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lunes, 21 de diciembre de 2009

¡NIEVE!


Parece que como no tenemos luces de Navidad, el tiempo ha decidido darnos ambiente navideño de otra forma, así que lo primero que me he visto al salir del garaje ha sido caer la nieve en copos blancos, blandos y suaves. Hubiera sido hermoso si no me diese tanto miedo conducir en esas condiciones. Y menos mal que he ido por zonas transitadas ten las que la nieve no había cuajado en el asfalto. Ahora a ver que pasa a la vuelta.

miércoles, 23 de septiembre de 2009

EN BUSCA DEL TESORO


Hace ya algún tiempo comenté que al final el Ayuntamiento nos la metía doblada y nos instalaban un inútil tranvía (que después de la experiencia en Sevilla, en la que nos adelantaban los peatones, todavía le tengo más manía) en vez del cada vez más imprescindible metro que necesita Zaragoza. Pues bien, este mes han comenzado las obras y han cortado uno de los ejes centrales de la ciudad, el que va desde la antigua carretera de Valencia hasta la Gran Vía, cerrando el acceso al Hospital Miguel Servet (el más grande e importante de la ciudad) y una de las dos únicas salidas del cada vez mas populoso barrio de Valdespartera.

Si eso ya está trayendo el caos circulatorio a la ciudad (no pueden pretender que usemos el transporte público cuando a) También está afectado por los desvíos y b) Trabajo demasiado lejos para que me valga la pena utilizarlo ya que tendría que levantarme hora y media antes), para colmo a algún iluminado se le ha ocurrido poner, a la vez, el carril bici (contra el cual no estoy, siempre y cuando los ciclistas se dignen utilizarlo) por todas las grandes avenidas de la ciudad, así que TODAS las vías alternativas (el Paseo de las Torres, Duquesa Villahermosa, Hernán Cortés) también tienen tramos en obras que estrechan y dificultan más aún el tráfico.

Y para terminar de rematar la faena, este verano también han decidido empezar una serie de obras de supuesto acondicionamiento de varias calles de la ciudad que aún no han terminado, así que también tenemos completamente cerrados al tráfico, por ejemplo, la Avenida de Madrid (incluido su transitado cruce con la Vía Universitas/Calle Rioja), el Paseo de las Damas o el Coso Bajo. Por poner unos pocos ejemplos, y hablando sólo de las calles que yo he visto. Que seguro que en barrios que yo no transito hay más obras.

Y aunque ya no debería pensar en ello, porque como digo siempre, el urbanismo es un acto de Fé, como la Santísima Trinidad, ya que no hay forma humana de comprenderlo, no puedo evitar preguntarme ¿a quién se le ha ocurrido semejante barbaridad? Que sí, que si hay que hacer obras se hacen, pero una detrás de otra, por el amor de Dios, no todas a la vez. Ir al trabajo o a buscar a Leo al cole se está convirtiendo en un auténtico infierno y lo peor de todo es que, al menos en el caso del j*d*d* tranvía (sí, lo odio), que terminen las obras no va a ser para nada garantía de que las cosas vuelvan a la normalidad, porque me apuesto lo que queráis a que cuando abran esas calles al tráfico, la mitad de los carriles van a quedar restringidos al uso exclusivo del tranvía, si no restringen tramos enteros, con lo cual a efectos prácticos, va a ser como si no los hubieran abierto. Vamos, que ya podemos aferrarnos a nuestras vías alternativas, si nos dejan.

Que sí, que entiendo que hay que favorecer el transporte público, pero como digo siempre, j*d*r al que no tiene más remedio que usar el coche no es la forma de favorecer el autobús, o en este caso el tranvía.

Y encima, lo que digo, TODA la ciudad levantada. Como comentábamos el domingo pasado, se parece a la época en la que en Madrid, Gallardón estaba a la búsqueda del tesoro. Al parecer, aquí en Zaragoza también debe haber rumores de que hay un tesoro, y allá donde ven la equis, se ponen a picar.

Aunque mi teoría es otra. Con la crisis, muchas empresas constructoras se han quedado sin trabajo, ya que no hay forma de vender pisos como antes, así que han llamado por teléfono a sus amiguitos políticos (sí, aquellos que antes les daban los permisos de obra para hacer edificios en un metro cuadrado, como el que hicieron en tiempo record al lado de mi casa), y estos les han dado trabajos alternativos en las reformas que (probablemente) necesitaba la ciudad.

A todos a la vez.

Tiene cojones la cosa.

lunes, 27 de abril de 2009

COMO BOLAS DE BARANDAO

El lado negativo del viaje de este fin de semana se lo llevan los taxistas zaragozanos (¿por qué no me sorprende?).

El caso es que los taxistas como colectivo no me han caído nunca demasiado bien. Suman en sí mismos todas las desventajas del transporte público (van por dónde les da la gana, se comportan como si fueran los amos de los carriles, se te cruzan sin avisar pero te pitan si tu tienes que parar por algún motivo) y las de los coches individuales. Como conductora, no los soporto. Como usuaria, prefiero mil veces el autobús, que es más económico y me da más libertad para ir andando a dónde quiera, además de ser más ecológico. Son el último recurso para el sitio incomunicado, la hora intempestiva o el transporte de maletas pesadas.

Que eran los tres factores que se sumaban a la vuelta de Sevilla.

Volvíamos el domingo de madrugada, tras haber cogido el tren-hotel a las 9 de la noche en Sevilla, que llegaba a Zaragoza a las 5.15 de la madrugada. Mis padres me habían preguntado varias veces si nos venían a buscar a la estación, pero a mí me parecía una hora infernal para hacerles levantarse de propio, así que les dije “no, hombre, no, que cogeremos un taxi para ir a casa”:

Que me corrijan, pero yo esperaba que, a pesar de la hora, a la salida de la estación lo normal es que haya dos o tres taxis esperando.

Pues miren, no. Cuando salimos aquello estaba desierto. Y no es que otros viajeros hubieran cogido los taxis antes que nosotros, ya que todas las personas que habían bajado del tren con nosotros (y habría al menos 6 o 7 grupos de dos o tres personas) estaban igual, con cara de gilipollas, mirando la calle desierta. Vimos pasar uno o dos taxis, siempre ocupados (de gente que, imagino, iban a tomar precisamente el tren que nos había dejado), pero como la entrada de “Salidas” está después de la de “Llegadas”; tampoco podíamos coger esos taxis.

Al final, Josema y yo nos cansamos de esperar. Ni siquiera la gente de la estación parecía interesarse por ello, ni siquiera un “ya llamamos a un radiotaxi” o “aquí tienen el teléfono de radiotaxi”... ¿para qué?. El guardia de seguridad simplemente nos dijo que esa era la parada de taxis y que si no había ninguno no era asunto suyo. Así que nos recorrimos la larguísima estación (casi un kilómetro de edificio, con dos maletas cuyo peso se medía en toneladas y un niño medio dormido que debería haber pasado del tren al taxi y del taxi al hogar casi sin solución de continuidad en vez de tener que caminar como un zombie y desvelarse durante un cuarto de hora largo) para salir por la otra entrada, donde no había tampoco un taxi ni medio, y continuar camino abajo hacia la Avenida de Navarra, donde llegamos a ver pasar hasta 8 taxis libres a lo lejos.

De hecho cuando llegamos a la rotonda del cruce de la Avenida de Navarra con la calle Rioja casi habríamos podido parar a dos taxis a la vez. Escogimos el más grande de los dos, por aquello de llevar mejor las maletas, y no sé si fue la mejor elección, pero en fin. Para empezar el taxista metió las maletas a regañadientes, y cuando Josema fue a subirse en el asiento delantero (ya que en el trasero estábamos Leo y yo), no se lo permitió. Teníamos que ir los tres detrás como sardinas en lata. Como además no me puedo estar callada, le pregunté “inocentemente” como era que no pasaban taxis por la estación... ¡ya no que estuvieran parados esperando!, pero el tío me soltó que si yo tendría taxis ahí parados. Pues mire, para empezar, en otras estaciones si los tienen, así que se podrá. Es que no sabemos cuando vienen los trenes. Pues los horarios están a disposición de todo el mundo, oiga. Y además, aunque no paren, bien podrían pasar por ahí, que ni siquiera de paso se les veía. Pero ¿pa qué, oiga?. Como hablarle a la pared.

No sé qué oscuros motivos tienen para no coger clientes de la estación de trenes. Quizás no cobren un plus, o quieran que se les avise por radiotaxi para cobrar más dinero, o sabe Dios qué. A mi me da igual. Por supuesto ese señor borde y maleducado no se llevó propina, y en lo que a mi respecta, si ya antes evitaba los taxis como a la peste, ahora ya no voy a contar con ellos ni como último recurso.Si repetimos un viaje maravilloso como este que hemos realizado este fin de semana, aceptaré el ofrecimiento de mis padres y aunque represente hacerles madrugar, que me vengan a buscar a la estación.

A mi los señores taxistas zaragozanos no vuelven a hacerme andar un cuarto de hora a las 5 de la mañana buscándoles, para encima tenerles que pagar. Y menos puteando a mi niño. Como bolas de barandao, los tienen estos señores. Que impresentables.

domingo, 1 de febrero de 2009

PEQUEÑOS MILAGROS

Ya estamos de vuelta en casa, y antes de lo previsto, debido al temporal de nieve que ha caído en Madrid. Al principio, esta mañana, ha sido hasta entrañable. Nos ha costado mucho, pero mucho, mucho, despertarnos, y eso que queríamos habernos escapado al Museo del Prado para que Leo se culturizase un poquito; pero la habitación estaba oscura como boca de lobo y aunque anoche nos acostamos más bien pronto, esta mañana no apetecía nada levantarse. Josema se ha levantado a las 9, y yo tras dos cabezadas no he conseguido despegar la cabeza de la almohada hasta las 10 de la mañana, así que entre pitos y flautas, bajábamos a desayunar a las 11.

Desde el mismo buffet del hotel hemos visto la nieve. Era impresionante, copos de más de 3 centímetros de diámetro. Parecía Navidad.

Pero Josema pensaba en lo que eso podría representar para el viaje de vuelta, e insistió varias veces en que quizás deberíamos irnos directamente a Zaragoza en vez de ir a ver museos o lo que fuera. Dado que la noche anterior nos habíamos arrepentido de no haber cogido las entradas para la Academia Jedi el domingo por la mañana, ver que ahora no íbamos a aprovechar la mañana del domingo casi compensaba por esa decisión.

Así que hemos ido a pagar el hotel, y nos hemos llevado la agradable sorpresa de que con los puntos de la tarjeta NH (que Josema recopila en sus viajes de trabajo) el alojamiento nos salía gratis. ¡Vaya! ¿Y el parking? (un parking, por cierto, que cada vez que entrábamos mi admiración por Josema como conductor aumentaba hasta la idolatría, ya que yo me hubiera quedado atascada en la primera curva cerrada de las muchas que tenía) “Ese me ha dicho mi compañero que no os lo cobre”, nos dice, amablemente el recepcionista – y es que la noche anterior, mientras esperábamos la cena de Telepizza, se nos había roto la pata de la cama y el recepcionista del turno de noche tuvo que subir a hacernos un apaño. La verdad, todo un detalle, porque en estas vacaciones en el hotel de Londres a mis padres también les hicieron bastantes faenas y no nos hicieron el más miserable descuento para compensarnos...

Me acordé de que anoche también nos había salido algo bien de puro rebote. Cuando pedimos la cena coincidió con que mis padres me habían llamado por teléfono, así que yo estaba hablando por el móvil mientras Josema hablaba con Telepizza por el teléfono del hotel. Resultó que, por un fallo de coordinación, Josema se equivocó con el postre de Leo, y en vez de trufas, que es lo que Leo quería, le pidió helado de chocolate, que también le gusta mucho. El caso es que al cabo de un rato bastante largo, de pronto llamaron de Telepizza para decir que el helado de chocolate se había agotado, y que qué queríamos a cambio, con lo cual aprovechamos para pedir las trufas. Me pareció un pequeño, insignificante milagro, pero que nos alegró la noche.

El caso es que en cuanto salimos del hotel comprobamos que no había la menor oportunidad de ir al Museo del Prado, a pesar de que según el teletexto la A2 no tenía problemas de nieve. La nevada estaba arreciando y a Josema no le dio ninguna confianza, así que llamé a mis padres y les dije que llegaríamos sobre las 3 y media, a tiempo para comer algo con ellos.

Y cogimos la carretera.

La salida de Madrid fue preciosa, bajo la nieve y con todos los jardines blancos. Luego hubo un tramo en que la nieve se había convertido en lluvia y todo estaba gris y triste. Durante ese rato me dio pena habernos ido. Pero nada más pasar Guadalajara, a la altura de Torija (donde el castillo apenas se adivinaba tras un velo blanco de lluvia y nieve), volvimos a encontrarnos con nieve, mucha nieve, incluso por la carretera. Esta vez la nieve ya no estaba sólo en los campos o el arcén, sino que teníamos que conducir despacio porque la propia carretera estaba blanca.

De pronto, unos metros por delante nuestro, vimos un coche amarillo que se salía al arcén, como si quisiera parar allí por algún problema. Y mientras nos preguntábamos por qué lo había hecho (no parecía haber patinado, simplemente había salido despacio como si esa fuera su intención), vimos claramente que los otros dos coches que nos precedían perdían el control. Josema intentó frenar, porque estaba clarísimo que esos dos coches iban a colisionar, y teníamos toda la carretera cortada (el amarillo en el arcén, y los otros dos en los dos carriles de la autopista). Pero nuestro coche no paró: había hielo en el asfalto. Continuó en linea recta, mientras los dos coches de delante, como en un ballet, a cámara lenta, chocaban lateralmente, y debido a la inercia del golpe, volvían a separarse... Todo muy despacio. Yo iba agarrada al asa esa que hay sobre la puerta, sí, esa que todos nos agarramos a pesar de que no nos va a salvar si hay un golpe, preparada para chocar. Sabía que sentiríamos un impacto, aunque como íbamos tan despacio (o esa era la sensación que me dio, aunque Josema dice que íbamos a 50-60 por hora), esperaba que sólo afectase al coche, y no a nosotros.

Y entonces el coche pasó, limpiamente, sin rozar a nada ni a nadie, entre los dos coches que habían chocado delante nuestro, por el estrecho hueco que habían dejado al separarse.

Josema no se lo creía, ni yo. La adrenalina y el alivio se respiraban en el ambiente, y por un momento, creímos en los milagros.

Eso sí, tuvimos que parar a echar gasolina, y aprovechamos para desahogarnos con el pobre gasolinero, a quien le importaba un bledo nuestra experiencia, pero que nos escuchó porque era buena persona y escuchar es parte de su trabajo. Y todavía nos preguntamos cómo pudimos tener tanta suerte, y si la Fortuna nos pedirá algo a cambio.

Al menos, llegamos a casa sanos y salvos, y cuando pocos kilómetros después la nieve desapareció completamente, todo pareció un sueño. Desde luego, como un sueño lo viví yo, despacio, a cámara lenta, y casi con música clásica de fondo...

viernes, 12 de diciembre de 2008

PERO... ¿QUÉ LE HE HECHO YO?

De mi sueño de hoy recuerdo pocas cosas, pero el final lo recuerdo muy vívidamente. Tras unas escenas confusas en que estábamos en casa de alguien que nos enseñaba unas preciosas manualidades con papel, y después que en el trabajo me cambiaran por fin mi viejo monitor asqueroso por una pantalla plana... miniaturizada (eso no tenía más de 12 pulgadas T_T), íbamos con el León por una carretera de montaña, de estas prácticamente sin asfaltar, creo que de camino a algún parque temático de dinosaurios o algo así, porque por Navidad habían puesto una especie de esqueleto de pteranodonte volador a control remoto lleno de lucecitas navideñas sobrevolando la ruta. Quedaba muy mono y todo eso, pero cuando íbamos conduciendo nos daba muy mal rollo tenerlo casi encima, básicamente porque seguía exactamente la misma ruta que nosotros y cada vez volaba más bajo. A mi me daba mucho miedo que al final cayera sobre la carretera cortándonos el paso y que Josema (que era quien conducía) no lo pudiera esquivar, o peor aún, que nos cayera encima, cosa que estaba a punto de ocurrir un par de veces. Al final teníamos suerte y caía detrás – se conoce que se había quedado sin batería, y respirábamos de alivio. Entonces llegábamos a un pueblecito que atravesaba la carretera, y debía de ser parte del parque porque estaba ambientado en el oeste.

El caso es que en un punto en el centro del pueblo había varios coches parados, y entre ellos un toro, enorme, con unos cuernos larguísimos y afiladísimos, casi como el de los dibujos animados de Bugs Bunny, pero en este caso muy real... Se le veía realmente desbocado, aunque había bastante gente intentando retenerle, pero estaba claro que iba a atacar, y yo rezaba por que no se fijase en nosotros. Pero, ¡ay! El toro se volvía, se quedaba mirando fijamente nuestro coche, y agachaba la testuz para atacar. A mí se me ponían los pelos de punta, pero Josema, con los reflejos de un gato, metía la marcha atrás y retrocedía a toda velocidad. Tomaba la curva de la carretera como un profesional, y no me daba tiempo a ver si el toro nos seguía o no, porque en ese momento el despertador me sacó, como de costumbre, a rastras y de mala manera del mundo de los sueños...

Y, pensando, pensando, creo que este sueño se relaciona con lo que me pasó hace unos días, y que aún no he tenido ocasión de contar. El pasado 28 de noviembre, viernes, llegaba yo al trabajo más puntual que otras veces y feliz como un ocho (¿son los ochos felices?) porque iba a encontrar aparcamiento en la mejor parte del hospital, cuando de pronto, el coche que ya hacía un rato que iba delante de mí, se para. Yo, muy prudente, y esperando a ver qué hace para ver si lo adelanto o no, me detengo a unos 4 ó 5 metros de distancia, vamos, dejándole espacio de sobra si quería hacer alguna maniobra, e incluso para que se pusiera otro coche delante si quería. Entonces le veo poner las luces de la marcha atrás. Me sorprende, porque no hay ningún sitio dónde aparcar entre él y yo, pero espero un momento a ver que hace.

Y entonces, como el toro de mi sueño, coge el tío y acelera marcha atrás a toda velocidad, sin darme tiempo a reaccionar (no, yo no tengo los reflejos que tuvo Josema en mi sueño) ni a hacer otra cosa que dar al claxon desesperada para hacerle ver que no retroceda, que estoy ahí... Pero el tío no sólo no se detiene, acelera más y ¡plaf! Golpe a mi parachoques.

Me quedé de piedra. Salí, como buena conductora, dispuesta a saltarle al cuello, pero el hombre salió aterrorizado diciendo que no me había visto, que perdonase, que perdonase, y no pude por menos que tomármelo a risa. ¿Cómo podía no haberme visto, si iba detrás de él todo el rato, y cuando hizo la maniobra no estaba en su ángulo muerto para nada?

Imagino que como pasa muchas veces. Cuando la gente tiene que venir al hospital, se pone muy nerviosa. La única vez que mi padre ha abollado el coche fue cuando su madre estaba moribunda en el San Juan de Dios. Este sólo llevaba a su mujer a consultas, pero imagino que de pensar en que iban a llegar tarde o algo así, se acobardó.

Resultado: Mi parachoques roto, una hora de retraso para entrar al trabajo (el hombre no acertaba ni a rellenar los papeles) y la semana que viene tendré que estar unos días sin coche mientras me lo reparan, pero como lo paga su seguro, y en realidad el pobre parachoques ya estaba bastante vapuleado, casi hasta me han hecho un favor. Al fin y al cabo, con el parachoques roto se puede seguir conduciendo... Y si me lo dejan nuevo, mira, me revalorizan el coche en caso de que quiera venderlo, que también le estábamos dando vueltas al tema... ¿Coche nuevo aprovechando las ofertas de fin de año, o esperamos a que con la crisis bajen aún más los precios? Decisiones, decisiones....

lunes, 21 de julio de 2008

ZARAGOZA, ZARAGOZA TIENE TREN...

... y ahora va a tener tranvía...

He leído que han dado ya el pistoletazo de salida al proyecto de tranvía para Zaragoza. Tenía la loca esperanza de que algo lo detuviera, pero no aprendo...Cuando a los políticos se les mete algo entre ceja y ceja, por descabellado que sea, estamos perdidos. Y si algo he aprendido en todo el tiempo que llevo sufriendo los diversos equipos que han manejado esta ciudad, es que da igual de qué color político sean, izquierdas o derechas, todos cojean de lo mismo. No miran qué es lo que más conviene a la ciudad sino quién les deja más beneficio, y nos envuelven en obras e infraestructuras no solo innecesarias, sino que van a empeorar la situación de la ciudad, sin tener en cuenta la opinión del pueblo.

Curiosamente la única alcaldesa que recuerdo que no hizo nada especialmente desastroso para la ciudad (aparte de recaudar muchas multas en la prolongación de Gómez Laguna, hasta el punto que yo llamaba a esa calle “El cobrador de la Rudi”) fue Luisa Fernanda Rudi, cuyas principales actuaciones fueron embellecer la ciudad con farolas de aspecto decimonónico y floreros por doquier. Yo entonces la tachaba de maruja, pero sinceramente, fue el mal menor.

Inolvidable fue la actuación de su sucesor (del mismo partido político) con el Paseo de la Independencia. Se empeñó en hacer un parking subterráneo cuando todos las voces decían que en esa zona era imposible porque estaba llena de restos arqueológicos. Todo el mundo decía que había cosas más urgentes que hacer en la ciudad que remodelar un paseo que estaba en perfectas condiciones. Pues le dio igual. Abrió, excavó, como efectivamente había restos arqueológicos tuvo que anular la construcción del parking, cerró y remodeló a su (horrible) gusto y supongo que se embolsó la comisión correspondiente por parte de la empresa que hiciera las inútiles obras.

El grupo en cuestión amenazaba con mover la Romareda de su sitio y hacer montones de viviendas. Sabía que si conseguían eso, con el boom inmobiliario de hace unos años, la calle Eduardo Ibarra, donde aparcaba la mitad del barrio que no tenía garage y todos los trabajadores del Servet y otros servicios de la zona, se recalificaría y se usaría para construir mas casas. Así que me alegré de que en las siguientes elecciones fuera elegida la oposición.

Y me dio lo mismo. Se empeñaron en convertir esa calle, ancha, práctica, en una plaza peatonal (con un parking subterráneo debajo, por supuesto). Aún estoy intentando comprenderlo. Veamos. La Romareda es un barrio residencial en el que de hecho ya no hay ni actividades populares como había años ha para el Pilar. Así que una zona peatonal, relacionada con lugares turísticos o comerciales, no tiene sentido. Además, es un barrio en el que no todas las casas tienen garaje, y las pocas que lo tienen, como la nuestra, no tienen para todos los coches ya que son de una época en la que no todo el mundo tenía coche (en nuestro edificio, para unos 160 pisos, habrá como 60 plazas de garaje en total, sin ir más lejos). Así que mucha gente usaba esa calle para aparcar su vehículo, derecho que creo que nos otorga el pagar el impuesto de circulación. Además, durante la jornada laboral allí aparcaban también los vehículos de los trabajadores y visitantes del hospital Miguel Servet. Vamos, que su argumento de que esa calle solo se usaba los días que hay fútbol era un poco peregrino. No había más que ver los problemas que nos ocasionaba los miércoles y los domingos la instalación del rastrillo. El cual, por cierto, fue desplazado con la promesa de volver cuando la plaza estuviera terminada, cosa que obviamente es mentira. ¿Por qué? Pues porque ahora que la plaza está terminada está claro que desde el primer momento estaba diseñada para que no volvieran... No hay espacio para ellos, ni para ninguna actividad decente, en realidad, que podría ser el único atractivo que dicha plaza tuviera.

La plaza, que una vecina muy bien engañada me dijo un día “¡Ay, con lo bonita que va a ser!” es FEA bajo cualquier punto de vista: fría, de cemento, dura, con unos incomodísimos bancos de cemento sin respaldo que están luchando por cambiar, árboles raquíticos y moribundos porque ya es la tercera vez que ponen árboles nuevos (apenas les ha dado tiempo a crecer a los que plantaron para el Mundial de Fútbol allá por el 82, después de sobrevivir a los despiadados ataques de los “hooligans” del fútbol que en su euforia los arrancaban y desgajaban después d elos partidos), estanques que tienen que vaciar cada dos por tres porque siempre tienen averías y que están puestos de tal manera que cualquier persona despistada se podría caer en ellos (sin contar con que se llenan de plásticos y porquería constantemente, cosa de la que en su día culpaban al rastro, y que nos han demostrado claramente que no, que es simplemente culpa de lo GUARRA que es la gente en el barrio), farolas torcidas para producir un supuesto “efecto bosque” y que más bien parecen cerillas, que además gastán más e iluminan menos que las que había antes, y por último, y mi favorita: la ridícula (y seguro que carísima) estatua del medio, “Monumento al rollo de papel higiénico” como bien la bautizó Josema.

En cualquier caso, tengo comprobado que toda actuación urbanística pasará siempre por discriminar al conductor medio que tiene que ir con su coche a trabajar o dejarlo en su casa por la noche. Ya antes de la maravillosa plaza, se dedicaron a quitar plazas de aparcamiento en el barrio con la excusa de hacer un carril bici. No tengo nada en contra del carril bici, es más, me parecería genial que lo hubiera en TODAS las calles y que la gente LO UTILIZASE. Pero cuando ves que quitan carriles al tráfico para hacerlo, aunque la acera sea lo suficientemente ancha para ponerlo en la acera, o que quitan plazas de aparcamiento por que sí, y que luego, los ciclistas, van por la acera o por la calzada, teniendo el carril al lado, derribarías a los ciclistas de un bofetón y luego destrozarías el carril bici con un martillo percutor. ¡Cuantas veces he tenido que esquivar a un ciclista con el coche en la plaza del Emperador Carlos V, en los dos estrechos carriles que han dejado de los cuales uno a menudo está ocupado por algún coche mal aparcado, porque el señorito decide que NO QUIERE usar el carril bici!

Y encima te dicen que no están obligados a ello, y no sé si es verdad o no, pero me pregunto, si los conductores estamos obligados a usar la calzada, y los peatones la acera, cuando los ciclistas tienen carril bici, ¿no deberían estar obligados a usarlo? Es que otra opción es, simplemente... subrealista...

Y con esto llegamos al tema con el que abro el post... El tranvía.

Quieren hacer una linea de tranvía que atraviese la ciudad, y por supuesto empiezan por nuestro barrio, donde maldita la falta que hace porque hay todos los autobuses del mundo y alguno más. Iría desde Valdespartera (barrio completamente nuevo, donde se podría excavar una línea de metro perfectamente) hasta la Plaza Paraíso, atravesando la Gran Vía y Fernando Católico, antaño grandes avenidas a las que poco a poco se les ha ido recortando carriles y ahora tienen sólo dos en cada sentido, uno de los cuales normalmente está ocupado por el autobús de línea. Así que está claro que si ponen tranvía, cerrarán esas avenidas al tráfico. Un carril para el tranvía, y otro para el autobús. Y el tráfico abundante que tienen dichas calles se desviará a las pequeñas callejuelas que las rodean, lo cual demuestra de nuevo la sagaz inteligencia de los responsables de esta ciudad. ¿Para qué permitir que los coches vayan por las grandes avenidas? Evitemos los atascos impidiendo que entren, así los atascos se formarán en otras partes. Sin contar la dificultad a la hora de circular... no es lo mismo ir a un sitio por una avenida hasta que tengas que tomar callejuelas secundarias, que buscar tu ruta entre pequeñas calles de sentido único... y no digo nada de la gente que venga de fuera, que no es lo mismo ir al Pilar por una avenida todo recto, que tener que organizarte con el mapa o el GPS por las callejuelas colindantes.

Vamos, una jugada maestra de las mentes pensantes de siempre.

Aparte que sigo sin entender las ventajas del tranvía. Zaragoza necesita metro. Metro del que va bajo tierra, al menos en la mayor parte de las zonas, para que no le afecte el tráfico, y sea rápido y eficaz. El metro comunica zonas en espacios muy cortos de tiempo, es mucho más fácil orientarse porque sabes perfectamente en qué parada te subes o te bajas (no como en el autobús o el tranvía que tienes que fijarte en las calles) y mientras lo esperas no te afecta que haga frío o calor. El metro es mi método favorito de transporte en las ciudades que lo tienen, y nunca he entendido porque en Zaragoza no lo hacen... no, no me vengan con la excusa de que hay filtraciones de agua por el Ebro. Ámsterdam y Estocolmo están cuajadas de agua y canales y tienen metro. Por Londres pasa el Támesis (que es como siete Ebros uno al lado del otro) y el metro pasa hasta por debajo. SE PUEDE hacer metro en Zaragoza.

Pero no les da la gana. Supongo que la compañía que ofrece el tranvía les da más dinero. No lo sé.

En nuestro barrio, sólo se opone al tranvía el PP. Es el único partido político que hoy, que está en la oposición, maneja los mismos argumentos que yo (por supuesto, cuando esté en el poder cambiará de idea que ya sabemos de que pié cojean TODOS los políticos). Tiene narices que yo que soy más de izquierdas que de derechas esté de acuerdo con ellos. Si lo llego a saber, les voto. Aunque a saber que habrían hecho de estar en el poder.

jueves, 19 de junio de 2008

MOTEROS

Ayer, volviendo de casa de mis padres, vi los restos de un accidente en mitad de la ciudad. No sé muy bien cuales fueron las consecuencias, porque desde el coche y conduciendo, siempre es difícil evaluar, pero había una ambulancia, dos coches parados, dos motos paradas también, y una por los suelos bastante destrozada. Así que no es difícil imaginar que el que iba a ocupar la ambulancia era el conductor de la moto, y como uno de los problemas de las motos es que el conductor es también la carrocería, no puedo evitar que se me pongan los pelos de punta.

Y con eso tengo excusa para hablar un poco del tema.

El otro día cuando fuimos a ver Indiana Jones y el reino de la Calavera de Cristal, salieron dos anuncios de la nueva campaña de la Dirección General de Tráfico. Los anuncios de la DGT normalmente son muy buenos, muy impactantes y, desgraciadamente, poco útiles. En general suelo estar tremendamente de acuerdo en los mensajes, aunque echo de menos alguno dirigido a esos impresentables que van por la autopista a 180 kms. por hora abonados al carril izquierdo y que te echan las luces para que te apartes porque “sólo” vas a 130 (o sea, saltándote tú mismo el límite que es de 120), y que me parecen los principales psicópatas al volante y posiblemente responsables de los peores accidentes de la autopista (alguno incluso ha intentado sacarme luego de la carretera si tardaba mucho en apartarme de su camino o no aceleraba para dejarles paso). Que la mayoría de esa gente, además, conduzca BMWs, no sé si es anecdótico o importante, pero es estadísticamente significativo y yo estoy convencida que se debe principalmente a la publicidad y ese eslogan discriminatorio de “¿Te gusta conducir?” – o sea, al que le gusta conducir, va en BMW, el que lleva otro coche conduce por obligación y es un pringao, ¿no?

En fin, que como siempre divago y me voy del tema.

De los dos anuncios que vimos en el cine, uno me parecio muy acertado, como todos. El segundo, concretamente este:

me indignó, hasta el punto de que Josema en el cine me dio un codazo para que me calmara.

¿Y por qué?

Pues por que ponen al conductor como el único culpable del accidente. El hombre se repite “¿Por qué no volví a mirar, por qué no volví a mirar?”. Vamos a ver, alma de Dios, lo primero de todo, pregúntate, ¿por qué no lo viste?.

Pues porque muchos motoristas, muchos, demasiados, más de los que deberían, no respetan las normas que nos echan en cara a los demás conductores no cumplir, y se saltan carriles, se meten entre coches, se colocan en ángulos muertos o se cruzan por lugares por donde no los esperan. Se aprovechan de tener vehículos más pequeños y ágiles con mayor capacidad de maniobra, pero se olvidan de que si no te ven, no te pueden esquivar.

Así que ese anuncio está mal dirigido. Está bien recomendar (más) prudencia al conductor en general. Pero por favor, que alguien recuerde, TAMBIÉN, al motorista, que si él es el más frágil, debe de cuidar de su salud, y no saltarse las normas ni cruzar por lugares por donde un conductor no espera ver un vehículo. ¿Por qué no hay anuncios que les recuerden que DEBEN respetar las normas de circulación más elementales?

Como el caso que cuenta Josema, del hermano de un compañero de trabajo, que salía de un garaje por la noche, y miró, como es lógico, en la dirección en la que venía el tráfico – no podía esperar que apareciera, conduciendo en sentido contrario, una moto sin luces... ¿o sí? Que alguien le diga a ese señor que no miró bastante...

No debo andar yo tan desencaminada cuando a Damián, que estaba con nosotros en el cine, o a mi padre, con quien hablé del tema al respeto poco después, también les indignó sobremanera...

Y ahora la nota conciliadora. Conozco y respeto a varios moteros. Este comentario solo va contra los moteros que no respetan a los demás conductores, que toman conductas de riesgo y encima luego pretenden que seamos los demás conductores los que les respetemos. Del mismo modo que hay conductores de coche psicópatas, conductores de autobús psicópatas, y conductores de bici o peatones, más que psicópatas, suicidas, hay moteros (muchos) que por aquello de fardar, de saltarse los atascos o de conducir por las aceras, se ponen en peligro a sí mismos. Que no nos trasladen la culpa a los demás conductores, por favor. En esos casos, desgraciadamente, la culpa es solamente suya. Nos quiera vender lo que nos quiera vender la DGT.

miércoles, 11 de junio de 2008

AUTOBUSES DE ALOSA

Acabo de añadir un colectivo más a mi lista negra de conductores odiosos. Los autobuses de Alosa. Me tienen negra. Cuando iba por la calle Salvador Allende de camino al trabajo siempre había uno que paraba justo antes del semáforo de la entrada de la Avda. Valle de Broto… como no te acordases y fueses detrás de él te tenías que esperar a que bajase y subiera toda la gente porque por supuesto, nadie de los que vienen detrás va a ser tan caritativo como para dejarte cambiar de carril. La semana pasada retomé esa ruta y se me olvidó el pequeño detalle… y me comí varios semáforos por su culpa.

Hoy volviendo del trabajo otro ha decidido pararse…¡en el carril de la izquierda de una calle de tres carriles! Para qué, no lo sé, pero me ha tenido un buen rato detrás de él, y encima, no he podido cambiar de carril, así que lo he llevado delante durante bastante rato comiéndome todas sus paradas y su paso de tortuga.

No me sorprende que una vez viera a uno de ellos con una flor en el culo. Me parece que son de la misma cuerda…

lunes, 25 de febrero de 2008

CICLISTAS Y DOMINGUEROS

Ayer Leo tenía un cumpleaños en el GranCasa, así que la ruta dominical fue la opuesta a la de la mayoría de los domingos, y en vez de ir dirección Santa Fe, cogimos más o menos la misma ruta que llevo yo todos los días para ir al trabajo.

Justo a la altura de Pedro Cerbuna, calle estrechada perversamente por un enorme carril bici junto a la acera izquierda, Josema se vio apurado al tener que adelantar a un ciclista que circulaba por la derecha, dándonos de nuevo a los dos pie a esa indignación que nos produce ver la mitad del aparcamiento del barrio desechado para la construcción de esos inútiles carriles bici, que los ciclistas apenas utilizan… y que encima cuando ves un ciclista, éste circula por cualquier sitio menos por el carril bici. No lo digo como algo inusual. No es la primera vez que lo veo y a veces el caso es tan flagrante como que el ciclista circula por la acera o la calzada a medio metro escaso del carril bici, como si éste estuviera compuesto por arenas movedizas o simplemente tuviera un cartel de “No pisar”. En esos momentos te dan ganas de sacar la mano por la ventanilla y dar una colleja (por decir algo suave, a veces les harías algo peor) al susodicho ciclista.

Por supuesto el “ocupa” de la calzada nos dio tema de conversación durante una buena parte del camino. Sobre todo cuando, tal y como Josema profetizó, vimos que no sólo no utilizaba el carril bici cuando lo tenía disponible, sino que además no respetaba ninguna norma de circulación. Se pasaba todos los semáforos en rojo, incluso en el cruce con la Avenida Goya, que es, debo decir, un cruce bastante peligroso. Así que el siguiente comentario, como es obvio, fue entristecernos al pensar en que para colmo, si este elemento (que insisto, no es la excepción al comportamiento de muchos ciclistas) tenía un accidente y resultaba herido o incluso muerto, encima las consecuencias las pagaría el conductor del coche involucrado, aun cuando la culpa no fuese suya. Me recordó un caso que ha sido tristemente famoso en la prensa últimamente. Conductor en un Audi que atropella a un ciclista, el muchacho muere, y el conductor del Audi reclama daños y perjuicios por las abolladoras en su coche a la familia del difunto.

Y entonces piensas “Me gustaría saber más al respecto”. Porque a mí, en esa historia, se me juntan dos fuertes prejuicios que tengo. Por un lado, mi opinión de que los conductores de coches como Audis, BMWs o Mercedes son unos prepotentes que no valoran la vida humana ni respetan las normas de circulación. Por otro, la de que los ciclistas van por la vida sin respetar las normas de circulación como si no corrieran ningún riesgo. Así que a primera vista, sin saber las circunstancias del accidente, no puedo evitar preguntarme: ¿Y si fue por culpa del ciclista? Es duro, pero el dueño del Audi estaría en su derecho a reclamar daños y perjuicios. Parece ser, tras indagar un poco en el caso, que no fue así, que en este caso pesó más la prepotencia del conductor del coche “de privilegiados”, del que va por la vida pensando que los demás no valen una mierda porque no pueden permitirse un coche como el suyo. Pero después de ver (por enésima vez) como se comportan los ciclistas, gente que va en un vehículo en el que la carrocería es su propio cuerpo y el motor, su propia fuerza, como desprecian toda medida de seguridad y toda prudencia en la creencia de que nosotros ya les esquivaremos, no puedo evitar pensar “¿Y si lo hubiera matado yo? ¿Qué habría pasado?”

Pues habría sufrido la injusticia, porque es injusto, de que la policía, como me dijeron a mí al ponerme una multa en el colegio de Leo, protege siempre al débil. ¿Incluso aunque sea el débil el que incumple las normas de circulación y se pone en peligro a sí mismo y a los demás? ¿Por qué no multan al peatón que se cruza un semáforo en rojo? ¿Por qué, cuando el hermano de un compañero de trabajo de José Manuel tuvo un accidente porque a la salida de su garaje le embistió un motero que iba en dirección contraria y sin luces en noche cerrada, causándose la muerte, el pobre conductor de coche encima tuvo que soportar que le retirasen A ÉL el carnét de conducir, si no había cometido ninguna infracción?.

Como digo, es terriblemente injusto. Me enerva y me enfurece. Una vez un compañero del clínico tuvo la desfachatez de decirme que se saltaban los semáforos en rojo porque “alguna ventaja tenían que tener”… Pero ¿qué ventaja, alma de Dios? ¿La de llegar al Cielo antes que los demás?

No lo entiendo, de verdad.

martes, 15 de enero de 2008

LOS DE LA FLOR EN EL CULO

Me ha costado estrenar el año, y no por falta de cosas de que hablar, sino por falta de tiempo. Durante las vacaciones eso de tener a Leo todo el día, y estar en casa, y sobre todo, no tener que madrugar (por primera vez en mucho tiempo me he estado despertando todos los días más allá de las 10… ¡qué placer!) no me ha permitido jugar mucho con el ordenata, aunque me lleve el archivo a casa para trabajar en él si se daba la ocasión. Y la vuelta al trabajo ha sido demencial. Una semana sin camas, volviéndome loca para colocar a los pacientes, con todo el mundo despendolado… en fin, que no me extraña que me haya dado otra vez la tos psicosomática esa que me acosa cuando paso una mala época de stress…

Pero yo de lo que quería hablar esta vez es de un fenómeno que me tiene intrigada, y es el hecho de que cada vez se vean más coches entre el tráfico luciendo una flor en el culo. Sí, sí, como lo leeis… El domingo por fin descubrí lo que significaba la dichosa flor (una especie de margarita cutre que parece de Agatha Ruiz de la Prada), y no es más que un logo de una tienda de moda llamada Gurú de la que (perdón por mi incultura) no he oído hablar en la vida. Lo cual hace la tendencia más triste todavía. Porque si al menos la florecita en cuestión significase algo, no sé, paz, amor, cualquier otra idea hippy que es lo que me sugiere esa margarita cutre, o incluso fuese un símbolo nacionalista malentendido como el burro que se ponen los catalanistas (algún día hablaré de nacionalismos, lo prometo), lo entendería. Pero es que simplemente es publicidad… Entonces, ¿porqué hay tantas? Que no estamos hablando de una o dos, que es que en cualquier calle de la ciudad que te pierdas verás al menos cuatro coches con la florecita en cuestión en un semáforo.

Y lo peor de todo, suelen ser conductores pésimos! No sé si tiene algo que ver, pero puesto que todos los días me trago una o dos horas de coche entre el trabajo y recoger a Leo del cole, al final una lleva una estadística involuntaria de los conductores más peñazos. Y del mismo modo que tengo comprobado que la gran mayoría de los psicópatas de las autopistas, esos elementos que deberían estar en la cárcel que cuando vas a 120-130 por el carril de la derecha vienen a toda velocidad (o sea, por encimisima del límite de velocidad, ya que yo normalmente voy rozándolo) y echándote las luces para que te apartes, que pa eso vienen ellos, suelen ser BMWs (culpa de la publicidad, estoy convencida. Los anuncios de BMW precognizan el “yo soy la hostia porque tengo un BMW y tu un mierdecilla porque no te lo puedes permitir”), y que los que te pitan en los semáforos y luego se paran donde les da la gana son los taxistas; pues también he ido comprobando que cuando un coche se despista en un semáforo, va a paso de tortuga, se te cuela en un carril sin echar el intermitente, y un largo etcétera de torturas callejeras, prácticamente siempre, lleva pegada una de esas flores estúpidas en el culo. Vamos, que llegué a pensar que signficaban “Sí soy un capullo, ¿y qué?”.

Pues no. Significan “Gurú”, que al parecer es el nombre de una tienda de moda según me informó Gema el domingo pasado. Mi curiosidad malsana me lleva a google, ahora que ya tengo un nombre que teclear (la madre que los parió, encima son italianos, ni siquiera son producto patrio…). La manía de pegar la florecita en los coches parece que tiene su explicación, ya que fue Fernando Alonso quien al parecer la hizo popular. En fin, que les aproveche. A mí estas cosas me entristecen, me hacen pensar en la poca personalidad que tiene la gente. Hay miles y miles de diseños para pegatinas, y es normal que unos gusten más que otros, pero lo lógico es que con tanta variedad, no se vea uno tantas veces como este, teniendo en cuenta que este ni es especialmente bonito, ni tiene un significado especial… Olé sus huevos la chica que vimos el sábado, que llevaba una serie de pegatinas en la parte de atrás que simulaban agujeros en la carrocería muy bien simulados, hasta el punto que desde lejos parecían de verdad… Que diferencia con la niñata de esta mañana, que llevaba no una sino dos floripondias en un panda azul del año de la polka, y que debía pensar que dos flores le daban derecho a ocupar dos sitios en el parking del hospital. Aunque debería dar gracias, ya que al marcharse esta mañana del mismo, nos ha dejado aparcamiento a dos coches. Bastante más grandes que un Panda, los dos. Y sin florecitas.

Adenda del 22 de enero: Al día siguiente me encontré la dichosa flor ¡en el culo de un autobús de la línea Zaragoza-Huesca! Esta vez era roja, pero era la misma. Veo que van apareciendo variantes, porque ayer también vi otra con los pétalos más mustios. Variaciones del mismo tema, al fin y al cabo…

 
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