en el armario de los papeles.

Como digo, parece que las cosas van a cambiar, y me alegro. Tengo provisión de bolsas de basura para unos cuantos meses, puede que incluso años, así que por esa parte no tengo queja. Pero ahora toca coger nuevas costumbres. Para cuando vaya al hiper con el coche ya he tenido la precaución de meter en el portamaletas un lote de bolsas de tela o plástico fuerte, de esas que dan los laboratorios en los congresos o las que últimamente me ha dado por adquirir en Vistaprint. Para las compras en el super, seguiré con mi carrito.

¿Y si me pilla de paseo?

Creo que tendré que echar un vistazo a mi colección de bolsas, y meter unas pocas en el bolso. Nunca se sabe, y me fastidiaría pagar, aunque sean unos céntimos, por una bolsa de las que ya tengo miles en casa. Incluso en el trabajo.



Me alegra pensar que van a ir desapareciendo, como el Dodo....

 
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