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lunes, 28 de octubre de 2013

UN POCO DE ANIME



El otro día comentaba que, a pesar de lo tóxico que me parece, continuo siguiendo una cuenta en tumblr por la información que me proporciona. Y el pasado sábado comprobé de nuevo que mereció la pena. Gracias a Tumblr he sabido de videojuegos, películas o series de Televisión varias, que luego he visto con mejor o peor fortuna. No voy a decir que todos ellos hayan sido maravillosos, pero en general, como cuando vimos “El Sueño de Alexandria” o “La chica que saltaba a través del Tiempo”, nos han proporcionado un buen rato. De hecho, esta última propició una especie de ciclo de anime en nuestras reuniones de los sábados que hizo que nos viesemos en tres semanas consecutivas las tres películas que ha sacado hasta la fecha la misma compañía: la ya mencionada chica que saltaba a través del tiempo, Summer Wars y Wolf children.

Así que cuando otra entrada random de Tumblr me llamó la atención sobre la película “Tokyo Godfathers”, decidí que había que verla.




La premisa parecía interesante: tres vagabundos que encontraban un bebé la víspera de Navidad. Quizás no original (recordaba mucho a las viejas películas navideñas del palo de “Qué bello es vivir”), aunque si inusual tratándose de un anime japonés, sobre todo por el hincapié que hacen en la Navidad Cristiana. Pero lo que más me atrajo es que había sido realizada por el mismo estudio que Paprika, que me parece una obra maestra, así que me puse a buscarla, a ser posible doblada en español de España, ya que, qué quereis que os diga, soy de esas personas que prefieren ver la película a leer los subtitulos (y más aún si es una película en Japonés, idioma que no solo no entiendo, sino que además la entonación es tan diferente a la nuestra que me descoloca completamente cuando lo oigo: normalmente no me coincide para nada lo que se supone que están diciendo con el tono en que lo dicen). Al final, curiosamente, conseguí una copia de la edición Británica en Amazon en la que los únicos idiomas disponibles eran español y japonés… Por qué los ingleses prefieren verla doblada a nuestro idioma en vez de al suyo sigue siendo un enigma para mí, pero me vino de perlas, porque además con gastos de envío y todo me costó unos 7 euros… Vamos, más barato que una entrada de cine. Así da gusto.

Y dado que la recibimos la semana pasada, pues se convirtió en la siguiente película de nuestro ciclo de anime de los sábados.

Tras la decepción de la película del Sábado anterior, Viajea Agartha, que fue, a falta de una mejor definición, floja fojísima, la verdad es que, al menos yo, empecé a ver esta película con ciertas reservas. Reservas, sin embargo, que se fueron convirtiendo poco a poco en una sonrisa cada vez mas ancha.

Señores, Tokyo Godfathers es una película redonda.

La historia, que podría convertirse en un pastel almibarado o en un dramón insufrible, mantiene un perfecto equilibrio entre la comedia y el drama sin caer en ningún momento en la sensiblería (¿a que sueno como una crítico profesional?). Las casualidades imposibles, una tras otra, cobran sentido cuando tienes la sensación de que el bebé es en sí un amuleto de la buena suerte. Ese final apoteósico, glorioso, con esa escena que no cuento por no hacer spoiler pero que teneis que ver. Las historias se cierran todas, todas de la mejor manera posible, con moral pero sin moralina. Y los personajes son todos ellos absolutamente soberbios, con una muy especial mención a ese travesti alto, desgarbado y hombruno que lleva la voz cantante durante toda la historia.

El ritmo, además, es muy occidental. Hubo momentos en que no me hubiera sorprendido que fuese una película de acción real, y si no fuera porque la acción era en el Tokyo más castizo (costumbrista, además. Lo que aprendes con esa película sobre el Tokyo triste y profundo no tiene nombre), hubo un momento que me sentí como si viese una de esas buenísimas comedias francesas, con la bellisima visión de la vida de Amelie”, los personajes estrámboticos y aún así, creíbles, de “Los Visitantes” (realmente imagino a Jean Reno en uno de los papeles) o la impresionante forma de transmitir un mensaje moral de “Intocable”.

Una obra maestra, en serio. De lo mejor que he visto últimamente. Si teneis ocasión, no os la perdais. Incluso aunque no os guste el anime.

domingo, 29 de agosto de 2010

LA CULPA FUE DE JACKIE CHAN





Dije en una entrada anterior que siento especial cariño (dentro del cariño que se puede sentir por alguien a quien en realidad no conoces de nada) por el actor chino Jackie Chan. Sin ser fan acérrima de sus peliculas, no puedo evitar sentarme ante la tele cuando empieza una de ellas, y a menudo me engancha más que otras películas de mayor categoría, sobre todo las de su época más auténtica, cuando filmaba con pocos medios y muchos porrazos en su ciudad de origen, Hong Kong.

Una de sus últimas películas de esa época, no sé si antes de su éxito en Hollywood, pero desde luego todavía rodada en Hong Kong y a la vieja usanza, es “El Supercop”. Con ese título, quizás no se pueda esperar una gran obra del séptimo arte, pero por algún motivo esa película se quedó grabada en mi cabeza. Sobre todo unas escenas al final de la misma, con una pelea en el tejado del Centro de Convenciones de dicha ciudad, desde donde se veía todo el paisaje de la misma, plagado de hermosos rascacielos que no tenían nada que envidiar a la mismísima Nueva York. Fue viendo esas escenas cuando me prometí a mi misma que si algún día viajaba a China, una de mis metas sería Hong Kong.

Como digo a menudo, soy afortunada, porque la he cumplido. Estas vacaciones, de forma un tanto precipitada, nos hemos embarcado en un viaje que hacía años que queríamos hacer. Un viaje que empezó siendo de bajo presupuesto y que casi duplicó su precio cuando decidimos añadir un par de días extra en Shanghai y la extensión a la ciudad de Hong Kong, de lo que no me arrepentiré en la vida porque fueron las dos experiencias más fascinantes de un viaje ya fascinante de por sí.

Y durante todo el tiempo que recorrimos la ciudad de Hong Kong, una amalgama de culturas con la fascinación de oriente y el progreso de occidente, que podría perfectamente haber estado sacada de la película Blade Runner, mientras buscábamos la tienda de Lego que destrozaban en la pelicula “El Supercop”, nos admirabamos de la inmensidad de los rascacielos o del interior del Centro de Convenciones, sentíamos perdernos el espectáculo de luces de la bahía que anularon como señal de duelo por el atentado en Manila, veíamos pasar esos estrechos tranvías de dos pisos que a duras penas caben por debajo de los enormes carteles luminosos que cruzan de un lado a otro de las calles en la zona comercial de Kowloon, pero sobre todo, cuando vimos su nombre en el paseo de las Estrellas (un paseo lleno de huellas de manos de actores y directores chinos, al más puro estilo Hollywood), no pude evitar tararear, al ritmo de los ya casi olvidados Gabinete Caligari, “La culpa fue de Jackie Chan”…

miércoles, 14 de abril de 2010

CONAN ES UNA MARY SUE


Al hilo de la tan renombrada saga vampírica de Crepúsculo he leído (y oído) comentarios despectivos diciendo que la protagonista, Bella, era una “Mary Sue”. Dentro de mi ignorancia sobre según que temas, la verdad es que la definición, pensé, le venía como anillo al dedo. Y es que a mi me dicen “Mary Sue” y pienso en la típica niña bien de historia (norte)americana con moralina, ya saben, al hilo de “Peggy Sue se casó”… hasta físicamente me viene a la cabeza una damisela con pelo rubio y falda con cancan al estilo finales de los 50/principios de los 60, y una moralidad muy al estilo de la fantástica, preciosa película, “Pleasantville”. Sinceramente, pensé que la descripción le iba al pelo a Bella, y dentro del contexto en que lo leí, a los otros personajes a los que aplicaban dicho epíteto, como las inocentonas historias de Mercedes Lackey (que por cierto, son bastante más agradables de leer) o las acarameladas heroínas (siempre bellas, siempre inocentes, siempre con complejo de inferioridad) de las novelas románticas de toda la vida (las baratas, o las de Highlanders que tanta hilaridad sana nos han deparado en este hilo de mi foro favorito). Todo concordaba perfectamente.

Y de pronto, en ese foro en el que lurkeo pero nunca admitiré que visito, me encuentro información ampliada sobre las Mary Sues y me demuestran mediante diversos comentarios y enlaces que mi idea original está completamente equivocada. Porque resulta que una Mary Sue no es, como yo pensaba, el tipo de personaje que todas creamos en nuestras historias hiperhormonadas de adolescentes porque se trata de la chica inexperta, que es bonita pero no lo sabe (y no se lo cree, pero tiene que ser bonita para que sea creíble que el maravilloso protagonista se enamore de ella), que no tiene nada de especial pero que al final saca lo mejor de sí misma para conseguir salvar la historia, que al final da grima de lo acaramelada que es… en fin, una Bella de Crepúsculo cualquiera. Vamos, que a mi me ponen este dibujo de Deviantart (enlace proporcionado por dicho foro):

Y mientras yo creo sinceramente que la Mary Sue es la primera, resulta que no, que la Mary Sue es la segunda, la que parece Sailor Moon o cualquier otro personaje del Anime de toda la vida (que si, que no por ello es menos ridículo, pero es que ¡es tan frecuente!).

Y es que ahora resulta que las Mary Sues son personajes hiperinflados, con superpoderes, superfantásticos, que destacan por encima de todos los demás y que hacen que todos los demás personajes de la historia caigan a sus pies. Vamos, lo que los franceses daban en llamar, en los círculos de los juegos de rol y a raíz de cierto personaje que acabó teniendo su propio comic, un Wismerhill. Y me cortocircuito toda porque… entonces, ¿por qué la gente dice despreciarlos tanto?

Mirad este test que proponen en uno de estos foros, y ahora pasádselo, no al personaje de vuestra invención, ese que jugais en vuestra partida de rol particular, ese que habeis personificado en una BJD de resina, ese que inventasteis en vuestra adolescencia para enamorar a vuestro héroe de turno… sino a personajes populares, incluso clásicos, como Superman, Flash Gordon, Tarzán, Scaramouche, cualquiera de los superhéroes modernos, Thorgal en el comic europeo, personajes del cine de actualidad como Neo de Matrix, personajes de videojuegos como Lara Croft o el Príncipe de Persia… y a ver que os sale (lo que más me joroba es que si esos personajes son hombres y los crean hombres, entonces está bien. Pero si son mujeres y los crean mujeres, entonces es que vivimos en el fantástico mundo de la piruleta o estamos hiperhormonadas)…

Yo he llegado a la conclusión de que Conan es una Mary Sue…

domingo, 11 de abril de 2010

CABALGANDO DRAGONES


Hace muchos años, cuando estrenaron la versión cinematográfica de “La Historia Interminable”, me pegué mucho tiempo enchochada con esa película. Puede que ostente el record de la película que más veces he visto en cine (creo que llegaron a ser unas 11 veces, contando una que vez que me invitaron a una sesión matinal sorpresa y resultó ser esa misma película), llené la habitación de pósters, me suscribí a revistas alemanas para tener fotografías (que eran escasas en la prensa española), y ante los comentarios de que la película era mala, sobre todo en comparación con el libro, yo la defendía diciendo que sí, que era muy diferente al libro, pero aún así, me gustaba tanto como el mismo (que en su día también me había encantado)… y creo que fue por Fujur y las escenas en las que Atreyu volaba en él.

Durante meses soñaba con cabalgar en un dragón de la suerte. Y es gracioso, porque soy una persona con miedo a las alturas y a la velocidad. Y sin embargo, iba al parque de atraciones, me subía al Twister, cerraba los ojos y pensaba “Voy cabalgando en un dragón de la suerte”. Y era feliz. Todavía lo hago, en realidad.

Fujur sigue siendo parte de mi iconografía adolescente. Fui feliz como una niña pequeña cuando con unos 20 añazos me lo encontré al natural (o al menos la maqueta que usaron en la película) en los Estudios Bavaria de Munich, y cuando este año 2009 hemos vuelto a verlo ha sido como reencontrarme con un viejo amigo. Por supuesto, su versión en peluche se vino a casa en cuanto pasé por la tienda (a veces lo confundo con mi gato, porque tienen exactamente el mismo color).

Así que si aquella vez, viendo una película de los años 80, con efectos especiales tirando a cutres, me sentí así… os podeis imaginar como me sentí el pasado 26 de Marzo, viendo “Como entrenar a tu dragón”, animación por ordenador en 3D de primerísima calidad, paisajes que parecían reales y un dragón con la carita de Stitch y comportamiento felino del que te enamoras cada vez que fija sus enormes ojos verdes en la cámara. La película, como en el caso anterior, apenas es fiel al libro en los nombres de los personajes y ciertas cosas de la linea argumental, pero como el libro no es tan famoso (aunque tiene el honor de haber sido el primer libro “gordo” que se leyó Leo, a la edad de 6 años), quizás el tema no trascienda tanto. A mi, en cualquier caso, no me afecta demasiado. Tengo asumido que el libro y la película son cosas diferentes, y si la película me aporta cosas nuevas, no me importa que cambien el argumento (es curioso, llevo peor que cambien a los personajes que el argumento en sí). De hecho, debo ser la única persona a la que la adaptación de El Señor de los Anillos le dejó fría… Sí, maravillosa, espectacular pero… no me aportaba nada que no hubiera visto ya en mi imaginación cuando leí el libro…

Volviendo a “Como entrenar a tu dragón”, quizás lo mejor de esa película no es tanto lo que cuentan (la historia de siempre del chico diferente que luego demuestra que eso no le hace peor que los demás) sino cómo lo cuentan. Aparte de los medios técnicos, innegablemente soberbios, está un guión ágil, unos personajes carismáticos y creíbles, al menos dentro de la historia de fantasía que cuentan, reacciones que el propio espectador podría tener, gags graciosos, paisajes impresionantes… y un dragón que cualquiera querría tener como mascota.

Así que Desdentao pronto se coló en mi corazón. Hasta el punto que ya hemos ido a ver la película al cine dos veces y no me importaría repetir, si no fuera por esos malditos horarios infantiles. Pero, como en “La Historia Interminable”, cuando realmente decidí que tenía que dedicarle una entrada, fue cuando Hipo cabalga en él por los cielos, con el espectador acomodado en la grupa a su lado. Me dejé llevar, volé, subí y bajé, y me sentí de nuevo como la adolescente que viajaba en Fujur, con esa sensación en el corazón que solo he visto descrita una vez, en aquella escena de Amelie en la que ella acompaña al mendigo ciego hasta la estación de metro, y entonces el corazón de él se ilumina y vuela de la emoción. Yo sentí lo mismo.

Y sé que cuando vuelva a subir en una de esas atracciones moderadas que a mí me gustan, cerraré los ojos, sentiré el viento en la cara, y esta vez, tendré dos cabalgaduras imaginarias para elegir… ¿seguiré fiel al anciano, perruno y sabio Fujur, o me dejaré llevar por el felino, juguetón y expresivo Desdentao?

Elija a quien elija, volveré a ser feliz, porque gracias a la magia del cine y al milagro de la imaginación, me podré permitir el lujo de volver a cabalgar dragones…




Nota: Si echais unas entradas hacia atrás, veréis que, de propina, he actualizado con un par de entradas antiguas. Por si me echabais de menos...

viernes, 5 de febrero de 2010

LIBROS DE NIÑOS NO TAN PARA NIÑOS


Hace poco he leído algo sobre el fenómeno de los libros para jóvenes que están siendo un éxito de ventas entre los adultos. Sagas como Harry Potter (y que conste que no soy una gran fan de esta saga, pero al menos ha conseguido que mucha gente joven lea) o Crepúsculo (a pesar de muchas cosas, sí) enganchan a padres e hijos por igual, y cuando ves la calidad de algunos libros “para adultos”, tampoco te sorprendes tanto. Aunque a mi lo que me sorprende es, como tantas veces, que descubran eso ahora como si no hubiera pasado nunca (y mira que conozco gente que se ha leído “El principito” de adultos).

Porque sinceramente, dada la calidad (y la amenidad) de algunos libros “para adultos”, desde que tengo uso de razón me he ido de cabeza, en la revista de Círculo de Lectores, a la sección de literatura juvenil. Y es que cuando te gusta la fantasía, muchas veces tienes que ceñirte a esa triste etiqueta (porque en el fondo, todas las eytiquetas son tristes, ya que conllevan un prejuicio), ya que en cuanto en un libro salen hadas, elfos o dragones, o es Tolkien, o es subrealista, o ya te lo engloban sin leerlo en literatura juvenil (y porque a menudo tienen demasiadas páginas para poder etiquetarlo como literatura infantil directamente) – las contadísimas excepciones lo son o bien porque las editan editoriales que saben lo que tienen entre manos (como la experimentada Gigamesh, que se hizo muy a tiempo con el filón de “Canción de Hielo y Fuego”) o porque los contenidos de violencia o sexo son tan evidentes que salta a la vista la imposibilidad de encasillarlos en el género juvenil (eh, esto también se puede aplicar a “Canción de Hielo y Fuego”).

Así que yo estos días me he leído el maravilloso “El libro del cementerio”, de mi siempre admirado Neil Gaiman, y como cuando leí Stardust, lo he cerrado con un suspiro y he sentido que se acabase, y aunque desde luego tengo la sensación de que está escrito pensando en que lo lea un niño, no he podido evitar encontrar muchos niveles en su lectura, muchos detalles que un niño no entendería, y un poco de pena porque creo que Gaiman, si no se hubiera constreñido a la idea de hacer un libro infantil, todavía podría haber sacado más partido a una gran historia, no tanto por su argumento (quizás la premisa quede un tanto coja), sino sobre todo por la pequeñas historias menores que encierra (la de la bruja es desde lejos mi favorita) y como siempre, por la forma maravillosa que tiene este hombre de contarlas. Es un libro que en cuanto lo he terminado se lo he pasado a Leo, y la pena es que con los libros de lectura del colegio, no le está dando tiempo a leerselo al ritmo que debería, pero me enorgullece ver que, por fin, un libro como Dios manda, que no sea uno de esos refritos de “El barco de Vapor” (colección que encierra perlas, no lo niego, pero también muchos despropósitos de esos que confunden la literatura para niños con literatura para tontos), y que le haga querer leer más cosas del mismo autor.

En verano también cayó en mis manos “Tamsin”. Este libro venía avalado por ser obra de un poco prolífico autor al que adoro, Peter S. Beagle, que me enamoró con “El último Unicornio”. Y de nuevo venía con la etiqueta de “juvenil”, agravada por el hecho de que según el propio libro, la historia había empezado siendo un proyecto para la compañía Disney. Pero Beagle, como siempre, va más allá. Tras un comienzo un poco flojo, efectivamente, “infantil” (adolescente con problemas de adaptación, la constante en todos los libros juveniles, aunque da igual porque para hacer el libro “adulto” solo teneis que cambiar el personaje por “escritor sin inspiración”, “periodista fracasado que intenta solucionar un enigma” o “exmarine borracho que intenta rehacer su vida”), la trama se enreda con una historia de fantasmas que te atrapa para conducirte a un final colosal, aprendiendo de paso muchos detalles sobre la mitología anglosajona. Y a pesar de tener muchos elementos en común con el Libro del Cementerio (dos libros en los que los fantasmas no te dan miedo, sino que acabas encariñándote con ellos), son completamente diferentes. Y que no me pongan en duda su calidad literaria, por favor.

El otro libro “juvenil” que leí, justo a continuación de éste, ha sido “Graceling”, y aunque no lo pondría en mi lista de los 10 mejores libros de la historia, de nuevo me ha sorprendido verme atrapada en una historia ágil, bien escrita, atractiva y con tintes inesperados. No me atrevo a ponderar su originalidad, pero desde luego, el argumento al final ha tenido poco que ver con la idea preconcebida que me había forjado al leer la contraportada y eso me ha sorprendido varias veces, lo cual siempre es de agradecer, porque con eso ves que no te están contando la historia de siempre (o al menos, la han disfrazado mucho mejor que en otros casos). Aún no sé exactamente por qué ese libro venía como literatura juvenil, a menos que sea porque los protagonistas son jóvenes (pero no adolescentes), y no aparece sexo ni violencia explícitos… ah, claro. Será por eso. (Porque violencia sí que hay - y sexo, pues también se sugiere, oigan)

En resumen, lo llamen como lo llamen, nos digan lo que nos digan, yo no tengo reparos en buscar en las estanterías de literatura juvenil mi próximo libro de fantasía, porque sé que muchos pequeños grandes momentos se esconden entre esas hojas. Aunque no descarte otros géneros, otras edades, otros autores. Hay muchos mundos que visitar. Y los libros, todos, son una puerta maravillosa para acceder a ellos.

sábado, 26 de diciembre de 2009

AUTORREGALOS

Este año he descubierto el placer de los autorregalos navideños. No es que los regalos que he recibido de parte de otras personas estén mal, al revés. Mi marido se lo ha currado, consiguiéndome el peluche del monstruito “Brother”, del Anuncio del SEAT Altea, del que llevaba encaprichada desde que lo ví en el stand de SEAT de Port Aventura el pasado 31 de Octubre. Mis padres me han conseguido un precioso mantón de Manila para sustituir el pobre mantón sevillano de más de 30 años que todavía apuro en las últimas Ofrendas de Flores, precioso, único, original y con bordados extras hechos por mi madre, pero ya un tanto deshilachado por los años de uso. En general, no tengo quejas.

Pero tenía el capricho de desenvolver una BJD que me encontrase debajo del árbol de Navidad una Nochebuena, y, aunque oficialmente el regalo me lo hace Josema, me encargué una preciosa Ruru 21 de Elfdoll para que llegase a tiempo para dicho evento. Desgraciadamente aduanas decidió que sería demasiado hermoso para ser cierto y la retuvo, y como el 24 no hay reparto, y hoy sábado se han tomado puente, la muñeca no ha llegado ni para Navidad.

Por otra parte, cuando compré el regalo de mi suegra, un pijama de la caprichosa tienda Etam, añadí a la cuenta una camisola para mí, que andaba algo necesitada de reponer ropas. La consideré un autorregalo, aunque cuando la vendedora me ofreció envolverla como tal me dio vergüenza y le dije que no hacía falta. Cuando ví la encantadora caja en la que envolvieron el pijama de mi suegra me arrepentí de no haber pedido una cajita para mí, y para compensar, me envolví la figura del Pirata Roberts que me compré en la FNAC y esa sí que me la puse debajo del árbol. Porque sí, porque me quiero mucho.

El caso es que hoy nos hemos acercado a cambiar un regalo repetido a la FNAC y a que Leo se puliera su regalo en casa de sus abuelos paternos (50 euros) en los complementos que le faltaban para su juego de Lego Rock Band, que por falta de información le había llegado sin instrumentos musicales (y ha tenido la suerte de que por dichos 50 euros tenía el set completo). Y me he acordado de que en Sephora tenían unas bañeritas de plástico de adorno de las que me había encaprichado, así que tras dejar el cajón con los instrumentos en el coche nos hemos acercado a por dicha pieza. La dependienta nos ha dicho que las bañeritas las ponían a partir de 20 euros de compra en productos de la casa, así que hemos elegido geles de baño, hemos pagado, y mi sorpresa ha sido cuando he descubierto que la bañerita en cuestión era parte del envoltorio de regalo – vamos, que no había que pagar por ella como en otros sitios, así que nos hemos puesto en la fila, les he pedido la bañerita en cuestión... y para rematar la faena, nos han metido el conjunto en una preciosa bolsa de tela de purpurina azul. Todo como envoltorio de regalo. Yo, en el séptimo cielo, me encantan esas chorradas...

Y es que regalarse cosas es un placer. Creo que me voy a dejar de vergüenzas y lo voy a hacer más a menudo: “¿Lo quiere para regalo?” “Sí, por favor”.

lunes, 14 de diciembre de 2009

FRASES LAPIDARIAS

Leo siempre ha sido capaz de sorprenderme con una frase. Empezó muy jovencito, cuando con 2 añitos recién cumplidos, en Diciembre, en un centro comercial, me pidió que compartiera con él mi zumo de naranja repitiendo el “¡Ponme otra, amigo, me tienes seco!” que acababa de oír en la pantalla del Media Markt dónde estaban proyectando la genial “El Emperador y sus locuras”, de Disney.

Después de aquello ha tenido como mil salidas de ese estilo, y probablemente las he registrado en algún sitio, pero como mi amigo el señor Alemán está tan activo últimamente, creo que soy incapaz de recordar ninguna. Haciendo memoria me viene a la cabeza su definición de DNA, hecha cuando tenía 5 ó 6 años: “eso que tenemos en nuestro interior que hace que seamos como somos”. O cuando infirió, al mirar una tabla periódica y siguiendo el razonamiento de la película Evolution, que, si los seres humanos somos seres vivos basados en el Carbono, y nuestro veneno es el Arsénico, y los marcianos de esa película estaban basados en el Silicio y por tanto su veneno era el Selenio, Superman, cuyo veneno es la Kriptonita, tenía que ser una forma de vida basada en el Fluor (coged una tabla periódica y seguireis el razonamiento). Seguramente al final recordaré alguna más... Pero no quiero que se me olvide la de ayer, porque fue simplemente redonda...

Estábamos terminando de comer en casa de mis padres, como todos los domingos, y salió el tema de un trabajo que estaba haciendo a medias con una compañera de clase sobre la geosfera terrestre. Necesitaba imágenes, y quería que le ayudásemos a descargarlas de internet e imprimirlas. Pedía especialmente alguna imagen de la película “El Núcleo” que habíamos visto recientemente y de la que se le había quedado la errónea impresión de que una teoría decía que la tierra era hueca como una Geoda. Entonces le corregimos, ya que en esa película lo que sugerían era que había espacios huecos como geodas, efectivamente, pero no en el centro de la tierra sino repartidos por el manto terrestre, y mi marido empezó a explicarle como sería un hipotético corte de la Tierra. Empezó usando como ejemplo una naranja, pero al faltarle el núcleo pasamos rápidamente a un melocotón: “Imaginate un melocotón”, le dijo. “El hueso, ¿qué sería?” “El núcleo”, dijo Leo. Siguieeon con la carne (el manto), y la piel (la corteza terrestre). Yo, por hacer la broma, y pensando que lo relacionaría con la película ya nombrada y que diría que era la nave de los protagonistas, le pregunté “¿Y el gusano? ¿Qué sería el gusano?”.

Y el contestó sin dudarlo ni un momento y sin equivocar la pronunciación:

“¡Jörmundgander!”

Sobran los comentarios.

sábado, 12 de diciembre de 2009

SPANISH MOVIES

Hace algunos años una película cambió mi vida. Y si esperáis una película profunda o de cierta relevancia moral, estáis equivocados. La película en cuestión fue "Scary Movie 3", y si cambió mi vida fue porque algunos meses antes, Leo había visto “Señales” y había desarrollado un terror pánico hacia los extraterrestres y hacia cualquier cosa que le recordase dicha película. Es curioso como los miedos cambian de unas personas a otras, porque a mí Señales me pareció una peli más bien aburrida, pero a él, como digo, le encendió un pequeño interruptor en su interior y desde entonces no podía ver ni los tráileres de Expediente X en la televisión.

De pronto, haciendo algún tipo de zapping, nos encontramos con "Scary Movie 3", que parodiaba con gran maestría “Señales”, “The Ring” y otras películas menos aterradoras como “Matrix”. Y aunque Leo no perdió el miedo a los extraterrestres, el hechizo que hacía que sólo recordarle “Señales” le dieran escalofríos se rompió. Empezamos a dormir más tranquilos y a valorar un género que a mi al menos me pasaba desapercibido, las parodias de otras películas o, como las llaman usando un término anglosajón, “Spoof movies”. Que en realidad ha dado pocas perlas, aparte de esta Scary Movie 3, ya que incluso las primeras partes de esta parodia son mucho peores, soeces, desagradables, y con un humor menos agudo que esta tercera parte o que la cuarta, que tampoco está mal del todo (impagable la escena en la que Cindy Campbell habla en “japonés” subtitulado con el niño de “La Maldición”).



A pesar de ello, cuando descubrimos que en España habían decidido realizar una película en la misma línea, cuanto menos, la curiosidad nos pudo.



Los tráileres nos empezaron a enganchar...



Y nos faltó tiempo para ir al estreno, en los multicines Renoir, por cierto (que son los que más cerca tenemos de casa, y que por su repertorio de cine español y/o intelectual la verdad es que frecuentamos poco)...

La verdad es que la película no nos ha decepcionado. Que no pasará a la historia del cine, vale. Que proporciona un buen rato riéndose sin malicia, y con bastante mejor gusto que las dos primeras Scary Movies, del cine español, es una verdad como un templo. Lo mejor de todo, que incluso aunque no hayas visto todas las películas que parodian, sólo con lo poco que se sabe de ellas como cultura popular (no parodia “el cine español” tradicional, de la pre-post-durante-Guerra Civil o de comedia romántica soez tipo Jorge-Sanz-se-quiere-f*ll*r-a-Maribel-Verdú, sino los grandes éxitos que lo han sido, precisamente, por salir de esos aburridos tópicos que Juanma Bajo Ulloa englobó tan acertadamente en aquella convención de StarWars) coges los guiños y te ríes a carcajadas.

Y entonces te vas reconciliando con el cine español, y lo apoyas, y te animas a ver “Planeta 51”, que no tiene nada que envidiar a otras películas de animación 3D que se han estrenado de otras compañías (quizás no llegue al nivel de la Pixar, pero en lo que a mi respecta lo pondría a la altura de películas como “Shrek”), o descubres de casualidad pequeñas joyas como “Nocturna”, deliciosa historia de fantasía con una animación completamente distinta a lo que estamos acostumbrados, música maravillosa, y un argumento que a mí me recordó a la vez a las poéticas historias de estrellas perdidas de Neil Gaiman y a los mundos de fantasía infantil para niños inteligentes de Michael Ende...



No os perdáis ninguna de ellas. Cada una en su género, vale la pena, y les dan mil vueltas a todo lo que nos viene del otro lado del charco.

jueves, 26 de noviembre de 2009

CUENTO DE HADAS

Esto de recordar los sueños me va por temporadas y parece que ahora estamos en temporada cinematográfica. El sueño de hoy era hasta en Cinemascope y Technicolor. Y empezaba por todo lo alto, en una cordillera nevada (creo que eran los Andes), en la que yo iba tan alegremente de expedición por la nieve, donde me refugiaba en algún lugar indeterminado para ponerme a clasificar una colección de comics, no sé si mía o que me había encontrado, para ver cuántos tenía y cuantos me faltaban.

Tras este subrealista principio, tenemos fundido en negro y aparezco en una ciudad, probablemente Sevilla, dónde voy con Concha a buscar esos cómics que me faltan a una tienda. Tras rebuscar un rato encuentro dos de los Caballeros de la Mesa del Comedor que creo que no tengo, pero ¡horror! me he dejado la lista y sin ella las probabilidades de acabar (otra vez) con una colección de comics repetidos es tan alta que doy vueltas al ejemplar nerviosamente y ¡mira! en la contraportada yo misma he apuntado los títulos que me faltaban. ¡Pero qué lista que soy! Y definitivamente esos dos no los tengo, puesto que están ahí, aunque es triste que me los tenga que volver a comprar si, dada la prueba de la escritura, ya eran míos.

Cuando salimos de la tienda empezamos a ver gente vestida con trajes medievales y Concha me dice que es que hay un rol en vivo en la ciudad. Me da mucha pena pensar que con todo lo que me he engordado últimamente mi precioso traje medieval se me ha quedado pequeño, si no me uniría a la fiesta, pero entonces veo que en las tiendas de la zona tienen expuestos preciosos trajes medievales de brocado o telas para hacerte el tuyo, y es que la tradición del rol en vivo por ahí, por lo visto, es grande (no, no debía ser Sevilla, después de todo). Tras salir de una zona antigua llena de arcos y portales, me encuentro sola otra vez, y esta vez llevo mi propio traje medieval de brocado verde (sospechosamente parecido, pienso ahora que estoy despierta, a la tapicería de mi sofá). Resulta que es mi traje de baturra, que sin accesorios queda muy bien de disfraz, y sólo me permito una bonita mantilla a juego, que cuando me la pongo me convierte en la princesa de un cuento de hadas que de pronto empiezo a ver en tercera persona.

La princesa en cuestión está en casa de un mago, el cual tiene un libro en el que todo lo que se escribe sucede de verdad. Es más, lo que se escribe (automáticamente) en el libro es lo que dice la princesa, así que la princesa tiene que tener cuidado de no mentir porque la mentira automáticamente se convertirá en realidad. El problema surge cuando vienen unos secuaces que quieren conseguir el libro a toda costa y empiezan a atosigarla. Ella empieza a decir que es la criada del mago, y cuando intentan arrancarle el pelo ella dice que lo tiene corto, así que de pronto su melena aparece cortada en el suelo y aunque ella no sufre ningún otro cambio sabe que ahora ya no es princesa sino la criada del mago. Al final y dada la encrucijada se hacen con el libro y huyen, pero ella engaña a la vecina de abajo y le dice que los señores que bajan la escalera llevan un regalo para ella con lo que consigue que los detenga un rato y así ella gana tiempo para acorralarles y recuperar el libro. Entonces lo abre rápidamente (es como un album de fotos con las páginas negras) y arranca las últimas páginas en las que se han escrito los días pasados con el mago. Así ella vuelve a ser princesa y puede volver a su palacio, pero llevada por la curiosidad lee unas cuantas páginas más del libro, y cual es su sorpresa cuando ve que en el palacio la espera su padre con el que va a ser su marido (muy parecido a Fernando el Católico, por cierto), ya preparados y pertrechados para la boda y preocupados porque la novia no aparece.

En ese punto del complejo sueño me desperté, pero como aún era pronto pude echar una cabezada más en la que el sueño cambió completamente. Esta vez yo era la protagonista de “The Box” (la peli de Cameron Díaz que aún no he visto), y era a mí a quien ofrecían esa caja con un botón que, al pulsarlo, hacía que ocurrieran dos cosas simultáneamente: una, me daban un millón de dólares, y otra, una persona al azar en el mundo moría. En este caso en vez de Frank Langella era Max Von Sidow el que venía a ofrecérnosla, y aunque Josema estaba receloso, yo recordaba que ya la había tenido una vez y que no habíamos pulsado el botón ni una sola vez, así que ¿por qué no custodiarla de nuevo? Así sabríamos con seguridad que nadie más iba a hacer un mal uso de ella, ya que nosotros no la usaríamos, pero Josema no se fiaba, e imagino que con razón... esas cosas siempre tienen trampa... Sin embargo Max no se amilanaba y nos decía que por hablar no perdíamos nada, se metía en mi desordenada casa y se hacía sitio entre los kekos para sentarse en el salón... y ahí si que me desperté definitivamente para ir al trabajo...

sábado, 24 de octubre de 2009

BLANCANIEVES Y LOS TRES ENANITOS

Es curioso que en esta semana me han marcado dos historias sobre enanos. No tengo nada en contra de estos personajes, y hablo de los enanos como seres humanos con una determinada característica física, no de los seres de fantasía del mismo nombre, pero como toda minoría (creo que en mi vida personal me habré cruzado sólo con uno o dos), no puedo evitar que me resulten ajenos y con cierto grado de exotismo, y, sobre todo, muy desconocidos como personas, aunque lo lógico sea pensar que excepto por su tamaño, no se diferencien en nada de los demás.

A nivel ficticio, sin embargo, esta semana me he encariñado con dos, que sumados a Tyrion Lannister, de quien ya hablé en esta entrada, hacen tres enanitos (dicho sea siempre con el mayor de los respetos) a incluir en mi universio de seres ficticios favoritos. Si añadimos que esta noche nos hemos vuelto a ver ese clasicazo del cine de los 80 que es Dentro del Laberinto (ese David Bowie!!!), a punto he estado de subir el contador a cuatro, pero la verdad es que ni Hoggle es un enano humano (se trata de un ser de fantasía, después de todo) ni es, en realidad, mi personaje favorito de la película (Sir Dydimus y Ludo siempre pasarán por delante). Así que me centraré en las dos nuevas adquisiciones:

El primero es Tibor, de la novela La máquina de Ajedrez, de Robert Löhr. Si sois aficionados a la novela histórica os recomiendo esta obra encarecidamente. No es que sea una obra maestra, pero pocas veces me he visto tan enganchada con una novela. La estuve leyendo este verano en casa de mis padres (como paso allí bastantes horas, siempre tengo una de las muchas novelas de mi madre en el cuarto de lectura, o sea, el baño), y la recomiendo encarecidamente. No voy a decir que si solo lees una novela al año, sea esta. Pero si te gusta leer, y te gusta la lectura amena, y que incita a que luego te informes sobre un tema, inclúyela en tu lista.

Tibor es un joven enano del siglo XVIII, de vida difícil, ferviente catolicismo y un gran talento para el ajedrez. A pesar de haber sido maltratado por su deformidad, tiene un corazón de oro, y a pesar, o quizás gracias a su fanatismo religioso, te encariñas de su forma de ser, de su ingenuidad, de su buena voluntad. Es un personaje carismático y que te absorbe, y un buen contrapunto a Tyrion, aunque es posible que si las tornas se hubieran cambiado, Tyrion hubiera sido el del gran corazón y Tibor el pequeño cabroncete, ya que somos en gran parte lo que la vida hace de nosotros.

Tibor es un personaje completamente ficticio, a diferencia de otros que aparecen en la novela, como el creador de la máquina u otros muchos personajes históricos. La historia que describe también es ficticia, pero la sitúa en una parte de los hechos de los que apenas hay registros históricos, por lo que no cojea por ningún sitio. Y como digo, incita a informarte más sobre el tema, a leer e incluso a desear ver la reproducción de la desaparecida Máquina de Ajedrez original (más conocida como El Turco) en algún museo. De hecho, me gustaría volver a Suiza y ver algún museo de autómatas, ya que el tema, hermanado además con mis adoradas cajitas de música, ha despertado mi curiosidad.

Y la misma semana que termino la novela, con un pequeño suspiro y lamentando que se haya acabado (cosa que me ocurre con pocos libros), vamos al cine a ver “El Imaginario del Dr. Parnassus” y conocemos a Percy.

Percy es otro tipo de enano completamente distinto a los dos anteriores. No sabemos nada (o casi nada) de su pasado, así que no sabemos porqué es así. Comparte con Tibor y Tyrion un agudo ingenio, pero en este caso solo lo utiliza para ser la conciencia del Dr Parnassus, la única voz sabia e inteligente que con la puya apropiada en el momento apropiado le hace actuar como debe.

Es un personaje mucho más secundario que los otros dos, y quizás no habría merecido una linea en mi blog si Tibor no se hubiera cruzado en mi camino literario justo esa misma semana, pero me llamó la atención la coincidencia. Además de que, en una película como esta, personajes que te devuelvan a la realidad son un soplo de aire fresco. ¿Por qué? Bueno, desgraciadamente la versión final de “El imaginario del Dr. Parnassus” ha sido hecha para loor, gloria y homenaje del difunto Heath Ledger. Da la sensación de que desperdicia una idea quizás fascinante en regocijarse en lo supuestamente buen actor que era este hombre (cuyo talento, a mí personalmente, me deja indiferente, de hecho me parecieron mil veces mejores las interpretaciones de Colin Farrell, Jude Law y, por supuesto, Johnny Depp, que en los pocos minutos que sale de película se come la pantalla y todos los recuerdos hasta de tu vida anterior), hasta el punto que, quizás por que adaptaron el guión tras su prematura muerte, quizás porque ya estaba pensado así, la historia acaba siendo inconexa y con la sensación de que desaprovechan a otros personajes millones de veces más interesantes y apasionantes, como el joven y maravillosamente interpretado (y mucho mejor doblado) Antón, o el ya nombrado Percy.

En resumen, un libro que recomiendo, una peli que me dejó fría, y dos enanos para la posteridad.

viernes, 25 de septiembre de 2009

HUYENDO DE LA QUEMA

Ayer pasé un día extrañamente estresada. Sin mucho motivo real (de hecho, fue un día más tranquilo que otros), tuve un par de ratos de esa ansiedad asquerosa que me pone mariposas en el estómago. Así que mi cerebro esta noche ha decidido meterme en una historia de acción para curarme esas tonterías... Digo yo que ha sido eso, porque la verdad es que me he levantado hasta cansada y todo...

Dando una divertida vuelta a la geografía, en mi sueño el hospital en que trabajo estaba en pleno centro de la ciudad, en vez de las afueras, y para más INRI, el río Huerva (riachuelo que excepto en contadas ocasiones, está prácticamente seco), pasaba por un lado y por debajo, ya que se dividía en dos pequeños ramales justo al llegar al hospital. Así que la cafetería, que es dónde estaba yo en mi sueño (algo poco frecuente en la vida real, por cierto – prefiero perder tiempo con internet a irme a tomar café) estaba coquetamente construida encima de uno de esos dos ramales, y se podía observar el río desde los amplios ventanales.

Había nevado mucho, y el río venía bastante cargado de agua, lo cual nos daba un entretenido espectáculo y algo de que hablar durante el café. Observábamos la corriente venir y dividirse poco antes de llegar al edificio, un ramal más grande que se desviaba a nuestra izquierda, y uno más modesto que pasaba por debajo del edificio, y de pronto veíamos llegar flotando unos grupos de cajas. Eran cajas grandes, agrupadas de a cuatro, como en palés, y por como venían (veíamos hasta tres lotes de cajas), deducíamos que había habido algún accidente río arriba y que algún camión había volcado. Uno de los tres lotes entraba por el ramal del río que pasaba bajo la cafetería y se quedaba atascado casi a nuestro lado, y veíamos que eran grandes cajas de comida para perros. Me daba pena, por el desperdicio que representaban, pero al menos no parecía peligroso... aunque alguien debería sacarlas de ahí tarde o temprano, ya que podían quedarse atascadas y embalsar el agua en esa zona.

De pronto, las chicas que estaban conmigo en la cafetería llamaban mi atención sobre algo que venía a lo lejos y se me ponían los pelos de punta... ¡La cisterna de un camión de transporte de combustible! Por lo visto, el accidente había sido peor de lo que parecía al principio.. y yo, al acordarme del aterrador final de la película “The Eye” (película que demuestra que no hay que tener miedo a los fantasmas, sino a la vida real), me levantaba a cámara lenta con intención de salir corriendo de ahí: si esa cisterna explotaba, íbamos a durar menos que un caramelo a la puerta de un colegio.

Precisamente por la cámara lenta, veía como la cisterna se metía por el ramal recto que llegaba hasta nosotros y se quedaba atorada justo frente a la cafetería sin explotar. Un suspiro de alivio – pero como el riesgo no había pasado, prefería curarme en salud y seguir con mi idea inicial: salir corriendo. Y eso hacía.

Debía de ser por la tarde, ya que aunque cuando veíamos venir la cisterna hacía un sol radiante, ahora empezaba a anochecer. Me encontraba en mitad del Paseo de Pamplona (aunque como digo, la ciudad estaba un poco cambiada – no mucho para lo que suelo hacer en mis sueños, en los que incluyo enormes jardines palaciegos cerca de la Plaza San Francisco o inmensas catedrales a lo Gotham City por la zona de Torrero) y lo que quería era poner tierra (y a ser posible casas y cualquier otro tipo de parapeto) por medio antes de la inminente explosión. Así que corría y corría por la Gran Vía (bonito pareado) y en cuanto llegaba a la primera manzana, torcía a la derecha para poner un edificio por medio. Ahí había una galería comercial así que en lugar de ir por la calle me metía por ella para atravesar la siguiente manzana. Y cuando salía por el otro lado (ya de noche), entre el gentío que también corría (estaban evacuando la zona), veía bomberos que estaban cortando la instalación eléctrica de las tiendas cercanas, pero por algún motivo al cortarla estallaba en llamas y chispas, inofensivas allí, pero letales si llegaban hasta el camión cisterna dos manzanas más abajo, así que venían con los camiones y empezaban a echar agua para apagarlas (era un sueño, ¿vale?, así que no provocaban ningún cortocircuito ni nada).

Para resguardarnos del agua toda la gente que estabamos por ahí dábamos corriendo la vuelta a la manzana y nos parapetábamos en la parte de atrás del edificio, pero la potencia del agua era tal que llegaba por los laterales y según donde te pusieras, te mojabas igual. De hecho yo ya iba como una sopa, me notaba calada, y menos mal que en este punto del sueño ya no era invierno ni había nieve, que si no me muero de frío.

Como ya estaba mojada, me cansaba de estar parada ahí y aunque ya me había alejado bastante de la cisterna, decidía intentar llegar a casa para ponerme a salvo (“Como te has pasado con la onda expansiva”, me comentaba hoy Josema cuando le he contado mi sueño, pero es que a mi “The Eye” me impresionó mucho, la verdad). Y aún en casa no las tenía todas conmigo y me preguntaba si no sería mejor coger todo e irme a casa de mis padres, más lejos aún...

En este punto del sueño me desperté, y aún debí dormitar un par de veces, ya que me recuerdo llegando a casa de mis padres en plan exiliada, aunque la verdad es que la cisterna no estallaba ni a tiros, pero en fin, cualquier excusa era buena para no ir a trabajar al día siguiente y si no llega a ser por un grillo que estaba cantando al pie de la ventana y que no me ha dejado dormir profundamente la hora y media que me quedaba, quizás hubiera aprovechado la excusa.

¡Que la carrerita me había dejado exhausta!

lunes, 21 de septiembre de 2009

GANO EL WARRO CON LOS HERMANOS WARRO

Parafraseando al genial Ford Farlaine - película que probablemente habría pasado desapercibida si no fuera por la insuperable labor de doblaje friki (como pasó con “Como perros y gatos”, doblada por Gomaespuma) a cargo nada menos que de Pablo Carbonell y plagada de guiños a la cultura de los 80 -, aprovecho para compartir un descubrimiento que hice ayer, gracias a los ya famosos gatos parlantes (gracias, Juan Pablo, por hacérmelos conocer): los fabulosos Warro Brothers, que toman hábilmente el testigo que dejó Florentino Fernández y su equipo con “El Informal” y nos deleitan con hilarantes re-doblajes de algunas escenas del cine, la TV o, como en el caso de estos gatos parlantes, la red:



Parodia de “El Último Superviviente”:



Batman Dark Knight” (gloriosa)



300” (parodiable hasta la saciedad, todos los sabemos, pero ¡hay omá, que ricos!)



Y la última, y para mí, la mejor de todas: “El Ataque de los Clones” (también altamente parodiables, o si no, que se lo digan a JMV):



Si quereis ver más videos de esta gente, buscad en Youtube el usuario RAYXNUM1. No creo que os arrepintáis.

miércoles, 16 de septiembre de 2009

PELICULAS DE CULTO


Debido a los cada vez más acuciantes problemas de espacio en mi hogar, poco antes de vacaciones decidí reorganizar la videoteca. Nuestra pasión por el cine se refleja en una herencia de cientos de películas en VHS que aporté de soltera, ampliada por otro tanto o más en DVD que hemos ido adquiriendo con los años, que han llegado al punto de llenar prácticamente todos los armarios del salón (sí, esos que en otras familias más convencionales están llenos de vajillas o mantelerías) y dos estanterías en el pasillo.

Desgraciadamente el VHS es un formato condenado a la desaparición, tanto por su corta vida media como por el hecho de haber sido sustituido con gran éxito por el DVD, así que de pronto me entró una obsesión (y yo puedo ser MUY obsesiva) por reponer todas esas viejas películas, muchas de ellas grabadas de la TV y no disponibles a la venta, en formatos más acordes con la época actual... ¿os acordáis de esa escena de Men In Black, donde J se lamenta de que tendrá que volverse a comprar el Submarino Amarillo de los Beatles, cuando un nuevo soporte de grabación de sonido importado por los extraterrestres sustituya al CD? Pues eso.

Y en ellas me encuentro, buscando en eBay, en Amazon, en otros países, en foros y demás, las viejas glorias que conservo de mi adolescencia, y clasificándolas mentalmente por temas, géneros y épocas para cuando por fin las tenga, tire todos esos viejos VHSs que, además, ocupan tanto espacio, y los reponga por redondos, limpos y brillantes DVDs.

Y me he sorprendido al incluir mentalmente tantísimas películas en el apartado “Películas de culto”. Películas de culto.. ¿qué es eso?

Ya comenté en otra entrada que hay una serie de pequeñas películas, la mayoría de los años 80 (que es al fin y al cabo cuando viví mi adolescencia y primera juventud y cuando más te marcan las cosas), que sin ser obras maestras ni ir a pasar a la historia del séptimo arte, te encanta ver una y otra vez. Mi favorita sin ir más lejos es La Princesa Prometida, película de la que por cierto me regalaron dos maravillosas camisetas para mi cumpleaños el pasado fin de semana (¡gracias!), y que si he de ser honesta, en realidad no soporta un visionado crítico... Quiero decir, se ve tan de serie B! Y sin embargo tiene legiones de fans (no soy la única) y hace bien poco en el grupo de Yahoo americano en el que todavía estoy y me siento tan a gusto, que una chica (o más bien señora, en ese grupo tengo la suerte de ser una de las personas más jóvenes) comentó que la película era mala y poco menos que las otras se le echaron encima, y el administrador en nuestro honor nos regaló con una selección de anécdotas sacadas de la IMDB, y me fui a casa con ganas de volver a verla.

Pero volvamos a la pregunta... ¿qué es una película de culto? Pues si hacemos caso de mi selección de películas de culto, yo diría que son aquellas obritas menores, hechas con pocos medios y poco presupuesto, pero en general con imaginación y una buena historia, que calan de tal forma en un sector de la población que las defienden a capa y espada. En resumen: pelis cutres que cuentan mejores historias que películas de gran presupuesto.

Qué puñetas.

En resumen: Películas que nos gustan al público, aunque no les gusten a la crítica. Y punto pelota.

martes, 7 de julio de 2009

¡¡¡VAMPIROS!!! (otra vez)

Creo que ya cité una vez a Terry Pratchett cuando dijo que el único vampiro bueno es aquel al que le clavas una estaca en el corazón, le cortas la cabeza y le llenas la boca de ajos... Después de que hoy volvieran a poblar mis pesadillas, me reafirmo en ello. Quizás se haya debido a que anoche vi, por fin, la película Doll Master (tanto me habían dicho que era malísima, que al final me gustó y todo... vamos, que no es que me pareciera una buena película, pero me lo pasé bomba, aunque sólo fuera viendo BJDs XD), y en el DVD había un trailer de la película Zombie Honeymoon, en la que no, no salen vampiros, pero creo que los vampiros de mi sueño se parecían al zombie de esa película.

Fuese como fuese, esta noche me perseguían vampiros. Eran vampiros muy integrados en nuestra sociedad, muy glamourosos y todo eso que nos quieren vender últimamente, pero en cualquier caso, asesinos psicópatas sedientos de sangre para los que los humanos no éramos sino ganado, y como descubrieras su secreto, iban a por ti. Eso es lo que me pasaba en mi sueño. Descubría sin querer que un grupito de macarras (eso sí, como en buen sueño hollywoodiense, estupendísimos de la muerte) eran vampiros y me tocaba correr delante de ellos.

Menos mal que descubría que le tenían un odio, pavor, aversión acérrima al agua, así que al final me libraba de ellos metiéndome en un pozo y aguantando la respiración hasta que encontraba un tunel por el que salir por otro lado, y huyendo a otra ciudad.

Putos vampiros...

Me he despertado sobresaltada. Hacía tiempo que no tenía esa sensación.

viernes, 19 de junio de 2009

PEQUEÑAS MAGIAS COTIDIANAS

Ayer me harté de esperar a tener noticias de mi cartera robada, así que decidí pedir cita para renovarme el DNI y el pasaporte (ese no me lo han robado pero lo tengo caducado, y si bien no me pusieron pegas al votar o al pagar con tarjeta, en el Corte Inglés me tuvo que tocar una tocapelotas que cuando fui a recoger la tarjeta nueva casi me hace pasar por el detector de mentiras por llevar el pasaporte caducado, porque algo en su estrecho cerebro le hacía desconfiar de alguien a quien, porque le han robado la cartera con TODA la documentación, acude a recoger el duplicado de la tarjeta del Corte Inglés con el único documento que le queda, el pasaporte caducado hace escasamente un año...). Me preocupaba que la cosa se alargase demasiado, como en efecto así iba a ser (me dieron cita nada menos que para el 13 de agosto) y aunque me planteé llamar primero a Objetos Perdidos para preguntar de nuevo si habían encontrado alguno de mis documentos, la pequeña parte de mí que aún cree en la magia cotidiana que rodea todas las cosas y que hace pequeños rituales supersticiosos dijo “No llames, que entonces no lo tendrán”.

Parece que la magia funcionó, y hoy cuando he vuelto a casa me he encontrado una carta de Objetos Perdidos diciendo que tienen a mi disposición mi DNI, mi permiso de circulación, el carné del Colegio de Médicos y algunas de las tarjetas que no han podido utilizar porque anulé convenientemente nada más detectar el robo. La verdad es que la cartita tiene su punto irónico: Objetos Perdidos de Zaragoza sólo abre de de 10 de la mañana a 1 del mediodía de lunes a viernes, y para más recochineo, solo guardarán mi documentación durante un plazo de 15 días naturales, tras lo cual la remitirán al organismo emisor correspondiente... Menos mal que permiten que alguien, debidamente acreditado (con mi DNI lo tiene difícil, puesto que lo tienen ellos) pueda ir en mi lugar a recogerlo, porque la verdad, manda narices...

En cualquier caso, a la alegría incondicional de ver que me iba a ahorrar el papeleo, las filas, la pérdida de tiempo y los 30 euros que me costaría renovarme ambos documentos desaparecidos (el pasaporte, caducado, me lo voy a renovar de todos modos, ya que tengo la cita) se añadió la pequeña y retorcida satisfacción de ver que mi pequeño “hechizo” había funcionado, de lo cual no he podido evitar vanagloriarme cuando he subido a Santa Fé a recoger a Leo de casa de mis padres.

Yo lo he llamado “magia cotidiana” y “manipular las Leyes de Murphy en tu favor”, y entonces Leo, desde detrás de la DS que acababa de darle, y demostrando que cuando quiere, está a la conversación, me ha interrumpido para apuntillar: “Eso no es magia, es un truco para jugar a Matrix


Y de nuevo me ha maravillado, porque la definición no ha podido ser más correcta. Ya veis, todavía hay gente por el mundo que no ha entendido “Matrix” y mi hijo no sólo entiende el concepto perfectamente sino que se permite el lujo de utilizarlo para hacer metáforas respecto al día a día.

¿Entendéis por qué se me cae la baba con él?

lunes, 1 de junio de 2009

¡AY, MI PESCADITO!

Tengo cierta debilidad por los hombres azules. Dicho así de golpe y porrazo suena muy raro, pero la verdad es que si me paro pensar en mi lista de tíos buenos del mundillo de la ficción friki, y exceptuando a los pobres pitufos (cuyo sex appeal es nulo) parece que si había algo azul, tenía que gustarme por fuerza.

Así, cuando a mis 15 años estrenaron en la TV la serie Ulises 31, yo bebía los vientos por Numaios (aunque me daba mucha vergüenza reconocer que, a mis 15 años, cuando a todas les gustaba River Phoenix, a mi me gustase un dibujo animado...). Después, cuando intentaron engancharme a ese culebrón de tíos en mallas llamado La Patrulla X y todos sus sucedáneos, aparte del efímero Longshot (con su aspecto típicamente típico de estrella del pop de los 80, ¿qué podíais esperar?), el personaje que más me impactó fue el azulado Rondador Nocturno, pícaro y galante. Incluso en los Watchmen me resultaba irresistible el Dr. Manhattan y su capacidad para desdoblarse en varias formas corpóreas (lo que se podría hacer con esa hablidad no se puede expresar en un blog para todos los públicos...).

Así que con una de mis series favoritas, Hellboy, no podía ser menos.

Tengo debilidad por Abe Sapiens.

Lo gracioso del tema es que no me gustan porque sean azules. Numaios me gustaba porque era guapo. Punto. Era como un elfo azul, con enormes ojos gatunos rasgados, rostro andrógino y delicadas orejas puntiagudas. Una monada. De Rondador me gustaba su personalidad, ya que guapo, guapo, no era... Pero era educado, adorable, encantador, y con un sentido del humor que me atraía mucho. Del Dr. Manhattan..., bueno, ya lo he dicho.

Y con Abraham Sapiens me pasa algo parecido que con Rondador. Abe es un ser anfibio, yo le llamo “mi pescaíto”, pero verle, sobre todo en las películas de Guillermo del Toro, con esa delicadeza con que se mueve (genial Doug Jones), con esas respuestas agudas e inteligentísimas a las pullas de Hellboy, o esa ternura con la que se enamora de la princesa Nuala en la segunda parte de la película, te engancha un poquito el alma, y te encariñas de él, y al final, tras dos horas esperando en la cola de autógrafos de Mike Mignola en el Salón del Comic de Barcelona, y tras pelearte con los impresentables del stand de Norma editorial porque quieres que te haga el dibujo en tu álbum de autógrafos y no en una mierda de cómic donde no cabe nada, le dices al artista con cierta timidez: Can he be Abe Sapiens?

Y tienes un dibujo original de Abe Sapiens, y eres más feliz que un ocho (y encima luego Mignola se queda con tu cara y te saluda cuando lo ves sentado en un banco de la plaza de España, toma castaña!!!).

Que sí, que esta entrada era para fardar de mi autógrafo, ¿qué os creíais si no?

 
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