jueves, 15 de enero de 2009

QUIERO SER EL DR. HOUSE


Y no precisamente porque quiera estar en el mismo hospital que el guapísimo Chase (que no sería un mal motivo), ni porque Gregory House lleve el tipo de vida que a mi me gustaría llevar, o porque envidie su puesto en el hospital.

Me conformo con tener su mala leche y saber poner a la gente en su sitio como hace él.

La cosa ya comenzó el lunes con un enfrentamiento con uno de los cardiologos del hospital. Resulta que el martes teníamos el ingreso de un paciente de hematología, especialidad en la que gracias a Dios tenemos pocos casos, pero siempre complicados, y que casi siempre requieren aislamiento. Yo tenia una habitación individual en reserva desde el viernes, pero ese fin de semana otra de las cardiologas me la ocupó para trasladar a su padre, que YA estaba ingresado en una habitación individual, pero en otra planta. Por supuesto, lo hizo sin contar conmigo y me hizo una pequeña faena, porque ahora para poder aislar al enfermo de hematología, yo tenía que ingresarlo en una habitación doble y bloquear la otra cama, lo cual en temporadas como esta, en las que el hospital está prácticamente lleno y cualquier cama nos es necesaria, es un problema bastante puñetero.

Pero dadas las circunstancias no me quedaba más remedio que hacer eso, porque además, los pacientes de hematología llevan unos tratamientos tan complejos y peligrosos, que a menos que sea completamente imposible, he de intentar que el paciente ingrese en la planta dedicada a dicha especialidad, que comparten con cardiología, por lo cual tuve que juntar las dos unicas camas disponibles para hacer una habitación libre entera en la que realizar el aislamiento.

El caso es que para ello, tenía que programar otro ingreso pendiente para una patología cardiológica en una planta diferente, en la que aún me quedaba alguna plaza libre (lo que llamamos un “fuera de área”), ya que en el servicio de Cardiología no me quedaba más que la habitación de dos camas que iba a destinar al ingreso de hematología: en una cama, el paciente, y la otra bloqueada por la necesidad de aislamiento.

Pues bien, como media hora antes de la hora de salida, cuando todavía tenía que terminar de distribuir los ingresos programados, y decírselos a mis compañeras antes de las 3 de la tarde para que ellas pudieran coger el autobús e irse a sus casas, apareció este hombre.

He de decir que hasta ahora me había caído bien. No pensaba que fuera un impresentable egoísta e infantil como me habían demostrado ser otros de sus compañeros. Pero vi que me equivocaba. Se pegó esa preciosa media hora de trabajo que me quedaba discutiendo conmigo sobre la, según él, dudosa necesidad de ingresar al paciente de hematología en la planta que comparten ambos servicios por delante del menos problemático paciente de cardiologia. Yo, ingenua de mí, pensaba que podía razonar con él, pero solo consegui que al final, en un arranque de rabieta infantil, el buen señor decidiera que prefería anular el ingreso, y por tanto el procedimiento al que debía someterse, del paciente de cardiología, antes que ceder e ingresarlo en otra planta.

Solo después de eso, y de dejarme toda la labor de más de media hora por hacer, con lo cual me tuve que quedar un rato extra en mi despacho para terminarla, consintió en marcharse del despacho y dejarme en paz, en una extraña situación de tablas. Yo había cumplido con mi deber, sin dar mi brazo a torcer, pero él había jodido a un paciente haciéndome, a sus ojos, aunque no a los míos, responsable.

En fin, pareció que la cosa no iría a más, pero el miércoles, antes de irme con la directora a la reunión de la que hablé en la entrada anterior, me vino un señor bastante malencarado al despacho, protestando con muy malos modos por haber trasladado a su padre el lunes anterior ya que según “el médico, eso le había causado una recaida en su patología”. Y empezó con amenazas sin dar lugar a ofrecerle ninguna solución, lo cual en muchos casos me hace plantearme dos veces el intentar solucionar nada…

Me encantaría haber podido ser como el Dr. House, haberle mandado a hacer puñetas y haberle dicho que esto no era un hotel, sino un hospital, y que las camas estaban supeditadas a las necesidades asistenciales. Concediéndole el beneficio de la duda, he hablado hoy con otra de las doctoras, ya que, con mi suerte acostumbrada, el cardiólogo al que tenía que ponerle los puntos sobre las íes no estaba. El comentario de su compañera fue “¡Vaya, con eso ya tendríamos para publicar un caso! Paciente que empeora por cambio de habitación”. Y por evitarnos problemas, decidimos de común acuerdo realizar el cambio.

Pero que quereis que os diga. Me sentí mal. Ese señor, esos señores (porque pongo la mano en el fuego a que mi amigo el cardiólogo le había enzurizado contra mí) se han salido con la suya usando malos modales. Debería ser al contrario.

¿Dónde está el Dr. House cuando se le necesita?

4 comentarios:

Lilith dijo...

Por un módico precio en gominolas yo me siento a tu lado en el despacho y les suelto tres o cuatro frescas a quien tu quieras. Eso si las gominolas han de ser ositos naranjas de Haribo

Último Íbero dijo...

El doctor House ha convertido en un arquetipo imposible de encontrar en la realidad. Creo que mucha gente querría ir por la vida (y sin necesidad de ser médicos) con el estilo del doctor House.

En mi oficina hay un jefe que, por un tiempo, fue en ese plan. Él creía ir de "molón" y recurrente pero quedaba como un cabrón sin escrúpulos sin lado "divertido". Menos mal que se le pasó.

Sonia dijo...

Lo cierto es que el Dr. House, por divertido e interesante que sea en la ficción, en la vida real sería un ser insufrible e inaguantable con el que no me gustaría cruzarme. Por desgracia hay gente que se merecería que les tratasemos así.

Yo dejé de atender pacientes precisamente por eso. Que no quiere decir que todos los pacientes lo merecieran. Pero si tenías citados 40 y dos de ellos eran bordes, te agriaban el día al completo, aunque los 38 restantes fueran encantadores. Todo aquel que trabaje frente al público sabe que es así...

Lilith, estoy recopilando gominolas. ¿Cuando te vienes para aquí?

Han Solo dijo...

yo tengo una labia que te cagas
lo digo por las gomis

 
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