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miércoles, 24 de septiembre de 2014

"MUCHOS ESPÍAS KLINGON HAN MUERTO PARA CONSEGUIR ESTA INFORMACIÓN..."

Día random, situación rándom en la que venía más o menos a cuento (no me preguntéis por qué, tengo memoria de pez) la frase de Star Wars "Muchos espías Bothan han muerto para conseguir esta información".

El caso es que no me acordaba de la raza de los espías (tengo memoria de pez, ¿lo había dicho antes?). Soy muy fan de Star Wars, pero no soy una enciclopedia de las muchas razas/nacionalidades/lo que sea que se nombraban en la peli. Así que, como digo, no me acordaba. Pero el momento era el momento, y si no soltaba la frase entonces, ya no tendría gracia.

Así que en vez de Bothan, dije Klingon.

Sabía perfectamente lo que decía. Pero es que me parecía que sonaba bien y que tenía gracia, además de la frikada de mezclar los dos universos. Y funcionó, porque a Josema le hizo tanta gracia que hasta lo puso en su facebook.

"Muchos espías Klingon han muerto para conseguir esta información".

El caso es que hoy los he encontrado. Miradlos, qué bonicos ellos.


Todos unos artistas de la infiltración. Me pregunto qué pudo haber fallado...

jueves, 7 de noviembre de 2013

ANGUSTIAS DE MADRE



El pasado martes Leo salió muy tarde del colegio.

De hecho, a los 10 minutos de la hora de salida, recibí una llamada de su padre, que había ido a buscarle, y estaba nervioso por motivos de trabajo, preguntándome si yo sabía algo de ese retraso. Obviamente yo no tenía ni idea, y me dejó preocupada. Aún así le dije “Pregunta en el colegio, ellos te dirán si ha pasado algo”

A la media hora y visto que no volvían ni padre ni hijo, les llamé por teléfono. Lo cogió Leo, con lo cual ya me quedé más tranquila. Estaban juntos.

A la vuelta, bastante más tarde que de costumbre, se aclaró el enigma: la taquilla de María, una de las mejores amigas de Leo (a veces nos preguntamos si algo más) se había estropeado, y él, como buen caballero de brillante armadura, se había quedado a ayudarla. Como consecuencia, María había perdido el autobús, así que Josema la llevó también a su casa. Y eso lo explicaba todo.

Pero esos momentos de incertidumbre debieron hacer mella en mí… porque esta noche he soñado que nunca salió del colegio.

Que habíamos ido a esperarle y ahí no estaba.

Y que había pasado un día y seguíamos sin saber nada de él.

Y ese segundo día me daba cuenta de la magnitud del problema y empezaba a asustarme y a angustiarme.

Hasta que de pronto he abierto los ojos, y me he dado cuenta de que Leo estaba durmiendo plácidamente en su cama… y he respirado de alivio… y me he vuelto a dormir.

Pero j*d*r, qué mal rato!!!!

lunes, 19 de abril de 2010

LA VIDA ES JUEGO

Siempre he sido un poco reticente a dejar que según qué novedades tecnológicas entren en casa, y no tanto porque dude de su utilidad o porque no me gusten, sino porque sé que me van a complicar la vida. Cuando salieron los teléfonos móviles me resistí como una cosaca ya que, sí bastante odio le tengo al teléfono fijo y a que la gente se meta en mi vida de un timbrazo cuando estoy en mi casa, aún peor llevar ese incordio a cuestas fuera de casa y tener que estar constantemente localizada. Por supuesto, caímos en cuanto Josema tuvo que irse a trabajar a Madrid y ahora ya hay tres en casa (el mío particular, el suyo particular, y el suyo del trabajo). Y por supuesto, como imaginaba (no había que ser muy listo para hacerlo de todos modos), nos ha complicado más la vida, la gente se enfada si no lo llevas conectado o te lo has dejado en casa, y por supuesto, siempre suena en los momentos más inoportunos. Pero admito que las ventajas que tiene, sobre todo en los viajes (se acabó buscar una cabina cada vez que llegas a destino y que encima ésta esté ocupada o no funcione) superan a las desventajas…

Luego estuvo internet, que en este caso me parece uno de los mejores inventos del siglo (en realidad, tanto internet como los teléfonos móviles me parecen las dos grandes revoluciones del siglo XXI, las que han cambiado el mundo, y no el viaje espacial como soñaban nuestros abuelos), y que me encanta, pero que durante mucho tiempo intenté restringir al ámbito del trabajo porque sabía perfectamente que me iba a robar todo el tiempo libre disponible en cuanto la instalase en casa. Como así ha sido. O las cámaras digitales, que para mí, sólo han conseguido desbancar a las cámaras tradicionales en la comodidad de uso (eso de poder hacer mil fotos en una tarjeta, y verlas una vez hechas), pero que pienso que dificilmente mejorarán la calidad de las fotos sobre papel, y que además te fuerzan a verlas en un dispositivo o a gastar tinta de la impresora para imprimirlas (aún no he conseguido entender que ventaja tiene una reflex digital con una digital normal, si en ambas ves exactamente lo que fotografías).

Pero quizás el artilugio al que más tiempo me resistí, fueron las consolas de videojuegos. En primer lugar, nunca he sido de jugar a juegos de ordenador. Me pongo muy nerviosa, sobre todo con los juegos en los que o matas, o te matan, y me hago un lío con los mandos, así que no me gusta nada jugar. La única excepción son los juegos de puzzles o diálogos en los que puedo pensar la respuesta el tiempo que quiera (y tienen pocos mandos), como Hotel Dusk, el único juego que me he pasado yo enterito y sin ayuda. Sin embargo, siempre he sido, soy y sere una friki de ver jugar. Recuerdo viejos tiempos en los que nos quedabamos hasta las tantas en casa de nuestro amigo Miguel Ángel viéndole pasarse enteros juegos como el Full Throttle de Lucas Arts, o la noche que él mismo se pasó entero en mi viejo Mac el clásico Dragon’s Lair (con dibujos de Don Bluth). Era (es) como ver una película interactiva.

De nuevo la cosa cambió cuando Leo estuvo enfermo, y sus abuelos le compraron la PS2 para hacerle más llevadera su larga estancia en el hospital. A pesar del tiempo que me pegué dándole largas, al final la consola entró en casa. Que fue hija única durante un año largo, hasta que a la vuelta de Japón, tras recorrernos todos los centros Pokémon del itinerario, cayó una Nintendo DS. Y para la comunión, aunque yo no le veía ninguna mejora sobre lo que ya teníamos, la Wii. Josema se apuntó al carro y no recuerdo si en un aniversario o un cumpleaños le regalé la PSP amarilla de los Simpson. Así que finalmente, las navidades pasadas, Leo consiguió la mejorada PS3 (ahora lo que necesitamos es una tele en la que sacarle partido, porque la verdad es que en nuestra vieja Sony de la lista de bodas – hey, hoy hace 13 años!! – apenas se leen las letras), y a estas alturas ya solo nos falta la Xbox (eso sin contar un par más de DSs y otra PSP para que Leo juegue al Invizimals con sus compañeros de clase). A la que Josema ya le tiene echado el ojo, por cierto. Está visto que con estas cosas, cuando haces pop!, ya no hay stop…

PhotobucketTengo que admitir que no me arrepiento de que hayan entrado en casa. En general no nos han robado mucho tiempo, y me han permitido vivir, junto con Josema y Leo, aventuras como las de Lara Croft (a quien ya le he dedicado un par de entradas) o el último Principe de Persia, que me gustó tanto visualmente que ya tiene versión en resina en casa. A veces, hasta me fastidia que una historia, como el Assassin's Creed, se quede a medias por falta de interés del jugador, porque es como si me dejasen la película a medias. Cuando me dicen que van a jugar a uno de esos juegos, corro al sofá y me quedo mirando la tele como no han conseguido películas ni series (con honrosas y escasas excepciones como Mujeres Desesperadas).

Lo que no esperaba era acabar enganchada, como nos hemos enganchado últimamente, a un nuevo videojuego, en este caso de rol, el Dragon age: Origins. Que fue un juego que Leo le regaló a su padre para el 19 de Marzo (qué graciosos estábamos, los dos en la FNAC con el videojuego escondido para que no nos lo viese a la hora de pagar, que si nos llega a ver algún dependiente se cree que lo estamos robando, para que a la larga en la caja se descubra el pastel y el pobre Josema se vea azorado y sin saber que decir ante la iniciativa de su hijo). Que todos teníamos nuestras reticencias: Josema llevaba bastante tiempo dedicando una tarde a la semana, en uno de los PCs de mis padres (en casa usamos Mac) a jugar al juego aleman Drakensang, de temática similar, y temíamos que este no le llegase a la suela del zapato. Que además, ya en la portada, anunciaba una orgía de sangre para mayores de 18 años.

Y fue estrenarlo y vernos, los tres, enganchados a la pantalla del televisor, viviendo con Josema (a los mandos) las aventuras de su elfa Lyna (claro caso de desdoblamiento pejotil), disfrutando sobre todo de las conversaciones, en general ingeniosas, y las interrelaciones con unos personajes sorprendentemente bien creados. Bromeando incluso con ligarnos a alguno de ellos… hasta que hacia el final del juego descubres que puedes hacerlo… Sintiéndonos incluso abrumados cuando de pronto nos vemos abocados a elegir, entre el apuesto, un poco tímido, y heroico guerrero humano (quien tiene hasta club de fans y todo), o el amoral, morboso, atractivo irredento Don Juan (¡si incluso tiene acento español, aunque el juego esté integramente hablado en inglés!) del asesino elfo…*

En fin, que de pronto me veo que un juego, un simple videojuego, que ni siquiera tiene una gran animación ni una historia superoriginal, está empezando a remover mis emociones como en su día hacían las buenas partidas de rol (no os podeis imaginar lo nerviosa que me fui a la cama la noche en que llegamos al punto en que uno de los dos PNJs se declaró a nuestro personaje…), y hasta nos hemos lanzado, tanto Leo como yo, a crearnos nuestros propios personajes para poder explorar otras opciones de la historia (entre otras, en el caso de Leo, la de llevar un personaje masculino).

Algo especial tiene que tener, de todos modos, cuando me encuentro con las voces del inefable Tim Curry y Claudia Black (de la fabulosa e imprescindible serie de TV Farscape) en el reparto. Y más aún cuando termino mi parte de introducción y resulta que tengo en mi equipo un traje de novia (ni que me hubieran diseñado la partida a medida, la verdad), aunque sea un traje feo, que no tiene nada que ver con los que a mí me gustan (el diseñador de trajes femeninos de ese videojuego no entiende precisamente del tema, no)…Y me acuerdo de aquel viejo anuncio de la PlayStation, aquel fantástico slogan que siempre relacioné, más que con los videojuegos, con los juegos de rol de toda la vida:

Al verme, jamás pensarías que he dirigido ejércitos, y conquistado mundos. Y aunque para lograrlo he dejado a un lado la moralidad, no me arrepiento. Porque aunque he llevado una doble vida al menos puedo decir…
… que he vivido.




* En este punto acabé forzándole a elegir al humano, y es que siempre he sido de las que se quedan con el buenazo inocente, por mucho morbo que digan que a las chicas nos dan los canallas amorales. Siempre fui de las que prefieren a Luke Skywalker antes que a Han Solo. Y por lo que veo, no soy la única.

Nota 2: Las imágenes de los maromos de torso desnudo, para las viciosillas que ya os estáis preguntando de dónde han salido, no son del videojuego (los gráficos no tienen ni de lejos esa calidad), pero sí representan a esos personajes, el humano, Alistair, a la izquierda, y el elfo, Zevran a la derecha, y están sacados de este magnífico Deviantart.

miércoles, 27 de enero de 2010

AMULETOS, KARMA Y SUPERSTICIONES VARIAS

Hace la tira de años, allá por principios de los 90, y a raíz de nuestra primera escapada al Salón del Cómic de Barcelona, Josema y yo descubrimos que había un Salón del Cómic en Charleroi, ciudad de Bélgica poco conocida a nivel turístico que ahora se ha hecho famosa por ser donde te dejan los aviones de la Ryan Air, pero que por aquel entonces sólo conseguía rivalizar con sus hermosas hermanas por el Salón que intentaba promocionar (hoy en día aún se vende a sí misma como capital belga del cómic). Como yo entonces me apuntaba a un bombardeo, y con la excusa del concurso internacional de cómic que organizaban y en el que participé dos o tres veces con tristes resultados – para qué negarlo (al menos Josema llego a ganar como guionista con su talentoso amigo Oscar Royo, aunque lo único que consiguieran fuese la publicación de un álbum con el primer capítulo de un proyecto que no llegó a terminarse nunca), en dos de sus ediciones me lié la manta a la cabeza y me fui, petate en mano, 20 y pocos años y mucha libertad y ganas de ver mundo, yo solita en tren a pasar el fin de semana en Charleroi codeándome con grandes del cómic como De Groot, quien me “adoptó” en una de las ediciones intentando animarme a seguir adelante y a llegar a publicar mis tristes proyectos.

Ambos años, en la efervescencia del comienzo del noviazgo con Josema, lo que más me dolió fue el irme sin él (no tanto como el ir sola) y no tenerle a mi lado, cosa que él suplió con cartas para que las leyese por el camino y hasta cintas de cassete que me grababa para que las escuchase en el tren.

El primer año, además, me regaló un caballito de plástico negro, pequeñísimo, que no sé de dónde lo sacó, pero que me dijo con todo cariño: “Te traerá suerte”. Yo llevaba el caballito en el bolsillo como la casi niña que era, aferrada a él como si me hubiera dado un anillo de diamantes.

Ese primer año yo estaba obsesionada con conocer a mi dibujante favorito belga de todos los tiempos, Peyo, el creador de “Los Pitufos”. Irracionalmente pensaba que si él era belga, y el salón era en Bélgica, él tenía que estar allí por narices, aunque obviamente no tenía por que ser así. Pero yo, cabezota, no hacía más que preguntar en el stand de la semidesconocida editorial que ahora tenía la licencia para publicar los pitufos, y ellos me daban largas con un “no lo sabemos, pero igual viene mañana”…

Al final, quizás a uno de los chicos le di pena, o le caí bien, o simplemente estaba hasta los mismísimos de mi, porque me dijo confidencialmente que esa tarde Peyo iba a estar en la “mediatheque”, un local donde había una exposición de originales suyos. La verdad es que ahora lo pienso y tuve una suerte loca, porque ni siquiera sabía que existía esa exposición, y probablemente si no hubiera existido, Peyo ni se hubiera pasado por ahí. Pero una combinación de conjunciones astrales, mi buena estrella habitual, un extraño sexto sentido y mucha, mucha potra se aliaron a mi favor para que Peyo estuviera en el mismo Salón del Cómic que yo.

Lo demás fue pan comido. Me planté allí una hora antes, la única fan histérica, curiosamente, que estaba allí (quizás nadie más lo sabía, quizás a nadie más le importaba). Cuando vino Peyo, me mezclé entre los periodistas, me presenté, le dije que era fan de Johan y Pirluit (a lo que él me dijo que quizás debía hablar con su esposa, allí presente) y conseguí que me dibujase una cabecita de Pirluit que atesoro como oro en paño. PhotobucketMe dio la mano (sí, me la he vuelto a lavar desde entonces, que conste…) y se metió en la exposición. Ahora creo sinceramente que cuando me señaló a su mujer me estaba diciendo claramente que mientras a él le estaban distrayendo los periodistas, me acercase yo a hablar con ella, pero en ese momento solo pensé “¡Tengo un dibujo de Peyo!”, y ante las sonrisas de los empleados de la Mediateca que siguieron mi odisea, me fui flotando en mi nube. Siempre he sido muy estúpida para esas cosas, como cuando la esposa de Moebius se interesó por las BJDs y nos dio su tarjeta, o cuando Neil Gaiman contestó a mi primer correo electrónico y yo ya no supe que más preguntarle. Tampoco soy avariciosa. Tuve mi pequeño momento de gloria, ya no necesitaba más.

Cuando salí de la Mediateca me eché la mano al bolsillo y vi que el caballito de plástico se había perdido. Me puse muy triste, y cuando esa noche hablé por teléfono con Josema, entre todas las emociones del día se lo conté apesadumbrada. Él intentó animarme con un “no tiene importancia, no tenía valor”… pero luego añadió “Mira, era un caballo-demonio de la suerte cargado con una sola carga. Una vez la ha gastado, ha desaparecido. Es normal”.

Llamadme supersticiosa, pero me quedé con esa respuesta. De hecho, a veces, estoy convencida de que el destino, el karma, o como quiera que le llamen, va por ahí. Como comenté la otra vez, mi nuevo puesto de trabajo me ha costado varios amuletos… Me refiero con ello a que tengo comprobado que cuando pierdo algún pequeño objeto al que le tengo cariño (como los angelitos de cristal que se me rompieron para Navidad, o mi amuleto japonés que se me ha perdido ya tres veces, y que la tercera, esta semana, ha sido la definitiva – a cambio de conseguir un muñeco de colección que daba por imposible), o cuando tengo que pagar un dinero inesperado como una multa o un paquete de aduanas que me retienen y no hay forma de justificar por un valor inferior, o me roban la cartera como este verano pasado… Cuando me pasa una de esas cosas, es porque va a pasar algo bueno a cambio: se soluciona un problema del trabajo, consigo algo que hace tiempo que quería conseguir, o simplemente volvemos sanos y salvos de un viaje o, como cuando Josema aprobó su proyecto de Fin de Carrera (ese mismo día me clavaron una multa por ir a 70 por la recién inaugurada prolongación de la calle Gómez Laguna, diseñada para correr pero con limite de 50), salvamos un escollo que parecía imposible de salvar…

Hasta cuando Leo, hace unas semanas, dio por perdido su escarabajo de la suerte de la Expo, ese que le regalaron en el Pabellón de Egipto por reconocer a Anubis entre todas las figuritas que allí vendían, y que llevaba al cuello como un pequeño tesoro, utilicé ese argumento para animarle. Por supuesto, no le ayudó mucho. Para él ese escarabajo era especial y que su “carga” de suerte se hubiera gastado no le servía de mucho, y cuando al final lo encontró enredado en el pantalón, la verdad es que decidió dejar de llevarlo “por si acaso”.

Quizás sea una superstición, o un consuelo, o un simple “estaban verdes”, pero al menos me consuela pensar que todo lo malo, por poco malo que sea (aunque emocionalmente me ponga triste), va a conllevar algo infinitamente mejor a cambio. Lo mejor es que, normalmente, ocurre.

viernes, 13 de noviembre de 2009

QUIERO Y NO PUEDO

Quiero modificar la cabeza de una BJD (el Nanuri de Fairyland) para que su expresión se parezca a la de otra (el Bada de Ninodoll). Parece tan fácil... cerrarle un poco esos enormes ojazos estilo manga y ensancharle su linda boquita en una amplia sonrisa. Pero una vez acabado parece la obra de un novato chapucero. Me deprimo mucho. Josema me dice que nadie lo hace bien a la primera, pero es mentira. Conozco gente hace muchas cosas bien a la primera. Está claro que todo es tener la técnica y el talento necesarios. Yo soy demasiado chapucera para permitirme el lujo de no tener suficiente talento. O no tengo suficiente talento como para permitirme el lujo de no emplear las técnicas apropiadas. O las dos cosas. No lo sé. Es la historia de mi vida, cuando dibujaba comic me pasaba lo mismo. Siempre he pensado que debí ponerme más fuerte a la hora de querer estudiar Bellas Artes, para haber adquirido la mucha técnica que me falta. Aunque a lo mejor no hubiera servido de nada...

Con esta cabeza, me doy por vencida. O quizás no. Soy muy guerrera, pero a veces me hundo. Creo que nunca debería haber tocado esa cabezota. Era muy bonita como era, y no necesitaba que se pareciese al Bada. Soy un desastre. ¿Tendrá arreglo?

miércoles, 11 de noviembre de 2009

LA REPÚBLICA INDEPENDIENTE DE IKEA

Hay cosas en esta vida que no dejan de sorprenderme y una de ellas es la omnipresencia de Ikea en nuestras vidas. Recuerdo los tiempos en que todavía no había una tienda de esta empresa Sueca en Zaragoza, había gente que hacía de propio excursiones a Madrid a visitar las que allí había. Y cuando por fin abrieron el Ikea de Zaragoza, en el recién inaugurado Puerto Venecia, aquello fue un acontecimiento.

Yo debo confesar que no lo he pisado más que dos veces en mi vida. También es cierto que a estas alturas, no tengo una casa que amueblar, así que no he necesitado preocuparme por muebles baratos. La primera fue al poco de la inauguración, fui a pasar el día con mis padres (Josema no estaba), comimos allí (comida extraordinariamente barata y no mala del todo) y, sí, al final, no salí de vacío: un larguísimo dragón de trapo que creo que debe tener media España, un par de utensilios de cocina y un muñeco de madera para dibujar del que se encaprichó Leo se vinieron con nosotros. Y aproveché para hacerme la tarjeta Ikea Family, que nunca está de más estar informada.

Desde entonces, no me había vuelto a preocupar. Sí, recibía el catálogo y lo ojeaba, y a veces hasta tomaba nota mental de cosas que podrían ir bien aquí o allá... Pero como digo, teniendo la casa amueblada desde 1997, y además en estilos que tiene poco o nada que ver con lo que Ikea me ofrecía, nunca sentí la necesidad de volver a pisarlo.

La cosa cambió cuando la semana pasada recibo un pequeño catálogo con motivo del aniversario de una de sus estanterías más populares (básicamente la estantería estandar que todos tenemos en casa, porque las dos que tengo en el estudio son hechas a medida y son IDÉNTICAS). En dicho catálogo ofrecen una versión limitada de dicha estantería con un divertido dibujo, que me parece original y que además me pega con las estanterías simplemente negras del estudio. Y como llevamos dos o tres años dándole vueltas a qué mueble poner en el estudio para resolver el problema de almacenaje, se las enseño a Josema y por una vez nos ponemos de acuerdo y nos gustan a los dos.

Y la cosa no pasaría de ser una anécdota si no fuera porque cada vez que comento entre amigos de los más distintos ámbitos que me han gustado esas estanterías y que me las voy a comprar (de hecho, me las he comprado, en esa segunda visita que he nombrado, y por la que le debo otra, grandísima, a mi padre, que vino en el último momento, a las 9 de la noche, a ayudarnos a llevarlas a casa porque no nos cabían en el coche), no necesito dar más explicaciones. A mi comentario de “¿Has visto las nuevas estanterías de Ikea?”, la respuesta generalizada, instantánea, es “¡Son preciosas!” “¡Yo también las quiero!” “¡Qué pasada, ¿verdad?!”.

Y me asusto al pensar que las estanterías Billy Jadder limitadas especiales 30 aniversario de Ikea son tan de dominio público (o quizás más) como el último cotilleo de las revistas del corazón, la última película exitazo de taquilla o el último acontecimiento internacional difundido por TV. Incluso más.

Y me doy cuenta de que la República Independiente de Tu Casa (fantástico slogan, por cierto, igual de fantástico que aquella campaña publicitaria en boca de todos del “Eso no se toca”), promovida por cierto por una empresa de un país monárquico en otro país monárquico, no deja de ser el Imperio Absolutista de Ikea. Dominando todos los hogares.

Que no digo que sea ni bueno ni malo, que conste. Solo curioso.

jueves, 29 de octubre de 2009

¡VÉRTIGO!

Que Egipto es una de mis metas turísticas es un hecho. Y que como no pinta que vaya a ir en un tiempo (en verano hace mucho calor, y con Leo estudiando imposible ir en otra época), pues esta noche me he dado un paseito en sueños, que sale barato y no hay riesgo de pillar gastroenteritis.

La parte mala, claro, es que en los sueños pasan cosas absurdas. Y así, nos tocaba ir a visitar las pirámides en plena noche, que ya son ganas (debía ser noche de puertas abiertas, como hacen en algunos museos, ya se sabe...). Encima, el interior de la pirámide era un museo, que aunque contenía grabados y otros hallazgos arqueológicos, estaba decorado al estilo moderno, con paredes lisas y pintadas de blanco, lo cual le quitaba toda la posible autenticidad.

Tras pagar la entrada al egipcio de turno, entrábamos en una sala INMENSA, descomunal. Era como un cine vacío, solo que todo en blanco, con paredes lisas de cemento, y en un extremo, donde estaría la pantalla, unos bajorrelieves enormes rescatados sabe Dios de qué templo. Lo malo es que para observarlos en todo su esplendor nos hacían pasar por una pasarela en la pared opuesta, y lo peor de todo es que no sé por qué, en lugar de por la pasarela en sí, que era también de cemento pintado en blanco y llena de estatuas hieráticas de faraones varios, teníamos que bordearla por una pequeña cornisa, de no más de 10 cms. de ancho, situada como medio metro por debajo de la pasarela en sí y que daba al vacío de la sala a nuestra izquierda. Sin barandillas ni nada, además.

Curiosamente nadie tenía ningún problema: pasaban, algunos se paraban a mitad de camino a hacer fotos (sin flash, eso sí), simplemente reclinándose un poco hacia la superficie salvadora de la pasarela tras ellos, y nadie se caía ni se quejaba de la precariedad del pasaje. Pero cuando nos tocaba el turno a nosotros a mi me caía el sudor a goterones por la frente. A duras penas conseguía llegar a mitad de camino y admirar el bajo relieve (impresionante, sí, pero yo quería ver una pirámide por dentro, no un puñetero museo modernizado!!!), pero ahí me bloqueaba y era completamente incapaz de dar un paso más. Josema me intentaba ayudar, me animaba a subirme aunque fuese a la plataforma si así me sentía más segura, pero es que las piernas no me respondían, y al final el pobre Josema tenía que tirar de mí y conseguir hacerme subir hasta la plataforma para llegar al otro lado. Creí que me moría.

Encima, la puerta al otro lado conducía a la cúspide de la pirámide. Pirámide que, a la luz de la luna, era blanca inmaculada, y tenía cuatro estilizadas estatuas (cruce entre estatua y obelisco) desde cuyo pedestal se podía admirar el panorama de El Cairo by Night.

El problema era que mi vértigo persistía, y aunque aquí me sentía más segura que en la plataforma, no lo estaba pasando nada bien. Josema se daba cuenta de mi desazón, y al final me obligaba a bajar y decía que se habían acabado las pirámides. Yo no quería, ¡ahora que por fín había podido visitar Egipto! Estaba dispuesta a sacrificarme y pasar vértigo, además tenía la esperanza de que otras pirámides no fueran así, sino que mantuviesen su estructura arqueológica original, que era, además, lo que yo quería ver, pero Josema fue tajante. Se acabaron las pirámides para mí. A partir de ahora visitaríamos cosas más tranquilitas.

Me desperté muy angustiada, la verdad. Aun me temblaban las piernas y no me terminaban de responder (creo que incluso había intentado moverlas en la vida real, por eso sentía la parálisis típica de los sueños), pero creo que lo que más me fastidiaba era pensar que mi propia debilidad había fastidiado algo que me hacía tanta ilusión.

martes, 12 de mayo de 2009

SIGA LA LINEA ROJA


De camino a mi despacho he oído al compañero telefonista, que está en la ventanilla de información a la entrada del hospital, indicar a un paciente el camino para no sé donde, y he pensado en lo práctica que es la señalización que tienen algunos hospitales (yo los he visto en Cataluña, pero no sé si habrá en otros hospitales de España), a base de lineas de colores en el suelo, que llevan a un sitio u otro. Por ejemplo, si quieres ir a Rayos, tienes que seguir la linea azul, si vas a Extracciones, la verde, y así sucesivamente....

Y entonces me he acordado de una anécdota que me contó Josema, acaecida en uno de esos hospitales, en Barcelona. Anécdota que supongo que entenderán mejor los que conozcan dicha ciudad, pero no obstante, aquí la pongo, con pistas para los neófitos.

El caso es que les llego un señor con una muestra de orina, preguntando por el lugar donde se recogían las muestras, y en información, muy amablemente, le dijeron “Siga la linea roja, hasta el fondo”.

El buen señor se despidió y se marchó, y un par de horas después, volvió muy enfadado y les dijo “¡Oigan, he hecho lo que me han dicho, me he ido al metro, he cogido la linea roja, me he bajado en Fondo, y allí no había ningún sitio dónde dejar la muestra!!!”

domingo, 14 de diciembre de 2008

EL CUENTACUENTOS

Cuando la gente sabia de su pasado a través de los cuentos,
explicaban su presente contándose cuentos
y predecían su futuro con cuentos,
el mejor lugar de la casa junto al fuego se lo reservaban siempre...
... al Cuentacuentos.




Hace casi 19 años conocí a un chico que tenía ese don. Era capaz de contar una historia y mantenerte con los ojos fijos en él, esperando ansiosamente a saber el final. Cuando salíamos en pandilla me quedaba hasta las tantas escuchándole en el coche, mientras me contaba las historias de Yrdin y Luna, que con el tiempo hice también mías. Cuando creaba una partida de rol, la vivíamos como si estuviéramos viendo una película, y fuésemos nosotros los actores.

Al final, me casé con él, y todavía no me he arrepentido (o al menos, no lo suficiente). Y ayer por la tarde volví a recordar el por qué.

Hacía ya unos días que habíamos quedado con nuestros amigos Teresa y Arturo para ir con ellos y su pequeño Dani al cine. Teresa es quizás la amiga con la que todavía me relaciono a la que más tiempo hace que conozco, desde que sus padres y los míos, vecinos en aquel terreno de Valdespartera, intentaron hacer que saliéramos juntas cuando yo empezaba la universidad. En todo ese tiempo, sin ser quizás amigas del alma, hemos conseguido que nada se estropee entre nosotras, y ahora que somos madres las dos, y que nuestras parejas también se llevan bien, intentamos quedar aunque sólo sea con la excusa de los hijos.

Así que teníamos el acuerdo de que en cuanto estrenasen Bolt, iríamos a verla al cine con nuestros dos peques (aunque Leo y Dani se llevan 5 años, Leo es un padrazo, un “tato” mayor para Dani, y verles juntos es una gozada). Y así lo hicimos.

A la diversión, os aseguro que mucha, que nos proporcionó la película, que os recomiendo si os gusta la animación, si os gustan los animales y si os gustan las películas bien narradas (a pesar de su predicibilidad en el argumento, como buena película infantil pre-navideña), le siguió un rato de incertidumbre sobre dónde íbamos a ir a cenar. El McDonalds del centro estaba lleno, y las opciones no se veían muy halagüeñas. Entonces Josema se acordó del Wok del Centro Independencia, quizás no lo más barato del mundo (14 euros más bebidas, buffet libre), pero sí con buena calidad y cantidad de comida. Y allí nos encaminamos.

De las 9 a las 10 de la noche estuvimos tremendamente tranquilos. Comimos fenomenal, y el pequeño Dani, a quien no le cobraron menú, comió por lo que sí le habían cobrado a Leo (que picoteó lo justito). Conforme se acercaba la hora de irnos, sin embargo, el local se iba llenando (cenas de Navidad de estudiantes y demás, por lo que parecía) y los camareros, obviamente, iban más desquiciados. Dani empezaba a ponerse nervioso, y a no parar en la silla, y entonces Josema le dijo “Estate quieto, o te pasará como al niño que no paraba de moverse”.

Y ahí empezó todo.

Josema empezó a contarle una historia a Dani. Dani miraba embelesado. Sus padres y yo, también. Incluso Leo (que a veces aportaba algo). Incluso el señor de la mesa de al lado, que se partía de risa con el particular humor de Josema. Y tras esa historia, vino la del niño que escupia o la del niño que no quería comer. Y la cara de Dani era un poema. Daban ganas de fotografiar esa expresión de absoluta atención y devoción.

Y yo me volvía a enamorar otra vez de mi cuentacuentos....

martes, 14 de octubre de 2008

OFRENDAS Y PEQUEÑOS DETALLES (o P’AL PILAR, SALE LO MEJOR)

Acaban de terminar las Fiestas del Pilar, que este año con boda por medio hemos celebrado de forma extraña y un tanto a trompicones, y estaba pensando en las tradiciones y pequeños detalles que todo esto conlleva.

Aunque no soy muy religiosa, ni muy dada a fiestas y celebraciones, hay una serie de cosas que no dejo pasar en estas fechas. La primera y principal es mi cachirulo. Desde el día del pregón lo saco, y lo llevo siempre conmigo – atado al bolso si voy al trabajo (es más discreto), al cuello cuando salgo por ahí, aunque sea a comer a casa de la familia. Mi cachirulo es morado, por dos motivos. El primero es que nunca me ha gustado el color rojo, mientras que el morado es uno de mis favoritos. El segundo es algo que me dijeron cuando me regalaron dicho pañuelo: el cachirulo rojo representa a todo Aragón, el morado es el de Zaragoza capital.

Me parece oir voces clamando que el cachirulo morado es el de Teruel (aunque otras fuentes dicen que es del Alto Aragón, a ver si se ponen de acuerdo). Eso es lo que dice mucha gente, y como tantas cosas, de tanto oirlas, se convierten en medioverdades. Bueno. A mí mi cachirulo me lo regaló mi tío Ponciano (poco dado a regalar cosas, todo sea dicho), precisamente porque me vió con uno rojo, y fue quien me informó de la procedencia de dicho color. No voy a decir que lo que diga mi tío (que regentaba en aquella época quizás la más importante tienda textil del pueblo, Alagón, y que para el Pilar vendía cachirulos y banderas, así que supongo que algo sabía del tema) vaya a misa, pero voy a exponer dos argumentos más que apoyan mi afirmación.

El primero, si el cachirulo morado es el de Teruel, ¿por qué se vende en las tiendas de Zaragoza, junto con el rojo, y ningun color más? ¿Estamos discriminando a Huesca? Con esa duda fui un día a “La Flor de Aragón”; una de las tiendas de ropa regional con más solera de Zaragoza, y me dijeron... “No, no... los cachirulos en realidad no tienen acepción de color. En Zaragoza se usan el rojo y el morado indistintamente, es cuestión de gustos. Pero el morado no es el de Teruel, por mucho que digan”. Bueno. Ya teníamos otra versión, dada creo por gente especializada en el tema, que apoya mis argumentos.

El segundo, un cartel de las fiestas. El de 1985. Si se fijan en él, los tres chavales llevan cachirulo morado. Puesto que son las fiestas del Pilar de Zaragoza (cartel oficial, que además ganó el concurso por medio del que lo eligen), ¿no creen que lo lógico es pensar que esos tres muchachos son Zaragozanos de pro y no turistas turolenses?

En fin, cada uno que piense lo que quiera. Sé que mientras lleve mi cada vez más desteñido cachirulo morado, tendré que contestar siempre a la pregunta “¿Por qué llevas el cachirulo de Teruel?” repetidas veces. Si eso sirve para culturizar a la población, pasaremos la prueba.

Otra de mis tradiciones es colgar las banderas de Aragón y de España (si, las dos juntitas, que piensen lo que piensen los nacionalistas, no son incompatibles) en el balcón y la ventana que dan a la fachada de mi casa, respectivamente. Llueva, truene, haga viento o sol, todos los años las pongo el día del pregón, y las descuelgo al día siguiente de la traca de fin de fiestas. Es una tontada, y más ahora que ya no se hacen eventos de las fiestas en mi barrio, pero igual que engalano la casa para Navidad, pues me gusta hacer eso, qué se le va a hacer.

Y la tercera tradición que nunca, nunca espero dejar de cumplir, es ir a la Ofrenda de Flores. Llevo yendo a la Ofrenda desde que nací, o, mejor dicho, desde que cumplí mi primer año (en 1967 era todavía muy pequeña y mis padres no se atrevieron). Al principio me llevaba mi madre, que era la única de la familia, conmigo, que se vestía de baturra, y con el tiempo voy yo a cualquier precio. Este año, por cierto, ha sido el primero que mi madre ha fallado, por problemas de su artritis. Yo espero no fallar nunca, excepto por causa de fuerza mayor. Incluso en 1999, a 10 días de salir de cuentas, pasé, embarazadísima. Uno, por cierto, de los dos únicos días, en estos 40 años que llevo pasando, en los que recuerdo que haya llovido el día del Pilar.

Que, por cierto, otra de las cosas de las que presumo, es de que nunca me ha llovido al pasar por la Ofrenda. Vale, ha habido, como digo, dos años en que ha llovido durante el acto. Uno fue en 1999, y otro este año que parece que el tiempo se ha vuelto loco y llueve a cántaros casi todo el año. Pero A MI no me ha llovido. Lo que quiero decir es que ambos años me dio tiempo a entregar las flores antes de que cayera la lluvia. Sé que no significa nada, pero me gusta presumir de ello.

Por cierto que en todo este tiempo nunca me habían sacado en la tele, hasta este año, en que me hicieron hasta una entrevista cuando estaba a punto de dejar las flores. Por supuesto, ni la he visto ni sé de nadie que lo haya hecho así que igual ni la han emitido, pero yo, feliz.

Y este año, no sé que está pasando, pero la gente protesta por todo. El otro día leí en el periódico varias declaraciones en contra de las fiestas (que sí eran de pueblo y esto es una gran ciudad, que tal y que cual), pero la que más me llegó al alma fue un señor que decía que le avergonzaba la ofrenda de flores, que era un desperdicio y que sería mejor que los ciudadanos donásemos ese dinero a los pobres...

Pues yo le contesto a ese señor desde aquí... Para mí la Ofrenda es un acto en el que participo por diversión. Me gusta, muestro mis sentimientos, y me gasto un dinero en las flores, porque quiero que sea en flores. Como el que me gastaría en ir al cine, al teatro o a un concierto. Entonces, ¿qué pasa, que mejor que irme al cine, dono también el dinero a los pobres? Pues mira, no. Si lo quiero dar a los pobres, será por que yo quiera, y no porque tenga que hacerlo en lugar de otra cosa que quiera, y pueda, permitirme... (jo, suena fatal, pero es como lo veo).

Normalmente, como digo, mis tradiciones ineludibles eran esas (bueno, y comerme un algodón de azúcar en las ferias, pero aún no hemos ido este año y como ferias hay en más sitios eso no cuenta). Pero desde hace unos pocos años, se ha añadido una más: La Ofrenda de Frutos. Como el marido de mi prima Silvia tiene un puesto en el Mercado Central, un año nos ofreció unirnos al grupo de la Ofrenda de Frutos, porque no había bastante gente. Cualquier ocasión para vestirnos de baturros (hacer “cosplay” maño, le llamo ahora) siempre es bien recibida y nos apuntamos, llegando a hacer algún año, como aquel en que me vestí en la consulta y salí con el tiempo justo ya vestida de baturra para asombro y regocijo de los pacientes que esperaban fuera, a hacer auténticos malabarismos para llegar. Así que este año, en que mi madre volvió a fallar, pese al aluvión de gente por ser fiesta, Silvia volvió a dejarnos los mejores puestos. Tan buenos, que hasta salí en portada del ADN...

Ambas ofrendas son un atentado para mi dieta. En la de Flores, tenemos la (mala) costumbre de juntarnos con toda la familia de mi padre (a algunos ni los conozco) tras pasar por la Virgen y almorzar. Y cuando digo almorzar, lo digo con mayúsculas. Jamón serrano, chorizo, jamón, salchichón, jamón, queso, jamón... Todo riquísimo, y entra que ni te enteras. Y luego a comer, claro. Y en la de frutos, siempre traen galletas, moscatel... Este año trajeron barquillos, montones de bolsas de barquillos, y era un placer ver a mi primo Javier repartiendo barquillos, durante el desfile en sí, a todos los niños del público. Él no paraba de ir de aquí para allá, y a los pequeños se les iluminaba la cara. Momentos como ese me hacen recordar por qué me gusta este mundo (y cuando mi prima dice que cambiaría a su marido por Tom Cruise, me entran ganas de abofetearla por tonta, que seguro que Tom Cruise no haría eso, y entre nosotros, ni siquiera es tan guapo como Javier, que es un chico guapo, buena persona, trabajador y que la quiere horrores).

Por lo demás, este ha sido un Pilar raro. Josema anduvo aquejado de alergia, y si los primeros días le daba algo de pereza salir, al final no fuimos a ningún sitio exceptuando lo ya dicho. Ni a ver tenderetes, ni nada, que los dos últimos días ya estuvo de lo más pachucho. En realidad, ni siquiera celebramos el aniversario de nuestro noviazgo (una noche del Pilar, hace ya 18 años). Solo me dio tiempo a darle mi regalo, un libro sobre caligrafía china, y poco más. No es que me importe mucho, no soy muy de salir, pero como digo, se me ha hecho raro...

viernes, 3 de octubre de 2008

HUIDAS VARIAS

Hace poco terminé el cuarto libro de la serie Canción de Hielo y Fuego de G.R.R. Martín. Es una serie que engancha, aunque mi sensación empieza a ser de cabreo: ya me canso de que no termine la historia ni ate cabos. Cada libro termina peor que el anterior y me harto de no saber qué va a pasar con mis personajes favoritos. Para colmo, como este último libro se le alargaba demasiado, lo dividió en dos, dejando fuera las aventuras de algunos personajes para la segunda parte del mismo. Entre ellos estaba mi favorito, Tyrion Lannister (del que si quereis saber más, leeros las novelas o la wikipedia, porque esta entrada sólo habla de él de refilón).

Como digo, me leí una novela entera sin referencias a ese personaje, y la verdad es que me supo a cuernos. Así que hoy mi subconsciente se ha puesto trabajar y me ha ofrecido un pequeño trailer sobre la huida del mismo. Así que como pasa muchas veces, yo era a la vez espectadora y participante y le veía huir (en las novelas está perseguido, con precio a su cabeza) desde una especie de palacio, entrando en una sala con aspecto de capilla. Tras mirar a su alrededor, decidía meterse en un sepulcro que era a la vez un pasadizo secreto – imaginaros una sala de mármol, y uno de esos hermosos sepulcros renacentistas o neoclásicos, aunque no había estatuas sobre él. Tenía una especie de portezuela en uno de los extremos, un pequeño rellano, otra puerta... Tyrion abría más de tres o cuatro portezuelas, que yo me preguntaba como iba a cerrar tras de él antes de que nadie se diese cuenta de que había huido por ahí, cuando de pronto se oían ruidos en la puerta de la sala y él se daba cuenta de que no iba a poder meterse a tiempo, así que abandonaba el sepulcro y huía por una ventana. Como si yo hubiera estado ahí, intangible, le veía irse por los tejados de la ciudad, muy parecidos, por cierto, a los de mi barrio... ejem.

Pausa con despertar (esta noche creo haberme despertado varias veces), y ahora la que huye soy yo, con Leo a rastras. ¿Por qué? No lo sé, pero estamos durmiendo en una habitación como de pensión u hotel barato, y de pronto sé que tenemos que salir de allí. Hay una especie de portal en la pared, que de normal no lleva a ninguna parte (dentro está la pared lisa y lasa, no hay ningún hueco), pero lo veo iluminarse, y como si hubiera una tela, detrás veo brillar el sol, y un camino reluciente que se aleja de la habitación. Leo y yo tenemos que salir por ahí rápidamente, y le digo que se de prisa. Pero él quiere llevarse un montón de piezas de lego amarillas, que según dice son un tesoro. Lo sé, en mi sueño SON un tesoro, pero no me parecen tan importantes como salir por ese camino luminoso. Al final, las vuelca sobre un paño que doblamos en modo hatillo y de ahí las volcamos a una bolsa y salimos corriendo. Otro despertar.

Y ahora estamos en la calle de detrás de casa, Josema, Leo y yo. Sabemos que hay un grupo de niños con poderes que nos protege. Son niños de unos 12 años, mayores que Leo, y en este momento sólo recuerdo que uno de ellos, con gafitas y pinta de empollón adorable, puede desdoblarse en varias personas y, por tanto, estar en varios sitios a la vez. De pronto nos avisa: vienen a por nosotros, y quieren el tesoro. Si yo muero, Leo hereda el tesoro y van a ir a por él, así que tenemos que escondernos.

Nos metemos los tres en una tienda, es como una tienda de antigüedades, pero la tienda en sí no parece antigua, más bien es como las modernas tiendas de regalos (podría ser perfectamente la Elvana de debajo de nuestra casa, excepto que esta tiene más escaparate, y nos quedamos justo al lado del mismo). Hay una mesa, y gente jugando a rol. Josema decide que unirnos a una partida puede ser una buena forma de pasar desapercibidos. No estoy muy segura, pero vale la pena intentarlo.

Y entonces...

... sonó el despertador....

(Si esperáis que mis sueños tengan sentido, siento decepcionaros, por cierto...)

lunes, 11 de agosto de 2008

IT SUCKS TO BE ME

Josema lleva unos días obsesionado con un musical llamado “Avenue Q”. Todo empezó a raíz de una cancioncilla que se repetía en varios videos de Youtube, “Internet is for porn”. La curiosidad sobre si la canción era así o era una adaptación de algo más inocente le llevó a investigar hasta descubrir esta obrita, una parodia de Barrio Sésamo para adultos (con muñequitos de gomaespuma y tal... ¿tendrá algo que ver con la obra con la que soñé hace unos días?) de la que ya ha comprado la Banda Sonora y a la que quiere asistir algún día en Broadway o en el West End Londinense. Casualidades de la vida, ayer en la kdd muñequil a la que asistieron, entre otras, dos amigas de BJDoll.net de Valencia, Krysia e Irene, salió el tema y resultó que Krysia iba a estar este fin de semana en Londres (igual que nosotros, que empezamos las tan deseadas vacaciones este fin de semana), e iba a ir a ver dicha obra, así que al final parece ser que Josema va a cumplir uno de sus objetivos.

Anoche en su ilusión por ver dicho musical me puso la banda sonora en el coche, y me llamó la atención la primera canción: It sucks to be me. Pensé que mucha gente se podría aplicar el cuento: vamos por la vida pensando, como en la historia del sabio y los altramuces, que somos los más desgraciados del mundo mundial, hasta que alguien nos enseña a la persona que tenemos detrás comiéndose las cáscaras que nosotros abandonamos...

Pero esta mañana, al volver al trabajo, he pensado en autodedicarme el tema.


Para empezar, la semana pasada fue la peor semana laboral de toda mi vida. No sé si lo he contado alguna vez, pero quizás la parte más importante de mi trabajo actual, la que más tiempo me consume, y en circunstancias normales, la más gratificante, es la gestión de camas. El caso es que la semana pasada hubo un aumento en la demanda de urgencias completamente anormal en relación a lo que hay otros años por estas fechas, hicimos corto de camas, tuve que salir tarde muchos días y comerme la cabeza más que de costumbre, y encima los compañeros (muchos de ellos personas con las que normalmente me he llevado bien) me iban con chiquilladas, ocultando altas o disponiendo de ellas a su antojo sin decirme nada, complicándome la vida y haciendo que, el peor día, al final llamase al subdirector desesperada y le dijera “Relévame de la gestión de camas”. Estaba harta, porque una cosa es gestionar algo sobre lo que tienes control, y otra muy distinta intentar gestionar algo y que la gente solo recurra a ti cuando les conviene, pero cuando no, decidan hacer TU trabajo por su cuenta, a su manera y sin contar contigo, con lo cual tienes muchas veces que deshacer lo hecho. Y si encima lo adornan con mentiras y chiquilladas de niño de guardería, al final decides que prefieres tirar la toalla y que ya que son tan listos, se las apañen solos.

Al final, como suele ocurrir, las cosas volvieron a su cauce y la semana terminó con todos los pacientes colocados e incluso camas de sobras, pero el estrés seguía ahí.

Y resulta que llego esta mañana y me encuentro sobre mi mesa (gran ejercicio de psicología y don de gentes por parte de la enfermera de Atención al Paciente) una recopilación de 5 reclamaciones, puestas por pacientes im-pacientes, que el peor día de la semana, el jueves, debieron de decidir que esperar 24 horas (que en este hospital es el tope que tenemos marcado, y hasta ahora, y no es por echarme el pegote, nunca hemos sobrepasado) en urgencias era demasiado y que si no se les daba cama no era por que no hubiera, sino porque somos unos caprichosos que no queremos echar a patadas a los pacientes ingresados que las están ocupando y ponerlos a ellos en su lugar. Perlas como las de un señor que dice, textualmente: “espero que se pueda tener mi “CAMA””. Pues señor mío, creo que en Ikea venden unas preciosas y muy bien de precio...

Teniendo en cuenta que ese día TODOS los pacientes tuvieron su “CAMA” al final de la mañana, y ninguno esperó más de 24 horas, además de que a alguno se le ofreció cama en el Hospital Provincial (donde tras mucho rogar de vez en cuando nos ceden las que puedan tener disponibles) y NO LES DA LA GANA IR, pues al final, la cosa quema y mucho. Que pierdas el culo por hacer bien tu trabajo, que te vayas a casa con la satisfacción de que, a pesar de las zancadillas de los compañeros, lo HAS hecho, y que te encuentres con que encima, alguien ha jaleado a los pacientes (porque normalmente no ponen reclamaciones si no se les anima) para que reclamen, y, para más INRI, te pongan a ti la reclamación encima de la mesa como si fuera culpa tuya, te hace pensar que efectivamente, “it sucks to be me”.

Y si ya para terminar de rematar la jugada, te encuentras que tienes que volver a buscar donde dejar al gato estas vacaciones porque de pronto nadie en quien confíes realmente puede, te entran ganas de buscar un puente y saltar.

Pero no antes de mis vacaciones. Coño, ya.

sábado, 14 de junio de 2008

SEMANA DE ACONTECIMIENTOS SORPRESA

El martes Leo y yo visitamos la Expo. Fue algo totalmente inesperado, ya que era un acto especial en el que invitaban a 30000 (creo) zaragozanos a visitarla antes de la inauguración oficial, este sábado día 14. El caso es que a las 4 de la tarde me llamó Mabel para decirme que habían conseguido 4 entradas y habían pensado en Josema y en mí. Como Josema (a pesar de ser su cumpleaños) no estaba, nos fuimos Leo y yo.

He de decir, lo primero de todo, que fuimos un auténtico desastre. Me dejé la tarjeta de la cámara de fotos (nunca la saco y por una vez, mira, se quedó fuera), las otras estaban prácticamente llenas, tuvimos que volver al coche a por el movil, monté el numerito padre en la entrada porque llevaba los bolsillos llenos de cosas y no me acordé de sacarlas en el detector de metales, y, en fin, probablemente varios detalles más que mi memoria misericordiosamente ha borrado nos hicieron entrar a las 8 en vez de a las 7,30 como esperábamos (antes era imposible, Leo salía a las 6 del cole y Mabel a las 7 de trabajar). Pero las dos horas escasas que estuvimos allí fueron deliciosas, no sólo por lo bonito del ambiente (sí, sí, la Expo es MUY bonita), sino por supuesto por la compañía, y la ilusión que le hizo a Leo ser “el primero de su clase en ver la Expo” y subirse al teleférico con Mabel (otra muestra de generosidad, Damián cedió su invitación para el teleférico a Leo, y nosotros dos les esperamos abajo, ya que no había suficientes para los cuatro) valieron la pena.

Por otro lado el jueves me sorprendió con una invitación a cenar con los participantes del Congreso de la Sociedad Española de Electro Medicina (o algo así). Había que ponerse de tiros largos (algo de lo que he perdido la costumbre, la verdad, aunque me guste), y era para esa misma tarde... Así que hubo que improvisar.

A veces en esas celebraciones me siento fuera lugar. No conozco a nadie, y hay que mantener unas formas que no siempre sé si consigo mantener.... Aunque no os lo creáis, soy bastante tímida y me cuesta “romper el hielo”. Así que me recuerdo durante la mayor parte de la cena contando los asistentes por mesa (aunque las mesas eran de 8, en la mayoría de los casos estábamos 7 personas), jugando con la vela del centro (una cosa redonda, como una lámpara, hecha de cera y con la vela dentro, que a todos nos llamó la atención), y preguntándome que pintaba allí. Menos mal que nos tocó con gente simpática, a una persona ya la conocía y a la otra me parece que también, y al final se nos unió un argentino que consiguió dar conversación a casi toda la mesa aunque solo fuera sobre temas de trabajo.

Al final lo pasé bien, valió la pena, y supongo que eso es lo que cuenta.


lunes, 25 de febrero de 2008

MADRUGONES (OTRA VEZ)

Otra vez lunes. Otra vez a levantarme a las 7 de la mañana (eso si Monsieur le Chat no decide morderme el trasero a las 6,30) y maldecir en todos los idiomas del mundo porque yo me quedaría muy a gusto en la cama. No puedo evitarlo, y no puedo entenderlo. Ese momento es tan terriblemente horrible que, como ya recuerdo haber dicho, ni siquiera los dos días de no madrugar lo compensan.

He comprobado que si me despierto 5 minutos antes y no me vuelvo a dormir, no se me hace tan duro. Curiosamente, me niego a levantarme 5 minutos antes (aunque a veces me levanto 2 minutos antes, como he hecho hoy), prefiero mantenerme despierta en la cama… no volverme a dormir… por lo que no se justifica uno de esos despertadores demoniacos que suenan cada 5 minutos (Dios no lo permita!!! Son inventos del demonio!)

De todos modos hoy ha sido una noche extraña. Más aún la de Josema, por lo que me he enterado a posteriori. Sé que ha habido un momento que me ha despertado el gato, y le he oido decir “Como despiertes a la dueña, te mato”, y me ha sorprendido tanta vehemencia, porque normalmente no le suele dar importancia. También me ha llamado la atención que aunque hoy se ha levantado temprano (se iba de viaje a Vitoria), ha sido especialmente sigiloso y no me he dado ni cuenta de que estaba por ahí hasta la hora de levantarme.

Cuando me ha llamado hoy por el camino para decirme que estaba bien, me ha contado por qué se ha comportado así. Parece ser que su asma le ha dado una noche infernal, y encima se le había agotado el ventolín. Al final ha tenido que levantarse y buscar una farmacia de guardia. Todo ello sin que yo me enterase.

Momentos como este me reconcilian con él. Aunque su mala leche siga activa, lleva una temporada que a) reconoce que es un refunfuñón y b) Hace esfuerzos por evitarlo (aunque no siempre lo consiga). Tiene una breve entrada al respecto en su blog y el achaca su estado de felicidad actual a un videojuego de la PSP llamado Patapon. Bueno. Podría ser peor. Reconozco que es un poco triste que la felicidad de la persona que amas no se deba a tu amor y esfuerzo, sino a un juego por ingenioso que sea, pero si el resultado es que él es feliz, y, por ende, yo también lo soy un poco más, alabado sea el juego y sus creadores.

Al menos tengo el honor de haber sido yo quien le regaló la PSP (tras mucho tiempo por su parte de dudas e indecisiones con respecto a qué consola comprarse). La amarilla, además. La de los Simpson (¡¡¡lo que nos costó encontrarla, por Dios!!!)

jueves, 21 de febrero de 2008

ROL EN VIVO EN EL PARKING CERRADO

Otro sueño curioso.

Ayer por la tarde Elena (DeVice) me sacó de una profunda siesta para decirme que se venían de compras a Zaragoza. Como pasa siempre que la noticia es buena, se me pasó enseguida el cabreo por la siesta interrumpida y en cuanto vino José Manuel (que vino a las 16:30, cuando el contaba haber estado en casa desde las 11 – pero esa es otra historia que contaré a pié de página*) y se lo dije, él también se animó a quedar. Es curioso, y hago otro inciso, hasta que punto queremos a estos amigos, que lo dejamos todo por quedar con ellos, y Josema que es tan reacio a quedar y a los compromisos entre semana, enseguida dijo que “le iría bien desconectar un poco”. En cualquier caso, recogimos a Leo del cole y nos bajamos directos al centro, dónde nos esperaban Miguel, Elena y Damián. En cierto modo, relevamos a este último, ya que aprovechó que nosotros llegábamos para irse él a buscar a Mabel al trabajo. Yo me quedé con las ganas de visitar el Pequeño Japón en el Centro Independencia, pero me quedé con la satisfacción de ver que Elena había conseguido gracias a mi oportuno aviso una de las Living Dead Dolls que colecciona, y que otra estaba en su lista de futuras candidatas.

Con ellos nos acercamos a la Librería Futuro y a Imaginarium, y luego nos fuimos hasta el Toys’r’us para alegría de Leo, que además de un libro de StarWars en la librería, se llevó dos Bionicles por el precio de uno en la juguetería. Tras lo cual nos reunimos con Mabel y Damián en el Continente para cenar en el Wok.

Como de costumbre lo pasamos pipa, y fue dificil desconectar y marcharnos cada uno a su casa antes de las 12 de la noche…. Pobre Leo, yo sufría por él y por su falta de sueño. Muchas veces en estas quedadas se aburre porque no hacemos más que hablar y hablar y el pobre se queda fuera… Pero aguanta como un jabato… es lo más dulce que puede haber en este planeta.

Y toda esta intro para comentar que a raiz de todo aquello, esta noche he vuelto a soñar con la Cuchipandi. Supongo que los echaba de menos.

Elena había organizado una partida de rol en vivo, y para ello nos había citado en un edificio de parkings (de estos que aparcas hacia arriba, no en subterráneo) que cerraba por las noches. Eso significaba que a partir de cierta hora se tenía que quedar vacío, y nuestra intención era quedarnos dentro y, cuando estuviera cerrado y no hubiera nadie, explayarnos a gusto y hacer la partida. La idea pintaba muy muy bien, pero por algún motivo era casi imposible quedarse dentro. Nos iban “pastoreando” hacia la salida y no encontrábamos excusa para volver a entrar, de forma que al final, de pronto, nos encontrábamos todos fuera mirando como iban echando unas enormes verjas cuadriculadas en todas las entradas al parking. Por un momento valorábamos la idea de escalarlas y entrar, pero había vigilantes y entre otros, Leo era demasiado lento para esquivarlos, así que al final desistíamos…

Recuerdo el final del sueño recorriéndonos las calles de Huesca en busca de otro lugar donde escondernos, con más bien poco interés, y más en nuestra habitual diversión. Uno de los lugares que considerábamos era una pequeña iglesia camuflada entre otras casas de la calle y de la que sólo se reconocía un pórtico con gárgolas en la entrada. Pero al final el gato y el despertador arruinaron lo que quedaba del sueño… y me quedé con ganas de más.

*Y MAS DE PARKINGS

Pues eso, que como digo a pié de página desgloso lo ocurrido con Josema.

Ayer tuve una reunión de trabajo a las 12,30 en Servicios Centrales, al lado del Boston, a la que acudí con el director del hospital. Como gracias a Dios y a las compañeras que hacen muy bien su trabajo, casi todos los temas eran de fácil solución, terminamos más bien pronto (a las 13,30) y tras una coca-cola a cuenta del jefe, éste me dio permiso para volvernos a casa directamente sin volver al hospital (está empezando a gustarme mucho más este director que el que teníamos antes, la verdad…). Así que yo toda ufana me volví a mi casita y metí el coche en el garaje una hora antes de lo previsto.

Como siempre, al entrar miré en dirección al lugar donde Josema aparca siempre el Altea. Vacío, así que todavía estaba trabajando. Bueno…

De pronto llego hasta donde aparco yo el León, y me encuentro un coche ocupando mi sitio. Cuando empiezo a montar en cólera pensando que alguien nos ha usurpado la plaza de garaje (cosa que no había ocurrido desde que cambiamos de portero), me fijo mejor y veo que es el coche de Josema. Genial. Claro, él no me esperaba hasta las 3,30, así que mantengamos la calma… Le llamo al móvil, y me cuelga. ¿Qué tripa se le habrá roto? ¡Hala, a malgastar una llamada en horario de tarifa cara para llamarle a casa!, ya que deduzco lógicamente que si el coche está en casa, él también. Le llamo, y, para colmo de males, me salta el contestador, así que conteniéndome MUCHO le digo “Alguien está ocupando MI plaza de garaje. Si estás en casa, baja y cambia el coche de sitio”.

Pero ahí no viene nadie, así que al final me doy por vencida y aparco en su complicado rincón.

Cuando llegué a casa me devolvió la llamada al móvil, y cuando le dije lo que pasaba, se acordó de repente “¡Se me había olvidado!”. Al parecer había aparcado allí a las 10 de la mañana, pensando que estaría solo un momento (y de paso entraba en casa a cagar, en la vida he visto persona más cagona que él, no me extraña que de novios cuando le llamaba por teléfono siempre estuviera en “el trono”, que decía su padre), se había ido al Clínico porque ahí no había dónde aparcar, y le habían enredado hasta las 4 en vez de una o dos horas como él pensaba.

Me lo tomé bastante bien para lo que soy, la verdad. Más teniendo en cuenta que él sí que llevaba toda la tarde de muy mala leche (hasta el punto que de camino al cole de Leo casi lo mando a la mierda un par de veces).

Eso sí, hasta que no volvimos esa noche del Carrefour no nos dio tiempo a intercambiar los sitios. No me dejó coger el coche a mí a pesar de que era absurdo que moviera el los dos. Quiero decir, mientras él aparcaba el suyo, yo podía ir aparcando el mío. Pero se empecinó en que no, y no quise discutir - ¿pa qué?

miércoles, 26 de diciembre de 2007

EL REGALO DE YEP

Vale. Cometí una locura.

Josema (Yep, como le he llamado siempre en mi diario) comparte conmigo el gusto por las muñecas, y sobre todo, por las BJDs o muñecas de resina. Se contiene, por muchos motivos (a los chicos no deberían gustarles las muñecas, las BJDs son caras, no tenemos donde guardarlas, y mil cosas más), pero cuando salimos con la Cuchipandi muchas veces es él quien más las disfruta.

Así que esta Navidad me arriesgué. Como sé que le tiene loco la Shall (de DOD), y me sentía culpable por no haberla comprado en Hiroshima, y habernos llevado una E-An a cambio (que era la que me gustaba a mí), decidí comprarle al menos la cabeza, y puesto que Higashi estaba disponible, le pedí también la cabeza de Tender Shall, que no se puede comprar suelta (casi me salió más cara que comprando la muñeca entera, pero en fin…).

Aparte, en Octubre tuve la oportunidad de pillar en eBay una Aoi Tuki, una muñeca sobre la cual había hablado en Ryung-Soah Sue Lovejoy, de Australia, y que tiene la característica de tener un cuerpo mas bien regordete. Cuando se lo enseñé a Josema le gustó mucho, aunque había cosas que no le gustaban, y quizás si no hubiera salido en eBay, no la hubiera comprado, pero la ocasión la pintan calva, y la verdad es que no ha habido ninguna otra oportunidad, así que supongo que hice bien…

*Cuando supe que iba a llegar, me pegué dos días pendiente, porque Josema últimamente ha estado bastante tranquilo en el trabajo y estaba siempre en casa, pero al final tuve suerte (o relativamente) y la trajeron un sábado por la mañana cuando él aún estaba durmiendo. Así que baje corriendo y paré al cartero en el vestíbulo, y luego metí la caja en el portaequipajes del coche… La pobre muñeca se pegó una semana acompañándome al trabajo ya que no encontraba el momento de subirla a casa (incluso aproveché para verla dentro del coche).

Por supuesto, la tensión me ha tenido loca. Una parte de mí me decía que había cometido una locura. Que le regalaba a mi marido algo que me gustaba a mí, como la bola de bolos de Homer Simpson… Así que no sabía como se iba a tomar el regalo…

Finalmente, ayer por la tarde, Navidad, volvimos a casa. Sin Leo, que se había quedado a terminar una nave de Lego (y yo que me había dado tantas prisas en dejar los paquetes preparados bajo el árbol antes de salir, para darle la sorpresa…). En realidad, fue una buena idea de Josema, ya que como hay que arreglar la rueda pinchada de mi coche, me ofreció llevarme él al trabajo y luego irse por la mañana a arreglar la rueda… Diossss, solo de pensar en que no iba a perder una tarde arreglando la rueda, ¡¡¡¡ya me hizo la mujer más feliz del mundo!!!!, así que acepté.

Cuando llegamos a casa, estaba todo preparado para una Navidad infantil. “¿Qué hacemos?”, pregunté yo. “¿Abrimos los regalos o esperamos a Leo mañana?”. Tras un par de dudas, él dijo que quería abrir el suyo. No se lo esperaba, y de hecho, cuando vio cuáles eran sus paquetes (él pensaba que eran los más pequeños), se quedó completamente desconcertado. Pero nada más coger el paquete más pequeño, el que contenía las dos cabezas, notó al tacto las dos cajas cilíndricas y no necesitó más para imaginar que eran dos cabezas de muñecas, y que la caja grande contenía, al menos, el cuerpo. Eso le puso muy nervioso, y a mí, todavía más.

Pero la cosa salió bastante bien. Para empezar, se interesó muchísimo por la muñeca, hasta el punto que abandonó durante varias horas su plan inicial de instalar el sistema operativo de Mac que había sido su regalo en casa de mis padres. Aceptó las cabezas de Shall con mucha ilusión, aunque yo temía una mala respuesta, y aunque al principio la otra muñeca no le gustó nada, cuando le puso una cabeza de Shall en vez de la horrible cabeza original que tenía, la cosa empezó a cambiar.

Le cambió los pies, porque no le gustaban, pero acabó dejándole los originales. Se pegó un buen rato buscándole ropa, zapatos y peluca, y finalmente me pidió que maquillase la Shall (que venía sin maquillar) y dijo que se la llevaría el jueves para que el resto de la Cuchipandi diera su opinión*.

Aún no ha decidido del todo quedarse con ese cuerpo. Le he dicho que no sería difícil revenderlo (eso creo), pero por un lado le gusta, aunque por otro no… así que está en su fase Géminis… que creo que al final va a significar que se queda en casa…

Y desde luego, en ningún momento me hizo sentir que me había equivocado, o que le había hecho un regalo pensando en mí y no en él (lo cual no es cierto, ya que yo nunca me la habría comprado para mí, prefiero los chicos). Ni siquiera cuando al principio no le gustó.

Ahora sólo le falta un nombre, y quizás algo de blushing en la cara para que la resina de la cabeza pegue un poco más con el cuerpo, que es más amarillento. A mi ella me dice que se llama Emilia, pero esperaré a la decisión de Yep. Lo que sí es cierto es que ese cuerpo regordete queda muy bien con la carita redondeada de la Shall. Mejor que el cuerpo flacucho de DOD.

¡¡¡¡Y cómo me alegro de que le haya gustado!!!!

viernes, 21 de diciembre de 2007

EL PEOR MOMENTO PARA UN PINCHAZO

Esto sí que me ha parecido digno de contar en mi blog, si lo tuviera. ¿Qué hay peor que pinchar una rueda del coche? Pinchar cuando ya es de noche y está oscuro (cosa fácil en diciembre). Y ¿peor aún?. Que encima llueva (cosa que ocurrió ayer por la tarde). ¿Peor todavía?

Venir de hacer la compra en el hipermercado y llevar el portaequipajes lleno.

Y es que ayer fue uno de esos días en que mejor no comprar un billete de lotería, no sea que me toque pagar el premio de los demás. Puesto que la casa ya andaba más o menos bajo mínimos, decidí escaparme a hacer la compra de la casa, esa compra que hago de vez en cuando a la salida del trabajo yo solita, y lleno el portamaletas de bebidas y comidas varias y otras cosas imprescindibles para el día a día del hogar. Casi nunca baja de 200 euros, y siempre, siempre me falta sitio en el portamaletas para llevarlo todo, así que alguna bolsa/garrafa/embalaje de papel higiénico se queda en el asiento trasero. Sé que es algo que deberíamos hacer en familia, pero ya me he acostumbrado a optimizar el tiempo y hacerlo a la salida del trabajo, así me da menos pereza salir, me ahorro perder un día de fin de semana y el mal humor que le ponen las compras a Josema, y con un poco de suerte hasta caen menos caprichos.

Además llevaba el paquete con el que iba a agradecerle a Higashi su regalo navideño, 8 kgs. de ropa de Mango (por cierto la XL de Mango debe estar pensada para la Pitufina, porque me quedé un jersey para mí y parece que haya encogido), dulces navideños, juguetes de Imaginarium, un perfume de Puig para su mujer Yuko y una billetera de piel de Adolfo Domínguez para él, y ya que había hueco, una botella de rosado Uncastellum, que a mi no me va el vino pero está bien dar a conocer productos patrios a los japoneses… Como en la oficina de correos del Gran Casa no cogen paquetes grandes, me fui directa a la oficina de Pablo Ruiz Picasso, pensando que aparcaría bien y cerca y acabaría pronto…

Craso error! Para empezar, tuve que aparcar en el aparcamiento de las casas de detrás. Ya me fui con un mal presentimiento… Dejaba cosas de la compra a la vista, y desde niña me han inculcado auténtico terror a dejar algo a la vista en el coche (terror que se acentuó cuando vi robar una cartera de un coche a plena luz del día y a la vista de más de 20 personas esperando a los niños a la salida de un instituto). Vale que era poco probable que nadie quisiera robar los rollos de papel higiénico, pero chico, hay gente para todo. En fin, a ver si había suerte y volvía prontito.

Otro error. Sólo tenía una persona delante de mí, pero por tercera vez consecutiva en estas fiestas (3 veces he ido a correos y las tres veces ha pasado lo mismo), no sé qué extraño papel estaban rellenando y qué extraño trámite estaban haciendo, el mismo en los tres casos, que les ha llevado más de 20 minutos. Encima me tocó el típico funcionario cansado de no trabajar (mira que pocas veces tengo quejas de los funcionarios de correos, pero es que este era de los pachorrones), a quien todo le venía mal y era incapaz de optimizar el tiempo.

Y para redondear la cosa, el envío del paquete me costó 99 euros del ala. ¡¡¡Ouch!!! ¡¡¡Casi me venía mejor comprar un billete y llevarlo en mano!!!! Vale que 8 kilos de paquete a Japón son muchos kilos, pero es que casi valía más el franqueo que el contenido. ¡No me extraña que me preguntase si quería enviarlo por avión o por barco!, pero claro, como le dije, ya sé que no llega para Navidad, pero al menos esperaba que les llegase antes de la Navidad del año que viene…

En fin, repuesta del susto, me vuelvo al coche, veo que no me han robado nada, salgo toda decidida hacia casa, y de camino llamo a Josema con el manos libres para que se vaya preparando, en casa voy a necesitar ayuda para recoger todo (tengo muchas ganas de llegar, en realidad he ido a comprar un poco a regañadientes y estoy harta de no haber parado por casa en toda la semana, ya que martes y miércoles Josema se puso algo fongonizo con ir a Taj Mahal a comprar vicio comiquero…) Y conforme hablo con él, me doy cuenta de que el coche hace un ruido raro. “Huy”, dice él, “A ver si vas a haber pinchado”. “Maldita la gracia que me haría, con el portamaletas lleno”, le digo yo, “pero cuelgo y lo compruebo, que este ruido me mosquea…”

Paro en un lado y me bajo. No es que haya pinchado. Es que la llanta de la rueda toca prácticamente el suelo. ¡Maldito presentimiento! ¡A ver si me han rajado la rueda del coche!!!!

Así que le vuelvo a llamar “Vale, dime donde estás y voy a ayudarte”.

Y mientras le espero, de noche, bajo la lluvia, voy vaciando el portamaletas y metiendo todo, a capón, en los asientos delanteros, y sorprendentemente, me lo tomo con cierto buen humor. Al menos, pienso, me servirá para hacer limpieza del portamaletas, que conforme saco las cosas veo que está repleto de chaquetas y chubasqueros, la mayoría, por cierto, de Josema. Luego intento ir adelantando trabajo, pero soy absolutamente incapaz de quitar el tapacubos (a hacer puñetas mi orgullo femenino!!! Pero es que estoy demasiado cansada y harta de todo para darle mucho valor, la verdad) y no quiero cargármelo. Así que preparo todo y espero, espero… espero….

Que curioso. Era una zona de mucho tráfico. Pero nadie, absolutamente nadie, paró a ayudarme o aunque sólo fuera, a preguntar si iba todo bien y si necesitaba ayuda. Ni siquiera la policía, y pasaron varios coches patrulla, al menos cinco de ellos, y alguno incluso varias veces, pero ni ellos se dignaron a bajar la ventanilla… ¡Qué tiempos aquellos en que pinche en la calle Dr. Cerrada y chavales que no tenían ni la menor idea de cambiar una rueda se desvivían por echarnos una mano, aunque fuera peor el remedio que la enfermedad….! Aaaah, aquellos 18 años….

Ayer incluso vi pasar a Fernando Laborda, quien se acercó, me dijo hola y al ver el panorama se escaqueó con un “Te ayudaría pero ya llego tarde”… ya veo, ya… Menos mal que mi príncipe azul venía al rescate, que si no, poco te escapabas de, al menos, ayudarme con el tapacubos…

Pero al final llegó Josema, y me ayudó, y volvimos a casa de noche y bajo la lluvia (casi me estrello contra un camión en la autopista), haciendo 20 kms. para evitar los atascos, agradeciendo que Leo esa tarde se quedase con los abuelos y sin ganas de mucho más.

Aunque luego cumplimos con la parroquia, y nos acercamos como habíamos quedado a casa de Teresa a verla y llevarle unos regalos a sus peques, y el sacrificio se vio recompensado ya que me sorprendió dándome un angelito artesanal que hacía años que le había pedido a su madre que me hiciera…

 
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