La actividad principal de esta semana ha sido acompañar a nuestra amiga Gema a elegir su traje de novia. Aparte de que, conociéndome, he disfrutado como una enana viendo tantísimos trajes de novia, y que me emocionado como una tonta viéndola vestida de blanco, he vuelto a llegar a la conclusión de que todas las mujeres deberían vestirse de
novias al menos una vez en su vida, y que cada mujer tiene SU vestido, ese que cuando te lo pruebas se abre una trampilla en el techo, te iluminan unos focos y se oye como una música celestial mientras todos los que te ven dicen “¡AH!”.
Gema en realidad ha tenido dos, pero al final, uno tuvo que vencer.
Si este es el finalista, el que se quedó en el camino, imaginaos (no, no pienso desvelar el secreto) lo maravilloso que es el otro...
viernes, 9 de octubre de 2009
SOLO PUEDE QUEDAR UNO
Publicado por Sonia en 11:37 2 comentarios
Etiquetas: Cuchipandi, ropa
domingo, 16 de noviembre de 2008
LA BODA DE MURIEL
Anoche pillamos en una sesión de zapping un trozo de la película “La Boda de Muriel”. No conseguimos verla entera, porque Leo enseguida se aburrió, pero de verdad que cuando vi que la estaban echando, por un momento les pedí que me dejasen verla.
La Boda de Muriel es una película que me gusta, y ayer recordé exactamente por qué. Es por las escenas en las que ella se va probando los trajes de novia. Como toca, con veneración, la cintura de uno de ellos en el maniquí de la tienda. Lo hermosa que está, a pesar de ser una chica gordita y casi vulgar, cada vez que se prueba uno de ellos. La reacción de las dependientas de la tienda que, contra su religión, hasta le hacen fotos “para que las vea su madre en el hospital”. La música de ABBA, que, sin ser uno de mis grupos favoritos, en ese momento de la película, con el “Dancing Queen” de fondo, reflejan ese momento “revelación” del que yo he hablado tantas veces.
Aunque con motivación distinta (Muriel se prueba trajes de novia porque su anhelo es casarse, para mí, los trajes de novia son una meta en sí mismos), desde que vi esa película siempre me he identificado con Muriel. Muriel, la gordita incomprendida, con complejo de inferioridad, que se transporta a un mundo de cuento de hadas cuando ve un traje de novia.
Creo sinceramente que quien guionizó esas escenas, se sentía como yo cuando ve esos maravillosos vestidos angelicales...
Publicado por Sonia en 11:23 3 comentarios
Etiquetas: cine, Conociéndome, ropa
martes, 30 de septiembre de 2008
VESTIDOS DE NOVIA

Creo que ya dije en la entrada sobre mí misma que una de las cosas que adoro son los trajes de novia. En realidad, me gusta prácticamente todo lo relacionado con las bodas, pero los trajes de novia en particular son una pasión. Aunque tengo especial predilección por los trajes con un puntito hortera, recargados y principescos (para eso es el día en que la novia protagoniza su cuento de hadas personal), a veces me descubro mirando con admiración hasta los de Ágata Ruiz de la Prada... Bueno, vale, quizás exagero. Pero todo traje de novia tiene su encanto, simplemente por su significado. Llamadme romántica...
He tenido esta pasión desde que tengo uso de razón (valga el pareado) y supongo que los finales felices de Disney tendrán mucha culpa de ello. Ya cuando comulgué decía que quería hacerlo “con velo, como las novias”, y conseguí comulgar con lo más parecido a un traje de novia infantil que pude, teniendo en cuenta que era la época previa a los trajes de comunión tipo Sissi (me hubiera muerto de placer de haber podido llevar uno de esos... ¡ay!). Me paraba en los escaparates de trajes de novia y soñaba con el vestido de mi boda incluso antes de soñar con quien pudiera haber sido el novio.
Cuando empecé a tener edad de “festejar” y perdí un poco la vergüenza, empecé a recorrerme las tiendas de trajes de novia, primero mirando los escaparates con la nariz pegada al cristal como un niño mirando golosinas, y luego echándole más valor y entrando a pedir catálogos. Pronto aprendí que la época de los catálogos, como la de la vendimia, era a principios de octubre, y empezaba a ser una tradición: bajarme a la calle Don Jaime en vísperas del Pilar y recoger el programa oficial de fiestas, para luego recorrerme las tiendas pidiendo catálogos. En algunas, creo, acabaron reconociéndome, particularmente un chica rubia que trabajaba en Vicky Boutique, y que me miraba ya con mala cara, pero no me importaba demasiado. Aunque siempre me ha sorprendido que sean tan reacios a darte un catálogo... parece que les desangres, o algo así... ¿para que los quieren, para apilarlos y usarlos en vez de sillas? ¡Si las casas de moda se los dan para eso!
Así que cuando llego MI momento, el día en que por fin me iba a comprar un traje de novia para MI boda, estaba dispuesta a recorrerme todas las tiendas del mundo, ahora con pleno derecho, y probarme todos los vestidos que pudiera, y disfrutarlo como una enana, porque era lo que más ilusión me hacía de todos los preparativos de la boda.
Fuimos un día de septiembre, poco antes de que abrieran los catálogos, con intención de tantear el terreno, pero no comprar nada aún, y nos recorrimos varias tiendas de la calle Don Jaime, todas ellas infructuosamente. Pero, al llegar a la que siempre ha sido mi tienda favorita, Bianca Novias, tras probarme varios trajes que no terminaron de gustarme de lo poco que les quedaba, y estar a punto de marcharme de vacío a la espera de que les llegasen los nuevos catálogos, vi un traje en una foto de un desfile (un traje que de hecho había pedido que me sacaran, pero que no lo habían hecho, por lo que asumí que no lo tenían ya) y comenté “Lástima que ese no estuviera disponible”. La chica, cansada (eran casi las 8, hora de cierre), se sorprendió: ¿No te hemos sacado ese? Pues sí que lo tenemos. ¿Te lo quieres probar?. Dije que sí, y llegó el momento de la revelación, como yo lo llamo.
El momento de la revelación es cuando te pruebas el traje de novia que han creado ex profeso para ti. Cada novia tiene uno, aunque, como con las almas gemelas, es posible que deambules de tienda en tienda sin encontrarlo, o que te engañen en la primera de ellas y te compres uno que no sea ese. Pero si tienes la suficiente suerte, o perseverancia, te probarás un traje, y será como si te iluminase un foco del cielo y un coro de ángeles entonase un himno para ti. De pronto, tus acompañantes se quedarán boquiabiertos, y la dependienta, que como su trabajo es vender, ha estado diciendo que TODOS los trajes que te has probado te sientan divinamente, particularmente los más caros, se quedará por una vez sin palabras.
Si tienes esa experiencia, no lo dudes: ese es TU vestido de novia. Eso me pasó a mí, y me fui a la vez feliz y triste, porque lo que iban a ser varias tardes de disfrutar probándome todos los vestidos del mundo ya se habían acabado. Ya no tenía excusa, ya no había más que mirar. Ese era mi vestido, y ese me compré, cosa de la que nunca me arrepentiré.
Cuando vives algo con tanta ilusión como es la preparación de tu boda (sé que hay gente que no lo vive así, pero para mí fue algo maravilloso), cuando se termina todo queda una sensación de vacío muy grande. De pronto, ya se había terminado. Ya había llevado el vestido, ya había ido a la iglesia, ya había sido el baile... Todas esas energías habían llegado a su fin, pero yo había tomado mucha carrerilla y ahora no podía parar de golpe. Así que durante un tiempo acaricié varias ideas: crear mi propio negocio de organización de bodas, abrir una tienda de trajes de novia (hasta intenté conseguir los catálogos de una que cerraba y buscaba alguien para el traspaso, pero la propietaria no sé por que me tomó tirria y cuando se los pedí dos días antes del cierre me dijo que aún podía haber alguna novia que entrase a comprar un traje a su negocio. Sí, hombre. Y en dos días le consigues un traje. En fin, qué se le va a hacer...) o diseñar mis propios trajes, de los cuales tengo cuadernos llenos.
Al final, claro está, ninguno de esos proyectos se materializó, aunque algunos no eran malas ideas, pero nunca he tenido ni vocación ni empuje empresarial, así que nunca me arriesgué. Lo más que llegué a crear fue un grupo de MSN, “Moda Nupcial”, en el que recopilé todos los datos que pude (aunque ahora el pobre esté un poco parado). Y durante años, mientras “colase” mi edad, seguí recorriéndome tiendas, recogiendo catálogos, y asistiendo a ferias de eventos nupciales, que empezaron a prodigarse justo el año anterior a mi boda.
Es innegable que el tiempo hace mella, y poco a poco perdí parte del entusiasmo inicial. Sigo aferrándome a los catálogos y revistas de trajes de novia que pasan por mis manos y me sigo parando en todos los escaparates, pero ya no me recorro las tiendas (se me empieza a ver el plumero) y tengo abandonada mi página web. Pero como el que tuvo, retuvo, aún tengo cierta fama entre mi familia de entender del tema (de hecho, entiendo, qué puñetas!), y mis primas Eva y Ana me han pedido ayuda a la hora de elegir sus respectivos trajes de novia (aunque Eva al final se fue a elegirlo por su cuenta, cosa que me dolió como una puñalada y me tuvo un día llorando, porque me había prometido ir conmigo....).
La más reciente ha sido mi prima Ana, que se casa el próximo día 11 de octubre. Ya tuvo el detalle de avisarme el día que iba a ir a elegirlo, y me fui de cabeza con ella, su hermana y sus padres a Pronovias. He de decir que Pronovias no es ni de lejos mi tienda favorita. Sé que su trabajo es vender, pero en este caso son casi como buitres y con tal de que no salgas de su tienda sin haber apalabrado un vestido (no vaya ser que vayas a otra y encuentres otro que te guste más) te avasallarán, te dirán que todo te sienta divinamente, y no serán todo lo honestas que una compra de esa envergadura requiere que seas. De hecho, sigo pensando que Ana debería haber buscado más. Se compró un vestido bellísimo, no hay duda, pero no existió ese “momento revelación” que yo digo, y la dependienta tuvo la desfachatez de decir que “no siempre había ese momento”. Y una m. Lo dices porque su momento revelación seguramente le estaba esperando en otra tienda, pero tu no la ibas a dejar escapar de sus garras. Hasta dejó apalabrado un velo de tul ilusión (forma bonita de llamar al tul cutre-que-te-cagas de los disfraces de carnaval) que para mi gusto, era el más soso de todos los que se probó, aunque es cierto que ninguno acababa de combinar bien con su precioso vestido.
Ayer tuvo la prueba final, así que conseguí que Josema se hiciera cargo de Leo y me fui (andando, a ver si conseguía sacar adelante mi dieta) hasta Pronovias para acompañarla en los retoques finales. Conseguirmos que se cambiase el velo por otro más bonito, apropiado y de mejor calidad, y la verdad, disfruté como una enana. Y me reafirmé en que quiero una camiseta como las que llevan las dependientas de Pronovias, negras con diseños de trajes de novia en blanco. Dibujo que no he conseguido encontrar ni siquiera en internet...
Publicado por Sonia en 13:51 0 comentarios
Etiquetas: Conociéndome, Pensamientos profundos, Recuerdos, ropa
martes, 23 de septiembre de 2008
DUDAS EXISTENCIALES

¿Por qué todos los modelos de sujetadores del Primark tienen relleno, sean de la talla que sean? ¿De verdad se creen que las que tenemos las tetas gordas queremos que parezcan más grandes todavía? ¿Es que las que tenemos las tetas gordas de verdad queremos que parezcan más grandes todavía, y yo soy un bicho raro porque ya me parecen bastante inmensas como son?
Publicado por Sonia en 13:46 0 comentarios
Etiquetas: Pensamientos profundos, ropa
miércoles, 17 de septiembre de 2008
CUESTION DE PESO
Oficialmente soy obesa. O eso me han dicho hoy en la revisión médica del trabajo. Toda mi vida he sorteado el sobrepeso, y hasta tuve una feliz etapa en la que se podía decir que estaba delgada (con un índice de masa corporal de 24, no se crean, pero ese IMC según todas las tablas está dentro del normopeso, y a las fotos de la época me remito, aunque haya quien piense que solo se puede ser feliz con un IMC de 16 como la anoréxica de la Giselle Bunchen). Pero a raíz del nacimiento e infancia de Leo me fui descuidando, y cuando me quise dar cuenta estaba en el que siempre había sido mi límite, así que desde entonces he alternado periodos de dieta con periodos de relajación… que han terminado este verano, con los malditos desayunos irlandeses, llevándome al punto al que me juré que nunca iba a llegar.
Obesidad. IMC de 30. La gente no me hace caso, pero es cierto. Vale, estoy en el límite, pero si desde hace 4-5 años me vienen sobrando 10 kilos, ahora me sobran 20. Cuando me pesaron en la consulta yo esperaba haber engordado (más teniendo en cuenta que el año pasado conseguí perder algo), pero no tanto. Culpables: la báscula, que decidió volverse loca y oscilar 5 kgs arriba, 5 abajo cada vez que me pesaba, con lo cual era imposible valorar si había perdido o no, y mi puñetera falta de voluntad. Con decir que el traje que llevé para la comunión de Leo, que cuando me lo compré me iba amplio, para la boda de mi primo Carlos me apretaba por todas partes! Mi madre le echó la culpa a la tintorería, pero no. Han sido muchos kilos.
Y hasta aquí hemos llegado. Esta vez va en serio. He de volver a la delgadez. Dicen que es mejor tener y después perder que nunca haber tenido (cantaba Django)… Bueno, puede que pueda aplicarse al amor, pero no al peso… Cuando había sido regordeta toda mi vida, toleraba mejor seguir siendo. Pero cada vez que pienso que hubo una vez que lo conseguí, que fui delgada, que ligaba, que me cogían de extra para obras de teatro y que estaba preciosa en las fotos, y que ahora no hay forma de volver a conseguirlo, me desespero, me enrabio y me cabreo.
Ojalá esta vez sirva de algo. Os contaré mis progresos.
Publicado por Sonia en 10:29 0 comentarios
Etiquetas: Conociéndome, preocupaciones, ropa, Trabajo
lunes, 18 de febrero de 2008
Y AHORA, ¿QUE ME PONGO?
Soy lo que la gente llama “grandota”. Que no es sino un eufemismo para “alta, gorda y torpona”, pero bueno. Lo he sido toda mi vida y aunque a temporadas aún me sigue acomplejando, he aprendido a vivir con ello, como con todo. A pesar de que hace 10 años conseguí adelgazar y ponerme en el que según las fotos y la talla de la ropa sería mi peso ideal (pese a que según las tablas y los canones de belleza actuales aún me habrían sobrado entre 10 y 15 kilos porque parece que midas lo que midas, si pesas más de 58 kgs, ya eres una foca), después de nacer Leo recuperé lo perdido y más, y al final, puesto que mi fuerza de voluntad brilla por su ausencia, he asumido que nunca más quedaré bien en las fotos y que tendré que conformarme con tallas superiores a la 44-46 toda mi vida. Al menos, no llego a lo que los médicos definen como “obesidad”, pobre consuelo, pero tengo claro que nadie me va a considerar grácil y esbelta en lo que me queda de vida.
Es curioso, y divago un poco más antes de tomar el tema por el que abrí este apartado, que lo que no me gusta es mi tamaño. Veo a gente más bajita que yo y más rechoncha, y en cierto modo me parecen más adorables, más, como diría yo, como las haditas de Disney. Pero parece que el “Alta y Delgada como tu madre” (que mi madre no ha sido nunca ni alta ni delgada, pero bueno) ha calado en mí y ser alta está reñido con el sobrepeso. Si eres alta, y gruesa, no queda bien. Y no consigo gustarme por ello.
En fin, a lo que iba (ahora sí). Cuando tienes una complexión como la mía, la principal odisea es comprar ropa. Durante 17 años (lo sé porque lo he mirado en internet) encontré una maravillosa empresa de venta por catálogo (Quelle) que aunaba buenos precios, calidad más que decente, tallaje amplio, forma de los pantalones adaptada a mi enorme trasero (MUY importante, ha sido casi siempre mi espinita a la hora de comprarme ropa toda mi vida) y la enorme comodidad de poder hacer el pedido desde casa. Los adoraba.
Probé un par de empresas más. Venca (a la que es aficionada mi madre), cuya calidad me decepcionó enseguida, aparte que sus campañas publicitarias siempre me han parecido odiosas ya que siempre parece que regalan duros a cuatro pesetas (Recuerdo aquella vez que le dijeron a mi madre “¡Ha ganado Vd. un video! Sin sorteos ni engaños, haga su pedido y reclame su video”. Cuando llamó por teléfono, ya que mi madre siempre hace los pedidos por teléfono, la pregunta al reclamar su video fue: “Si, tiene Vd. para elegir entre un video de aeróbic de Cindy Crawford o la vida de la Princesa Diana de Gales”.). Y la Redoute, más cara que las anteriores, de calidad similar a Quelle – y más mentirosos aún que Venca. Tuve un enfrentamiento con ellos en mi primer pedido, ya que si comprabas más de un importe determinado en ropa de bebé anunciaban un regalo sorpresa en su catálogo, y yo con mi pedido no recibí nada. Tras muchas quejas y llamadas telefónicas en las que me decían inocentemente que yo no había indicado en el pedido que quería ese regalo (¿Dónde, por Dios? Si no había ningún recuadro ni nada donde dijera que había que hacerlo, sólo decía que si gastabas X, te mandaban un regalo), me mandaron una mierda de espejito de bolso que no sé ya ni donde está. Por principios, dada la experiencia, solicité que me dieran de baja de su empresa y cada vez que recibo publicidad de La Redoute la tiro sin leerla primero. Quizás sea una tontería, pero odio a los timadores.
Así que sólo me quedaba Quelle. Como digo, esta empresa me acertaba con las tallas, cuando te prometía un regalo o un descuento conseguías ese regalo o ese descuento, ni más ni menos, y tenía ropa que me gustaba mucho, además de algo que siempre me ha gustado mucho y me resulta casi imprescindible: pantalones de tela elástica, mucho más cómodos que los normales. Durante una temporada, por culpa sobre todo de la moda en la que los vestidos tenían que ser de falda recta y los pantalones de cintura baja, dejé de comprar tanta ropa por un tiempo, y la poca que compraba no terminaba de sentarme bien (si a eso añadimos mi negativa psicológica a mi aumento de peso, que hizo que siguiera comprando la misma talla mucho tiempo, nos encontramos con un cargamento de vaqueros que no terminan de entrarme bien… pero en fin). Pero al final las cosas volvieron a su cauce y el verano pasado pude reemplazar muchas piezas, incluidos los vaqueros.
Este invierno uno de los vaqueros se me rompió casi al día de estrenarlo por culpa de un tornillo mal situado en una silla de un bar. Otro, de los más cómodos, por algún motivo, cada vez que lo lavo retiene un desagradable olor a humedad, así que me lo pongo como último recurso (aunque más veces de lo que debería, la verdad).
Por ello, este mes decidí que ya no esperaba más tiempo. Me he vuelto perezosa y he descuidado mi aspecto, y reconozco que gasto más en ropa para mis muñecos que para mí, pero la cosa no podía seguir así, y tenía que renovar mi guardarropa. Hice de tripas corazón y limpié medio armario, incluida ropa de recién casada que guardaba para “cuando volviera a adelgazar”. No llegué a desechar el pantalón maloliente, pero si el roto aunque lo había zurcido convenientemente, y apenas lo había llevado. Ya me compraría más.
Y este fin de semana desempolvé las revistas en busca del catálogo Otoño-Invierno para hacer uno de mis mega-pedidos. La verdad es que no recordaba haberlo recibido, pero siempre podía reclamarlo, o hacer un pedido por internet. El catálogo, efectivamente, no estaba en casa, y sólo me quedaban algunas cartas del verano ya que el catálogo de verano lo había tirado ya. Bueno, siempre puedo llamar o mirar en internet. Así que me voy a mi maqui y tecleo la página web: www.quelle.es.
Servidor no encontrado.
Con un terrible presentimiento, me voy a mi querido amigo Google y tecleo: Quelle.
Entre las muchas páginas, la que me temía:
QUELLE ESPAÑA CIERRA SUS PUERTAS TRAS 17 AÑOS DE ANDADURA
(Si, por eso sé que llevaba 17 años con ellos. Les he sido fiel desde que empezaron).
Se me cayó el alma a los pies. Busqué más, porque no me rindo fácilmente, y me encontré, aparte de con la precaria situación en la que habían quedado los empleados (que es una desgracia mayor que la mía, para qué vamos a engañarnos), con que Quelle.de, la página original alemana, no permitía comprar internacionalmente, que hubiera sido una buena solución. También descubrí que pertenecen al grupo de Grandes Almacenes Karstadt, mis favoritos las pocas veces que me he perdido por ese país, por lo que no me sorprende la calidad y el tallaje de las prendas. Pero es un conocimiento que de poco me sirve ahora, ya que tampoco es cosa de hacer como la pija de mi prima María Jesús e irme un fin de semana a Frankfurt de compras, por que sí… Aunque, ahora que lo pienso… ¿quizás no sería tan mala idea hacerlo dos veces al año? Aunque a ver quien va a devolver la pieza y reclamar que te devuelvan el dinero si sale de mala calidad… Se me va la pinza, lo sé….
De pronto, mi horizonte a la hora de elegir mi ropa y vestir de forma cómoda a la par que elegante se ha visto reducido a la nada. Tengo que empezar de cero, y buscar un lugar donde me vendan vaqueros elásticos, bien de precio, altos de cintura, anchos de cadera, y donde no tenga que re-ubicar mi mente de nuevo y contar con dos tallas más de las que usaba en Quelle. Va a ser difícil, más aún cuando apenas salgo de casa para esos menesteres. Y la pregunta se clava en mi córtex cerebral.
Ahora, ¿qué me pongo?
Publicado por Sonia en 10:49 0 comentarios
Etiquetas: Conociéndome, desahogos, preocupaciones, ropa
jueves, 8 de noviembre de 2007
LA ROPA DE H&M


Ayer fuimos a comprarle ropa a Leo, que buena falta le hacía. Me gusta comprar en el H&M, porque por menos de 100 euros (de hecho, yo me gasté 85 y mi madre 11) el niño tiene ropa para todo el invierno. La ropa de H&M además es bonita y da bastante buen resultado, no como otras marcas baratas como el Kiabi, C&A o incluso Zara, que sinceramente, deja bastante que desear, al menos para mi gusto. Mi única queja con H&M era que a partir de los 8 años (y dado el tamaño tanto de altura como, sobre todo, de anchura, de mi hijo, ese límite en realidad se rebasó a los 6 años) los diseños de las camisetas y demás ropas pasaban a ser demasiado “de adultos”. Ya no había estampados divertidos ni muñequitos manga en las camisetas. Como mucho, según vi este verano, mucho carácter japones y dragones asiáticos, de los que llenó su guardarropa, apropiadísimamente, para el viaje al país del sol naciente.
Bueno, pues ayer me llevé una gratísima sorpresa. La ropa pre-adolescente del H&M había pegado un cambio radical. Seguíamos con estampados muy “adultos”, pero dios mío, ¡parecía ropa diseñada por Dollheart! (para el profano, uno de los diseñadores de ropas para BJDs o muñecas articuladas de resina asiáticas más carismáticos y rompedores). Una mezcla rapero-macarra-gótica-laenredemosconventanasalacalle que me enamoró.
Le hubiera comprado media tienda. Sobre todo los pantalones negros con cadenas, camisas con corbata negra y estampado de calaveras y, oh, Dios mío, lo mejor de todo, un chaleco a rayas con forro de calaveras doradas sacado directamente de la banda de Al Pacino. No cayó simplemente porque la talla le iba justa, y de utilizarlo, lo hubiera utilizado el año que viene para la boda de su tía Ana (quien, por cierto, fue varios años dependienta en dicha tienda). Pero me quedé con el gusanillo y, ¿sabéis qué? El próximo viernes (o sea, mañana) que tenemos comida de trabajo en el Gran Casa, centro comercial donde hay otro H&M, voy a buscar ese chaleco. Y si tienen una talla más – ah, amigo, te has caído. Cogeré el conjunto completo: chaleco, pantalón con cadenas, americana y camisa con corbata. Por si acaso el año que viene no sacan nada tan bonito. Estoy enamorada, qué se le va a hacer…. Y me va a costar una miseria.
Publicado por Sonia en 13:55 0 comentarios

