viernes, 15 de noviembre de 2013
TODO ME RECUERDA A TI
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domingo, 29 de agosto de 2010
LA CULPA FUE DE JACKIE CHAN
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lunes, 1 de febrero de 2010
QUIEN TUVO, RETUVO
La verdad es que ya me vale. Las pasadas navidades pedí expresamente como uno de mis regalos el nuevo disco de Spandau Ballet, Once More. Y conforme lo recibí, me lo eché al bolso con la intención de ponerlo algún día en el coche, pero lo fui dejando, lo fui dejando, básicamente porque, como todos los temas excepto dos eran los clásicos de siempre, no tenía ninguna prisa en oirlo.
Pero en el camino de vuelta desde Angouleme, 6 horas de coche, daba tiempo a escuchar mucha música, así que al final me decidí y los pusimos. Y me quedé muda de la sorpresa.
El caso es que en el disco ya ponía que eran “nuevas versiones”, pero yo ni lo había leído (hay que leer más!)… Y sí, eran nuevas versiones, más suaves, más intimistas. Temas como With The Pride acompañado solamente con una guitarra española ponían los pelos de punta, y los temas antiguos como To Cut A Long Story Short y Chant Nº 1 tomaban una nueva dimensión y ganaban, al menos para mi gusto, calidad y belleza a raudales.
La verdad es que me sentí tonta por no haberlo escuchado antes, pero lo disfruté como pocas cosas. Volví a recordar porqué habían sido mi grupo favorito durante tanto tiempo, y recuperé la ilusión por el concierto del próximo 12 de Marzo. Como bien dicen, quien tuvo, retuvo.
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Etiquetas: Conociéndome, Recuerdos, viajes
CAZADORES DE MITOS
El pasado salón del Cómic de Zaragoza, mientras esperábamos a que el también Zaragozano Álvaro Ortiz nos hiciese un dibujo en nuestro Hall of Fame particular (y de paso, abrumado por la petición y encantador como tantos dibujantes a los que aún no ha pervertido el precio de la fama, nos hacia complejos dibujos también en los dos álbumes de su obra que compramos), se le acercó otro chico de rasgos asiáticos que también parecía ser artista de cómic (resultó ser Ken Niimura), y entabló conversación con él. Entre los dos nos informaron de las fechas del Salón del Comic de Angouleme, y nos cantaron maravillas del mismo. Como las fechas coincidían con el 29 de enero, festivo en Zaragoza capital (San Valero, patrón de la ciudad), decidimos un poco a última hora hacer una escapada y ver si era tan maravilloso como lo pintaban.
Para empezar, lo organizamos tarde, así que no hubo forma de encontrar un hotel decente más que a 25 kms. de distancia, en la ciudad de Mansle. No nos ocasionaba demasiado problema porque íbamos a ir con nuestro propio coche, pero no dejaba de ser una pequeña faena. Para colmo, Angouleme no está precisamente al lado de casa, así que tras darle un par de vueltas (una pequeña vocecilla en mi interior no tenía la menor gana de ir), le comenté a Josema que si queríamos que nos cundiese un poco el tiempo, teníamos que salir el jueves por la tarde y hacer noche de camino, porque si no el primer día llegaríamos a la hora de cierre del salón y encima ya de noche, así que no podríamos ver ni salón ni ciudad. Fue una buena decisión, aunque como siempre, trajo consigo nervios y discusiones porque hubo que preparar las maletas el jueves por la tarde, dejar al gato en casa de mis padres, recoger a Leo del cole y salir directamente desde allí rumbo a Bayona, donde hicimos la primera escala. Si además le sumamos que el GPS (al que hemos acabado bautizando “El Tontorron”, muy a pesar de mi padre, su legítimo propietario) decidió no funcionar en todo el camino y que en Bayona debía haber habido fútbol o algún otro acontecimiento mediático agilipollador de multitudes y no se podía ni circular, al final encontramos el hotel tras muchas vueltas casi a las 12 de la noche, y los nervios que hicimos no se los deseo a nadie.
Aún así, entre que llegamos a Angouleme y encontramos un parking con plazas libres, se nos hicieron casi las 3 de la tarde, así que había pocas opciones para comer. Vimos una hamburguesería Quick en la plaza del ayuntamiento y no nos lo pensamos dos veces (aunque nuestra idea inicial era pasarnos por la Oficina de Información y Turismo, para que nos dieran un plano de la ciudad. Oficina que, por cierto, en dos días fuimos completamente incapaces de encontrar)… Y allí fue donde empezamos a encontrarnos españoles: comiendo en las mesas (al pasar solté un “Buenos días” y no me hicieron ni caso, pero bueno…), al ir a pagar… pero la rematadera fue cuando fuimos a coger mesa.El burguer estaba petado, pero al fondo se veía una mesa libre. Sin embargo, para cuando llegamos ahí sorteando gente, yo ya ví que dos chicas, abrigadas hasta las orejas, con gafas de sol, y con una bolsa porta-bjds (que por cierto, hablaban español entre ellas) estaban a punto de cogerla, así que me di media vuelta, pero entonces ellas al vernos empezaron a hacernos gestos de que nos sentaramos con ellas, que la mesa era grande, y a chapurrear en inglés. Me hizo gracia y les contesté en español que muchas gracias y que ya veía que ellas también eran españolas, y entre risas y tal nos fuimos acomodando. De pronto una de ellas se me queda mirando fijamente y dice: “¿Luna?”. Desconcierto total. En el mundillo de las BJDs hace años que dejé de ser “Luna” para volver a ser simplemente “Sonia”. Y desde luego, las chicas que yo tenía delante, con gorro de lana hasta las orejas y gafas de sol, me resultaban irreconocibles… así que asentí y les pedí que se quitasen las gafas porque si no no tenía ni idea. Resultaron ser Chyna y Thalassa, dos chicas de la época en la que aun compartíamos el difunto foro Soul of Doll y con las que ahora apenas teníamos contacto por estar en distintos foros (y por otros temas que no vienen al caso). La cosa es que alguien nos había dicho que iban a estar por ahí pero… ¡ya es casualidad, que sean las primeras personas con las que nos encontramos!
La verdad es que aparte de la sorpresa y el embarazo inicial, la comida fue agradable, casi no paramos de hablar y las diferencias que pudimos tener en su momento quedaron olvidadas (o al menos aparcadas). Y es que encontrarte con gente conocida en tierra extraña siempre une.
Tras varios intentos de cortar la conversación, al final terminamos de comer y nos fuimos a ver el Salón, que es a lo que habíamos venido, aunque he de decir que su experiencia previa (ellas ya llevaban un día allí) nos fue muy útil. Y es que Angouleme es una ciudad rarísima. Viven del cómic, está llena de referencias al comic, tienen murales pintados en las paredes dedicados al cómic (copiados de viñetas que van desde Little Nemo a Yslaire, pasando por Lucky Luke), una calle dedicada a Hergé y una a Goscinny... y no tienen una miserable FNAC y apenas un par de tiendas de comic (estan locos, estos angoulemenses...)En cuando al Salón del Cómic es otro mundo. En cierto modo, toda la ciudad ES el salón. Cada plaza tiene una nave montada sobre un tema, para una exposición, para la prensa…. Hay megafonía por toda la calle y cuando llegamos estaba sonando Gorillaz. Hasta en los escaparates de las tiendas ponen cosas referentes al comic. En los bares y los restaurantes hay pequeñas exposiciones de autores noveles, y de hecho en la pizzería dónde comimos el segundo día, justo cuando nos íbamos, nos cruzamos con el autor que exponía allí, alias Monsieur Puzzle. Como a Leo le gustaron sus dibujos (sobre un gatito), le pedimos un autógrafo, y como pasa siempre con los autores noveles, el chico se emocionó y se esmeró como no se esmeran algunos de esos profesionales que se suben a la parra del “Yo soy Dios y todos me adoran”. En las iglesias y hasta en la Catedral hay exposiciones, no necesariamente de comic religioso (la de la Catedral era “Japón y Europa en el comic”), aunque luego sí que tienen una selección a la venta de comic religioso y cultural (me sorprendió descubrir que el irreverente Robert Crumb ha hecho una versión del Genesis, casi más que saber que existe un Manga sobre la vida de Jesucristo), e incluso sesiones de firmas propias.
Y ya que hablamos de las firmas, quizás ese fue el sector que más me decepcionó del Salón. Porque reconozco que, de un tiempo a esta parte, con la facilidad que hay para encontrar cualquier cosa por internet, mi interés por los Salones y otros eventos no es tanto el conseguir cómics o enterarme de las últimas novedades, sino (aparte de reencontrar a amigos comunes que puedan ir por ahí, como en el Salón de Barcelona) el ver en persona a los creadores y conseguir que me hagan un dibujo o una pequeña firma. La prueba, en cualquier caso, de que ellos existen y de que yo les he visto en persona. Compartir por unos instantes el mismo tiempo y lugar, para reafirmar mi pequeña existencia anónima. Así que sólo por eso soy capaz de tragarme filas eternas, de saltarme la comida como hice con Mignola, madrugar para ponerme la primera en la fila… en fin, todas esas cosas que no puedes hacer cuando vas acompañada, porque cuesta arrastrar a otra gente, porque te sientes culpable por hacerles perder la tarde en una fila, porque sabes que acabarán hechos polvo porque simplemente, no les hace tanta ilusión como a ti. Sólo por eso a veces me planteo el ir sola a estos eventos, para ir a mi ritmo, no imponérselo a los demás, y por un lado no sentirme mal por haber perdido una oportunidad y por otro no sentirme culpable por hacer pasar mala tarde a mis seres queridos. Huelga decir, por supuesto, que en este viaje no lo conseguí.
La organización del sistema de firmas en el Salón del Cómic de Angouleme es un auténtico caos. Supongo que la gente que lleva varios años yendo ya se lo conocerá y sabrá organizarse, pero para alguien que llega por primera vez, es una pesadilla. El listado de autores y horario de firmas lo pone en cada stand, hasta ahí bien. Pero es que en algunos, la firma va por sorteo (esto es, compras el álbum, avisas de que quieres que te firmen, y te apuntan a un sorteo, y si sales puedes ponerte en la fila). Vamos, que si no te lo dicen al comprar el álbum, luego quedas como un gilipollas en la firma, porque además, ni es en todos los stands, ni son todos los autores del mismo stand. Así se quedó Josema sin la firma del dibujante de Okko. En otros, cogen los cómics y ya pasarás a recogerlos, o te dan día y hora (¿qué pasa si ese día no estás?), a pesar de que el autor esté ahí de brazos cruzados mirándote con cara de gilipollas. En otros utilizan el sistema tradicional: haces fila, y mira, como dicen los angloparlantes, first come, first serve, aunque en algunos casos sólo les hacen dibujo a los X primeros (igual que en Barcelona), y, si la fila se alarga y no va a dar tiempo a llegar al final antes de la hora en que se supone que termina el periodo de firmas, te dan un número y al que no le toca, ya se puede ir yendo. Mira, ese sistema me parece el más justo, y así funcionaban en el stand de Soleil, dónde había overbooking de grandes artistas… El problema es cuando dicho gran artista es un gilipollas subnormal redomado e integral y decide no respetar el horario y largarse antes de hora dejando a todo el mundo con un palmo de narices y en algún caso sin avisar: por ejemplo, Olivier Vatine (no compréis su obra, bajárosla gratis de internet. Que no vea un duro por cabrón), que nos lo hizo no una, sino dos veces, y la segunda tuvo delito porque estábamos en la fila (Leo guardaba el sitio como un campeón) desde antes incluso de la hora a la que él tenía que venir. Y vino tarde y se fue pronto, las dos veces. Joder, yo hago eso en mi trabajo y me despiden!
Otro colmo de la desorganización, descubrir de pronto que el autor tiene hora de firma en otro stand a pesar de que se supone que debería estar firmando en el que has hecho la fila. Y entonces coge el autor (en este caso era Dany, veterano y encantador) y da número a todos los que están esperando, sale a la calle y como un guía turístico, nos hace seguirle al otro stand (que además estaba en otra nave) y nos pasa por delante de todos los que estaban esperando allí. Que dada la hora que era, me pregunto si realmente les dio tiempo a recibir algún dibujo, lo cual maldita la gracia que les haría. ¿Quién ha confeccionado semejante agenda?Gracias a Dios algunas cosas compensaban. Por ejemplo, el también veterano y más que clásico Loisel, a quien pillamos cuando ya “no podía hacer dibujos”, pero sí firmas, se portó de forma encantadora, hizo un enorme recuadro en mi album detallando que “no podía hacer un dibujo” (lo cual era un dibujo en sí mismo XD), y al pedirle la dedicatoria me contó que su hijo también se llama Leo. Estuvimos de acuerdo en que es un gran nombre para un hijo. Me hizo también una pequeña firma para mi amiga Concha, y le hizo mucha gracia que yo tuviera una amiga en Sevilla con ese nombre.
Otro grandísimo fue Arleston (el guionista de Lanfeust de Troy, serie que os teneis que leer YA si no la conocéis). A diferencia de su compañero de mesa, el ya nombrado Vatine, estuvo firmando durante más tiempo del que tenía asignado, y a pesar de ser sólo guionista, se entretuvo haciéndole a Josema un dibujo con un pequeño chiste que decía “No hay que abusar de las historietas, o acabareis convirtiéndoos en guionistas, como yo”. Que más quisiéramos. Sentí no haber estado presente, pero nos habíamos dividido en tres filas, porque aquello si no era imposible e improductivo…
Me quedé con las ganas de una Skydoll, con purpurina y todo, de Barbucci, y de una Rubia de Dzack, y seguro que me dejé algún otro famoso en el tintero. Sé que estuvo De Groot, y me hubiera gustado verle, y preguntarle si se acordaba de aquella novata de 20 y pocos años a la que invitó a una cerveza en Charleroi. Uno de mis grandes favoritos, Luguy (Perceván), tenía previsto venir, pero no vino. Sin embargo, habían publicado un libro de dibujos suyos y el chico del stand cuando me lo vendió me regaló láminas y todo... debí ser la única que lo había comprado. Al lado estaba firmando Nacho Fernández (Dragonfall), que tiene más éxito allí que en España, ya que la fila que tenía era impresionante... En cuanto nos oyó hablar español nos dió palique, tan encantador como siempre. Y descubrí de refilón, porque también vendían revistas especializadas en cómic, que acaba de fallecer Tibet, otro de mis favoritos de siempre. Que pena me dio pensar, como cuando falleció Isaac Asimov, que ya nunca podré conseguir un autógrafo suyo, o un dibujito de Chick Bill o de Ric Hochet, que fueron dos de mis amores comiqueriles de la infancia... Ah, y que si gritas "Es un grandísimo hijo de la gran puta" (sí, hablaba de Vatine) en español, los franceses lo entienden. Al menos, los que conocí, y con los que casi hice amistad (las filas siempre hermanan) en la fila de autógrafos de Dany.
En fin, una de esas experiencias para recordar, no sé si para repetir, pero que produjo
una pequeña nueva montaña de cómic que recoger, que me hizo saltarme la dieta una vez más, y que disfrutamos como enanos.
Por cierto, me di cuenta que tras un fin de semana llevando la misma ropa, embutidos en jerseys (porque hacía un frío que pelaba) y acumulando humores, pese a ducharnos todos los días, volvimos oliendo igual que la tienda friki por excelencia de Zaragoza, Freakland. Acabo de darme cuenta de que puede que ese sea, por desgracia, el más puro olor a friki. Y que quizás por eso esa tienda se llama como se llama (ejem)…
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domingo, 3 de enero de 2010
FELIZ GUARRO VIEJO
Este fin de año nos hemos ido al Monasterio de Boltaña, por hacer algo diferente. Ha sido una pequeña escapada familiar, Josema, Leo y yo solicos. Cena (exquisita, y con una orquesta bastante buena) y baile (con una discomovil que nos aguó la noche porque sólo sabían poner pachanga y además de la cutre). Luego desayuno, visita al pueblo, hora en el spa (muuuuuuy pijo, los baños Japoneses y los de Budapest nos han acostumbrado a cosas más naturales) y visita nocturna al precioso pueblo de Ainsa, donde los efectos del agua a presión se hicieron notar en mis cervicales y casi se nos fastidia la fiesta.
A la vuelta, como Leo se había quedado chafado porque no nos nevó, dimos un rodeo y encontramos algo de nieve, y vimos algunas de las maravillas del Pirineo como el Collado de las Hadas o el precioso pueblo de Roda de Isábena. Pero la guinda del pastel la puso el retorno a casa: nuestros maravillosos vecinos habían celebrado su fiesta de Año Nuevo el día anterior (o quizás la de Nochevieja, a saber), habían sacado la bolsa de la basura al rellano con sus correspondientes restos de pescado y marisco que, dos días después, olían que apestaban, y por supuesto, pasaban olímpicamente del tema.
No era la primera vez que lo hacían: si algún día no había recogida de basuras por ser festivo (como este caso) y se les ocurría dejar la bolsa en la puerta, ahí se quedaba hasta que al día siguiente por la noche la recogía el portero. Unas navidades incluso dejaron TODOS los cartones de TODOS los regalos de los nietos, que no se podía ni pasar de la escalera a nuestra puerta, y pese a que les llamé la atención, ahí siguieron todo el puente. Pero al menos eran cartones: la impresión que daban (encima esa noche vinieron a cenar mis suegros y tuvieron que apartarlos todos para pasar) era pésima, pero no olían mal.
A pesar de que había luz en su casa, llamé a la puerta varias veces y nadie me respondió, así que al final les pasé una nota por debajo de la puerta. La nota decía que dejar la bolsa con pescado podrido durante tres días era antihigiénico y que por favor, la bajasen al contenedor o daría parte a Sanidad. No la firmé, es cierto. Pero al día siguiente cuando salimos de camino a casa de mis padres la bolsa seguía ahí (daba arcadas cada vez que abrías la puerta) y oí como cuchicheaban al otro lado, así que llamé al timbre. No les quedó más narices que abrirme. Cuando les comenté que si no iban a bajar la bolsa al contenedor se me pusieron como fieras diciendo que si les había mandado un anónimo, que si patatín que si patatán. Pero ¿qué tonterías dices de anónimo, si ahora estoy dando la cara, gilipollas? Y si ayer no te dio la gana abrir, no me vengas con historias. En fin, malas caras, malos modos, y por supuesto, y a pesar de que el hijo, que pudo poco, pudo mucho, me dio con la puerta en las narices, aseguró que sí, que sí, que luego la bajaba al contenedor, cuando volvimos por la tarde la bolsa seguía ahí, apestando todo el rellano. Solo desapareció cuando la recogió el portero (porque según ellos, es que ese es su trabajo y para eso le pagan, va a ser que tiene que venir el hombre después de las uvas por capricho de unos guarros que se las dan de señoritos), dentro de su horario habitual de trabajo, por supuesto. Sobre todo seriedad.
En fin, un comienzo de año de lo más prometedor. A pesar de que me quejé a la Comunidad de Vecinos, me dijeron que poco se podía hacer, excepto comunicarles la queja. Pues que se la comuniquen, porque a partir de ahora y vista su actitud, cada vez que vea una bolsa suya en el rellano lo voy a pregonar a todo el vecindario. Aunque imagino que de poco servirá – a mí se me caería la cara de vergüenza, de hecho, si algún día saco la basura un poco tarde y me la encuentro al día siguiente en la puerta cuando voy a trabajar, me pongo como un tomate y la bajo corriedno al contenedor. Pero claro, hay gente que no sabe lo que es eso de la vergüenza. Ni el respeto, ni la educación. Aunque claro, a lo mejor tampoco saben lo que es un esternocleidomastoideo o un ornitorrinco. Vamos, que su coeficiente intelectual llega a dos cifras de pura casualidad. Si no no se explica…
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jueves, 26 de noviembre de 2009
CUENTO DE HADAS
Esto de recordar los sueños me va por temporadas y parece que ahora estamos en temporada cinematográfica. El sueño de hoy era hasta en Cinemascope y Technicolor. Y empezaba por todo lo alto, en una cordillera nevada (creo que eran los Andes), en la que yo iba tan alegremente de expedición por la nieve, donde me refugiaba en algún lugar indeterminado para ponerme a clasificar una colección de comics, no sé si mía o que me había encontrado, para ver cuántos tenía y cuantos me faltaban.
Tras este subrealista principio, tenemos fundido en negro y aparezco en una ciudad, probablemente Sevilla, dónde voy con Concha a buscar esos cómics que me faltan a una tienda. Tras rebuscar un rato encuentro dos de los Caballeros de la Mesa del Comedor que creo que no tengo, pero ¡horror! me he dejado la lista y sin ella las probabilidades de acabar (otra vez) con una colección de comics repetidos es tan alta que doy vueltas al ejemplar nerviosamente y ¡mira! en la contraportada yo misma he apuntado los títulos que me faltaban. ¡Pero qué lista que soy! Y definitivamente esos dos no los tengo, puesto que están ahí, aunque es triste que me los tenga que volver a comprar si, dada la prueba de la escritura, ya eran míos.Cuando salimos de la tienda empezamos a ver gente vestida con trajes medievales y Concha me dice que es que hay un rol en vivo en la ciudad. Me da mucha pena pensar que con todo lo que me he engordado últimamente mi precioso traje medieval se me ha quedado pequeño, si no me uniría a la fiesta, pero entonces veo que en las tiendas de la zona tienen expuestos preciosos trajes medievales de brocado o telas para hacerte el tuyo, y es que la tradición del rol en vivo por ahí, por lo visto, es grande (no, no debía ser Sevilla, después de todo). Tras salir de una zona antigua llena de arcos y portales, me encuentro sola otra vez, y esta vez llevo mi propio traje medieval de brocado verde (sospechosamente parecido, pienso ahora que estoy despierta, a la tapicería de mi sofá). Resulta que es mi traje de baturra, que sin accesorios queda muy bien de disfraz, y sólo me permito una bonita mantilla a juego, que cuando me la pongo me convierte en la princesa de un cuento de hadas que de pronto empiezo a ver en tercera persona.
La princesa en cuestión está en casa de un mago, el cual tiene un libro en el que todo lo que se escribe sucede de verdad. Es más, lo que se escribe (automáticamente) en el libro es lo que dice la princesa, así que la princesa tiene que tener cuidado de no mentir porque la mentira automáticamente se convertirá en realidad. El problema surge cuando vienen unos secuaces que quieren conseguir el libro a toda costa y empiezan a atosigarla. Ella empieza a decir que es la criada del mago, y cuando intentan arrancarle el pelo ella dice que lo tiene corto, así que de pronto su melena aparece cortada en el suelo y aunque ella no sufre ningún otro cambio sabe que ahora ya no es princesa sino la criada del mago.
Al final y dada la encrucijada se hacen con el libro y huyen, pero ella engaña a la vecina de abajo y le dice que los señores que bajan la escalera llevan un regalo para ella con lo que consigue que los detenga un rato y así ella gana tiempo para acorralarles y recuperar el libro. Entonces lo abre rápidamente (es como un album de fotos con las páginas negras) y arranca las últimas páginas en las que se han escrito los días pasados con el mago. Así ella vuelve a ser princesa y puede volver a su palacio, pero llevada por la curiosidad lee unas cuantas páginas más del libro, y cual es su sorpresa cuando ve que en el palacio la espera su padre con el que va a ser su marido (muy parecido a Fernando el Católico, por cierto), ya preparados y pertrechados para la boda y preocupados porque la novia no aparece.
En ese punto del complejo sueño me desperté, pero como aún era pronto pude echar una cabezada más en la que el sueño cambió completamente. Esta vez yo era la protagonista de “The Box” (la peli de Cameron Díaz que aún no he visto), y era a mí a quien ofrecían esa caja con un botón que, al pulsarlo, hacía que ocurrieran dos cosas simultáneamente: una, me daban un millón de dólares, y otra, una persona al azar en el mundo moría. En este caso en vez de Frank Langella era Max Von Sidow el que venía a ofrecérnosla, y aunque Josema estaba receloso, yo recordaba que ya la había tenido una vez y que no habíamos pulsado el botón ni una sola vez, así que ¿por qué no custodiarla de nuevo? Así sabríamos con seguridad que nadie más iba a hacer un mal uso de ella, ya que nosotros no la usaríamos, pero Josema no se fiaba, e imagino que con razón... esas cosas siempre tienen trampa... Sin embargo Max no se amilanaba y nos decía que por hablar no perdíamos nada, se metía en mi desordenada casa y se hacía sitio entre los kekos para sentarse en el salón... y ahí si que me desperté definitivamente para ir al trabajo...
martes, 3 de noviembre de 2009
DIOSES Y MONSTRUOS
Ya hemos vuelto del fin de semana, y Leo ya celebró su cumpleaños. Parece que los múltiplos de 5 tienen que ser especiales, cuando cumplió 5 nos lo llevamos a Disneyland Paris y ahora que ha cumplido 10, la escapada ha sido a Port Aventura. Que ambos parques tengan durante estos días temática de Halloween ayuda e incentiva.
Sé que hay quien está en contra de esta fiesta, por considerarla importada de Estados Unidos. Otros defienden que ya se celebraba en otros sitios. Ni tanto ni tan calvo: en prácticamente todas las culturas occidentales se ha celebrado de una u otra forma la noche del 31 de Octubre, como se ha celebrado la del 24 de diciembre o cualquier otro Solsticio o Equinoccio... Son fiestas relacionadas con los astros, con la cosecha, con el fin y el comienzo de las estaciones, y la única diferencia está en la forma de celebrarla. En España es una fecha triste, de luto, de ir al cementerio a acondicionar las lápidas de nuestros antepasados (alguna vez hay que hacerlo, así que está bien que haya una fecha que nos lo recuerde) y de ver Don Juan Tenorio por la noche en la TV. En México hacen fiestas coloristas que de niña me aterraban por estar llenas de esqueletos. Y en Estados Unidos disfrazan a sus niños y los mandan (en los barrios residenciales) a las casas de los vecinos a buscar chucherías bajo la amenaza de “¿Truco o trato?” Y digo yo, ¿tan malo es que a los niños españoles, hartos de ver el especial de Halloween de los Simpson en agosto, les apetezca hacer algo divertido para variar? Mientras no perdamos nuestras costumbres, yo no tengo ningún reparo en adoptar otras, siempre que aporten algo bueno y divertido a nuestras vidas. Como Papá Noel y los Reyes Magos: a mi casa, donde todo el mundo es bienvenido aunque no quepa demasiado bien, vienen los dos.
En cualquier caso, Leo no tiene la costumbre de disfrazarse para Halloween, pero para el año de Disneyland nos apuntamos a la fiesta nocturna y aunque no hubo “Truco o trato” nos disfrazamos los tres. Bueno, si a lo de Josema se le puede llamar disfraz (lo llames como lo llames, fue el que triunfó de los tres). Leo con un fantástico disfraz de Tiranosaurio que le compré en eBay para la ocasión. Yo con un disfraz de Maléfica, la mala de “La Bella Durmiente”, que mi maravillosa y ahora tristemente abandonada (en el email que no en mis pensamientos)
amiga Selenita me prestó, por correo desde San Sebastián, y que aunque un poco corto, me iba como un guante. Y Josema improvisó un disfraz atándose a la capucha del anorak (la noche era pelona de narices, todos llevábamos jerseys debajo del disfraz) un “facehugger” de peluche, de la película Alien, que yo le había regalado hacía poco (y que sinceramente no sé donde para ahora mismo). Como he dicho antes, triunfó, e incluso un pasajero de la atracción de Star Wars pidió (en broma, o eso creo) bajarse de la nave al verle con un “Mademoiselle, j’ai peur!”.
El caso es que este año no había fiesta de Disfraces (en Port Aventura no la hacen), pero a Leo le dio igual. Se le ocurrió una idea genial, y encima, me sugirió una a mí que además era facilísima de poner en práctica. Así que pasamos sábado y domingo en el parque, y el mismo sábado a las 6 de la tarde o así (me parecía un poco excesivo ir todo el día disfrazados) nos salimos al parking a por los disfraces y nos disfrazamos.
El de Leo es una pasada, ¿a que sí? Aunque, como me dijo mi tocaya y compañera de trabajo, los disfraces que elige mi hijo son para gente inteligente. Así, muchos le reconocieron, pero algun(a) gilipollas sin cerebro llegó a preguntar en voz alta si ese disfraz era de Cleopatra.
El mío... bueno, tuvo casi más éxito que el de Leo y la verdad es que dí unos cuantos sustos a la gente. Más sencillo imposible: peluca, kimono (abrochado al revés, por supuesto) y unos guantes del todo a 100. Hasta el Frankestein que encabezaba el desfile de La Parada de los Monstruos se detuvo a darme unas palmaditas en la espalda. Y es que acojonaba lo suyo, mi disfraz...
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jueves, 29 de octubre de 2009
¡VÉRTIGO!
Que Egipto es una de mis metas turísticas es un hecho. Y que como no pinta que vaya a ir en un tiempo (en verano hace mucho calor, y con Leo estudiando imposible ir en otra época), pues esta noche me he dado un paseito en sueños, que sale barato y no hay riesgo de pillar gastroenteritis.
La parte mala, claro, es que en los sueños pasan cosas absurdas. Y así, nos tocaba ir a visitar las pirámides en plena noche, que ya son ganas (debía ser noche de puertas abiertas, como hacen en algunos museos, ya se sabe...). Encima, el interior de la pirámide era un museo, que aunque contenía grabados y otros hallazgos arqueológicos, estaba decorado al estilo moderno, con paredes lisas y pintadas de blanco, lo cual le quitaba toda la posible autenticidad.
Tras pagar la entrada al egipcio de turno, entrábamos en una sala INMENSA, descomunal. Era como un cine vacío, solo que todo en blanco, con paredes lisas de cemento, y en un extremo, donde estaría la pantalla, unos bajorrelieves enormes rescatados sabe Dios de qué templo. Lo malo es que para observarlos en todo su esplendor nos hacían pasar por una pasarela en la pared opuesta, y lo peor de todo es que no sé por qué, en lugar de por la pasarela en sí, que era también de cemento pintado en blanco y llena de estatuas hieráticas de faraones varios, teníamos que bordearla por una pequeña cornisa, de no más de 10 cms. de ancho, situada como medio metro por debajo de la pasarela en sí y que daba al vacío de la sala a nuestra izquierda. Sin barandillas ni nada, además.
Curiosamente nadie tenía ningún problema: pasaban, algunos se paraban a mitad de camino a hacer fotos (sin flash, eso sí), simplemente reclinándose un poco hacia la superficie salvadora de la pasarela tras ellos, y nadie se caía ni se quejaba de la precariedad del pasaje. Pero cuando nos tocaba el turno a nosotros a mi me caía el sudor a goterones por la frente. A duras penas conseguía llegar a mitad de camino y admirar el bajo relieve (impresionante, sí, pero yo quería ver una pirámide por dentro, no un puñetero
museo modernizado!!!), pero ahí me bloqueaba y era completamente incapaz de dar un paso más. Josema me intentaba ayudar, me animaba a subirme aunque fuese a la plataforma si así me sentía más segura, pero es que las piernas no me respondían, y al final el pobre Josema tenía que tirar de mí y conseguir hacerme subir hasta la plataforma para llegar al otro lado. Creí que me moría.
Encima, la puerta al otro lado conducía a la cúspide de la pirámide. Pirámide que, a la luz de la luna, era blanca inmaculada, y tenía cuatro estilizadas estatuas (cruce entre estatua y obelisco) desde cuyo pedestal se podía admirar el panorama de El Cairo by Night.
El problema era que mi vértigo persistía, y aunque aquí me sentía más segura que en la plataforma, no lo estaba pasando nada bien. Josema se daba cuenta de mi desazón, y al final me obligaba a bajar y decía que se habían acabado las pirámides. Yo no quería, ¡ahora que por fín había podido visitar Egipto! Estaba dispuesta a sacrificarme y pasar vértigo, además tenía la esperanza de que otras pirámides no fueran así, sino que mantuviesen su estructura arqueológica original, que era, además, lo que yo quería ver, pero Josema fue tajante. Se acabaron las pirámides para mí. A partir de ahora visitaríamos cosas más tranquilitas.
Me desperté muy angustiada, la verdad. Aun me temblaban las piernas y no me terminaban de responder (creo que incluso había intentado moverlas en la vida real, por eso sentía la parálisis típica de los sueños), pero creo que lo que más me fastidiaba era pensar que mi propia debilidad había fastidiado algo que me hacía tanta ilusión.
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viernes, 11 de septiembre de 2009
MATRIMONIADAS
Y siguiendo con Praga, y otros recuerdos del viaje, enlazo a un tema al que llevo varios días dándole vueltas.
El caso es que en Praga, Radek, nuestro guía de una jornada, era muy dado a hacer las típicas bromas tipo “el matrimonio es un error”. Al enseñarnos la puerta del edificio que está justo al lado del famoso reloj astronómico, nos explicó que por ahí salían las parejas recien casadas, e hizo un chiste estúpido sobre que la gárgola triste era el novio, la sonriente la novia, y la que reía a carcajadas sobre el dintel, la suegra. Soltó una indirecta a una pareja joven y acaramelada en el grupo, que le cortaron al unísono enseñándole sus alianzas de boda y diciéndole muy sonrientes que era “too late” (debían estar de viaje de novios), y no era la primera vez que le daba vueltas al tema porque ya en Budapest habíamos visto unas camisetas con unos muñequitos vestidos con traje de novios (de nuevo él triste, ella sonriente) y con el texto “Game Over” en Budapest.
La verdad es que ese tipo de bromas acaban molestándome. Si tan malo fuera emparejarse, el ser humano no llevaría haciéndolo desde el principio de los tiempos. Si solo quisiéramos casarnos las mujeres, como dan siempre a entender en estas bromas pesadas, dado que durante décadas ha gobernado el hombre, no existiría el matrimonio. Ni hubiera habido matrimonios de conveniencia en los que rara vez elegía ella.
En realidad, supongo, esto enlaza con la misma tontería que da lugar a las despedidas de solter@ de las que hablé en su momento. Una incongruente relación del matrimonio con la falta de libertad, a la que en realidad, si es que se ha hecho, se ha renunciado ya con el noviazgo, con la elección de una persona con la que compartir la vida (o al menos, una parte de la misma, hasta que se cansen y se separen). Elección que, en realidad, hoy en día, se ha hecho con esa libertad a la que dicen que renuncian... En fin, que en el fondo, es una chorrada y un “estaban verdes” por parte de los amigos solteros, que siguen con las ganas...
Sobre todo, cuando recuerdo alguno de los resultados de mi tesis doctoral (con el sugerente título de “Problemática social y patología psiquiátrica en la población anciana de Zaragoza”, o algo similar...): la depresión es mucho más frecuente en las mujeres casadas que en las solteras, mientras que los hombres casados son felices, y tienen a deprimirse con más frecuencia cuando se quedan viudo o solterones. Es un hecho estadísticamente significativo, que conste en acta.
La explicación, en realidad, es sencilla, y como mujer casada que soy, la llevo sufriendo en mi carne varios años. La mujer casada, todavía hoy, se ve obligada a cuidar de su marido y sus hijos, de la casa y, si trabaja, del trabajo. Siempre se tiene la sensación de que cuando algo falla es culpa tuya, y a menudo tienes que dejar a un lado tus intereses personales por los de tu familia. ¡Cuántas veces habré estado haciendo algo, lo que sea, sin pedir ayuda a nadie, y he tenido que dejarlo porque por un lado Leo me pide ayuda con la tele, los deberes o simplemente para sacarle algún juguete de un armario inaccesible, y por el otro Josema me pide que le ayude a elegir una compra, a buscar algo que no encuentra o simplemente, para que le diga que hora es!
Que sí, que a muchas mujeres nos hace mucha ilusión eso de casarnos, la boda, ser princesa por un día y el “Vivieron felices para siempre” que nos han hecho creer en los cuentos de hadas. Pero no. El cuento, la aventura, el culebrón, empieza siempre después.
Y, ojo, que no digo que no sea maravilloso, que lo es. Pero como buena aventura, hay momentos en que estás al borde del abismo y te preguntas por qué demonios te tuviste que meter en semejante berenjenal, y es sólo cuando llegas al tesoro (una mirada de los ojos grises de tu hijo, un abrazo en el momento oportuno de tu marido) cuando te das cuenta de que sortear los dardos envenenados de los Hovitos o superar las pruebas de fe para llegar al Santo Grial han merecido la pena.
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jueves, 3 de septiembre de 2009
SI NO ESTÁ EN INTERNET, NO EXISTE (2)
No es la primera vez que digo eso, y a las pruebas me remito. Internet me ha permitido recuperar cosas que daba por perdidas, ver fotos de cosas que nadie creía que existían o volver a escuchar canciones o ver videos del año de la polka que pensaba que no conocía más que yo. Hasta descubrir que una serie checa, Arabela, que echaron cuando yo era cría en la TV y que pensaba que nadie recordaba, tiene montones de fans a su alrededor, y hasta un grupo en facebook clamando por su edición en DVD en otros idiomas aparte del checo (en el que ya existe una recopilación, todo sea dicho).
Pues bien, hablando de la Republica Checa, cuando estuvimos en Praga la víspera de mi cumpleaños, vimos en una tienda de marionetas a una chica haciendo bailar a un Pinocho al ritmo del Can’t Touch This de M.C. Hammer. Se formó un corro impresionante, todos aplaudimos cuando terminó, y sentí enormemente no haberme llevado una cámara de video para filmarlo. Pero no éramos los únicos viéndolo, y otra gente sí llevaba cámaras de video, o de fotos capaces de hacer video, o incluso móviles, y como Josema me dijo, seguro que no tardaban mucho en subirlo a Youtube.
Como es lógico, ese no fue el único día que la talentosa tendera hizo bailar a Pinocho, ni la única canción, así que hay como mil Pinochos de Praga bailando en Youtube. Pero el que nosotros vimos fue este:
Bueno, vale. No fue este, lo llevaba una chica y aquí es un chico. Pero por lo demás, fue lo mismo. Pero si quereis ver más, seguid los enlaces...
domingo, 30 de agosto de 2009
¿QUÉ ES LA PAZ?
Una de las ventajas (o desventajas) de cumplir años en Agosto es que a menudo me pilla de vacaciones en algún sitio fuera de mi ciudad. En este caso, nos ha pillado volviendo de nuestro viaje: desayuno en Praga, carretera y manta, y pausa en Nuremberg para comer, y, de paso, visitar el casco histórico de esta preciosa y no tan conocida ciudad alemana.
En realidad para mí Nuremberg no es una completa desconocida, dado que he tenido familia allí (creo que ahora se han desperdigado por otros lugares del mundo, pero hace unos años todavía se les podía localizar en dicha ciudad). Así que años ha, aprovechando otro viaje de verano, les hicimos una visita, y ya me llevé la misma sensación que me he llevado ahora.
derribados por los suelos, a inocentes que pagan las deudas de los errores cometidos por sus gobernantes, y una pregunta, una pregunta que te pone un nudo en la garganta:¿Qué es la paz?
¿Acaso es pasear entre las ruinas sin miedo a la caída de las bombas?
Recuerdo haber sentido algo parecido (incluso más intenso) cuando visitamos Hiroshima en 2007. El parque de la Paz, hermoso, apacible, relajante, está plagado de pequeños monumentos que te ponen los pelos de punta. No sólo el de la niña Sadako, cuya historia es quizás la más conocida, sino también ese monumento a la madre en la tormenta, intentando salvar de forma imposible a sus hijos del viento nuclear.
O ese monumento a las niñas de un colegio, que se encontraban precisamente allí haciendo un simulacro cuando estalló la bomba. Y no sabes qué te afecta más, si el hecho de que murieran allí todas esas vidas inocentes, o que los Estado Unidenses (sí, de nuevo ellos) prohibieran al gobierno japonés utilizar las palabras Bomba Atómica en los monumentos a sus víctmas, por lo que tuvieron que esconderla bajo la fórmula e=mc2 (formas curiosas de eludir la censura, como aquella ingeniosa conmemoración española de los “25 años de Paz y Ciencia”, auténtica, de la que existen sellos y todo).
Me parece muy bien que la historia la escribran los vencedores, y estoy de acuerdo en que durante la Segunda Guerra Mundial, la ideología Nazi era moralmente nefasta y Hitler era el malo de la película, pero de algún modo, no puedo evitar indignarme al pensar en que Nuremberg no sólo era el lugar dónde Hitler daba sus discursos. Era también una ciudad, con sus gentes, sus trabajadores que madrugaban todos los días, sus niños que iban al colegio. Gente a quien Hitler ni les iba ni les venía, simplemente les cayó encima como otro gobernante más, y que pagaron, sí, pagaron muy caro, y sobre todo, por parte de un país que se inmiscuyó en la guerra sin que le afectará lo más mínimo (y que ahora aún llora la destrucción, ínfima en comparación, aunque una sola vida humana ya sea una pérdida incalculable, de sus torres gemelas), con sus vidas, sus hogares, su historia y su cultura.Y me entran ganas de llorar, y me avergüenzo del género humano.
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miércoles, 26 de agosto de 2009
FENÓMENOS MÁGICOS
A menudo me debato entre la racionalización más lógica y la fantasía más desbordante. Una parte de mí analiza todo y duda hasta de la persistencia del alma tras la muerte porque científicamente me resulta inconcebible, y otra parte de mí cree en las hadas (dicen que si dejas de creer en ellas, muere una, y no pienso tener ese cargo en mi conciencia) y tiene auténtico pavor a los fantasmas. Qué quereis que le haga, soy incongruente y bipolar, como tanta gente.
No sé si mi vida ha sido más o menos interesante que la de otras personas, pero he vivido algunos momentos que me hacen replantearme la parte racional, la parte científica y lógica a lo Mr. Spock que es él único rasgo que reconozco en mi de lo que dicen debería ser mi signo del Zodíaco, Virgo. No es que muchos de ellos no tengan explicación científica, que la tienen, pero esos momentos te hacen creer en la magia, de alguna forma.
Hace muchos años, no recuerdo exactamente la fecha, pero debió de ser a principios de los 80, me fui de campamentos con mi grupo de Guías y con mi entonces inseparable y siempre muy querida prima Marga. Aguantamos hasta la visita de los padres – cuando normalmente los campamentos eran momentos de alegría, diversión y cierta independencia de la familia, ese año no sé en que fallaron que, pese a tenernos la una a la otra, mi prima y yo decidimos que no queríamos seguir allí. Así que cuando vinieron mis padres y mis tíos con la caravana y una tienda de campaña de repuesto para pasar el fin de semana con nosotras, directamente hicimos el equipaje, abandonamos el campamento y nos fuimos a pasar la noche con ellos.
Era verano, Junio o Julio, si mal no recuerdo, y creo que llovió, incluso nevó un poco esa noche (las noches en el Pirineo siempre son frías). Al estar con nuestros padres, nos permitimos el lujo de trasnochar y ver las estrellas. Y aquella noche, de luna llena, un arco iris de color blanco cruzó el cielo y nos dejó sin habla.
Podría creer que lo he soñado, pero todos mis familiares allí presentes recuerdan aquel arco iris (técnicamente, no es iris, pero en fin) igual que yo. Y en realidad, tampoco es un fenómeno mágico, aunque nos lo pareciera, sino que parece ser que a veces, en determinadas condiciones atmosféricas, se puede dar. Nos dio igual. Para nosotros, aquello fue una especie de magia.
Recuerdo otro momento similar, en la Bretaña Francesa, en la pequeña localidad de Huelgoat. Bretaña está llena de mitos y leyendas, que por cierto los ingleses han conseguido hacer suyas (parece ser que el mito del Rey Arturo nació allí, y no en la Inglaterra romana como nos quieren hacer creer), y pasamos un verano descubriendo esa parte de la mitología y recorriendo lugares en los que podías respirar la magia de Merlín.
Se supone que en Huelgoat, zona cubierta de enormes rocas de aspecto extraño y rodeada de verdes colinas y lagos, se esconde la tumba del Rey Arturo; o mejor dicho, la gruta dónde reposa hasta que vuelva a ser necesitado y despierte a la vida de nuevo. Llegamos al atardecer, así que poco pudimos explorar, pero tras recorrer rocas y parajes en sombras durante un rato, decidimos parar a cenar una deliciosa crepe en un pequeño café a la orilla del lago. El sol se estaba poniendo, y a la luz rojiza se levantó una suave niebla del lago. La sensación era tan irreal que no nos hubiera sorprendido ver salir a la Dama del Lago de sus aguas.
Cuando recuerdo aquel momento, no puedo evitar volver a recordar esa cita de “La Historiadora” que transcribí en esta entrada. Me muero por volver a la Bretaña, pero seguro, segurísimo, que no volveré a ese mismo Huelgoat mágico.
Este año, mientras recorríamos Centro Europa, me ha venido a la cabeza un recuerdo extraño, confuso, que no sé si es cierto o si lo soñé. Una parte de mí quiere recordar que en Galicia ví el Rayo Verde. El Rayo Verde lo conocí a través de la adaptación al comic de la novela homónima de Julio Verne, y me pareció algo tan mágico y tan hermoso, pese a que según Verne era un fenómeno atmosférico con explicación científica, que lo he llevado siempre clavado de algún modo en mi corazón. Por eso me sorprende no recordar con claridad si lo vi o no. Me parece recordarme obsevando la puesta de sol en alguna de nuestras rutas, cerca de Vigo, y de pronto haber visto el destello, pero en ese caso, ¿por qué no lo recuerdo con tanta claridad como el arco iris blanco o la niebla de Huelgoat? ¿Quizás en realidad lo soñé? No lo sé, y no creáis que no me fastidia.
De lo que no tengo ninguna duda es de lo que he visto hoy en Budapest. No sé lo que era, pero sé lo que he visto.
Íbamos caminando por la que quizás es la calle más turística de esta ciduad, la Vaci Utca, calle peatonal llena de tiendas y de turistas, ya casi al final, donde se cruza con la avenida que va a dar al puente de Elzebeth. De pronto oí el revolotear de un insecto, un sonido extrañamente fuerte, como de un insecto de alas muy poderosas. Mi fobia a los insectos me puso en guardia y mi curiosidad me hizo volverme, y vi un insecto (o eso me pareció al principio) bastante grande que se elevaba con cierta lentitud. Me pregunté qué insecto sería: nunca había visto uno tan grande ni tan raro. Tenía alas como de libélula, pero no volaba en posición horizontal, como una libélula normal (y NO tenía forma de libélula, para nada), sino ligeramente en diagonal, como las mariposas. Era grande, como digo, el cuerpo parecía medir unos 4 cms de largo y las alas, transparentes sobresalían otro tanto.
La curiosidad venció a mi repugnancia y me fijé un poco más mientras lo veía elevarse. El cuerpo, de color gris oscuro, era extraño. No lo pude ver con detenimento, y sólo a posteriori me di cuenta de que tenía una extraña forma humanoide. No era exactamente humana, entendedme... era más bien como el hada insectoide que aparece en “El Laberinto del Fauno”, con la parte infrerior del cuerpo muy delgada que acababa en un par de filamentos que parecían zapatitos.
Lo que quiera que fuese aquello terminó de elevarse y se perdió muy alto por encima de mi cabeza. Fue real, MUY real, y sinceramente, no sé lo que era. Mi parte mágica quiere creer que efectivamente, era un hada. Mi parte racional dice que seguramente era algún insecto que desconozco. ¿Con qué versión os quedáis vosotros?
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lunes, 17 de agosto de 2009
EL CASTILLO MÁS BONITO DEL MUNDO
Primera etapa de nuestro viaje. Hay pocos lugares a los que les pueda dar un calificativo así sin dudarlo, pero creo que en este caso es apropiado. El castillo de Neuschwanstein, en la Baviera alemana, es, sin lugar a dudas, el castillo más bonito del mundo. Y no sólo por su arquitectura en sí, digna de Disneylandia, sino también por el entorno.
Sobran las palabras.
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domingo, 12 de julio de 2009
A TRAVÉS DE SUS OJOS
Cuando estaba embarazada, y con mi miedo perenne a la mortalidad, me preguntaba como sería tener un hijo, si sentiría algo especial, si, incluso (y eso sería rizar el rizo) de alguna forma mi consciencia se transmitiría a su cuerpo cuando el naciera. Sé que es una idea extraña, pero teniendo en cuenta las neuras que tengo sobre que pasará conmigo – con esa parte de mí que sabe que yo soy yo – una vez me muera, la idea de pasarsela a mi hijo a través del vientre materno no me parecía tan descabellada.
Por supuesto, eso no ocurrió, yo sigo encerrada en esa parte de mi cerebro que está detrás de mis ojos y Leo es, como debe ser, un ente independiente con vida, voluntad y personalidad propias que si algo se llevó consigo, a parte de la mitad de mi ADN y 9 meses de compartir sustancias a través de mi sangre, es esa conexión amorosa que digo siempre que me parece casi antinatural, hasta el punto que creo que tiene que ser algo bioquímico o algo, porque no me parece normal quererle tanto que me duela, y sentir que daría mi vida por salvar la suya.
El caso es que la otra semana Leo se fue de vacaciones con sus abuelos a Moscú y San Petersburgo. Los días previos fueron una tortura para mí, no conseguía hacerme a la idea de que durante una semana iba a estar a casi 4000 kms. de mí, aunque fuese a estar en buenas manos. Curiosamente, una vez se marchó, tras dejarles en el aeropuerto, se me pasaron todas las preocupaciones – también es cierto que me mantuve ocupada: quedada muñequil en Madrid con gente maravillosa, quedada al día siguiente en Guadalajara con la gente de la Aldea Rolera, igual de maravillosa, y luego la semana de trabajo en el hospital, y trabajo en casa preparando las cosas para la reforma del baño en la que nos embarcamos la semana que viene.
Llegamos al sábado día 4 en un pis pas, y tras pasar el día en Madrid de compras (y encontrarnos sin querer en medio mismo de la manifestación del Orgullo Gay) y recoger a la familia en el aeropuerto a las intempestivas 2 de la madrugada, volvía a tener a mi no tan pequeñajo en casa y me sentía de nuevo completa.
Luego vino, por supuesto, el visionado de fotos y la narración de anécdotas, y por un momento empecé a morirme de envidia y a pensar en lo mucho que me habría gustado estar allí... Pero poco a poco empecé a tener la sensación de que realmente había estado, de que lo había visto.
A reconocer Moscú en videos musicales como el de Rasputin de Boney M, que le intenté poner a Leo hablando de dicho personaje en el coche (al sonar la canción en M80). Y entonces me dí cuenta de que había estado allí. De que al fin y al cabo, hay un trocito de mí en Leo. Y ese trocito de mí había estado con él en Moscú y San Petersburgo.
Y las había visto a través de sus ojos.
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