lunes, 21 de septiembre de 2009

GANO EL WARRO CON LOS HERMANOS WARRO

Parafraseando al genial Ford Farlaine - película que probablemente habría pasado desapercibida si no fuera por la insuperable labor de doblaje friki (como pasó con “Como perros y gatos”, doblada por Gomaespuma) a cargo nada menos que de Pablo Carbonell y plagada de guiños a la cultura de los 80 -, aprovecho para compartir un descubrimiento que hice ayer, gracias a los ya famosos gatos parlantes (gracias, Juan Pablo, por hacérmelos conocer): los fabulosos Warro Brothers, que toman hábilmente el testigo que dejó Florentino Fernández y su equipo con “El Informal” y nos deleitan con hilarantes re-doblajes de algunas escenas del cine, la TV o, como en el caso de estos gatos parlantes, la red:



Parodia de “El Último Superviviente”:



Batman Dark Knight” (gloriosa)



300” (parodiable hasta la saciedad, todos los sabemos, pero ¡hay omá, que ricos!)



Y la última, y para mí, la mejor de todas: “El Ataque de los Clones” (también altamente parodiables, o si no, que se lo digan a JMV):



Si quereis ver más videos de esta gente, buscad en Youtube el usuario RAYXNUM1. No creo que os arrepintáis.

jueves, 17 de septiembre de 2009

ESPECIE EN EXTINCIÓN

Luis Piedrahita, humorista excepcional y acertado cronista de lo cotidiano, comenzaba uno de sus monólogos hablando de “una de las cosas que más le gusta atesorar a los seres humanos y que, sin embargo, no da la felicidad: las bolsas de plástico”. Como en tantos de sus monólogos con los que me he sentido identificada, solté una carcajada al oirlo: en mi casa las bolsas de plástico son una plaga sólo comparable a la de las cosas que colecciono voluntariamente, y es que mi conciencia ecológica se resiste a tirarlas a la basura, así que las guardo para reutilizarlas, bien como bolsas de basura, bien como bolsas de transporte, o, la mejor solución que encontré en mucho tiempo, tras una selección previa de las bolsas procedentes de compras “limpias” (ropa, libros, regalos, etc... nunca las de alimentación, por si acaso), se las bajo a la dueña del kiosco de revistas de debajo de mi casa, que normalmente las gasta en una sola mañana, pero me las agradece como si le diera provisión para todo un mes...

Ahora leo que (por fin) se va a tomar en España la medida que hace tiempo se tomó en otros países como Francia, y que la mayoría de los comercios van a retirar las bolsas de plástico o las van a poner a la venta, para intentar reducir su consumo, y me invaden sentimientos antiguos.

Siempre he procurado reducir al máximo mi uso de bolsas en la compra. Si bajo al supermercado de debajo de casa, con mi viejo carrito vestigio de la lista de bodas del Corte Inglés (sí, ¿qué pasa? Yo puse en mi lista de bodas cosas útiles), intento meter todo en el carrito y no usar bolsas, o como mucho, meter en bolsas lo que no me cabe en el carrito (siempre hago corto...). Si voy con el coche al hipermercado, apuro las bolsas al máximo, y para las cosas grandes como botellas o la arena del gato no uso ninguna – me parece un desperdicio usar una sola bolsa para un solo producto. Me enervo cuando la cajera, al embolsar por su cuenta para ayudarme, mete cuatro cosas y luego pasa a la siguiente bolsa, y relleno las bolsas que ella deja a medias. Y cuando al llegar a casa recojo todo, todavía me asombro de la cantidad de bolsas que se me van acumulando bajo el fregadero o en el armario de los papeles.

Como digo, parece que las cosas van a cambiar, y me alegro. Tengo provisión de bolsas de basura para unos cuantos meses, puede que incluso años, así que por esa parte no tengo queja. Pero ahora toca coger nuevas costumbres. Para cuando vaya al hiper con el coche ya he tenido la precaución de meter en el portamaletas un lote de bolsas de tela o plástico fuerte, de esas que dan los laboratorios en los congresos o las que últimamente me ha dado por adquirir en Vistaprint. Para las compras en el super, seguiré con mi carrito.

¿Y si me pilla de paseo?

Creo que tendré que echar un vistazo a mi colección de bolsas, y meter unas pocas en el bolso. Nunca se sabe, y me fastidiaría pagar, aunque sean unos céntimos, por una bolsa de las que ya tengo miles en casa. Incluso en el trabajo.



Me alegra pensar que van a ir desapareciendo, como el Dodo....

miércoles, 16 de septiembre de 2009

PELICULAS DE CULTO


Debido a los cada vez más acuciantes problemas de espacio en mi hogar, poco antes de vacaciones decidí reorganizar la videoteca. Nuestra pasión por el cine se refleja en una herencia de cientos de películas en VHS que aporté de soltera, ampliada por otro tanto o más en DVD que hemos ido adquiriendo con los años, que han llegado al punto de llenar prácticamente todos los armarios del salón (sí, esos que en otras familias más convencionales están llenos de vajillas o mantelerías) y dos estanterías en el pasillo.

Desgraciadamente el VHS es un formato condenado a la desaparición, tanto por su corta vida media como por el hecho de haber sido sustituido con gran éxito por el DVD, así que de pronto me entró una obsesión (y yo puedo ser MUY obsesiva) por reponer todas esas viejas películas, muchas de ellas grabadas de la TV y no disponibles a la venta, en formatos más acordes con la época actual... ¿os acordáis de esa escena de Men In Black, donde J se lamenta de que tendrá que volverse a comprar el Submarino Amarillo de los Beatles, cuando un nuevo soporte de grabación de sonido importado por los extraterrestres sustituya al CD? Pues eso.

Y en ellas me encuentro, buscando en eBay, en Amazon, en otros países, en foros y demás, las viejas glorias que conservo de mi adolescencia, y clasificándolas mentalmente por temas, géneros y épocas para cuando por fin las tenga, tire todos esos viejos VHSs que, además, ocupan tanto espacio, y los reponga por redondos, limpos y brillantes DVDs.

Y me he sorprendido al incluir mentalmente tantísimas películas en el apartado “Películas de culto”. Películas de culto.. ¿qué es eso?

Ya comenté en otra entrada que hay una serie de pequeñas películas, la mayoría de los años 80 (que es al fin y al cabo cuando viví mi adolescencia y primera juventud y cuando más te marcan las cosas), que sin ser obras maestras ni ir a pasar a la historia del séptimo arte, te encanta ver una y otra vez. Mi favorita sin ir más lejos es La Princesa Prometida, película de la que por cierto me regalaron dos maravillosas camisetas para mi cumpleaños el pasado fin de semana (¡gracias!), y que si he de ser honesta, en realidad no soporta un visionado crítico... Quiero decir, se ve tan de serie B! Y sin embargo tiene legiones de fans (no soy la única) y hace bien poco en el grupo de Yahoo americano en el que todavía estoy y me siento tan a gusto, que una chica (o más bien señora, en ese grupo tengo la suerte de ser una de las personas más jóvenes) comentó que la película era mala y poco menos que las otras se le echaron encima, y el administrador en nuestro honor nos regaló con una selección de anécdotas sacadas de la IMDB, y me fui a casa con ganas de volver a verla.

Pero volvamos a la pregunta... ¿qué es una película de culto? Pues si hacemos caso de mi selección de películas de culto, yo diría que son aquellas obritas menores, hechas con pocos medios y poco presupuesto, pero en general con imaginación y una buena historia, que calan de tal forma en un sector de la población que las defienden a capa y espada. En resumen: pelis cutres que cuentan mejores historias que películas de gran presupuesto.

Qué puñetas.

En resumen: Películas que nos gustan al público, aunque no les gusten a la crítica. Y punto pelota.

viernes, 11 de septiembre de 2009

MATRIMONIADAS

Y siguiendo con Praga, y otros recuerdos del viaje, enlazo a un tema al que llevo varios días dándole vueltas.

El caso es que en Praga, Radek, nuestro guía de una jornada, era muy dado a hacer las típicas bromas tipo “el matrimonio es un error”. Al enseñarnos la puerta del edificio que está justo al lado del famoso reloj astronómico, nos explicó que por ahí salían las parejas recien casadas, e hizo un chiste estúpido sobre que la gárgola triste era el novio, la sonriente la novia, y la que reía a carcajadas sobre el dintel, la suegra. Soltó una indirecta a una pareja joven y acaramelada en el grupo, que le cortaron al unísono enseñándole sus alianzas de boda y diciéndole muy sonrientes que era “too late” (debían estar de viaje de novios), y no era la primera vez que le daba vueltas al tema porque ya en Budapest habíamos visto unas camisetas con unos muñequitos vestidos con traje de novios (de nuevo él triste, ella sonriente) y con el texto “Game Over” en Budapest.

La verdad es que ese tipo de bromas acaban molestándome. Si tan malo fuera emparejarse, el ser humano no llevaría haciéndolo desde el principio de los tiempos. Si solo quisiéramos casarnos las mujeres, como dan siempre a entender en estas bromas pesadas, dado que durante décadas ha gobernado el hombre, no existiría el matrimonio. Ni hubiera habido matrimonios de conveniencia en los que rara vez elegía ella.

En realidad, supongo, esto enlaza con la misma tontería que da lugar a las despedidas de solter@ de las que hablé en su momento. Una incongruente relación del matrimonio con la falta de libertad, a la que en realidad, si es que se ha hecho, se ha renunciado ya con el noviazgo, con la elección de una persona con la que compartir la vida (o al menos, una parte de la misma, hasta que se cansen y se separen). Elección que, en realidad, hoy en día, se ha hecho con esa libertad a la que dicen que renuncian... En fin, que en el fondo, es una chorrada y un “estaban verdes” por parte de los amigos solteros, que siguen con las ganas...

Sobre todo, cuando recuerdo alguno de los resultados de mi tesis doctoral (con el sugerente título de “Problemática social y patología psiquiátrica en la población anciana de Zaragoza”, o algo similar...): la depresión es mucho más frecuente en las mujeres casadas que en las solteras, mientras que los hombres casados son felices, y tienen a deprimirse con más frecuencia cuando se quedan viudo o solterones. Es un hecho estadísticamente significativo, que conste en acta.

La explicación, en realidad, es sencilla, y como mujer casada que soy, la llevo sufriendo en mi carne varios años. La mujer casada, todavía hoy, se ve obligada a cuidar de su marido y sus hijos, de la casa y, si trabaja, del trabajo. Siempre se tiene la sensación de que cuando algo falla es culpa tuya, y a menudo tienes que dejar a un lado tus intereses personales por los de tu familia. ¡Cuántas veces habré estado haciendo algo, lo que sea, sin pedir ayuda a nadie, y he tenido que dejarlo porque por un lado Leo me pide ayuda con la tele, los deberes o simplemente para sacarle algún juguete de un armario inaccesible, y por el otro Josema me pide que le ayude a elegir una compra, a buscar algo que no encuentra o simplemente, para que le diga que hora es!

Que sí, que a muchas mujeres nos hace mucha ilusión eso de casarnos, la boda, ser princesa por un día y el “Vivieron felices para siempre” que nos han hecho creer en los cuentos de hadas. Pero no. El cuento, la aventura, el culebrón, empieza siempre después.

Y, ojo, que no digo que no sea maravilloso, que lo es. Pero como buena aventura, hay momentos en que estás al borde del abismo y te preguntas por qué demonios te tuviste que meter en semejante berenjenal, y es sólo cuando llegas al tesoro (una mirada de los ojos grises de tu hijo, un abrazo en el momento oportuno de tu marido) cuando te das cuenta de que sortear los dardos envenenados de los Hovitos o superar las pruebas de fe para llegar al Santo Grial han merecido la pena.

jueves, 3 de septiembre de 2009

SI NO ESTÁ EN INTERNET, NO EXISTE (2)

No es la primera vez que digo eso, y a las pruebas me remito. Internet me ha permitido recuperar cosas que daba por perdidas, ver fotos de cosas que nadie creía que existían o volver a escuchar canciones o ver videos del año de la polka que pensaba que no conocía más que yo. Hasta descubrir que una serie checa, Arabela, que echaron cuando yo era cría en la TV y que pensaba que nadie recordaba, tiene montones de fans a su alrededor, y hasta un grupo en facebook clamando por su edición en DVD en otros idiomas aparte del checo (en el que ya existe una recopilación, todo sea dicho).

Pues bien, hablando de la Republica Checa, cuando estuvimos en Praga la víspera de mi cumpleaños, vimos en una tienda de marionetas a una chica haciendo bailar a un Pinocho al ritmo del Can’t Touch This de M.C. Hammer. Se formó un corro impresionante, todos aplaudimos cuando terminó, y sentí enormemente no haberme llevado una cámara de video para filmarlo. Pero no éramos los únicos viéndolo, y otra gente sí llevaba cámaras de video, o de fotos capaces de hacer video, o incluso móviles, y como Josema me dijo, seguro que no tardaban mucho en subirlo a Youtube.

Como es lógico, ese no fue el único día que la talentosa tendera hizo bailar a Pinocho, ni la única canción, así que hay como mil Pinochos de Praga bailando en Youtube. Pero el que nosotros vimos fue este:



Bueno, vale. No fue este, lo llevaba una chica y aquí es un chico. Pero por lo demás, fue lo mismo. Pero si quereis ver más, seguid los enlaces...

domingo, 30 de agosto de 2009

¿QUÉ ES LA PAZ?

Una de las ventajas (o desventajas) de cumplir años en Agosto es que a menudo me pilla de vacaciones en algún sitio fuera de mi ciudad. En este caso, nos ha pillado volviendo de nuestro viaje: desayuno en Praga, carretera y manta, y pausa en Nuremberg para comer, y, de paso, visitar el casco histórico de esta preciosa y no tan conocida ciudad alemana.

En realidad para mí Nuremberg no es una completa desconocida, dado que he tenido familia allí (creo que ahora se han desperdigado por otros lugares del mundo, pero hace unos años todavía se les podía localizar en dicha ciudad). Así que años ha, aprovechando otro viaje de verano, les hicimos una visita, y ya me llevé la misma sensación que me he llevado ahora.

Nuremberg, como otras tantas ciudades europeas, fue casi destruida durante la Segunda Guerra Mundial. En su caso, y quizás por su fuerte vinculación con el partido Nazi, da la sensación de que el ejército enemigo se cebó en ella con cierta alevosía, y ya la primera vez que estuvimos nos sorpendió encontrar carteles con fotos de las ruinas del casco antiguo medieval (que ahora ha sido reconstruido magníficamente) y el texto en alemán “Nunca más”: Qué quereis que os diga, me da igual el bando en que estuvieran, se me puso un nudo en la garganta. Todavía más cuando mi tío nos llevó a ver el monumental estadio en el que Hitler daba sus discursos, ocupado en aquella época por las tropas americanas (hablo de antes de la caída del muro de Berlín, en que en el reparto de Alemania entre los vencedores Nuremberg les tocó a los Estadounidenses), que impedían el paso al mismo a los ciudadanos alemanes mientras los hijos de los soldados americanos lo utilizaban para jugar al béisbol. En ese momento, hasta me pareció natural que en Alemania estuvieran volviendo a resurgir pensamientos neonazis... No sé, ¿cómo os sentiríais vosotros si viniera gente de un país que en realidad nunca ha tenido nada que ver con las ansias de conquista (justificadas o no) de vuestros antepasados, y ocupase un monumento, como puede ser el Valle de los Caídos, por poner un ejemplo de ideología similar, y lo tuviera de patio de recreo para sus hijos, sin dejar entrar a la gente de la ciudad? A mi me parecería humillante, la verdad, y prepotente por parte de los vencedores.

Este año no llegamos a ver dicho estadio, y los carteles que digo ya no estaban, pero en la iglesia de San Sebaldo, en pleno centro de la ciudad, todavía exponían una pequeña muestra del proceso de restauración de la misma. El texto que acompañaba a las fotos, que se pueden ver en esta página web (aunque el texto es diferente), estaba en varios idiomas, entre ellos el español, y era desgarrador. Referencias a cientos de años de cultura derribados por los suelos, a inocentes que pagan las deudas de los errores cometidos por sus gobernantes, y una pregunta, una pregunta que te pone un nudo en la garganta:

¿Qué es la paz?

¿Acaso es pasear entre las ruinas sin miedo a la caída de las bombas?

Recuerdo haber sentido algo parecido (incluso más intenso) cuando visitamos Hiroshima en 2007. El parque de la Paz, hermoso, apacible, relajante, está plagado de pequeños monumentos que te ponen los pelos de punta. No sólo el de la niña Sadako, cuya historia es quizás la más conocida, sino también ese monumento a la madre en la tormenta, intentando salvar de forma imposible a sus hijos del viento nuclear. O ese monumento a las niñas de un colegio, que se encontraban precisamente allí haciendo un simulacro cuando estalló la bomba. Y no sabes qué te afecta más, si el hecho de que murieran allí todas esas vidas inocentes, o que los Estado Unidenses (sí, de nuevo ellos) prohibieran al gobierno japonés utilizar las palabras Bomba Atómica en los monumentos a sus víctmas, por lo que tuvieron que esconderla bajo la fórmula e=mc2 (formas curiosas de eludir la censura, como aquella ingeniosa conmemoración española de los “25 años de Paz y Ciencia”, auténtica, de la que existen sellos y todo).

Me parece muy bien que la historia la escribran los vencedores, y estoy de acuerdo en que durante la Segunda Guerra Mundial, la ideología Nazi era moralmente nefasta y Hitler era el malo de la película, pero de algún modo, no puedo evitar indignarme al pensar en que Nuremberg no sólo era el lugar dónde Hitler daba sus discursos. Era también una ciudad, con sus gentes, sus trabajadores que madrugaban todos los días, sus niños que iban al colegio. Gente a quien Hitler ni les iba ni les venía, simplemente les cayó encima como otro gobernante más, y que pagaron, sí, pagaron muy caro, y sobre todo, por parte de un país que se inmiscuyó en la guerra sin que le afectará lo más mínimo (y que ahora aún llora la destrucción, ínfima en comparación, aunque una sola vida humana ya sea una pérdida incalculable, de sus torres gemelas), con sus vidas, sus hogares, su historia y su cultura.

Y me entran ganas de llorar, y me avergüenzo del género humano.

miércoles, 26 de agosto de 2009

FENÓMENOS MÁGICOS

A menudo me debato entre la racionalización más lógica y la fantasía más desbordante. Una parte de mí analiza todo y duda hasta de la persistencia del alma tras la muerte porque científicamente me resulta inconcebible, y otra parte de mí cree en las hadas (dicen que si dejas de creer en ellas, muere una, y no pienso tener ese cargo en mi conciencia) y tiene auténtico pavor a los fantasmas. Qué quereis que le haga, soy incongruente y bipolar, como tanta gente.

No sé si mi vida ha sido más o menos interesante que la de otras personas, pero he vivido algunos momentos que me hacen replantearme la parte racional, la parte científica y lógica a lo Mr. Spock que es él único rasgo que reconozco en mi de lo que dicen debería ser mi signo del Zodíaco, Virgo. No es que muchos de ellos no tengan explicación científica, que la tienen, pero esos momentos te hacen creer en la magia, de alguna forma.

Hace muchos años, no recuerdo exactamente la fecha, pero debió de ser a principios de los 80, me fui de campamentos con mi grupo de Guías y con mi entonces inseparable y siempre muy querida prima Marga. Aguantamos hasta la visita de los padres – cuando normalmente los campamentos eran momentos de alegría, diversión y cierta independencia de la familia, ese año no sé en que fallaron que, pese a tenernos la una a la otra, mi prima y yo decidimos que no queríamos seguir allí. Así que cuando vinieron mis padres y mis tíos con la caravana y una tienda de campaña de repuesto para pasar el fin de semana con nosotras, directamente hicimos el equipaje, abandonamos el campamento y nos fuimos a pasar la noche con ellos.

Era verano, Junio o Julio, si mal no recuerdo, y creo que llovió, incluso nevó un poco esa noche (las noches en el Pirineo siempre son frías). Al estar con nuestros padres, nos permitimos el lujo de trasnochar y ver las estrellas. Y aquella noche, de luna llena, un arco iris de color blanco cruzó el cielo y nos dejó sin habla.

Podría creer que lo he soñado, pero todos mis familiares allí presentes recuerdan aquel arco iris (técnicamente, no es iris, pero en fin) igual que yo. Y en realidad, tampoco es un fenómeno mágico, aunque nos lo pareciera, sino que parece ser que a veces, en determinadas condiciones atmosféricas, se puede dar. Nos dio igual. Para nosotros, aquello fue una especie de magia.

Recuerdo otro momento similar, en la Bretaña Francesa, en la pequeña localidad de Huelgoat. Bretaña está llena de mitos y leyendas, que por cierto los ingleses han conseguido hacer suyas (parece ser que el mito del Rey Arturo nació allí, y no en la Inglaterra romana como nos quieren hacer creer), y pasamos un verano descubriendo esa parte de la mitología y recorriendo lugares en los que podías respirar la magia de Merlín.

Se supone que en Huelgoat, zona cubierta de enormes rocas de aspecto extraño y rodeada de verdes colinas y lagos, se esconde la tumba del Rey Arturo; o mejor dicho, la gruta dónde reposa hasta que vuelva a ser necesitado y despierte a la vida de nuevo. Llegamos al atardecer, así que poco pudimos explorar, pero tras recorrer rocas y parajes en sombras durante un rato, decidimos parar a cenar una deliciosa crepe en un pequeño café a la orilla del lago. El sol se estaba poniendo, y a la luz rojiza se levantó una suave niebla del lago. La sensación era tan irreal que no nos hubiera sorprendido ver salir a la Dama del Lago de sus aguas.

Cuando recuerdo aquel momento, no puedo evitar volver a recordar esa cita de “La Historiadora” que transcribí en esta entrada. Me muero por volver a la Bretaña, pero seguro, segurísimo, que no volveré a ese mismo Huelgoat mágico.

Este año, mientras recorríamos Centro Europa, me ha venido a la cabeza un recuerdo extraño, confuso, que no sé si es cierto o si lo soñé. Una parte de mí quiere recordar que en Galicia ví el Rayo Verde. El Rayo Verde lo conocí a través de la adaptación al comic de la novela homónima de Julio Verne, y me pareció algo tan mágico y tan hermoso, pese a que según Verne era un fenómeno atmosférico con explicación científica, que lo he llevado siempre clavado de algún modo en mi corazón. Por eso me sorprende no recordar con claridad si lo vi o no. Me parece recordarme obsevando la puesta de sol en alguna de nuestras rutas, cerca de Vigo, y de pronto haber visto el destello, pero en ese caso, ¿por qué no lo recuerdo con tanta claridad como el arco iris blanco o la niebla de Huelgoat? ¿Quizás en realidad lo soñé? No lo sé, y no creáis que no me fastidia.

De lo que no tengo ninguna duda es de lo que he visto hoy en Budapest. No sé lo que era, pero sé lo que he visto.

Íbamos caminando por la que quizás es la calle más turística de esta ciduad, la Vaci Utca, calle peatonal llena de tiendas y de turistas, ya casi al final, donde se cruza con la avenida que va a dar al puente de Elzebeth. De pronto oí el revolotear de un insecto, un sonido extrañamente fuerte, como de un insecto de alas muy poderosas. Mi fobia a los insectos me puso en guardia y mi curiosidad me hizo volverme, y vi un insecto (o eso me pareció al principio) bastante grande que se elevaba con cierta lentitud. Me pregunté qué insecto sería: nunca había visto uno tan grande ni tan raro. Tenía alas como de libélula, pero no volaba en posición horizontal, como una libélula normal (y NO tenía forma de libélula, para nada), sino ligeramente en diagonal, como las mariposas. Era grande, como digo, el cuerpo parecía medir unos 4 cms de largo y las alas, transparentes sobresalían otro tanto.

La curiosidad venció a mi repugnancia y me fijé un poco más mientras lo veía elevarse. El cuerpo, de color gris oscuro, era extraño. No lo pude ver con detenimento, y sólo a posteriori me di cuenta de que tenía una extraña forma humanoide. No era exactamente humana, entendedme... era más bien como el hada insectoide que aparece en “El Laberinto del Fauno”, con la parte infrerior del cuerpo muy delgada que acababa en un par de filamentos que parecían zapatitos.

Lo que quiera que fuese aquello terminó de elevarse y se perdió muy alto por encima de mi cabeza. Fue real, MUY real, y sinceramente, no sé lo que era. Mi parte mágica quiere creer que efectivamente, era un hada. Mi parte racional dice que seguramente era algún insecto que desconozco. ¿Con qué versión os quedáis vosotros?

 
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