Llevo escribiendo un diario desde los 11 años. Una de las cosas que más me gusta escribir en él son mis sueños, así que casi desde el principio me dije que lo titularía "Vivir para Soñar".
No es que me vaya a ceñir sólo a mi mundo onírico. Mi idea es, simplemente, cambiar de formato. Del papel al informático. Contaré de todo... sueños, anécdotas, pensamientos, incluso desahogos... No obligo a nadie a leerme... probablemente acabeis, si no soñando, al menos casi seguro, dormidos...
Día random, situación rándom en la que venía más o menos a cuento (no me preguntéis por qué, tengo memoria de pez) la frase de Star Wars "Muchos espías Bothan han muerto para conseguir esta información".
El caso es que no me acordaba de la raza de los espías (tengo memoria de pez, ¿lo había dicho antes?). Soy muy fan de Star Wars, pero no soy una enciclopedia de las muchas razas/nacionalidades/lo que sea que se nombraban en la peli. Así que, como digo, no me acordaba. Pero el momento era el momento, y si no soltaba la frase entonces, ya no tendría gracia.
Así que en vez de Bothan, dije Klingon.
Sabía perfectamente lo que decía. Pero es que me parecía que sonaba bien y que tenía gracia, además de la frikada de mezclar los dos universos. Y funcionó, porque a Josema le hizo tanta gracia que hasta lo puso en su facebook.
"Muchos espías Klingon han muerto para conseguir esta información".
El caso es que hoy los he encontrado. Miradlos, qué bonicos ellos.
Todos unos artistas de la infiltración. Me pregunto qué pudo haber fallado...
Lo sé. Estoy desaparecida. Y gran, grandisima parte de la
culpa la tiene mi nuevo trabajo, pero no es la única. Desde la entrada del 19 de abril, la que estais cansados de ver en mi blog desde hace varios meses, me
he vuelto adicta. Y no a los videojuegos, ni a cierto videojuego en concreto,
aunque también éste sea otro culpable a señalar, pero no por el tiempo que
pueda pasar jugando (que es, creedme, más bien poco), sino adicta a Deviantart.
Deviantart es una página para que los artistas muestren sus
trabajos en cualquier campo. Allí puedes encontrar desde el típico niño de 14
años que postea los garabatos que hace en clase hasta artistas consagrados como
Adam Hughes. Mi marido lleva años navegándola, y descargándose maravillosos
dibujos que luego utiliza como fondo de escritorio, o simplemente como
referencia para sus partidas de rol o para cualquier otra cosa que imagine.
Nunca se creó una cuenta en la misma, pero como conté hace casi dos años, las
navidades en las que me regaló la tableta gráfica decidió añadir a su regalo
una cuenta de Deviantart para mí, para que yo subiera a la misma mis dibujos.
Pero en todo ese tiempo yo apenas le hice caso a dicha
cuenta. Y es que aunque toda mi vida me ha gustado dibujar, los diversos
“tozolones” que he recibido me hicieron perder el interés. Luego, como dicen,
la vida tuvo otros planes, y al final abandoné casi completamente el dibujar a
favor de otros hobbies como los juegos de rol, los muñecos o, simplemente,
relacionarme con otras personas a través de los foros de internet.
Supongo que todo influye. Cuando yo era niña, me podía pasar
horas muertas dibujando. Dibujaba sobre todo en clase, porque si hay algo que
no he dejado de hacer, es abocetar etereas damiselas mientras escucho hablar a
otras personas, siempre que tenga un boli y un papel a mano. Es algo que sale
de mi interior sin poder evitarlo, ni siquiera pienso lo que dibujo (es más, si
intento pensarlo, entonces no me sale), y lleno las hojas de caritas de mujer,
algunas mejor hechas que otras, mientras juego a rol o mientras estoy en
reuniones de trabajo. En ese sentido, creo que moriré con el lápiz en la mano.
En el colegio esa era una de las cosas que te hacían
popular. A los profesores, los que me conocían bien, no les molestaba, porque
sabían que yo atendía igual en clase (mis notas lo demostraban), y alguno
incluso llegó a ofrecerme algún proyecto, como el comic sobre la historia de la
Filosofía que nunca se materializó. A los compañeros, sobre todo los más
pequeños, les volvía locos. Me pegaba todo el viaje de vuelta a casa en el
autobús haciéndoles dibujos sobre los personajes de las series de moda (a veces
me tocaba comprarme un sobre de cromos de tal o cual serie como referencia
porque no los conocía), y al mediodia solía ir media hora antes sólo para sentarme
en uno de los bancos de la entrada y hacer dibujos a los niños que se quedaban
a comer, que hacían fila para conseguir uno de mis garabatos como ahora hago yo
fila para conseguir uno de Mike Mignola.
Aquellos eran buenos tiempos.
Con el tiempo, y a pesar de que los adultos insistían en que
dedicarse al dibujo no tenía futuro, tuve bastante claro que quería dedicarme a
dibujar mis propios comics. Y cuando empecé la universidad empecé también a
moverme en círculos más cercanos a mis hobbies, empezando por pequeños
concursos organizados por organizaciones de jóvenes como el Cipaj y luego
uniéndome a grupos de dibujantes en mi misma situación para publicar nuestras
obras en aquellos modestos fanzines que hacíamos a base de fotocopias.
De aquellos fanzines surgió gente que acabó consiguiendo
publicar en serio, pero yo no fui uno de ellos.
Desgraciadamente, nunca conseguí el nivel mínimo de calidad
que exigían los editores.
Me recorrí salones del comic y editoriales, en España y en
Europa, y la respuesta era siempre un “Sigue intentándolo”. Participaba en
concursos y a veces incluso me llevaba la alegre sorpresa de llegar a la final,
pero nunca ganaba ningún premio.
Con esos pobres incentivos al final mi interés se fue
apagando. Mis estudios “serios” (esos que no me gustaban pero hacía “por si
acaso”) y mis siguientes trabajos en ese campo; mi relación de noviazgo y luego
matrimonio, el nacimiento de mi hijo, me hicieron ir perdiendo el interés, y al
final la cosa se quedó en un “fue bonito mientras duró”.
Y a pesar de los muchos intentos de mi marido por
incentivarme a coger los lápices de nuevo, ver que estos cada vez me obedecían
menos, y solo seguían saliendo las damiselas que dibujaba sin pensar, me
terminaron de desmotivar.
Quizás me haya pegado más de 10 años sin dibujar en serio.
Y entonces vino Dragonage y su fandom en Deviantart.
Y es que en la comunidad de artistas de Deviantart, muchos
dibujantes aprovechan para subir sus dibujos sobre peliculas, novelas, y, por
supuesto, videojuegos… Y en mi adicción por el mismo, y en mi búsqueda de más
información, de pronto me encontré con montones de personas que hacían hermosos
dibujos y más aún, divertidas historietas, inspiradas en sus experiencias con
dicho juego. Y de pronto se me ocurrió una a mí. Y decidí dibujarla. De forma
sencilla, sin complicarme la vida. Lo iba a hacer sólo para divertirme, para
compartir con gente que iba a entenderla, a reirse conmigo. Y la subí a
Deviantart.
El éxito que esa pequeña tontería tuvo me sorprendió
enormemente. Recibía montones de mensajes, comentarios, y gente que
simplemente, la añadía a sus favoritos. Y pedían más. Y a mi se me ocurrían
más. Y las fui dibujando. De nuevo, apenas sin esfuerzo. Si no se me da bien
hacer fondos, no hago fondos. Si una postura no me sale, hago otra o la oculto.
Solo quiero transmitir mis ideas. Al fin y al cabo, no cobro por ello, me puedo
permitir el lujo de trabajar lo mínimo que me de la gana.
Y, como cuando era niña, ahora hay gente a quienes les
gusta, comparten su afición conmigo, y más aún, se han compartido en grandes
amigos. De pronto me he dado cuenta de que eso es lo que quiero hacer.
Disfrutar de algo que me gusta, sin la presión de hacerlo por obligación. ¡Qué
suerte la mía!
El pasado salón del Cómic de Zaragoza, mientras esperábamos a que el también Zaragozano Álvaro Ortiz nos hiciese un dibujo en nuestro Hall of Fame particular (y de paso, abrumado por la petición y encantador como tantos dibujantes a los que aún no ha pervertido el precio de la fama, nos hacia complejos dibujos también en los dos álbumes de su obra que compramos), se le acercó otro chico de rasgos asiáticos que también parecía ser artista de cómic (resultó ser Ken Niimura), y entabló conversación con él. Entre los dos nos informaron de las fechas del Salón del Comic de Angouleme, y nos cantaron maravillas del mismo. Como las fechas coincidían con el 29 de enero, festivo en Zaragoza capital (San Valero, patrón de la ciudad), decidimos un poco a última hora hacer una escapada y ver si era tan maravilloso como lo pintaban.
Para empezar, lo organizamos tarde, así que no hubo forma de encontrar un hotel decente más que a 25 kms. de distancia, en la ciudad de Mansle. No nos ocasionaba demasiado problema porque íbamos a ir con nuestro propio coche, pero no dejaba de ser una pequeña faena. Para colmo, Angouleme no está precisamente al lado de casa, así que tras darle un par de vueltas (una pequeña vocecilla en mi interior no tenía la menor gana de ir), le comenté a Josema que si queríamos que nos cundiese un poco el tiempo, teníamos que salir el jueves por la tarde y hacer noche de camino, porque si no el primer día llegaríamos a la hora de cierre del salón y encima ya de noche, así que no podríamos ver ni salón ni ciudad. Fue una buena decisión, aunque como siempre, trajo consigo nervios y discusiones porque hubo que preparar las maletas el jueves por la tarde, dejar al gato en casa de mis padres, recoger a Leo del cole y salir directamente desde allí rumbo a Bayona, donde hicimos la primera escala. Si además le sumamos que el GPS (al que hemos acabado bautizando “El Tontorron”, muy a pesar de mi padre, su legítimo propietario) decidió no funcionar en todo el camino y que en Bayona debía haber habido fútbol o algún otro acontecimiento mediático agilipollador de multitudes y no se podía ni circular, al final encontramos el hotel tras muchas vueltas casi a las 12 de la noche, y los nervios que hicimos no se los deseo a nadie. Aún así, entre que llegamos a Angouleme y encontramos un parking con plazas libres, se nos hicieron casi las 3 de la tarde, así que había pocas opciones para comer. Vimos una hamburguesería Quick en la plaza del ayuntamiento y no nos lo pensamos dos veces (aunque nuestra idea inicial era pasarnos por la Oficina de Información y Turismo, para que nos dieran un plano de la ciudad. Oficina que, por cierto, en dos días fuimos completamente incapaces de encontrar)… Y allí fue donde empezamos a encontrarnos españoles: comiendo en las mesas (al pasar solté un “Buenos días” y no me hicieron ni caso, pero bueno…), al ir a pagar… pero la rematadera fue cuando fuimos a coger mesa.
El burguer estaba petado, pero al fondo se veía una mesa libre. Sin embargo, para cuando llegamos ahí sorteando gente, yo ya ví que dos chicas, abrigadas hasta las orejas, con gafas de sol, y con una bolsa porta-bjds (que por cierto, hablaban español entre ellas) estaban a punto de cogerla, así que me di media vuelta, pero entonces ellas al vernos empezaron a hacernos gestos de que nos sentaramos con ellas, que la mesa era grande, y a chapurrear en inglés. Me hizo gracia y les contesté en español que muchas gracias y que ya veía que ellas también eran españolas, y entre risas y tal nos fuimos acomodando. De pronto una de ellas se me queda mirando fijamente y dice: “¿Luna?”. Desconcierto total. En el mundillo de las BJDs hace años que dejé de ser “Luna” para volver a ser simplemente “Sonia”. Y desde luego, las chicas que yo tenía delante, con gorro de lana hasta las orejas y gafas de sol, me resultaban irreconocibles… así que asentí y les pedí que se quitasen las gafas porque si no no tenía ni idea. Resultaron ser Chyna y Thalassa, dos chicas de la época en la que aun compartíamos el difunto foro Soul of Doll y con las que ahora apenas teníamos contacto por estar en distintos foros (y por otros temas que no vienen al caso). La cosa es que alguien nos había dicho que iban a estar por ahí pero… ¡ya es casualidad, que sean las primeras personas con las que nos encontramos!
La verdad es que aparte de la sorpresa y el embarazo inicial, la comida fue agradable, casi no paramos de hablar y las diferencias que pudimos tener en su momento quedaron olvidadas (o al menos aparcadas). Y es que encontrarte con gente conocida en tierra extraña siempre une.
Tras varios intentos de cortar la conversación, al final terminamos de comer y nos fuimos a ver el Salón, que es a lo que habíamos venido, aunque he de decir que su experiencia previa (ellas ya llevaban un día allí) nos fue muy útil. Y es que Angouleme es una ciudad rarísima. Viven del cómic, está llena de referencias al comic, tienen murales pintados en las paredes dedicados al cómic (copiados de viñetas que van desde Little Nemo a Yslaire, pasando por Lucky Luke), una calle dedicada a Hergé y una a Goscinny... y no tienen una miserable FNAC y apenas un par de tiendas de comic (estan locos, estos angoulemenses...)
En cuando al Salón del Cómic es otro mundo. En cierto modo, toda la ciudad ES el salón. Cada plaza tiene una nave montada sobre un tema, para una exposición, para la prensa…. Hay megafonía por toda la calle y cuando llegamos estaba sonando Gorillaz. Hasta en los escaparates de las tiendas ponen cosas referentes al comic. En los bares y los restaurantes hay pequeñas exposiciones de autores noveles, y de hecho en la pizzería dónde comimos el segundo día, justo cuando nos íbamos, nos cruzamos con el autor que exponía allí, alias Monsieur Puzzle. Como a Leo le gustaron sus dibujos (sobre un gatito), le pedimos un autógrafo, y como pasa siempre con los autores noveles, el chico se emocionó y se esmeró como no se esmeran algunos de esos profesionales que se suben a la parra del “Yo soy Dios y todos me adoran”. En las iglesias y hasta en la Catedral hay exposiciones, no necesariamente de comic religioso (la de la Catedral era “Japón y Europa en el comic”), aunque luego sí que tienen una selección a la venta de comic religioso y cultural (me sorprendió descubrir que el irreverente Robert Crumb ha hecho una versión del Genesis, casi más que saber que existe un Manga sobre la vida de Jesucristo), e incluso sesiones de firmas propias.
Y ya que hablamos de las firmas, quizás ese fue el sector que más me decepcionó del Salón. Porque reconozco que, de un tiempo a esta parte, con la facilidad que hay para encontrar cualquier cosa por internet, mi interés por los Salones y otros eventos no es tanto el conseguir cómics o enterarme de las últimas novedades, sino (aparte de reencontrar a amigos comunes que puedan ir por ahí, como en el Salón de Barcelona) el ver en persona a los creadores y conseguir que me hagan un dibujo o una pequeña firma. La prueba, en cualquier caso, de que ellos existen y de que yo les he visto en persona. Compartir por unos instantes el mismo tiempo y lugar, para reafirmar mi pequeña existencia anónima. Así que sólo por eso soy capaz de tragarme filas eternas, de saltarme la comida como hice con Mignola, madrugar para ponerme la primera en la fila… en fin, todas esas cosas que no puedes hacer cuando vas acompañada, porque cuesta arrastrar a otra gente, porque te sientes culpable por hacerles perder la tarde en una fila, porque sabes que acabarán hechos polvo porque simplemente, no les hace tanta ilusión como a ti. Sólo por eso a veces me planteo el ir sola a estos eventos, para ir a mi ritmo, no imponérselo a los demás, y por un lado no sentirme mal por haber perdido una oportunidad y por otro no sentirme culpable por hacer pasar mala tarde a mis seres queridos. Huelga decir, por supuesto, que en este viaje no lo conseguí.
La organización del sistema de firmas en el Salón del Cómic de Angouleme es un auténtico caos. Supongo que la gente que lleva varios años yendo ya se lo conocerá y sabrá organizarse, pero para alguien que llega por primera vez, es una pesadilla. El listado de autores y horario de firmas lo pone en cada stand, hasta ahí bien. Pero es que en algunos, la firma va por sorteo (esto es, compras el álbum, avisas de que quieres que te firmen, y te apuntan a un sorteo, y si sales puedes ponerte en la fila). Vamos, que si no te lo dicen al comprar el álbum, luego quedas como un gilipollas en la firma, porque además, ni es en todos los stands, ni son todos los autores del mismo stand. Así se quedó Josema sin la firma del dibujante de Okko. En otros, cogen los cómics y ya pasarás a recogerlos, o te dan día y hora (¿qué pasa si ese día no estás?), a pesar de que el autor esté ahí de brazos cruzados mirándote con cara de gilipollas. En otros utilizan el sistema tradicional: haces fila, y mira, como dicen los angloparlantes, first come, first serve, aunque en algunos casos sólo les hacen dibujo a los X primeros (igual que en Barcelona), y, si la fila se alarga y no va a dar tiempo a llegar al final antes de la hora en que se supone que termina el periodo de firmas, te dan un número y al que no le toca, ya se puede ir yendo. Mira, ese sistema me parece el más justo, y así funcionaban en el stand de Soleil, dónde había overbooking de grandes artistas… El problema es cuando dicho gran artista es un gilipollas subnormal redomado e integral y decide no respetar el horario y largarse antes de hora dejando a todo el mundo con un palmo de narices y en algún caso sin avisar: por ejemplo, Olivier Vatine (no compréis su obra, bajárosla gratis de internet. Que no vea un duro por cabrón), que nos lo hizo no una, sino dos veces, y la segunda tuvo delito porque estábamos en la fila (Leo guardaba el sitio como un campeón) desde antes incluso de la hora a la que él tenía que venir. Y vino tarde y se fue pronto, las dos veces. Joder, yo hago eso en mi trabajo y me despiden!
Otro colmo de la desorganización, descubrir de pronto que el autor tiene hora de firma en otro stand a pesar de que se supone que debería estar firmando en el que has hecho la fila. Y entonces coge el autor (en este caso era Dany, veterano y encantador) y da número a todos los que están esperando, sale a la calle y como un guía turístico, nos hace seguirle al otro stand (que además estaba en otra nave) y nos pasa por delante de todos los que estaban esperando allí. Que dada la hora que era, me pregunto si realmente les dio tiempo a recibir algún dibujo, lo cual maldita la gracia que les haría. ¿Quién ha confeccionado semejante agenda?
Gracias a Dios algunas cosas compensaban. Por ejemplo, el también veterano y más que clásico Loisel, a quien pillamos cuando ya “no podía hacer dibujos”, pero sí firmas, se portó de forma encantadora, hizo un enorme recuadro en mi album detallando que “no podía hacer un dibujo” (lo cual era un dibujo en sí mismo XD), y al pedirle la dedicatoria me contó que su hijo también se llama Leo. Estuvimos de acuerdo en que es un gran nombre para un hijo. Me hizo también una pequeña firma para mi amiga Concha, y le hizo mucha gracia que yo tuviera una amiga en Sevilla con ese nombre.
Otro grandísimo fue Arleston (el guionista de Lanfeust de Troy, serie que os teneis que leer YA si no la conocéis). A diferencia de su compañero de mesa, el ya nombrado Vatine, estuvo firmando durante más tiempo del que tenía asignado, y a pesar de ser sólo guionista, se entretuvo haciéndole a Josema un dibujo con un pequeño chiste que decía “No hay que abusar de las historietas, o acabareis convirtiéndoos en guionistas, como yo”. Que más quisiéramos. Sentí no haber estado presente, pero nos habíamos dividido en tres filas, porque aquello si no era imposible e improductivo…
Me quedé con las ganas de una Skydoll, con purpurina y todo, de Barbucci, y de una Rubia de Dzack, y seguro que me dejé algún otro famoso en el tintero. Sé que estuvo De Groot, y me hubiera gustado verle, y preguntarle si se acordaba de aquella novata de 20 y pocos años a la que invitó a una cerveza en Charleroi. Uno de mis grandes favoritos, Luguy (Perceván), tenía previsto venir, pero no vino. Sin embargo, habían publicado un libro de dibujos suyos y el chico del stand cuando me lo vendió me regaló láminas y todo... debí ser la única que lo había comprado. Al lado estaba firmando Nacho Fernández (Dragonfall), que tiene más éxito allí que en España, ya que la fila que tenía era impresionante... En cuanto nos oyó hablar español nos dió palique, tan encantador como siempre. Y descubrí de refilón, porque también vendían revistas especializadas en cómic, que acaba de fallecerTibet, otro de mis favoritos de siempre. Que pena me dio pensar, como cuando falleció Isaac Asimov, que ya nunca podré conseguir un autógrafo suyo, o un dibujito de Chick Bill o de Ric Hochet, que fueron dos de mis amores comiqueriles de la infancia... Ah, y que si gritas "Es un grandísimo hijo de la gran puta" (sí, hablaba de Vatine) en español, los franceses lo entienden. Al menos, los que conocí, y con los que casi hice amistad (las filas siempre hermanan) en la fila de autógrafos de Dany.
En fin, una de esas experiencias para recordar, no sé si para repetir, pero que produjo una pequeña nueva montaña de cómic que recoger, que me hizo saltarme la dieta una vez más, y que disfrutamos como enanos.
Por cierto, me di cuenta que tras un fin de semana llevando la misma ropa, embutidos en jerseys (porque hacía un frío que pelaba) y acumulando humores, pese a ducharnos todos los días, volvimos oliendo igual que la tienda friki por excelencia de Zaragoza, Freakland. Acabo de darme cuenta de que puede que ese sea, por desgracia, el más puro olor a friki. Y que quizás por eso esa tienda se llama como se llama (ejem)…
Hace la tira de años, allá por principios de los 90, y a raíz de nuestra primera escapada al Salón del Cómic de Barcelona, Josema y yo descubrimos que había un Salón del Cómic en Charleroi, ciudad de Bélgica poco conocida a nivel turístico que ahora se ha hecho famosa por ser donde te dejan los aviones de la Ryan Air, pero que por aquel entonces sólo conseguía rivalizar con sus hermosas hermanas por el Salón que intentaba promocionar (hoy en día aún se vende a sí misma como capital belga del cómic). Como yo entonces me apuntaba a un bombardeo, y con la excusa del concurso internacional de cómic que organizaban y en el que participé dos o tres veces con tristes resultados – para qué negarlo (al menos Josema llego a ganar como guionista con su talentoso amigo Oscar Royo, aunque lo único que consiguieran fuese la publicación de un álbum con el primer capítulo de un proyecto que no llegó a terminarse nunca), en dos de sus ediciones me lié la manta a la cabeza y me fui, petate en mano, 20 y pocos años y mucha libertad y ganas de ver mundo, yo solita en tren a pasar el fin de semana en Charleroi codeándome con grandes del cómic como De Groot, quien me “adoptó” en una de las ediciones intentando animarme a seguir adelante y a llegar a publicar mis tristes proyectos.
Ambos años, en la efervescencia del comienzo del noviazgo con Josema, lo que más me dolió fue el irme sin él (no tanto como el ir sola) y no tenerle a mi lado, cosa que él suplió con cartas para que las leyese por el camino y hasta cintas de cassete que me grababa para que las escuchase en el tren.
El primer año, además, me regaló un caballito de plástico negro, pequeñísimo, que no sé de dónde lo sacó, pero que me dijo con todo cariño: “Te traerá suerte”. Yo llevaba el caballito en el bolsillo como la casi niña que era, aferrada a él como si me hubiera dado un anillo de diamantes.
Ese primer año yo estaba obsesionada con conocer a mi dibujante favorito belga de todos los tiempos, Peyo, el creador de “Los Pitufos”. Irracionalmente pensaba que si él era belga, y el salón era en Bélgica, él tenía que estar allí por narices, aunque obviamente no tenía por que ser así. Pero yo, cabezota, no hacía más que preguntar en el stand de la semidesconocida editorial que ahora tenía la licencia para publicar los pitufos, y ellos me daban largas con un “no lo sabemos, pero igual viene mañana”…
Al final, quizás a uno de los chicos le di pena, o le caí bien, o simplemente estaba hasta los mismísimos de mi, porque me dijo confidencialmente que esa tarde Peyo iba a estar en la “mediatheque”, un local donde había una exposición de originales suyos. La verdad es que ahora lo pienso y tuve una suerte loca, porque ni siquiera sabía que existía esa exposición, y probablemente si no hubiera existido, Peyo ni se hubiera pasado por ahí. Pero una combinación de conjunciones astrales, mi buena estrella habitual, un extraño sexto sentido y mucha, mucha potra se aliaron a mi favor para que Peyo estuviera en el mismo Salón del Cómic que yo.
Lo demás fue pan comido. Me planté allí una hora antes, la única fan histérica, curiosamente, que estaba allí (quizás nadie más lo sabía, quizás a nadie más le importaba). Cuando vino Peyo, me mezclé entre los periodistas, me presenté, le dije que era fan de Johan y Pirluit (a lo que él me dijo que quizás debía hablar con su esposa, allí presente) y conseguí que me dibujase una cabecita de Pirluit que atesoro como oro en paño. Me dio la mano (sí, me la he vuelto a lavar desde entonces, que conste…) y se metió en la exposición. Ahora creo sinceramente que cuando me señaló a su mujer me estaba diciendo claramente que mientras a él le estaban distrayendo los periodistas, me acercase yo a hablar con ella, pero en ese momento solo pensé “¡Tengo un dibujo de Peyo!”, y ante las sonrisas de los empleados de la Mediateca que siguieron mi odisea, me fui flotando en mi nube. Siempre he sido muy estúpida para esas cosas, como cuando la esposa de Moebius se interesó por las BJDs y nos dio su tarjeta, o cuando Neil Gaiman contestó a mi primer correo electrónico y yo ya no supe que más preguntarle. Tampoco soy avariciosa. Tuve mi pequeño momento de gloria, ya no necesitaba más.
Cuando salí de la Mediateca me eché la mano al bolsillo y vi que el caballito de plástico se había perdido. Me puse muy triste, y cuando esa noche hablé por teléfono con Josema, entre todas las emociones del día se lo conté apesadumbrada. Él intentó animarme con un “no tiene importancia, no tenía valor”… pero luego añadió “Mira, era un caballo-demonio de la suerte cargado con una sola carga. Una vez la ha gastado, ha desaparecido. Es normal”.
Llamadme supersticiosa, pero me quedé con esa respuesta. De hecho, a veces, estoy convencida de que el destino, el karma, o como quiera que le llamen, va por ahí. Como comenté la otra vez, mi nuevo puesto de trabajo me ha costado varios amuletos… Me refiero con ello a que tengo comprobado que cuando pierdo algún pequeño objeto al que le tengo cariño (como los angelitos de cristal que se me rompieron para Navidad, o mi amuleto japonés que se me ha perdido ya tres veces, y que la tercera, esta semana, ha sido la definitiva – a cambio de conseguir un muñeco de colección que daba por imposible), o cuando tengo que pagar un dinero inesperado como una multa o un paquete de aduanas que me retienen y no hay forma de justificar por un valor inferior, o me roban la cartera como este verano pasado… Cuando me pasa una de esas cosas, es porque va a pasar algo bueno a cambio: se soluciona un problema del trabajo, consigo algo que hace tiempo que quería conseguir, o simplemente volvemos sanos y salvos de un viaje o, como cuando Josema aprobó su proyecto de Fin de Carrera (ese mismo día me clavaron una multa por ir a 70 por la recién inaugurada prolongación de la calle Gómez Laguna, diseñada para correr pero con limite de 50), salvamos un escollo que parecía imposible de salvar…
Hasta cuando Leo, hace unas semanas, dio por perdido su escarabajo de la suerte de la Expo, ese que le regalaron en el Pabellón de Egipto por reconocer a Anubis entre todas las figuritas que allí vendían, y que llevaba al cuello como un pequeño tesoro, utilicé ese argumento para animarle. Por supuesto, no le ayudó mucho. Para él ese escarabajo era especial y que su “carga” de suerte se hubiera gastado no le servía de mucho, y cuando al final lo encontró enredado en el pantalón, la verdad es que decidió dejar de llevarlo “por si acaso”.
Quizás sea una superstición, o un consuelo, o un simple “estaban verdes”, pero al menos me consuela pensar que todo lo malo, por poco malo que sea (aunque emocionalmente me ponga triste), va a conllevar algo infinitamente mejor a cambio. Lo mejor es que, normalmente, ocurre.
Más de una vez he dicho que me considero una persona afortunada. No en el terreno de la suerte pura, de los juegos de azar (en ese sentido soy un auténtico desastre, por eso no me veréis comprar un décimo de lotería por voluntad propia), sino en el de las cosas importantes: salud, dinero y amor, que diría Antonio Lobo... De hecho, siempre digo que mi ángel de la guarda se lo curra muchísimo, y, si os preguntáis que hace una agnóstica como yo creyendo en el ángel de la Guarda, pues os diré que sí, que soy así de incongruente. Como en cierta canción de ABBA que solía canturrear cuando tenía 13 años, para delicia de mi abuela que debía ser la única que pensaba que yo tenía buena voz... “Creo en angelitos, que me cuidan siempre de caer...”
La cosa es que en general, siempre he creído que tenía algo o alguien que velaba por mí, porque si no no se explica que en general todas las empresas importantes de mi vida hayan salido tan bien. Vale que el esfuerzo personal influye, que a nadie le regalan nada y que si me saqué la carrera a la primera fue por que hinqué codos, y si no me ha faltado trabajo ha sido porque me he presentado a todas las oportunidades que me han interesado. Pero otros hacen lo mismo y no lo consiguen. Me presenté a una oposición pensada para consolidar el empleo de los que ya habían estado trabajando sin ninguna posibilidad de conseguir plaza por falta de experiencia, y entré – por los pelos, pero entré. No conseguí plaza fija en el Hospital de Teruel y me surgió el Reingreso Provisional en el Royo Villanova, en Zaragoza.
Ahora, como conté en su momento, y debido al baile de traslados, me iba a tocar irme a Calatayud. Que probablemente sea un sitio estupendo para trabajar, pero que ante la perspectiva de hacerme 180 kms. diarios se me ponían los pelos de punta.
Y va ayer día 22, tranquilitos, de sobremesa, a las 3 de la tarde, y suena el teléfono. Josema mira el número: termina en 00. “Creo que es de un hospital”, le comento, aunque no ubico cual. Lo cojo, con un buen presentimiento, y efectivamente... se trata nada menos que del director del Hospital Miguel Servet, para ofrecerme el puesto de Coordinadora de Admisión que se va a quedar vacante en breve al ser ascendida la actual coordinadora a Subdirectora de Servicios Centrales.
¿Qué si acepto? ¿Cuánto tiempo tengo para pensármelo? ¿Mañana? Vale, mañana estoy ahí.
Cuelgo.
“Me ha tocado la lotería”, le digo a Josema. Ya lo creo. El gordo. No solo no me voy a tener que desplazar ya en coche (el Hospital Miguel Servet está a 5 minutos andando desde mi casa) sino que encima voy de jefaza.
Y es que mi ángel de la guarda se lo curra. Muy muy bien.
Vale, me ha costado dos amuletos de la suerte que he perdido por el camino, aparte de los angelitos de cristal que se me rompieron y la muñeca que se supone que debería llegarme para Nochebuena y que está retenida en aduanas y que no creo que llegue hasta el 28 de diciembre. Pero es el karma, qué se le va a hacer. Vale la pena el intercambio.
Ya hemos vuelto del fin de semana, y Leo ya celebró su cumpleaños. Parece que los múltiplos de 5 tienen que ser especiales, cuando cumplió 5 nos lo llevamos a Disneyland Paris y ahora que ha cumplido 10, la escapada ha sido a Port Aventura. Que ambos parques tengan durante estos días temática de Halloween ayuda e incentiva.
Sé que hay quien está en contra de esta fiesta, por considerarla importada de Estados Unidos. Otros defienden que ya se celebraba en otros sitios. Ni tanto ni tan calvo: en prácticamente todas las culturas occidentales se ha celebrado de una u otra forma la noche del 31 de Octubre, como se ha celebrado la del 24 de diciembre o cualquier otro Solsticio o Equinoccio... Son fiestas relacionadas con los astros, con la cosecha, con el fin y el comienzo de las estaciones, y la única diferencia está en la forma de celebrarla. En España es una fecha triste, de luto, de ir al cementerio a acondicionar las lápidas de nuestros antepasados (alguna vez hay que hacerlo, así que está bien que haya una fecha que nos lo recuerde) y de ver Don Juan Tenorio por la noche en la TV. En México hacen fiestas coloristas que de niña me aterraban por estar llenas de esqueletos. Y en Estados Unidos disfrazan a sus niños y los mandan (en los barrios residenciales) a las casas de los vecinos a buscar chucherías bajo la amenaza de “¿Truco o trato?” Y digo yo, ¿tan malo es que a los niños españoles, hartos de ver el especial de Halloween de los Simpson en agosto, les apetezca hacer algo divertido para variar? Mientras no perdamos nuestras costumbres, yo no tengo ningún reparo en adoptar otras, siempre que aporten algo bueno y divertido a nuestras vidas. Como Papá Noel y los Reyes Magos: a mi casa, donde todo el mundo es bienvenido aunque no quepa demasiado bien, vienen los dos.
En cualquier caso, Leo no tiene la costumbre de disfrazarse para Halloween, pero para el año de Disneyland nos apuntamos a la fiesta nocturna y aunque no hubo “Truco o trato” nos disfrazamos los tres. Bueno, si a lo de Josema se le puede llamar disfraz (lo llames como lo llames, fue el que triunfó de los tres). Leo con un fantástico disfraz de Tiranosaurio que le compré en eBay para la ocasión. Yo con un disfraz de Maléfica, la mala de “La Bella Durmiente”, que mi maravillosa y ahora tristemente abandonada (en el email que no en mis pensamientos) amiga Selenita me prestó, por correo desde San Sebastián, y que aunque un poco corto, me iba como un guante. Y Josema improvisó un disfraz atándose a la capucha del anorak (la noche era pelona de narices, todos llevábamos jerseys debajo del disfraz) un “facehugger” de peluche, de la película Alien, que yo le había regalado hacía poco (y que sinceramente no sé donde para ahora mismo). Como he dicho antes, triunfó, e incluso un pasajero de la atracción de Star Wars pidió (en broma, o eso creo) bajarse de la nave al verle con un “Mademoiselle, j’ai peur!”.
El caso es que este año no había fiesta de Disfraces (en Port Aventura no la hacen), pero a Leo le dio igual. Se le ocurrió una idea genial, y encima, me sugirió una a mí que además era facilísima de poner en práctica. Así que pasamos sábado y domingo en el parque, y el mismo sábado a las 6 de la tarde o así (me parecía un poco excesivo ir todo el día disfrazados) nos salimos al parking a por los disfraces y nos disfrazamos.
El de Leo es una pasada, ¿a que sí? Aunque, como me dijo mi tocaya y compañera de trabajo, los disfraces que elige mi hijo son para gente inteligente. Así, muchos le reconocieron, pero algun(a) gilipollas sin cerebro llegó a preguntar en voz alta si ese disfraz era de Cleopatra.
El mío... bueno, tuvo casi más éxito que el de Leo y la verdad es que dí unos cuantos sustos a la gente. Más sencillo imposible: peluca, kimono (abrochado al revés, por supuesto) y unos guantes del todo a 100. Hasta el Frankestein que encabezaba el desfile de La Parada de los Monstruos se detuvo a darme unas palmaditas en la espalda. Y es que acojonaba lo suyo, mi disfraz...
Hoy el pequeño momento de gloria ha sido para Leo, y me alegro de ello más de lo que podeis imaginar.
De mañana al trabajo siempre llevo en el coche la emisora M80. Aparte de que soy perezosa y reticente al cambio, la mayoría de los programas matinales no me gustan: a mi me gusta escuchar música y no a un tío hablando de su vida y diciendo tonterías. Además, a mí lo que me despierta de verdad es la música.
En su día escuchaba No Somos Nadie, desde su época con Pablo Motos, e incluso con él había secciones en los que cambiaba de emisora porque no soportaba tanta tontería (en concreto una sección llamada “Posturas sexuales realmente innovadoras”, o algo así, en la que ponían una voz que imagino pretendía ser erótica, pero era patética, que también es esdrújula, pero que me ponía mala. Como cuando escucho a U2 o Maná, que tengo que cambiar de emisora porque me enerva el tono llorica de su voz). Cuando pasaron a Celia Montalbán la cosa mejoró. Su equipo era mucho más divertido y sus secciones en general me entretenían todas, al menos en los breves 20 minutos en los que tardaba en llegar de casa al trabajo.
Y de pronto, a vuelta de vacaciones, me encuentro con que han vuelto a cambiar, esta vez han partido de cero, y hacen un programa nuevo (aunque exactamente en la misma línea que el anterior) llamado Morning 80.
A mí, que como digo, soy reticente al cambio, me costó acostumbrarme. Celia Montalbán me gustaba, y la veía con un equipo muy participativo y en 20 minutos contaban y hacían muchas cosas. Estos dos chicos nuevos (o al menos, nuevos para mí), Javier Penedo y Miguel Coll, se lo comían y guisaban ellos solos y qué quereis que os diga, al principio me parecían un poco perdidos. Aunque también es cierto que Celia parecía perdida al principio, así que pensé que todo sería cuestión de tiempo.
En efecto, poco a poco cogieron carrerilla. Y de pronto una mañana, hará cosa de un mes, anunciaron una nueva sección en la que llamarían por teléfono a niños más o menos pequeños para felicitarles el día de su cumpleaños.
Montaje obra de Josema para felicitar a Leo en diversos foros
No perdí tiempo, y ese mismo día les mandé un correo electrónico con la fecha (30 de Octubre, ya que el 31, sábado, no hay programa), la mejor hora para llamarle y el móvil de su padre, por si ya iban en el coche.
Obviamente no recibí respuesta, y a lo largo de las semanas vi viendo como desarrollaban la sección. Solían llamar sobre las 7,50, y por lo que ví, no hacían segunda tanda de llamadas. Además no llamaban a más de dos niños, aunque nombraban a los demás que hubieran recibido. Así que conforme se acercaba la fecha (o sea, la semana pasada) les mandé un correo recordatorio, les dije que podían llamar perfectamente a las 7,50, y el número personal de casa por si acaso. Quedé con Josema en que el día 30 por narices tenía que ser él quien llevase a Leo al cole (el hecho de que Leo esté a caballo entre dos casas complicaría la cosa, y si tenían que decidir a qué número llamar había bastantes posibilidades de que no le llamasen), pero a Leo no le dijimos nada porque prefería que fuese una sorpresa, y, además, no quería que se decepcionase si no le llamaban. Que Leo es un fan de M80, y su grito de guerra siempre que sube al coche es “¿Pones M80?”.
El caso es que ayer recibí un correo electrónico del programa diciendo que intentarían llamarle a las 7,50. Imaginate los nervios que se me pusieron. Hemos orquestado la mañana para que Leo estuviera despierto a esas horas, su padre con él y la radio puesta. Y yo me he ido a trabajar con M80 puesta y el alma en vilo, que me ha dado un salto cuando el primer niño al que han llamado (mayor que Leo, pero bastante sosete) no era él, y otro cuando ¡Sí!, a la segunda, han llamado a Leo, y le han hecho la pregunta “¿Qué es lo primero que haces cuando subes al coche?”.
Le han pillado fuera de onda y le ha costado reaccionar, pero luego ha dado la respuesta correcta “Pedir M80”, le han hecho cantar la sintonía del programa, y tras llamarle crack, han añadido al colgar “¡Que espabilao!”. Que sí, que al compararlo con el primer niño la verdad es que Leo les ha dejado el listón muy alto, pero en fin, a mi se me caía la baba.
Y ya no os digo cuando luego Leo me ha llamado de propio para darme las gracias por el regalo, porque “le había hecho mucha ilusión”.
Tengo cierta debilidad por los hombres azules. Dicho así de golpe y porrazo suena muy raro, pero la verdad es que si me paro pensar en mi lista de tíos buenos del mundillo de la ficción friki, y exceptuando a los pobres pitufos (cuyo sex appeal es nulo) parece que si había algo azul, tenía que gustarme por fuerza.
Así, cuando a mis 15 años estrenaron en la TV la serie Ulises 31, yo bebía los vientos por Numaios (aunque me daba mucha vergüenza reconocer que, a mis 15 años, cuando a todas les gustaba River Phoenix, a mi me gustase un dibujo animado...). Después, cuando intentaron engancharme a ese culebrón de tíos en mallas llamado La Patrulla X y todos sus sucedáneos, aparte del efímero Longshot (con su aspecto típicamente típico de estrella del pop de los 80, ¿qué podíais esperar?), el personaje que más me impactó fue el azulado Rondador Nocturno, pícaro y galante. Incluso en los Watchmen me resultaba irresistible el Dr. Manhattan y su capacidad para desdoblarse en varias formas corpóreas (lo que se podría hacer con esa hablidad no se puede expresar en un blog para todos los públicos...).
Así que con una de mis series favoritas, Hellboy, no podía ser menos.
Lo gracioso del tema es que no me gustan porque sean azules. Numaios me gustaba porque era guapo. Punto. Era como un elfo azul, con enormes ojos gatunos rasgados, rostro andrógino y delicadas orejas puntiagudas. Una monada. De Rondador me gustaba su personalidad, ya que guapo, guapo, no era... Pero era educado, adorable, encantador, y con un sentido del humor que me atraía mucho. Del Dr. Manhattan..., bueno, ya lo he dicho.
Y con Abraham Sapiens me pasa algo parecido que con Rondador. Abe es un ser anfibio, yo le llamo “mi pescaíto”, pero verle, sobre todo en las películas de Guillermo del Toro, con esa delicadeza con que se mueve (genial Doug Jones), con esas respuestas agudas e inteligentísimas a las pullas de Hellboy, o esa ternura con la que se enamora de la princesa Nuala en la segunda parte de la película, te engancha un poquito el alma, y te encariñas de él, y al final, tras dos horas esperando en la cola de autógrafos de Mike Mignola en el Salón del Comic de Barcelona, y tras pelearte con los impresentables del stand de Norma editorial porque quieres que te haga el dibujo en tu álbum de autógrafos y no en una mierda de cómic donde no cabe nada, le dices al artista con cierta timidez: Can he be Abe Sapiens?
Y tienes un dibujo original de Abe Sapiens, y eres más feliz que un ocho (y encima luego Mignola se queda con tu cara y te saluda cuando lo ves sentado en un banco de la plaza de España, toma castaña!!!).
Que sí, que esta entrada era para fardar de mi autógrafo, ¿qué os creíais si no?
Despues de quedarme algo chafada por que no fuera seleccionada mi foto en el concurso de Dollzone, voy y me encuentro esto. Es curioso que me sintiera desplazada del de Dollzone, en el que tenía bastantes esperanzas, porque me parecía que mi fotografía era bastante decente, y que en este, que no tenía ninguna oportunidad, acabe entre los tres finalistas, lo cual ya me supone una cabecita de premio. Eso me pasa por tener tan poca fé.
Y es un concurso apetitoso, porque si gano hacen una muñeca inspirada en mi dibujo, según estas reglas.
Lástima que, como en los viejos tiempos del Elfdoll club, una de las personas esté recibiendo votos a mogollón de gente que se registra solo para votarle. A ver, no es que mi dibujo sea mejor que los otros dos, más bien al contrario. Pero es triste que el primer día se registrasen 30 personas, las 30 españolas, y esta chica recibiera 30 votos de golpe. Siempre me pasa lo mismo. En fin, con su pan se lo coma. Debería conformarme con mi cabecita y con haber llegado a la final, y tras el chasco inicial, es lo que estoy haciendo.
De todos modos, y puesto que otros no tienen esos escrúpulos, si quereis ayudarme a mi (o simplemente equilibrar las cosas), este es el enlace para votar.
Hay que registrarse en el grupo de yahoo primero, pero se puede configurar para que no os manden ningún mensaje ni basura al email... así que el esfuerzo es pequeño... y mi agradecimiento será grande ;-)
Ayer estuvimos de puro refilón en las Japan Trends. Parece que se ha puesto de moda celebrar en Septiembre en Zaragoza jornadas sobre temas de fandom nipon, y tras las Nippon Ku y las Jornaícas del fin de semana anterior, aún nos quedaba cuerda para ir a alparcear en estas otras. ¿El cebo? Una exposición de Blythes y Dollfies, algo que no se había conseguido en la Nippon Ku, y que teníamos curiosidad por ver como habían resuelto la organización de este otro evento.
Sin ningún animo desprestigiador, más bien al contrario, he de decir que aquí directamente no habían resuelto nada. De hecho, las únicas BJDs presentes fueron las que nosotros nos dignamos a llevar (al decir nosotros, incluyo a Gema, Mabel y Damián, que fueron los que nos movilizaron), a las que rápidamente hicieron hueco en una mesa y casi sin quererlo se convirtieron en protagonistas de la exposición.
Rondamos un rato por allí, porque lo bonito de este tipo de reuniones es que el ambiente es inmejorable. Aunque se me hacía raro ver tanta gente con look “Lolita” (que es una moda muy bonita, pero un tanto extraña si no la ves habitualmente), no nos sentimos desplazados en ningún momento. También es cierto que éramos cuatro gatos a esas horas de la mañana.
De pronto, se nos acerca Yolanda, una de las organizadoras, y nos cuenta un problema que les ha surgido: A la persona que iba a dar una charla sobre las Blythe y las BJDs, que iba a venir desde Galicia, no le han podido pagar el billete de avión, por lo que no ha venido. Y la persona que iba a suplirla en la parte de BJDs (ya que la de Blythes la asumía la propia Yolanda) estaba enferma y también les había fallado (contra su voluntad, obviamente). Así que necesitaba que alguno de nosotros, que sabíamos del tema, subiera al estrado.
Todos a una, se volvieron hacia mí. ¿Qué puedo decir? Busqué rápidamente un lugar de retirada o al menos un escondite, pero no es fácil esconder mi humanidad debajo de una silla. ¿Queréis realmente que la de yo? ¡¡¡Sí, sí, eres nuestro Sensei!!!, me dice Gema con esa capacidad de hacer ojitos solo superada por Miguel de La Ruta Hacia el Dorado. Por un momento tengo la terrible visión de un gordo oso panda intentando enseñar Wu-Fú a un par de conejitos. Pero no puedo negar que me siento halagada, así que al final (¿tenía otra opción?), acepto.
Os podeis imaginar que después de la euforia inicial me entró el miedo escénico a oleadas. ¿Qué puedo decir? La gente que hay aquí que sabe algo de BJDs, sabe tanto como yo, y a los que no saben nada, ¿les importará realmente un bledo lo que yo diga? Yolanda me dejó un par de hojas con los apuntes que le había mandado la chica que iba a dar la charla inicialmente. Sobre esos apuntes escribí algunas notas y me hice un esquema. A la hora de subir al estrado (misericordiosamente, retrasaron la charla media hora, así que tuve tiempo extra para que me temblasen las piernas) decidí llevarme conmigo un muñeco, y elegí rápidamente a Mika, la preciosa Soony de Mabel y Damián. Sin ánimo de despreciar a ningún otro de los kekos asistentes, por su tamaño, ropa y aspecto general, iba a ser la que más llamase la atención del público. Aunque Gema sentó en el estrado a Sinichi, su novio... celosete que es el chico...
Creo que la charla no fue mal del todo. Tuvo sus puntitos, como cuando Yolanda me presentó y dijo que yo iba a dar “un punto de vista más maduro del hobby”. Si eso hubiera sido un programa de estos de humor televisivo, creo que me hubiera vuelto y le hubiera dicho “¿Me estás llamando vieja?”, pero dada la falta de confianza que todavía había entre nosotras no me atreví. Sí, aunque me digo a mi misma que no me importa, me temo que sí que me importa ser siempre la más vieja del grupo...
Tampoco seguí el guión que me había escrito. Los nervios y la introducción de Yolanda me hicieron cambiarlo. Pero entre unas cosas y otras, creo que dije todo (o casi) lo que había que decir. Al menos la gente no se fue, como con la charla de la tarde... Y Mika lo hizo muy bien.
Aparte de eso, el día fue agradable y relajado. Tuvimos que hacer un inciso para subir a comer a Santa Fé, donde casi se me había olvidado que mi madre había preparado una especie de celebración íntima de mi cumpleaños (solo mis tíos y nosotros, ¡qué tranquilidad!), y dónde aprovechamos para hacer unas fotos para un concurso de Halloween en el grupo Elfdoll_Unlimited, creyendo que aún tenía dos días para postearlas (hoy he descubierto que no, que el plazo acababa ayer, y menos mal que son buena gente y me van a dejar ponerla fuera de plazo). Tras la lucha con las garrillas de alambre de Heladinda, las fotos creo que quedaron bastante bien, aunque después de ganar seguidos los concursos de San Valentín y de Verano, no creo que esta vez me den el premio de nuevo a mí.
Por la tarde volvimos al encuentro, aunque ese no era nuestro plan inicial, pero la buena compañía nos pierde... Además, habíamos comprado números para un sorteo de cosillas, y nos apetecía ver si nos había tocado algo. La llegada fue un tanto decepcionante: estaban proyectando la película en acción real de Nana, y hasta los fans de la serie decían que era mala... Mala no sé, pero aburrida un rato, así que Damián nos rescató a Josema y a mí y nos fuimos a tomar una cocacola al bar, donde ¡alegría!, descubrí que era la tercera persona más joven de los presentes.
Después hubo otra charla, sobre visual Kei, un movimiento estético japonés sospechosamente parecido a la moda punk y glam de los 80 (y es que no se inventa nada nuevo)... que desgraciadamente fue casi más aburrida que la proyección de Nana, por lo que la gente estuvimos haciendo corrillos y hablando de nuestras cosas mientras el pobre ponente intentaba infructuosamente captar nuestra atención.
Por fin, con cierto retraso, como siempre, llegamos a la entrega de premios (no, no hubo un detallito para mí por la ayuda, pero tampoco importa mucho, la verdad) y al sorteo, en el que me llevé la agradable sorpresa de recibir, ya en el primer momento, uno de los dos premios relacionados con BJDs y donados por Kam (la anterior dueña de mi pequeña Semiramis). El otro se lo llevó Gema, así que todo quedó en familia... Y menos mal. El otro sorteo, el no relacionado con muñecos, fue monopolizado casi por completo por un chico que había comprado 20 números... vale que por ley de probabilidades tenían que tocarle más cosas a él, pero ¡es que se los llevo todos menos uno! Y había unos cuantos regalos, que conste.
Cerramos la tarde/noche con un zumo en el Augusta y recogiendo a Alba de la Estación de Tren. Como de costumbre, casi no nos vamos a nuestras casas, pese a que hoy era “día de escuela”. Parece increíble lo a gusto que estamos juntos.
Nota (que debería haber puesto antes): Los créditos de las dos preciosas fotos de Mika y Sinichi y de Westley con Semiramis son de Damian (alias Predalien). Que pa eso las ha hecho él y me ha dejado usarlas.
Ayer recibí cuatro proposiciones de matrimonio. O, para ser más exactos, dos proposiciones que desembocaron en una tercera persona recordando que ella y otra cuarta me lo habían pedido primero. Además de un guiño a un posible amorío secreto. Todas, por cierto, provenientes de mujeres.
En realidad todo esto va de broma, como es lógico. Apañado estaría el mundo si todos nos casásemos con quien piensa igual que nosotros en un momento dado.
El desencadenante de semejante aluvión de popularidad y amor hacia mí fue esto:
Un artículo en El País sobre BJDs en el que participamos bastante gente gracias a Daniel Berlanga, el dealer de Dollzone España (voy a hacerle publicidad descaradamente porque a mi como clienta siempre me ha tratado fenomenal), y que, aparte de nombrarme dos veces (¡subidónsubidónsubidón!), ha causado cierto revuelo porque como siempre, nunca llueve a gusto de todos. El caso es que mi (dudoso) mérito no ha sido otro que ser la primera en dejar por escrito cosas que pensábamos varias personas, las (creo) más moderadas de todas las que hemos escrito en el post que ha desencadenado la conversación.
En cualquier caso, esta bien saber que hay gente que piensa como tú, que valora tus opiniones y las comparte, que ya hay bastante discutidor por el mundo sin necesidad de buscarles las cosquillas.
Y eso y el hecho de que haya gente que ha empezado a leer este blog a pesar de no haber mandado el enlace a nadie (después se lo mandé a Skydoll/Lilith, y cuando empiece a tener una forma más definida, lo iré posteando por ahí para que lo conozca más gente, pero en el momento del que hablo solo lo conocíamos Google y yo), y hasta se ha animado a dejar comentarios en él (¡gracias decadenttia!) me ha alegrado el día.
Ayer por la mañana me escribió Jill. Después de lo que dije de ella con respecto al Rainyverse, me ha vuelto a preguntar si quiero ayudarla con la organización de la edición del año que viene. Y yo, que en el fondo y diga lo que diga mi marido, no soy tan rencorosa, le he dicho que sí. Para empezar, porque lo ocurrido ya me ha decidido a no querer participar como concursante el año que viene (que era la condición para ser colaboradora). Para seguir, porque realmente no creo que dejaran atrás a la pobre Luna adrede. Pudo dolerme mucho, pero puede incluso que lo hicieran porque sabían que yo iba a montar menos jaleo que otros si les pasaba lo mismo. En cualquier caso, Jill y yo compartimos muchas más cosas para cabrearme con ella sólo por eso. Además, como dije, sólo voy a blindarme por si acaso, pero ayudarle con el concurso seguramente me va a reportar más satisfacciones que malestares, que me conozco, y esas cosas me gustan. Así que, halagada (¿para qué negarlo?) acepté y me metí en el marrón – me parece hipócrita molestarme porque no me tengan en cuenta en su grupito hipermegapijoguaysdelamuerte y luego ponerme de morro cuando de verdad cuentan conmigo...
Ese fue el primer buen momento del día.
A media tarde, en BJDoll me llamó la atención un comentario de K-Teto, el administrador. No sé si conté que me habían hecho “Newsposter”, o sea, reportera, y que eso me daba acceso a una de las zonas restringidas, para comentar noticias y tal. El caso es que en dicha zona K-Teto comentó que había puesto un mensaje a las moderadoras en la zona de administradores y no sé por qué, levanté la oreja.
Al poco me encontré un mensaje de K-Teto en mi bandeja de entrada, proponiéndome ser moderadora. He de decir que me quedé patidifusa. Una cosa fue lo de newsposter, que me lo había currado un poco a pulso – no es que fuera adrede a por el puesto pero sí es cierto que me pegué unos días posteando noticias y lloriqueando virtualmente cuando las ponían en portada a nombre de otras personas, en vez de echarme del grupo por pesada fueron y me propusieron unirme a ellos (será aquello de unirse al enemigo si no lo puedes vencer?)
Pero ahora ha sido una sorpresa total, de verdad. No creo haber hecho nada para merecerlo, excepto en todo caso postear duelos fotográficos con Skydoll (hilarantes sobre todo gracias a ella) y estar a punto de hacer un flame en un post sobre la wiifit y la anorexia del que preferí retirarme antes de liarla, porque me estaba calentando y mucho como la gente minimizaba la situación.
En cualquier caso, me he vuelto a sentir halagada y sobrevalorada, y, sí, acepté. Porque aunque me vaya a suponer liarme más con internet, reconozco que soy una persona a la vez engreída y con complejo de inferioridad, y esas cosas me vienen bien para ambos problemas contradictorios....
Érase una vez un abrigo, comprado hace dos años largos en el rastro-mercadillo de Zaragoza. Era un abrigo anodino, de color marrón “camel”, pero cómodo y amplio, ideal para esos días de invierno en que una se pone cuatro jerseys debajo para no pasar frío, para ir de aquí a allá y no preocuparse de si se cae, se estropea, o se ensucia.
Ese abrigo era la única prenda capaz de calmar las ansias destructivas del gato psicópata de Elena y Miguel, en Huesca, Don Vito. Cuando el abrigo estaba sobre el sofá, Don Vito se acurrucaba y se dormía en él. Durante una partida de rol el abrigo cayó al suelo, y Don Vito se acurrucó y se quedó dormido en él. Los sufridores propietarios del psico-gato se asombraron “Ese abrigo le gusta”. Pero la cosa no pasó de ahí.
Algunas semanas después fue el Salón del Comic en Zaragoza. Tanto el sábado como el domingo acudí enfundada en el mismo confortable abrigo. El sábado un extraño grupito de tres personas disfrazados de Amish se convirtieron en el centro de atención, no por sus disfraces, sino por su compañía. Una pequeña, adorable ratita blanca y negra iba en el hombro de una de las chicas, como si fuera el loro de un bucanero, sin asustarse por la multitud ni que su dueña se preocupase porque el animalito se cayera o se perdiese. Cuando nos acercamos a ellos, la ratita reaccionó de nuevo ante el abrigo mágico. Cualquiera con sentido común diría “Ese abrigo tenía que oler a gato desde kilómetros de distancia”, ¿no? (si añadimos a la preferencia del mismo como colchón por parte de Don Vito el hecho de que en casa también tengamos un gato, aunque éste ignore los efluvios mágicos del abrigo o finja hacerlo con cierto éxito). Pues no.
La ratita insistía en subirse en mi hombro y perderse en los pliegues de mi abrigo, a pesar de los intentos del resto del público por tenerla ellos también en sus manos. A la única a la que acudía más que a mí era a su legítima dueña.
El rumor sobre las propiedades del abrigo empezó a forjarse allí. No era normal que una ratita insistiera en estar en un abrigo que huele a gato.
Aproximadamente un mes después, en enero, me comunican mis padres que mi tía Luisa tiene una perrita. Lo de perrita es un eufermismo, ya que el animalito es un cachorro de pastor alemán de dos meses que ya pesa cinco kilos y tiene unas patas más grandes que la palma de mi mano. Parece un osezno, y por ello tiene el apropiado nombre de Nuca.
El día que fuimos a conocerla yo llevaba el abrigo mágico.
Y el abrigo mágico fue su centro de atención a la hora de jugar y mordisquear, teniendo que escaparme de ella para que no me babease la manga.
Al final, las sospechas (al menos por mi parte) empiezan a recaer sobre el estado de higiene general del abrigo. No es que esté asquerosamente sucio, pero a algo debe de oler cuando tres animales de tres especies distintas han decidido que ese abrigo es su prenda humana favorita para frecuentar.
Así que la semana pasada el abrigo mágico acabó en la lavadora. Lavado a 40º, centrifugado y secado. El viernes volví a ponérmelo, seco y como nuevo, y el sábado nos fuimos a Teruel, a la fiesta de los Amantes. En dicha fiesta una de las atracciones fue una exhibición de cetrería. Las hermosas aves rapaces estaban atadas a unos postes en un rincón de la plaza, a la vista de todos para que pudiéramos admirarlas antes del espectáculo, y uno de los encargados del mismo se paseaba entre el público con una pitón albina enroscada en el cuello. La gente volvía a arremolinarse a su alrededor, y visto que el animal era manso y permitía que le acariciaran, allá que fuimos en tromba a disfrutar del tacto de su brillante piel.
Cuando me puse frente al muchacho de la serpiente enroscada, esta decidió que mi abrigo (recién lavado) tenía un olor muy interesante, y pese a los intentos del resto de la gente de que la serpiente les mirase a ellos, ella dirigía siempre su cabeza hacia mí. No cambió de “percha” porque el dueño no se lo permitió – pero aparte de ello, la atracción del abrigo volvía a manifestarse.
La rematadera fue cuando por fin comenzó la exhibición.
Buscamos un hueco en un lado de la escalinata de los Amantes, ya que la exhibición era en la plaza, y ya estaba atestada de gente. Desde allí se veía todo más o menos bien, y disfrutamos de los halcones y otras rapaces diurnas, hermosas como ellas solas, que volaban alto y lejos, de vez en cuando se posaban en brazos de personas del público por indicación expresa del cetrero, e incluso en alguna ocasión se posaban relativamente cerca de dónde nosotros estábamos.
Hacia el final, soltaron un hermosísimo buho real. En su primer vuelo se posó en la barandilla de la escalinata, unos metros por debajo de donde nosotros estábamos, y Leo a mi lado se puso muy nervioso. Ni de coña llegábamos a tocar al pájaro, pero estaba TAN cerca que pensé que valía la pena probar.
La segunda vez que le hicieron alzar el vuelo, levanté el brazo, enfundado, como no, en mi abrigo mágico.
Pese a que nuestra zona de la barandilla era diagonal, o sea, que no ofrecía al buho ninguna buena superficie dónde posarse, él vino directamente hacia mí. Tan directo, tan decididos se veían sus bellísimos ojos naranjas, que no pude evitar asustarme y recular un poco, por lo que al final el buho no se posó en mi brazo como parecía, sino en la barandilla justo a nuestro lado. Pudimos acariciarlo y disfrutarlo un buen rato, ya que era muy manso y obediente, aunque en ningún momento quitó los ojos de dónde estaba su amo.
Pero la leyenda del abrigo terminó de consolidarse ese día. Tengo un abrigo mágico. Jamás me desprenderé de él (y si lo hago, lo pondré a la venta en eBay para los reporteros de National Geographic, ja!)
Lunes otra vez. Este fin de semana hemos tenido la V Aldea Inforolera – o quizás ahora debería llamarla Rolera a secas, ya que Inforol como foro hace un tiempo que pasó a mejor vida (podría hacer aquí una disertación sobre la levedad de la existencia de los foros, ya que últimamente casi todos tienden a morir de forma más o menos dramática, pero no es este el momento para ello), y el balance, como siempre, solo tiene un aspecto negativo: la escasez de horas de sueño. Este año creo que hemos batido un record, ya que en ediciones pasadas de la misma, solía acostarme sobre la 1 de la madrugada con la excusa de que Leo tenía que acostarse pronto, pero este año Leo ha sido más duro de pelar y dos de las tres noches nos acostabamos a las 3. Dado que (como en todas las Aldeas) nos alojábamos en un albergue, y el desayuno era a una hora determinada (las 9,30 – vale, no es demasiado, pero lo suficiente), eso ha dado un promedio de menos de 6 horas por noche… Demasiado poco pa mi body, qué quereis que os diga.
Supongo que antes de seguir, debería explicar un poco qué es esto de las Aldeas Roleras. Pongamos el modo “Sophia Petrilo” On y empecemos… Sicilia año… No, no es exactamente así – Foro Inforol (descanse en paz), 2005: Josema, mi medio naranjo, es un asiduo de dicho foro y me anuncia que van a hacer una especie de reunión-quedada en un albergue de Arija (Provincia de Burgos) para el puente de la Inmaculada Concepción, o sea, Diciembre de 2005. En fin, recuerdo que ese día acogí la noticia con poco entusiasmo. 4 valiosísimos días de fiesta (justo entonces que empezaba a tener trabajo estable) encerrada en un albergue con un grupo de roleros desconocidos. No digo que no me gustase la idea. Aunque yo personalmente tenía (y tengo) el rol algo abandonado, sigue gustándome la afición, además había otras actividades previstas como fiesta de disfraces, karaoke, etc. Para terminar, obligué literalmente a Josema a prometerme que haríamos alguna excursión a ver algo por los alrededores, y conseguí que fuesemos a ver el nacimiento del río Ebro, cercano a la localidad.
Pero a pesar de mis reticencias iniciales, aquel encuentro fue el inicio de algo mágico. Como le contaba ayer a 13 (nick de uno de los chavales que vino con nosotros y al que llevamos en nuestro coche hasta Zaragoza), cuando aquello terminó había habido tal comunión con los participantes, tal simpatía, había sido, en resumen, un encuentro tan maravilloso, que nos fuimos con una sensación de vacío en el corazón indescriptible. Y que hizo que repitiéramos la experiencia para el siguiente puente del 1 de Mayo, el siguiente puente de la Inmaculada, y la pasada Semana Santa.
Así que esta vez era la quinta que nos re-encontrábamos. En general, la mayoría éramos los mismos – algunos nuevos que se habían apuntado (y convertido en incondicionales) por el camino, y otros que se han perdido (y he de decir que yo personalmente no he echado de menos a alguno en concreto) o que desgraciadamente y por una vez no han podido venir (que es muy distinto al caso anterior)…
La cita era en Ojos Negros, provincia de Teruel (normalmente intentamos que cada vez sea en un sitio distinto, aunque en Semana Santa se repitió Arija), y esta ha sido la vez en que más turismo se ha hecho, imagino que porque no sólo de rol vive el hombre. Además como empieza a ser costumbre la gente ha creado videos para la ocasión, y a todos nos apasiona ver como nos dan vida famosillos gracias a un nuevo subtitulado de pelis, series o trailers en inglés. En este caso, fue una original visión de la serie “Perdidos”, en la que por supuesto, me supo a poco nuestra aparición (supongo que debería hacerme notar un poco más, no se puede pedir todo).
El momento glorioso fue, sin embargo, el siempre esperado “frikinvisible”, nuestra versión del “Amigo Invisible”, que todos los años es un reto a la imaginación para hacer un gran regalo con pocos euros, mucha dedicación y un poco de buena voluntad para intentar conocer mejor al destinatario. El primer año (Puente de Mayo, Ejea de los Caballeros), la creativa Ana (Miss Bennet) nos demostró que algo tan tonto como un montaje fotográfico podría subir el listón a límites inconcebibles, ser el regalo más envidiado, y encima, con poco dinero. En la pasada Semana Santa, me gustaría pensar que el regalo estrella fue el que Josema le hizo a una de las personas a las que más aprecia de las reuniones, Rafa (alias Bone) – aquí me tiro el pegote de ser yo la artífice del regalo en cuestión, ya que le vestimos un conejito de peluche de Usagi Yojimbo (personaje de comic al que el destinatario del regalo adora) y, modestia aparte, me quedó bastante bien. Aunque la figurita de HeroClix personalizada que recibió otro de los chicos o la cajita de Gurpspirina que este mismo chico le regaló a Josema tampoco estuvieron nada mal, la verdad…*
El caso es que este año como digo, subió el listón hasta límites insospechados. Para empezar, se combinó el Frikinvisible con una idea que había tenido Ana (la gran ausente, junto con su pareja Jon/Bandido, ya que esta vez no habían podido venir), que consistía (creo que lo he comentado en alguna entrada anterior) en que cada uno de nosotros elegía algún tema musical como “nuestra Banda Sonora”. Así que se decidió que cada vez que alguien fuese a recibir su regalo, sonaría su música; ese alguien saldría a la “palestra”, explicaría el porque de su música, y abriría su regalo, tras lo cual saldría el “perpetrador” del regalo a darle dos besos y todo eso…
La cosa empezó mal, porque la pobre Erierd (Lucía), un encanto y dulzura de muchacha, recibió de regalo solo unas libretillas cutres y nadie salió a dar la cara. Dicen que luego la vieron llorar en el lavabo. No sé si es verdad o no, y no sé si es para tanto o no, como digo, yo he tenido a veces regalos de llorar también, pero he sabido ser más hipócrita. Pero es cierto que luego ella había echado el resto con el regalo de su frikinvisible personal (Dios, sólo la caja donde venía todo me hacía los ojos chirivitas, ¡yo quiero una!), y puedo imaginar su decepción…
Leo tuvo suerte. Patxi le regaló su primer juego oficial de dados de rol. Un regalo muy lleno de significado, y que espero use muchos años. Su canción sorprendió a bastante gente (American Pie), y es que mi hijo tiene unos gustos musicales poco convencionales para su edad.
Yo tampoco me quejo. Para haber tenido como frikinvisible a alguien a quien solo he visto una vez, y fuera de la Aldea (Tecnocrata, amigo de la gente de Alicante, que venía por primera vez a la Aldea esta V edición), me sorprendió con una almohada con estampado casero. Nunca respondió a mi pregunta “¿Por qué una almohada?”, pero me hizo mucha ilusión el estampado, y la tengo en casa sobre el sillón, aunque me tienta tenerla en el coche para los viajes. De hecho, Leo me la robó en el viaje de vuelta.
Pero como digo, hubo un momento álgido, y lo protagonizó mi chicarrón, Josema. Su tema musical, para sorpresa de todos (incluida mía) fue el “Beyond the Sea”. El motivo, dio varios, que yo ya había leído por escrito, entre ellos que aparecía al final de dos grandes películas (Ford Fairlane y Buscando a Nemo), y que él solía utilizarla como BSO al final de una buena partida de Mutantes en la Sombra. Ya cuando empezó a decirlo se emocionó. Pero cuando dijo que era el tema que quería que sonase en su funeral, él se derrumbó, y muchos de nosotros (y yo no fui la única) también acabamos llorando a moco tendido. Fue un momento francamente hermoso.
Si a eso le sumamos que su frikinvisible fue Prometeo, una de las cabezas visibles de la Aldea y una persona que vale su peso en angulas, y que su regalo fue una película montada por él, sobre la película Aladdin de Disney, poniendo nuestras caras sobre los personajes (IMPRESIONANTE), el momento álgido, maravilloso, imborrable, estaba servido….
En comparación con esto, el resto de la Aldea quedó algo eclipsado, y es una pena ya que incluso sin ello, hubiera sido una gran Aldea. El primer día nos escapamos a ver las minas, dignas de ver de verdad. El segundo, por la mañana fuimos a Molina de Aragón a ver el castillo, y por la tarde me empeciné yo en irnos por nuestra cuenta a ver el castillo de Peracense, que me gustó todavía más (aunque Rastall se lesionó haciéndose una foto y eso causó morro de Yep, que llevaba un buen rato disfrutando y triscando a pesar del viento…). La comida fue mala, entre otras cosas porque creemos que el cocinero nos la guardaba por no dejarle dormir, y nos preparó cosas con aceite rancio, pero hubo concurso de postres que compensó el mal sabor de boca. Descubrimos el Juego del Año: el “Sí, Señor Oscuro”. Y cuando nos fuimos a dormir la última noche, después de la fiesta y el frikinvisible, Leo y yo vimos un ratón esconderse detrás del sofá y, cuando moví el sofá, pudimos verlo tranquilamente al pobre, con una pata en la pared y la otra en el respaldo del sofá, manteniendo el equilibrio, hasta que nos cansamos… Leo me dijo que quería llevárselo a casa pero yo le dije que no, que tenía que vivir en libertad. En realidad, le entiendo. Yo también me lo hubiera llevado. Fue el broche final a unos días maravillosos….
Soy una persona tan normal como cualquiera y tan friki como la que más, que intenta disfrutar al máximo de la vida con mi marido Josema y mi hijo Leo, compartiendo con ellos la mayor parte de mis muchos hobbies e intereses.