viernes, 25 de septiembre de 2009

HUYENDO DE LA QUEMA

Ayer pasé un día extrañamente estresada. Sin mucho motivo real (de hecho, fue un día más tranquilo que otros), tuve un par de ratos de esa ansiedad asquerosa que me pone mariposas en el estómago. Así que mi cerebro esta noche ha decidido meterme en una historia de acción para curarme esas tonterías... Digo yo que ha sido eso, porque la verdad es que me he levantado hasta cansada y todo...

Dando una divertida vuelta a la geografía, en mi sueño el hospital en que trabajo estaba en pleno centro de la ciudad, en vez de las afueras, y para más INRI, el río Huerva (riachuelo que excepto en contadas ocasiones, está prácticamente seco), pasaba por un lado y por debajo, ya que se dividía en dos pequeños ramales justo al llegar al hospital. Así que la cafetería, que es dónde estaba yo en mi sueño (algo poco frecuente en la vida real, por cierto – prefiero perder tiempo con internet a irme a tomar café) estaba coquetamente construida encima de uno de esos dos ramales, y se podía observar el río desde los amplios ventanales.

Había nevado mucho, y el río venía bastante cargado de agua, lo cual nos daba un entretenido espectáculo y algo de que hablar durante el café. Observábamos la corriente venir y dividirse poco antes de llegar al edificio, un ramal más grande que se desviaba a nuestra izquierda, y uno más modesto que pasaba por debajo del edificio, y de pronto veíamos llegar flotando unos grupos de cajas. Eran cajas grandes, agrupadas de a cuatro, como en palés, y por como venían (veíamos hasta tres lotes de cajas), deducíamos que había habido algún accidente río arriba y que algún camión había volcado. Uno de los tres lotes entraba por el ramal del río que pasaba bajo la cafetería y se quedaba atascado casi a nuestro lado, y veíamos que eran grandes cajas de comida para perros. Me daba pena, por el desperdicio que representaban, pero al menos no parecía peligroso... aunque alguien debería sacarlas de ahí tarde o temprano, ya que podían quedarse atascadas y embalsar el agua en esa zona.

De pronto, las chicas que estaban conmigo en la cafetería llamaban mi atención sobre algo que venía a lo lejos y se me ponían los pelos de punta... ¡La cisterna de un camión de transporte de combustible! Por lo visto, el accidente había sido peor de lo que parecía al principio.. y yo, al acordarme del aterrador final de la película “The Eye” (película que demuestra que no hay que tener miedo a los fantasmas, sino a la vida real), me levantaba a cámara lenta con intención de salir corriendo de ahí: si esa cisterna explotaba, íbamos a durar menos que un caramelo a la puerta de un colegio.

Precisamente por la cámara lenta, veía como la cisterna se metía por el ramal recto que llegaba hasta nosotros y se quedaba atorada justo frente a la cafetería sin explotar. Un suspiro de alivio – pero como el riesgo no había pasado, prefería curarme en salud y seguir con mi idea inicial: salir corriendo. Y eso hacía.

Debía de ser por la tarde, ya que aunque cuando veíamos venir la cisterna hacía un sol radiante, ahora empezaba a anochecer. Me encontraba en mitad del Paseo de Pamplona (aunque como digo, la ciudad estaba un poco cambiada – no mucho para lo que suelo hacer en mis sueños, en los que incluyo enormes jardines palaciegos cerca de la Plaza San Francisco o inmensas catedrales a lo Gotham City por la zona de Torrero) y lo que quería era poner tierra (y a ser posible casas y cualquier otro tipo de parapeto) por medio antes de la inminente explosión. Así que corría y corría por la Gran Vía (bonito pareado) y en cuanto llegaba a la primera manzana, torcía a la derecha para poner un edificio por medio. Ahí había una galería comercial así que en lugar de ir por la calle me metía por ella para atravesar la siguiente manzana. Y cuando salía por el otro lado (ya de noche), entre el gentío que también corría (estaban evacuando la zona), veía bomberos que estaban cortando la instalación eléctrica de las tiendas cercanas, pero por algún motivo al cortarla estallaba en llamas y chispas, inofensivas allí, pero letales si llegaban hasta el camión cisterna dos manzanas más abajo, así que venían con los camiones y empezaban a echar agua para apagarlas (era un sueño, ¿vale?, así que no provocaban ningún cortocircuito ni nada).

Para resguardarnos del agua toda la gente que estabamos por ahí dábamos corriendo la vuelta a la manzana y nos parapetábamos en la parte de atrás del edificio, pero la potencia del agua era tal que llegaba por los laterales y según donde te pusieras, te mojabas igual. De hecho yo ya iba como una sopa, me notaba calada, y menos mal que en este punto del sueño ya no era invierno ni había nieve, que si no me muero de frío.

Como ya estaba mojada, me cansaba de estar parada ahí y aunque ya me había alejado bastante de la cisterna, decidía intentar llegar a casa para ponerme a salvo (“Como te has pasado con la onda expansiva”, me comentaba hoy Josema cuando le he contado mi sueño, pero es que a mi “The Eye” me impresionó mucho, la verdad). Y aún en casa no las tenía todas conmigo y me preguntaba si no sería mejor coger todo e irme a casa de mis padres, más lejos aún...

En este punto del sueño me desperté, y aún debí dormitar un par de veces, ya que me recuerdo llegando a casa de mis padres en plan exiliada, aunque la verdad es que la cisterna no estallaba ni a tiros, pero en fin, cualquier excusa era buena para no ir a trabajar al día siguiente y si no llega a ser por un grillo que estaba cantando al pie de la ventana y que no me ha dejado dormir profundamente la hora y media que me quedaba, quizás hubiera aprovechado la excusa.

¡Que la carrerita me había dejado exhausta!

3 comentarios:

Lilith dijo...

Es que correr en sueños cansa!! Joder que mal rato debiste pasar, odio ese tipo de sueños de los que te despiertas hecha mixto

Sonia dijo...

Pues la otra noche soñé con zombies, lo malo es que ya no recuerdo el sueño, pero me acordé de Hermonge y de tí, que sé que os guste el tema ;P

Lilith dijo...

Me dan pesadillas los zombies y este fin de semana tengo que ir a ver zombieland. Semana de pesadillas me espera

 
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