viernes, 3 de octubre de 2008

SER BUENO (¿NO?) COMPENSA

Otra aventura de mi trabajo.

Hoy os voy a hablar de los traslados entre hospitales de diferentes comunidades autónomas y a repetirme un poco con respecto al tema del otro día, referente a los pacientes que nadie quiere que vengan a casa. ¿Os acordáis de esa entrada? Paciente que ya no se puede beneficiar de la estancia en nuestro hospital, pero que por su situación actual, no puede estar en casa con su cónyuge (a veces incluso en peor estado que el paciente) o con los hijos (por motivos de salud, laborales, de distancia, o incluso por que no les de la gana, yo qué se...). Ahora ricemos el rizo, y pongamos que además la familia del paciente en cuestión viva en otra comunidad autónoma. Que a veces ocurre, como en este caso. Y que la familia (hijos, sobrinos, lo que sean) dicen que quieren que el paciente esté cerca, pero claro, en una residencia, o en un hospital de larga estancia...

Entonces tenemos un problema, Houston.

Es un problema con el que he bregado muchas veces, y que al final se soluciona de una forma u otra, pero siempre con dificultades. Aquí cada autonomía se queda con lo suyo. Así que si el paciente está afiliado al Sistema de Salud Aragonés, este le da asistencia sanitaria, le busca un hospital de larga estancia o una residencia en Aragón, y si se pone malo, pongamos, en Almería, hasta manda una ambulancia a recogerle para trasladarle a un hospital aragonés y que esté cerca de los suyos, con cargo al propio sistema.

Pero si en casa no le espera nadie, y las únicas personas que pueden comprometerse a hacer algo por él están aunque sea en la comunidad limítrofe, se lava las manos.


Y así funcionan, más o menos, todas las comunidades autónomas. Así que cuando me llega un caso de esos, que gracias a Dios son pocos, buscas la forma de ofrecerles alguna alternativa. ¿Qué no es mi trabajo? ¿Qué deberían de hacerlo desde Atención al Paciente o desde la Asistente Social? Pues es posible, pero como se trata de tramitar un traslado, y esa es una de mis funciones, a veces me cae a mí. Y como soy una cobarde confesa (ya lo he dicho antes, ¿verdad?) pues les suavizo la noticia buscando soluciones (una de mis filosofías es que hay que buscar las soluciones antes de buscar los responsables de buscarlas, más que nada porque es más efectivo actuar de la primera forma), ofreciendo opciones, etc.

Lo primero que les digo, eso sí, es “Lo más probable es que lo denieguen, pero lo vamos a intentar”. Y mando el informe, y pregunto. Y el problema, claro, es cuando no te dan un “no” rotundo, sino un “si haces esto o lo otro...”

Una de las soluciones que suelo proponer a este tipo de pacientes es, que si la cosa va en serio, y su intención es cuidar ya del familiar el resto de su vida, cambien la afiliación del paciente al sistema de salud de la Comunidad de Destino. De esa forma, la normativa actúa en su favor: el sistema de salud receptor tiene la obligación de buscarle un centro al paciente e incluso en algunos casos de mandar la ambulancia. En el peor de los casos, tendrán que llevárselo por sus propios medios, pero ya tendrá la asistencia garantizada en el futuro.

Desgraciadamente, en este caso, la primera opción de traslado (de hospital de agudos a hospital de agudos) fue denegada, pero me dieron otras opciones, así que yo me limité a seguir el hilo.

Ya en los primeros pasos, bajó el jefe del Servicio en que estaba el paciente ingresado, a decirme que “Hacía demasiado”. Lo primero que me pasó por la cabeza es, como siempre, hasta que punto se puede hacer “demasiado” por un paciente, y lo segundo, que también me lo pregunto muchas veces, es como puede ser que un médico, un Jefe de Servicio, además, pueda decir semejante barbaridad. ¿No nos pagan por ayudarles? Entonces, ¿dónde está la línea que separa “hacer bien mi trabajo” de “hacer demasiado por el paciente”?, sobre todo si tenemos en cuenta que no hice nada que no pudiera hacer tranquilamente desde mi puesto de trabajo. De hecho, en la mayoría de los pasos yo lo único que hacía era iniciar un proceso: llamar al servicio de salud de destino para que le tramitasen una cama, llamar a nuestro servicio de salud para ver si tenía derecho a una ambulancia, etc... Supongo que llevarme al paciente a mi casa sería “hacer demasiado” por él, pero dudo que llegue a esos extremos.

En fin, que el comentario me preocupó e indignó a partes iguales, y me reafirmó en mi opinión sobre muchos de mis colegas (salvando muy honrosas excepciones). Porque otra cosa que añadió fue “Es que si lo hacemos por un paciente, hay que hacerlo por todos”. “Es que yo lo hago por todos” no pude por menos que contestar.

La cosa, luego, demostró tener una cierta justificación. De los dos parientes del paciente en cuestión que hablaron conmigo, uno de ellos es un señor francamente maleducado y con cierta tendencia a la paranoia. El tipo de persona que antes de que abras la boca ya pone verde al sistema de salud y da por hecho que no vas a hacer nada por él.

No sé si tengo mucha mano izquierda, muchas tragaderas o mucha capacidad de desconectar y pensar en las avutardas mientras me sueltan burradas así, el caso es que tras dejar desahogarse al señor en cuestión le informé de la situación y de mis pasos al respecto. Cuando en un segundo contacto, esta vez telefónico, empezó a amenazarme con poner una denuncia, le paré los pies y le dije que hasta ahora no le habíamos dado motivos, y que esperase a que le pusiéramos pegas antes de amenazar. No sé si me salió bien o no, pero cuando lo más bonito que me he oído sobre ese señor es que es “un energúmeno”, conmigo ya es amable, y va diciendo por ahí que soy la única que sabe hacer bien su trabajo. Pobre consuelo, cuando ves que las personas que realmente han hecho su trabajo, que me han ayudado a mí a hacer el mío, y que han ayudado a este señor a conseguir su propósito, están indignadas por el trato que este señor les ha prodigado y han jurado no volver a ayudarle en su vida.

No pretendo ser una santa, pero ¿qué he hecho distinto de los demás? ¿Por qué soy la única a la que este señor trata con respeto y algo bastante cercano a la educación? Y, sobre todo, ¿por qué me estoy ganando broncas por intentar ayudar a alguien, aunque el familiar más cercano a ese alguien (no olvidemos que al que ayudo es al paciente, no a su hijo) sea un grosero y un maleducado?

Es triste que en este mundo una sea un bicho raro por ser bienintencionada.

2 comentarios:

tatu dijo...

No se si ser bueno compensa o no ,la diferencia creo que radica en la moral del individuo, pues para una baja moral puede compensar cualquier tipo de comportamiento, en cambio para una persona con un mínimo de moral, pienso que le compensa mayormnente ser bueno, para así, poder dormir por las noches.

Veo que tratas con gente de escasa moral, te recomendaria que te distanciases de ellos si puedes, puesto que podría tratarse de una enfermedad contagiosa.

En todo caso, lo que de verdad importa es, ser bueno o ser malo, ¿me perjudica o me beneficia? En base a tus intereses podrás contestar a este dilema. Yo creo que a menudo ser malo beneficia al individuo, pero ser bueno beneficia a su espíritu, quizás la solución esté en encontrar el término medio de las actitudes.

Finalmente he llegado a un punto donde sólo me preocupa si estás buena o no, y finalmente debo añadir, que además de ser buena, estás buena.

Olvida el último párrafo... :P

Saludos.

Sonia dijo...

¿Por qué ignorar el último párrafo, si ha sido el que más me ha halagado?

Ser, estar... qué gran diferencia marcan esos dos verbos, y cuánto pierden otros idiomas por no tener ese matiz tan interesante.

Pero tienes razón, ser buena persona (o al menos intentarlo) tiene su punto gratificante. En cuanto a la gente que me rodea... pues es dificil escapar de ellos, cuando son parte de mi puesto de trabajo, y tal como está el tema, más me vale alegrarme de tener uno. Pero si te soy sincera, esa gente no es la que más abunda en mi hospital. Afortunadamente, y es otra de mis filosofías, por el mundo hay más gente buena que mala. Lo que pasa es que la mala cunde más.

Y tampoco creo que las personas de las que hablo sean realmente malas... simplemente, como tú dices, son de baja moral.

Gracias por el comentario.

 
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