viernes, 15 de noviembre de 2013
TODO ME RECUERDA A TI
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Etiquetas: Conociéndome, Pensamientos profundos, preocupaciones, Recuerdos, viajes
jueves, 7 de noviembre de 2013
BIEN ESTÁ LO QUE BIEN ACABA...
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Etiquetas: Conociéndome, desahogos, general, Pensamientos profundos, Recuerdos, rol, videojuegos
domingo, 29 de agosto de 2010
LA CULPA FUE DE JACKIE CHAN
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sábado, 10 de julio de 2010
FAME
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Etiquetas: Conociéndome, Momentos de gloria, Recuerdos
domingo, 11 de abril de 2010
CABALGANDO DRAGONES

Hace muchos años, cuando estrenaron la versión cinematográfica de “La Historia Interminable”, me pegué mucho tiempo enchochada con esa película. Puede que ostente el record de la película que más veces he visto en cine (creo que llegaron a ser unas 11 veces, contando una que vez que me invitaron a una sesión matinal sorpresa y resultó ser esa misma película), llené la habitación de pósters, me suscribí a revistas alemanas para tener fotografías (que eran escasas en la prensa española), y ante los comentarios de que la película era mala, sobre todo en comparación con el libro, yo la defendía diciendo que sí, que era muy diferente al libro, pero aún así, me gustaba tanto como el mismo (que en su día también me había encantado)… y creo que fue por Fujur y las escenas en las que Atreyu volaba en él.
Durante meses soñaba con cabalgar en un dragón de la suerte. Y es gracioso, porque soy una persona con miedo a las alturas y a la velocidad. Y sin embargo, iba al parque de atraciones, me subía al Twister, cerraba los ojos y pensaba “Voy cabalgando en un dragón de la suerte”. Y era feliz. Todavía lo hago, en realidad.
Fujur sigue siendo parte de mi iconografía adolescente. Fui feliz como una niña pequeña cuando con unos 20 añazos me lo encontré al natural (o al menos la maqueta que usaron en la película) en los Estudios Bavaria de Munich, y cuando este año 2009 hemos vuelto a verlo ha sido como reencontrarme con un viejo amigo. Por supuesto, su versión en peluche se vino a casa en cuanto pasé por la tienda (a veces lo confundo con mi gato, porque tienen exactamente el mismo color).
Así que si aquella vez, viendo una película de los años 80, con efectos especiales tirando a cutres, me sentí así… os podeis imaginar como me sentí el pasado 26 de Marzo, viendo “Como entrenar a tu dragón”, animación por ordenador en 3D de primerísima calidad, paisajes que parecían reales y un dragón con la carita de Stitch y comportamiento felino del que te enamoras cada vez que fija sus enormes ojos verdes en la cámara. La película, como en el caso anterior, apenas es fiel al libro en los nombres de los personajes y ciertas cosas de la linea argumental, pero como el libro no es tan famoso (aunque tiene el honor de haber sido el primer libro “gordo” que se leyó Leo, a la edad de 6 años), quizás el tema no trascienda tanto. A mi, en cualquier caso, no me afecta demasiado. Tengo asumido que el libro y la película son cosas diferentes, y si la película me aporta cosas nuevas, no me importa que cambien el argumento (es curioso, llevo peor que cambien a los personajes que el argumento en sí). De hecho, debo ser la única persona a la que la adaptación de El Señor de los Anillos le dejó fría… Sí, maravillosa, espectacular pero… no me aportaba nada que no hubiera visto ya en mi imaginación cuando leí el libro…
Volviendo a “Como entrenar a tu dragón”, quizás lo mejor de esa película no es tanto lo que cuentan (la historia de siempre del chico diferente que luego demuestra que eso no le hace peor que los demás) sino cómo lo cuentan. Aparte de los medios técnicos, innegablemente soberbios, está un guión ágil, unos personajes carismáticos y creíbles, al menos dentro de la historia de fantasía que cuentan, reacciones que el propio espectador podría tener, gags graciosos, paisajes impresionantes… y un dragón que cualquiera querría tener como mascota.
Así que Desdentao pronto se coló en mi corazón. Hasta el punto que ya hemos ido a ver la película al cine dos veces y no me importaría repetir, si no fuera por esos malditos horarios infantiles. Pero, como en “La Historia Interminable”, cuando realmente decidí que tenía que dedicarle una entrada, fue cuando Hipo cabalga en él por los cielos, con el espectador acomodado en la grupa a su lado. Me dejé llevar, volé, subí y bajé, y me sentí de nuevo como la adolescente que viajaba en Fujur, con esa sensación en el corazón que solo he visto descrita una vez, en aquella escena de Amelie en la que ella acompaña al mendigo ciego hasta la estación de metro, y entonces el corazón de él se ilumina y vuela de la emoción. Yo sentí lo mismo.
Y sé que cuando vuelva a subir en una de esas atracciones moderadas que a mí me gustan, cerraré los ojos, sentiré el viento en la cara, y esta vez, tendré dos cabalgaduras imaginarias para elegir… ¿seguiré fiel al anciano, perruno y sabio Fujur, o me dejaré llevar por el felino, juguetón y expresivo Desdentao?
Elija a quien elija, volveré a ser feliz, porque gracias a la magia del cine y al milagro de la imaginación, me podré permitir el lujo de volver a cabalgar dragones…
Nota: Si echais unas entradas hacia atrás, veréis que, de propina, he actualizado con un par de entradas antiguas. Por si me echabais de menos...
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viernes, 5 de febrero de 2010
SI LA ENVIDIA FUERA TIÑA...
Hace algún tiempo comenté la frase del genial Doctor Beik “Prefiero que mis amigos me den envidia a que me den pena”… y estos días ha habido un par de ocasiones que me han hecho volver a reflexionar sobre la envidia.
Yo soy muy envidiosa, no lo voy a negar. Pero quiero creer que mi forma de envidiar es lo que comunmente se llama “envidia sana”. Esto es, cuando alguien tiene algo que a mí me gustaría tener, no le deseo ningún mal a esa persona, sino que me busco la vida para conseguir yo lo mismo o algo parecido. Y si no puedo, pues mira, ajo y agua. Demasiadas preocupaciones hay en la vida para encima darse mal por algo que tiene otra persona.
El caso es que hace un par de días me encontré de refilón, en mi nuevo trabajo, con una compañera del colegio, de cuando yo tenía la edad que ahora tiene Leo. Ella venía acompañar a su madre a una prueba diagnóstica, y yo iba volada porque llegaba tarde a una de mis numerosas reuniones, así que apenas pude cruzar con ella un “¡Hola, ¿qué tal va todo?!” cuando me reconoció. Curiosamente, la reconocí a la primera, apenas había cambiado a pesar de tener 30 años más que entonces, y supongo que si ella también me reconoció, yo también habré cambiado poco. Y la verdad, aunque no era la mejor amiga que he tenido, estuvimos muchos años juntas (desde parvulario hasta los 13 años, en que ella se fue a un instituto público, y yo me quedé en el colegio privado al que íbamos), y eso no se olvida.
A pesar de lo poco que hablamos, luego me sorprendí dándole vueltas a muchos recuerdos comunes. Como vivíamos muy cerca la una de la otra, muchas veces iba a su casa a hacer trabajos del colegio, o incluso a jugar. Y recuerdo que, a pesar de que mi abuela solía decir que ella me tenía envidia a mí y que no era realmente mi amiga, yo le envidiaba tres cosas. Sólo tres cosas, pero que fueron mi espinita hasta que las conseguí: una, el comic de “Invasores del Cuerpo Humano” del que no sé si hablé hace unas entradas. Otra, una casita de muñecas que ella tenía, que a mi me parecía enorme, con la que pasábamos las horas jugando, y que creo que fue, también, la culpable de que no haya parado hasta tener una. Y la tercera, la Enciclopedia de El Mundo de los Niños, que nos ayudó en muchos trabajos escolares, que me fascinaba por sus portadas que, juntas, formaban un arco iris, y que al final, también conseguí en un rastrillo benéfico.
Nunca le guardé rencor por haber tenido esas cosas antes que yo, es más, siempre agradecí haber aprendido que existían gracias a ella. Eso sí, la envidiaba, claro que sí. Yo también las quería. No tengo muy claro si eso es realmente malo.
Curiosamente esa tarde, cuando fui a buscar a Leo por la tarde, nos embarcamos en un tema similar. El pobre Leo anda teniendo problemas en clase. Sus compañeros se meten con él y creo que, como me pasaba a mí a su edad, no tiene amigos de verdad. Me sorprendí a mi misma diciéndole lo que mis padres me decían a mí y yo nunca me creía: eso es que te tienen envidia. Y lo gracioso es que ahora sí que me lo creo. Porque lo he visto. Y porque me consta que muchas cosas de la vida de Leo son envidiables… sus viajes, las cosas que comparte con nosotros, la información que recibe de la tele (debe ser el único niño que cuando se aburre de los dibujos animados solicita que le pongan Discovery Channel o el Canal Historia), su relación con algunos profesores… incluso el hecho, cada vez más raro en nuestros días, de que sus padres no nos hayamos separado…
Y él, en su inocencia, como me pasaba a mí con mi amiga de la infancia, va y me confiesa que él envidia a su amigo Pedro, porque tiene algunos de los juguetes de Lego que él no tiene… y yo me sonrío, porque sé que su envidia, como la mía, no es de la mala, sino que conlleva un mensaje subliminal: “Jo, mamá, comprámelos a mí también”
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lunes, 1 de febrero de 2010
QUIEN TUVO, RETUVO
La verdad es que ya me vale. Las pasadas navidades pedí expresamente como uno de mis regalos el nuevo disco de Spandau Ballet, Once More. Y conforme lo recibí, me lo eché al bolso con la intención de ponerlo algún día en el coche, pero lo fui dejando, lo fui dejando, básicamente porque, como todos los temas excepto dos eran los clásicos de siempre, no tenía ninguna prisa en oirlo.
Pero en el camino de vuelta desde Angouleme, 6 horas de coche, daba tiempo a escuchar mucha música, así que al final me decidí y los pusimos. Y me quedé muda de la sorpresa.
El caso es que en el disco ya ponía que eran “nuevas versiones”, pero yo ni lo había leído (hay que leer más!)… Y sí, eran nuevas versiones, más suaves, más intimistas. Temas como With The Pride acompañado solamente con una guitarra española ponían los pelos de punta, y los temas antiguos como To Cut A Long Story Short y Chant Nº 1 tomaban una nueva dimensión y ganaban, al menos para mi gusto, calidad y belleza a raudales.
La verdad es que me sentí tonta por no haberlo escuchado antes, pero lo disfruté como pocas cosas. Volví a recordar porqué habían sido mi grupo favorito durante tanto tiempo, y recuperé la ilusión por el concierto del próximo 12 de Marzo. Como bien dicen, quien tuvo, retuvo.
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miércoles, 25 de noviembre de 2009
DOS GENIOS
No soy fan de Queen, pero poco a poco sus canciones se han ido metiendo en mi vida y de pronto van entrando, despacito y sin hacerse notar, en la lista de mis favoritas, y me doy cuenta de que hace 18 años se perdió un genio, una voz única, uno de los pocos famosos a quienes la muerte, en vez de convertirlo en un mito, ha reafirmado el talento que ya se le adjudicada y ha hecho, sobre todo, que le echemos MUCHO de menos. A Freddy Mercury lo descubrí relativamente tarde, gracias a mi amigo Santi, y lo perdí a los dos años de haberlo conocido. De pronto canciones como The Show Must Go On adquirían otro significado y me ponían los pelos de punta cada vez que las oía.
Y este año, otra amiga (sí, los amigos valen un mundo), al día siguiente del aniversario de su muerte, me hace llegar esto:
Y creo que el mejor homenaje que puedo hacerle al maravilloso Freddy Mercury es el del legado de otro genio, Jim Henson, el único famoso cuya también prematura muerte me hizo llorar.
Va por los dos. Espero que estéis en el mismo sitio al que vaya yo cuando me muera porque sin vuestras obras, el Paraíso no podrá llamarse Paraíso.
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martes, 3 de noviembre de 2009
DIOSES Y MONSTRUOS
Ya hemos vuelto del fin de semana, y Leo ya celebró su cumpleaños. Parece que los múltiplos de 5 tienen que ser especiales, cuando cumplió 5 nos lo llevamos a Disneyland Paris y ahora que ha cumplido 10, la escapada ha sido a Port Aventura. Que ambos parques tengan durante estos días temática de Halloween ayuda e incentiva.
Sé que hay quien está en contra de esta fiesta, por considerarla importada de Estados Unidos. Otros defienden que ya se celebraba en otros sitios. Ni tanto ni tan calvo: en prácticamente todas las culturas occidentales se ha celebrado de una u otra forma la noche del 31 de Octubre, como se ha celebrado la del 24 de diciembre o cualquier otro Solsticio o Equinoccio... Son fiestas relacionadas con los astros, con la cosecha, con el fin y el comienzo de las estaciones, y la única diferencia está en la forma de celebrarla. En España es una fecha triste, de luto, de ir al cementerio a acondicionar las lápidas de nuestros antepasados (alguna vez hay que hacerlo, así que está bien que haya una fecha que nos lo recuerde) y de ver Don Juan Tenorio por la noche en la TV. En México hacen fiestas coloristas que de niña me aterraban por estar llenas de esqueletos. Y en Estados Unidos disfrazan a sus niños y los mandan (en los barrios residenciales) a las casas de los vecinos a buscar chucherías bajo la amenaza de “¿Truco o trato?” Y digo yo, ¿tan malo es que a los niños españoles, hartos de ver el especial de Halloween de los Simpson en agosto, les apetezca hacer algo divertido para variar? Mientras no perdamos nuestras costumbres, yo no tengo ningún reparo en adoptar otras, siempre que aporten algo bueno y divertido a nuestras vidas. Como Papá Noel y los Reyes Magos: a mi casa, donde todo el mundo es bienvenido aunque no quepa demasiado bien, vienen los dos.
En cualquier caso, Leo no tiene la costumbre de disfrazarse para Halloween, pero para el año de Disneyland nos apuntamos a la fiesta nocturna y aunque no hubo “Truco o trato” nos disfrazamos los tres. Bueno, si a lo de Josema se le puede llamar disfraz (lo llames como lo llames, fue el que triunfó de los tres). Leo con un fantástico disfraz de Tiranosaurio que le compré en eBay para la ocasión. Yo con un disfraz de Maléfica, la mala de “La Bella Durmiente”, que mi maravillosa y ahora tristemente abandonada (en el email que no en mis pensamientos)
amiga Selenita me prestó, por correo desde San Sebastián, y que aunque un poco corto, me iba como un guante. Y Josema improvisó un disfraz atándose a la capucha del anorak (la noche era pelona de narices, todos llevábamos jerseys debajo del disfraz) un “facehugger” de peluche, de la película Alien, que yo le había regalado hacía poco (y que sinceramente no sé donde para ahora mismo). Como he dicho antes, triunfó, e incluso un pasajero de la atracción de Star Wars pidió (en broma, o eso creo) bajarse de la nave al verle con un “Mademoiselle, j’ai peur!”.
El caso es que este año no había fiesta de Disfraces (en Port Aventura no la hacen), pero a Leo le dio igual. Se le ocurrió una idea genial, y encima, me sugirió una a mí que además era facilísima de poner en práctica. Así que pasamos sábado y domingo en el parque, y el mismo sábado a las 6 de la tarde o así (me parecía un poco excesivo ir todo el día disfrazados) nos salimos al parking a por los disfraces y nos disfrazamos.
El de Leo es una pasada, ¿a que sí? Aunque, como me dijo mi tocaya y compañera de trabajo, los disfraces que elige mi hijo son para gente inteligente. Así, muchos le reconocieron, pero algun(a) gilipollas sin cerebro llegó a preguntar en voz alta si ese disfraz era de Cleopatra.
El mío... bueno, tuvo casi más éxito que el de Leo y la verdad es que dí unos cuantos sustos a la gente. Más sencillo imposible: peluca, kimono (abrochado al revés, por supuesto) y unos guantes del todo a 100. Hasta el Frankestein que encabezaba el desfile de La Parada de los Monstruos se detuvo a darme unas palmaditas en la espalda. Y es que acojonaba lo suyo, mi disfraz...
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jueves, 3 de septiembre de 2009
SI NO ESTÁ EN INTERNET, NO EXISTE (2)
No es la primera vez que digo eso, y a las pruebas me remito. Internet me ha permitido recuperar cosas que daba por perdidas, ver fotos de cosas que nadie creía que existían o volver a escuchar canciones o ver videos del año de la polka que pensaba que no conocía más que yo. Hasta descubrir que una serie checa, Arabela, que echaron cuando yo era cría en la TV y que pensaba que nadie recordaba, tiene montones de fans a su alrededor, y hasta un grupo en facebook clamando por su edición en DVD en otros idiomas aparte del checo (en el que ya existe una recopilación, todo sea dicho).
Pues bien, hablando de la Republica Checa, cuando estuvimos en Praga la víspera de mi cumpleaños, vimos en una tienda de marionetas a una chica haciendo bailar a un Pinocho al ritmo del Can’t Touch This de M.C. Hammer. Se formó un corro impresionante, todos aplaudimos cuando terminó, y sentí enormemente no haberme llevado una cámara de video para filmarlo. Pero no éramos los únicos viéndolo, y otra gente sí llevaba cámaras de video, o de fotos capaces de hacer video, o incluso móviles, y como Josema me dijo, seguro que no tardaban mucho en subirlo a Youtube.
Como es lógico, ese no fue el único día que la talentosa tendera hizo bailar a Pinocho, ni la única canción, así que hay como mil Pinochos de Praga bailando en Youtube. Pero el que nosotros vimos fue este:
Bueno, vale. No fue este, lo llevaba una chica y aquí es un chico. Pero por lo demás, fue lo mismo. Pero si quereis ver más, seguid los enlaces...
miércoles, 26 de agosto de 2009
FENÓMENOS MÁGICOS
A menudo me debato entre la racionalización más lógica y la fantasía más desbordante. Una parte de mí analiza todo y duda hasta de la persistencia del alma tras la muerte porque científicamente me resulta inconcebible, y otra parte de mí cree en las hadas (dicen que si dejas de creer en ellas, muere una, y no pienso tener ese cargo en mi conciencia) y tiene auténtico pavor a los fantasmas. Qué quereis que le haga, soy incongruente y bipolar, como tanta gente.
No sé si mi vida ha sido más o menos interesante que la de otras personas, pero he vivido algunos momentos que me hacen replantearme la parte racional, la parte científica y lógica a lo Mr. Spock que es él único rasgo que reconozco en mi de lo que dicen debería ser mi signo del Zodíaco, Virgo. No es que muchos de ellos no tengan explicación científica, que la tienen, pero esos momentos te hacen creer en la magia, de alguna forma.
Hace muchos años, no recuerdo exactamente la fecha, pero debió de ser a principios de los 80, me fui de campamentos con mi grupo de Guías y con mi entonces inseparable y siempre muy querida prima Marga. Aguantamos hasta la visita de los padres – cuando normalmente los campamentos eran momentos de alegría, diversión y cierta independencia de la familia, ese año no sé en que fallaron que, pese a tenernos la una a la otra, mi prima y yo decidimos que no queríamos seguir allí. Así que cuando vinieron mis padres y mis tíos con la caravana y una tienda de campaña de repuesto para pasar el fin de semana con nosotras, directamente hicimos el equipaje, abandonamos el campamento y nos fuimos a pasar la noche con ellos.
Era verano, Junio o Julio, si mal no recuerdo, y creo que llovió, incluso nevó un poco esa noche (las noches en el Pirineo siempre son frías). Al estar con nuestros padres, nos permitimos el lujo de trasnochar y ver las estrellas. Y aquella noche, de luna llena, un arco iris de color blanco cruzó el cielo y nos dejó sin habla.
Podría creer que lo he soñado, pero todos mis familiares allí presentes recuerdan aquel arco iris (técnicamente, no es iris, pero en fin) igual que yo. Y en realidad, tampoco es un fenómeno mágico, aunque nos lo pareciera, sino que parece ser que a veces, en determinadas condiciones atmosféricas, se puede dar. Nos dio igual. Para nosotros, aquello fue una especie de magia.
Recuerdo otro momento similar, en la Bretaña Francesa, en la pequeña localidad de Huelgoat. Bretaña está llena de mitos y leyendas, que por cierto los ingleses han conseguido hacer suyas (parece ser que el mito del Rey Arturo nació allí, y no en la Inglaterra romana como nos quieren hacer creer), y pasamos un verano descubriendo esa parte de la mitología y recorriendo lugares en los que podías respirar la magia de Merlín.
Se supone que en Huelgoat, zona cubierta de enormes rocas de aspecto extraño y rodeada de verdes colinas y lagos, se esconde la tumba del Rey Arturo; o mejor dicho, la gruta dónde reposa hasta que vuelva a ser necesitado y despierte a la vida de nuevo. Llegamos al atardecer, así que poco pudimos explorar, pero tras recorrer rocas y parajes en sombras durante un rato, decidimos parar a cenar una deliciosa crepe en un pequeño café a la orilla del lago. El sol se estaba poniendo, y a la luz rojiza se levantó una suave niebla del lago. La sensación era tan irreal que no nos hubiera sorprendido ver salir a la Dama del Lago de sus aguas.
Cuando recuerdo aquel momento, no puedo evitar volver a recordar esa cita de “La Historiadora” que transcribí en esta entrada. Me muero por volver a la Bretaña, pero seguro, segurísimo, que no volveré a ese mismo Huelgoat mágico.
Este año, mientras recorríamos Centro Europa, me ha venido a la cabeza un recuerdo extraño, confuso, que no sé si es cierto o si lo soñé. Una parte de mí quiere recordar que en Galicia ví el Rayo Verde. El Rayo Verde lo conocí a través de la adaptación al comic de la novela homónima de Julio Verne, y me pareció algo tan mágico y tan hermoso, pese a que según Verne era un fenómeno atmosférico con explicación científica, que lo he llevado siempre clavado de algún modo en mi corazón. Por eso me sorprende no recordar con claridad si lo vi o no. Me parece recordarme obsevando la puesta de sol en alguna de nuestras rutas, cerca de Vigo, y de pronto haber visto el destello, pero en ese caso, ¿por qué no lo recuerdo con tanta claridad como el arco iris blanco o la niebla de Huelgoat? ¿Quizás en realidad lo soñé? No lo sé, y no creáis que no me fastidia.
De lo que no tengo ninguna duda es de lo que he visto hoy en Budapest. No sé lo que era, pero sé lo que he visto.
Íbamos caminando por la que quizás es la calle más turística de esta ciduad, la Vaci Utca, calle peatonal llena de tiendas y de turistas, ya casi al final, donde se cruza con la avenida que va a dar al puente de Elzebeth. De pronto oí el revolotear de un insecto, un sonido extrañamente fuerte, como de un insecto de alas muy poderosas. Mi fobia a los insectos me puso en guardia y mi curiosidad me hizo volverme, y vi un insecto (o eso me pareció al principio) bastante grande que se elevaba con cierta lentitud. Me pregunté qué insecto sería: nunca había visto uno tan grande ni tan raro. Tenía alas como de libélula, pero no volaba en posición horizontal, como una libélula normal (y NO tenía forma de libélula, para nada), sino ligeramente en diagonal, como las mariposas. Era grande, como digo, el cuerpo parecía medir unos 4 cms de largo y las alas, transparentes sobresalían otro tanto.
La curiosidad venció a mi repugnancia y me fijé un poco más mientras lo veía elevarse. El cuerpo, de color gris oscuro, era extraño. No lo pude ver con detenimento, y sólo a posteriori me di cuenta de que tenía una extraña forma humanoide. No era exactamente humana, entendedme... era más bien como el hada insectoide que aparece en “El Laberinto del Fauno”, con la parte infrerior del cuerpo muy delgada que acababa en un par de filamentos que parecían zapatitos.
Lo que quiera que fuese aquello terminó de elevarse y se perdió muy alto por encima de mi cabeza. Fue real, MUY real, y sinceramente, no sé lo que era. Mi parte mágica quiere creer que efectivamente, era un hada. Mi parte racional dice que seguramente era algún insecto que desconozco. ¿Con qué versión os quedáis vosotros?
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miércoles, 17 de junio de 2009
BUSCANDO EN EL BAUL DE LOS RECUERDOS
Este mes llevamos intención de reformar completamente el baño del piso, que buena falta le hace, y el lunes nos acercamos a Electrodomésticos Europa, dónde tenemos cierta amistad con uno de los vendedores más veteranos, para mirar muebles y lavabos. Como suele ser habitual en mi agenda, la visita fue infructuosa (“Volved el lunes, que tendremos catálogos nuevos”) y perdimos un buen rato para nada, para desesperación de Leo que se aburría soberanamente.
A la salida Josema propuso dar un paseo, y nos acercamos, después de mucho tiempo (años, en realidad) sin ir, a la librería de viejo que hay cerca de la plaza San Francisco, una de las muchas sucursales de los Hermanos Vidal, especializada en este caso en libros de segunda mano y pequeñas joyas del año de la polka. Salimos de vacío, entre otras cosas porque desde que falleció el hombre que la atendía, un interesante personaje que siempre hablaba en verso, la tienda ha perdido mucho glamour, pero aún así nos demoramos en las estanterías de viejos libros de ciencia ficción, y recordé un par de viejos relatos que me gustaría encontrar.
Por desgracia, tenía pocas pistas sobre ellos. Ambos pertenecían a aquellas antiguas antologías de relatos de Ciencia Ficción que se publicaban allá por los años 60 y 70. Una compañera de mi madre, muy querida por toda la familia, se quedó viuda muy joven, y al parecer su marido era un gran aficionado a ese género, así que allá por los 80, cuando supo que a mí también me gustaba la literatura fantástica, le dijo a mi madre que me iría dejando los libros de su marido para que yo me los leyera. Y yo, que más que leer, devoraba, me leí la primera tanda en un pis pas. Entre ellos hubo dos relatos que me gustaron mucho, así que como ella me había dicho que si alguno me gustaba, me lo quedase, mi favorito se quedó en la estantería mucho tiempo, pero mi madre insistió en devolvérselo, y al final se lo llevó al trabajo. Cuando volví a hablar con la genuina propietaria de dicho libro, ella me dijo “¡Pues si ya te he dicho que si te gustaba alguno, te lo quedases! ¡Si yo no lo quiero para nada!”, y se ofreció a devolvérmelo, ya que todavía lo tenía en la taquilla del hospital.
Pero cuando se lo reclamé, dos o tres veces, a través de mi madre, al final resultó que el libro había desaparecido, y ni para mí ni para ella... me quedé sin aquel emotivo relato, del que solo recordaba el título, “El Pérrido” y una leve sinopsis del argumento, sobre una especie de cánido extraterrestre capaz de teleportarse.
Así que estaba allí, en esa librería, viendo antologías de Ciencia Ficción como aquellas que me dejaba nuestra amiga Presen, y me dije “¿Y si está aquí?”, y empecé a revisar los libros uno por uno. Pero no hubo suerte.
Entonces Josema me preguntó, y yo le hablé de ese relato, y de otro que recordaba en el que Leonardo Da Vinci descubría que la modelo de la Gioconda era una especie de alienígena, que le llevaba a visitar otros mundos y eso hacía que él visitase la luna y la retratase en la Virgen de las Rocas, pero del que no recordaba ni el título ni el autor. Entonces el me retó a mirarlo en Internet, que seguro que estaba, y así lo hice.
Estos dos días he aprovechado un par de ratos muertos para investigar, y esto es lo que he averiguado:
El primer relato, “El Pérrido”, que yo recordaba como un relato para pasar el rato, edulcorado y lacrimógeno, muy al gusto de mis ñoños 16-17 años, fue nada menos que premio Hugo en 1965, y es casi inencontrable. En español ni me lo planteo, en inglés los recopilatorios que lo contienen se ponen a más de 1000 dólares en venta por Internet. Y para descargarlo en formato electrónico las cosas no están fáciles... hay que hacerlo por medio de torrents, que es un formato en el que la verdad, no me he desenvuelto jamás. Genial.
Después decidí ampliar la búsqueda al otro... La cosa se complicaba con este... No sabía el autor, ni el título... Así que tenía que buscar por argumento. Y si das en Google “Da Vinci” y “Science Fiction” las referencias al “Código Da Vinci” eclipsan cualquier otra entrada...
Al final, buscando por “La Virgen de las Rocas”, parece hacerse la luz. Y nunca mejor dicho: “La Luz” de Poul Anderson, es el relato que andaba buscando sobre Da Vinci en la luna. Además, consigo descargarlo en formato doc.
Mi gozo en un pozo cuando descubro que he mezclado dos relatos en uno. “La luz”, en efecto, es un estupendo relato en el que unos astronautas descubren que Da Vinci visitó la luna antes que ellos... pero el relato que yo recuerdo, ese en el que la Gioconda era una especie de extraterrestre (historia de las que a mi me gustan, de romance prohibido entre Mona Lisa y Leonardo, que me tienen hasta las narices con eso de que todos los personajes históricos que no se casaron tienen que ser homosexuales por fuerza), de ese no hay pistas...
Voy procediendo por eliminación, gracias a esta estupenda página en la que reseñan todos los relatos de ficción en los que Da Vinci ha sido de alguna forma protagonista o parte importante, y tras eliminar todos los relatos posteriores a 1975 (el recopilatorio tenía que ser, por fuerza, anterior), y encontrar referencias al argumento de la mayoría de ellos que me sirven para descartarlo, sólo puede ser “Los No Humanos”, de Charles y Natalie Henneberg. Su publicación en una antología española parece coincidir...
Pero no tengo muchas más pistas, y descargarlo en internet, aunque sólo sea para ver si es ese, parece imposible.
Esto es desesperante.
Y encima, lo releeré, y no me gustará, ya verás...
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jueves, 21 de mayo de 2009
CINE DE LOS 80

Anoche rescatamos una de mis películas favoritas del olvido: “El último Starfighter”. La verdad es que es una de esas obras menores de los 80 que reconozco quizás tenga calidad más que dudosa, pero que queréis que os diga, cuando la vi de adolescente me gustó, y sus revisionados no le han hecho perder el encanto. Lo que es mejor, Leo disfrutó con ella como yo de cría, y eso aún me hizo más ilusión...
Y la verdad, eso me hizo recordar todas esas pequeñas joyas de aquella época... Ya no hablo de películas de culto como Lady Halcón, Willow, La Historia Interminable, Golpe en la Pequeña China, Gremlins o los Goonies, ni siquiera de películas que fueron éxito en taquilla o simplemente hechas con más medios y pretensiones, aunque luego se olvidasen como Cortocirtcuito, Cocoon, Enemigo mío o Krull (todas ellas, por cierto, películas que están en mi lista de títulos entrañables). Sino de pequeñas joyas como este Starfighter, o D.A.R.Y.L., o Nuestros maravillosos aliados, o Proyecto X, o Maniquí... historias imaginativas, con la dosis justa de fantasía para poder ser realizadas de forma aceptable con los pocos medios que había entonces, pero con muchísima imaginación para que las historias, a pesar del ingrediente fantástico, fuesen creíbles. Películas optimistas, tiernas, que normalmente te dejaban buen sabor de boca y ganas, ¿por qué no?, de haber estado allí. Películas con buenos y malos muy concretos, no vamos a andar ahora con discusiones filosóficas, en la que los buenos eran siempre gente de la calle como tú y como yo abrumados por sus problemas cotidianos que de pronto se veían envueltos en una historia con componente, generalmente, de ciencia ficción (se llevaba más que la fantasía en aquella época), y que gracias a ese amigo extraterrestre o lo que fuese, vencía al malo que quería destruir el universo, echarle de su hogar o trabajo a él o a la ancianita de turno, o, simplemente, dejaba atrás una vida de rutina y aburrimiento.
No eran obras maestras del cine, pero contaban pequeñas historias que se hacían un huequito en el corazón. Es algo que con muy contadas excepciones (El reino prohibido, el último Mimzy, Noche en el Museo) he echado mucho de menos en el cine actual, en el que el abaratamiento de los efectos especiales por ordenador ha supeditado las historias a estos últimos, y acabas viendo una ensalada de tiros en la que, con mucho esfuerzo, consigues desgranar una historia que a lo sumo llenaría dos páginas de guión, sin diálogos medianamente inteligentes, sin personajes carismáticos... y sobre todo, sin la sensación de que eso que estás viendo en la pantalla te podría pasar a ti...
... que, al fin y al cabo, es la mayor, la mejor, la principal magia del cine....
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martes, 5 de mayo de 2009
MÚSICA, MAESTRO

En el primer frikinvisible aldeano en el que nos hicieron elegir una canción que nos representase (y en el que, como ya comenté en esta entrada, yo elegí el Canon de Pachelbel), expresé en voz alta algo que he pensado muchas veces: antes preferiría quedarme ciega que sorda.
Y es que, por mucho que valore las maravillas que nos depara el sentido de la vista (que son muchas), para mí la música es algo único y excepcional. Pocas cosas hay que me transporten y que me llenen de emociones tanto como una hermosa melodía. Alguna vez he comentado que en la pasada Expo Zaragoza, la combinación imagen-música de los audiovisuales de varios pabellones me emocionaban hasta hacerme soltar alguna lagrimita, y a la larga, la búsqueda del elemento más evocativo de esas combinaciones se centraba en la melodía más que en la imagen (como cuando tras mucho buscar, encontramos la banda sonora del Festival of Life que organizó Japón, el disco Matsuri de Kiyoshi Yoshida – por cierto, sigo a la busca y captura de la melodía del audiovisual chino, la que no es el Amazing Grace, así que si alguien tiene alguna pista, que avise).
Así, hace unos días y con motivo de mi investigación para el regalo que Leo iba a hacer a su “frikinvisible” de la Aldea de este pasado fin de semana, descubrí (si, a estas alturas) el título y el autor del tema “Requiem for a Dream” y su versión para el trailer de “El Señor de los Anillos – Las Dos Torres” que llevaba meses buscando por haberlo oído en el trailer de la cadena infantil Jetix de la serie “Magi-nation”. Mi ignorancia y mi poca cultura televisiva hizo que, al desconocer por completo el origen de dicha música, creyese que era la BSO de esa serie y cuando se demostró que no lo era, me quedé de lo más defraudada. Es un tema que en cualquiera de sus dos versiones, me pone los pelos de punta y no me canso de oír.
O, gracias a mi emisora on-line favorita, cinemix, que me hizo descubrir bandas sonoras de Joe Hisaishi más allá de las de las películas de Hayao Miyazaki, de forma que eso me impulsó a intentar conseguir ver a toda costa la película “El Verano de Kikujiro”, y que después de verla anoche (¡gracias Miguel!), me reafirmase en que lo mejor de dicha película es la música... Me podría haber pegado horas viendo a Takeshi Kitano caminar con el niño a su lado con esa música de fondo... O mejor, cerrar los ojos, dejar que me transporte y olvidarme de todo lo demás. En este momento creo que es una de las bandas sonoras más bellas que se han escrito nunca.
Podría estar escribiendo páginas y páginas sobre este tema. Desde la también maravillosa BSO de Eduardo Manostijeras que muy acertadamente me dedicó San en el Frikinvisible hasta los temas corales que me ponen los pelos de punta (el “Duel of Fates” de “La Amenaza Fantasma”; el único e incomparable “Carmina Burana”, el aterrador “Ave Satani” de la BSO de “La Profecía”, la casi desconocida pero impresionante BSO que Kenji Kawai escribió para la película “Avalon”). Desde los comerciales musicales de Andrew Lloyd Weber a la música extraña y experimental de Gorillaz, pasando por mis también comerciales y muy añorados Spandau Ballet o el “Deceiver of Fools” de Within Temptation que en su día me descubrió Josema y que también me pone los pelos de punta. Otros grupos adoptados, como Queen o Dire Streets, o ese estilo musical tipo el
Fever de Peggy Lee, que no sé si es blues, o Jazz, o que, pero que te incita a chasquear los dedos y me encanta. Clásicos desde Tchaikovski a la Sinfonía del Nuevo Mundo. De las canciones de Disney de mi infancia a Mychael Danna y sus bandas sonoras de leyendas celtas... En realidad, probablemente tarde menos en decir qué música no me gusta que la música que realmente me gusta (oh, sí, la hay. Soy un bicho raro, no soporto a U2, a Bruce Springsteen, ese rock duro que no es más que ruido, el jazz experimental sin apenas melodía, o el grupo mejicano Maná, la voz de cuyo cantante me pone literalmente de los nervios).
Una vez, de cría, llegué a la conclusión de que la música, matemáticamente, tenía que ser algo limitado. Quiero decir, se trata al fin y al cabo de combinaciones de 7 notas musicales (12 si contamos los bemoles/sostenidos), por lo que matemáticamente (y no, no fui más allá), el número de las mismas tenía que ser finito. Muy grande, pero finito, sobre todo teniendo en cuenta que no todas las combinaciones serían lo suficientemente armónicas para considerarse música.
Espero haberme equivocado, o, al menos, que tardemos muchos años en llegar al límite. Porque la música es uno de los dones más maravillosos de los que disfruta el ser humano.
Publicado por Sonia en 9:55 3 comentarios
Etiquetas: Conociéndome, Recuerdos

