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miércoles, 26 de marzo de 2014

TODO SOBRE MI MADRE

Hace años una tía mía soltó, sin ambages y delante de sus dos hijas mayores, que "Todos los hijos son unos ingratos". Para mi completa estupefacción, sus dos hijas (a las que claramente acababa de insultar) asintieron dándole la razón sin titubear. Incluso yo me sentí insultada, pero ellas no. Nunca entendí por qué.

Supongo que el pensamiento de esta señora, como es de otros muchos padres es "Yo te he dado la vida, y te he críado, así que tú me lo debes todo, y por tanto debes mostrar eterna gratitud". Pero, como bien me dijo también hace años mi marido, y yo comparto esa opinión, cuando tienes un hijo es tu responsabilidad. Tu has decidido (o no, pero ahí está) tenerlo y tu tienes el deber de criarlo y hacer que salga adelante. Él no te debe nada, porque no te lo ha pedido. Viene de serie con el carnet de madre (o de padre).

Eso no quita, por supuesto, que los hijos tengamos que responder a esto con puñaladas traperas. Por supuesto que a nuestros padres (en la mayoría de los casos, siempre hay excepciones, pero hablo de lo que considero una relación familiar "normal") les debemos respeto, cariño y gratitud por habernos traido al mundo y habernos ayudado a salir adelante.

Pero ¿hasta dónde llega dicha gratitud? ¿Porque una señora con tres hijas que siempre han estado ahí volcándose en ella tiene la desfachatez de decir que sus hijas... no, que TODOS los hijos son unos ingratos?

Yo en su momento lo achaqué a la peculiar forma de ser de esta señora, pero a mis 46 años y después de muchos encontronazos con mi propia madre (quien, a pesar de tener una mentalidad completamente diferente, al fin y al cabo es prima hermana de mi tía y comparte con ella sangre y educación) me estoy dando cuenta de por dónde van los tiros.

Somos unos ingratos porque en fondo NUNCA seremos lo que ellos esperan de nosotros.

Si es que a eso se le puede llamar ingratitud, claro. Que para mis estándares no lo es, pero ese es otro tema.

Mi madre jamás ha dicho eso de que TODOS los hijos sean ingratos. Pero ha soltado otras perlas que duelen lo mismo o más. Como ese "Ah, que XX cerdos podría haber críado!!" (sustituir XX por la edad actual del hijo, dando a entender que si en vez de un hijo hubiera críado un cerdo por cada año de su vida le habría resultado más rentable). A lo mejor a ella le parece gracioso, o inofensivo. Pero cuando te lo dice simplemente por que te ve jugando a la Gameboy con tu sobrino (¿no estamos de visita? ¿No se supone que estamos socializando con la familia?), y deja claro que le avergüenza tu comportamiento, algo huele a podrido en Dinamarca.

Vamos por partes.

A mi madre, obviamente, la quiero mucho. Es una persona fuerte, admirable, que ha sabido salir adelante en una época en que no era fácil para las mujeres trabajar y tener una familia al mismo tiempo, y que ha conseguido escalar en su trabajo probablemente a los puntos más altos. Si hubiera sido hombre, probablemente sería presidente del Gobierno. Por supuesto tener a mi padre (una persona excepcional la mires por donde la mires) apoyándola a su lado le ha ayudado mucho, pero no hay duda de que ha sido su propio carácter luchador la que le ha llevado a dónde ha estado.

El problema de base está, y ha estado siempre, en que lleva MUY mal que los demás no hagan lo que ella espera de nosotros. Y cuando digo los demás, por supuesto, hablo sobre todo de mí.

No es tonta. De hecho es muy inteligente, y tiene la cabeza muy bien amueblada, así que obviamente ha sabido dirigirme muy bien durante toda mi infancia. Ahora, a mi edad, me doy perfecta cuenta de la maniobra, pero cuando era pequeña, cuando alguien decía "Esta chica dibuja muy bien, será pintora, ¿verdad?", siempre se adelantaba a contestar "No, porque los pintores se mueren de hambre". Semejante cantinela, repetida una y otra vez con argumentos convincentes durante TODA mi infancia, como es lógico me lavó el cerebro, y yo misma acabé contestando lo mismo cuando me preguntaban. Resultado, muerta mi única vocación, cuando me preguntaban lo que quería ser de mayor, sólo tenía claro lo que NO quería ser: Médico o profesora. Primero, porque me parecían dos topicazos impresionantes. Segundo, porque veía lo hijos de puta que eran mis compañeros de clase y lo que tenían que sufrir los profesores y no quería pasar por lo mismo, y porque la responsabilidad de tener vidas humanas en mis manos me aterrorizaba.

Los que me conoceis ya sabeis lo que acabé estudiando, ¿no?

Medicina.

Siguió siendo parte de la elaborada cadena de preparación, lavado de cerebro y perfectos razonamientos: "La medicina tiene otras salidas, mujer. Siempre puedes trabajar en un laboratorio". "En otra profesión no, pero en medicina sí que podemos ayudarte". "Es que si quieres estudiar biología tienes que salir fuera de Zaragoza... lo más parecido es Medicina..."

Por supuesto la culpa no es suya. Yo soy débil, y perezosa. La idea de estudiar fuera de mi ciudad no me hacía ninguna gracia, y la oferta en Zaragoza no era buena. Además, para salir fuera, eso si lo tenía claro, haría Bellas Artes, y para eso estaba claro que no tendría su apoyo.

Oh, ella dirá "¡Pero te metí en una academia de dibujo!". Sí, en una dónde el profesor nos hacía dibujar cabezas y pies de yeso y luego pasaba olímpicamente de nosotros. Aguanté tres días. "Pero fuimos a la escuela de Artes y Oficios a ver si podías matricularte por libre, y no se podía". Exáctamente. No se podía, y como es una formación de menor nivel, jamás me habríais permitido hacer eso EN LUGAR de medicina.

Así que me enseñaron a considerar mi vocación sólo como un hobby. Algo secundario a lo que merecía mi principal atención, la carrera de medicina. Y claro, aunque no paraba, estaba en fanzines, dibujaba constantemente y hasta me hice cierto nombre en el fandom incluso nacional (alguien llegó a decir una vez en una conferencia que le honraba estar en la misma sala que yo... casi me caigo al suelo de la emoción), me faltaban dos cosas muy importantes que sólo habría podido conseguir con unos buenos estudios de Bellas Artes: formación y contactos.

No es que eso me amargue la vida. En realidad, como soy conformada, débil y comodona, me fui haciendo un hueco en mi profesión, di varios tumbos y conseguí el puesto fijo que tengo ahora en el que por poco esfuerzo tengo un MUY BUEN sueldo y una seguridad económica. Soy feliz con mi trabajo, y no necesito romperme la cabeza. Por supuesto, soy muy consciente de que he acabado haciendo lo que me dijo un profesor, hace años, cuando le pregunté si a él realmente trabajaba en lo que le gustaba. "Al final, no es que trabajes en lo que te gusta, es que te acaba gustando tu trabajo". En ese momento me sonó triste y derrotista... Bueno. Quizás lo es. Pero así es la vida. No todos podemos conseguir nuestros sueños más locos, y hay que conformarse con los más asequibles. Hay otras formas de llenar la vida, afortunadamente, y yo sigo en ellas. Aunque hagan que mi madre se arrepienta de todos los cerdos que podría haber críado.

A lo que iba, y volviendo al tema principal. Madres e ingratitud filial.

Con los años le fui viendo el plumero a mi madre. Aunque siempre me apoyó en todas mis decisiones laborales relacionadas con la medicina, y toleró que no me presentase al MIR a pesar de las muchas puertas que me cerraba, le faltaba tiempo para intentar redirigirme a la práctica médica (sustituciones de Atención Primaria, la época en que no podía dormir preguntándome si mis decisiones estaban siendo correctas) o para buscarme enchufes en los hospitales. No me vino mal cuando al fin encontré la forma de trabajar como médico sin ver pacientes: presentarme a las oposiciones de Médico de Admisión y Documentación, para las que no hacía falta preparación MIR. Hasta me consiguió una entrevista en el Royo Villanova, donde pude meter la cabeza con una Comisión de Servicios cuando conseguí plaza fija en la oposición pero no en Zaragoza. A partir de ahí, mi vida laboral fue rodada, aunque debo apuntar que todo lo conseguí por méritos propios y con una suerte que no me la creo ni yo. Nunca me tocará la lotería, pero en las cosas importantes no me quejo: la vida me sonríe.

Pero lo mejor fue cuando en mi accidentada estancia en el Hospital Miguel Server (al que se me han pasado las ganas de volver), dejó caer en un par de ocasiones su deseo de que yo optase a un puesto directivo. Ahí fue dónde me dejó clarísimo lo que ella quería: Que yo hiciera lo que ella, por no ser Médico, no había podido ser (llegó a lo más alto que su profesión le permitía, Dirección de Enfermería tanto en su hospital como en Primaria, pero se jubiló cuando nació Leo, y supongo que ahora tenía mucho tiempo libre para pensar en lo que podría haber llegado a ser). A buena parte había ido a parar.

Para empezar, mi liderazgo es cero. En serio. Nadie me escucha, todo el mundo me toma por el pito del sereno y soy demasiado blanda para ser jefe. Así me iba en el Servet, y eso que al menos mis subordinados me tenían cariño, porque lo único que se me da bien en las jefaturas es luchar por ellos. Pero es que además, NO QUIERO. ¿Recordais que he dicho antes que no me gustaba la responsabilidad de tener las vidas de los pacientes en mis manos? Pues imaginaos la responsabilidad de dirigir un hospital. NO. Simplemente, NO.

Hacía ya tiempo que sabía que mi madre nunca ha querido una hija, esto es, una persona independiente que ha nacido de su seno, pero con un cerebro propio e ideas y personalidad propias. Mi madre quería un clon, o un pseudópodo, o simplemente una versión más jóven de sí misma. Siempre me lo ha demostrado: Cuando estoy de acuerdo con ella, todo va bien. Como, como ya he dicho, es inteligente y tiene sentido común, la mayor parte de las veces estamos de acuerdo. Pero a veces no. Porque, como digo, soy una persona diferente. Mi cerebro no es el suyo. Y hay cosas que no comparto con ella.

Y he aprendido a callármelas porque si no, lo llevamos claro.

El problema es ese. Que ella asume que tengo que pensar igual que ella. ¿Que piensa que tengo que tener una chica de la limpieza? Pues no me la pone en la puerta de casa no sé por qué, porque la última vez le faltó poco, ya había llamado a una y todo, y encima cuando le dije que no poco menos que tenía que ser yo la que llamase para pedir disculpas. Por supuesto, a sus ojos soy incapaz de educar a Leo correctamente, y
que falle en sus estudios o que tenga sobre peso es culpa mia a pesar de que la que le dejaba siempre bombones y galletas a su alcance era ella y la que le soplaba el resultado de los deberes en sus primeros años de estudios también era ella.

Ahora como se aburre vive enganchada a la página web del colegio de Leo. Es impresionante los interrogatorios a los que le (nos) somete, tanto para saber sus notas como para asegurarse de que lleva todos los deberes. Hasta tal punto que Leo se acostumbró casi a no pensar. ¿Para qué, si su abuela pensaba por él?

La rematadera fue ayer.

Ayer fue su cumpleaños.

Como otro de los lugares informáticos donde vive es Facebook, me tomé la molestia de buscarle un video adorable para felicitarla, se lo dediqué y luego seguí mi día a día. Por la tarde dediqué tiempo a mi marido, ya que por la noche se iba a ir de viaje a Madrid, y casi a las 8 me senté frente al ordenador y pensé "Voy a comprobar facebook, que no lo he mirado en toda la tarde". La asociación de ideas con facebook me hizo pensar. "Huy, y debería llamar a mi madre, que aunque ya le he felicitado igual espera mi llamada..."

No me dio lugar.

En ese momento sono el teléfono. Genial. Ya nunca quedas bien cuando pasan esas cosas.

Y por supuesto, no fue agradable.

Primero se puso mi padre, intentandome hacer ver lo mala hija que era y lo disgustada que estaba mi madre. Peroperopero... no es que no le haya felicitado, ¿no?. Y también tengo una vida, joder. Pero vale. Aceptamos barco. Tendría que haberle llamado. Pásamela y le felicito.

Pero entonces vino la rematadera.

Mi madre, en plan mártir, empezó a decir que llevaba toda la tarde esperando, pero que claro, que estaba claro que no iban a salir, porque mire usted, con mi padre sí que habíamos salido, pero con ella como lo celebró el sábado...

Espera, espera... ¿teníamos que salir?

Cuando fue el cumpleaños de mi padre es cierto que salimos a cenar. Pero porque teníamos que hacer compras, y aprovechamos esa tarde. Un poco como compensación por haber pasado su cumpleaños comprando, sugerí, porque me parecía apropiado, cenar juntos después.

Si no hubieramos salido de compras, probablemente no lo habríamos celebrado.

Pero es que además... si ella quería hacer algo así...¿por que no dijo nada antes?

¿Tengo que adivinarlo?

¿Tengo que leer su mente?

Me quedé hecha polvo. Con ese sentimiento de culpa que mi madre sabe manipular tan exquisitamente, pero a la vez de rabia e impotencia. ¿Por qué me tiene que tratar así? ¿Qué gana haciéndome sentir miserable? Cuando yo quiero algo, y eso lo he aprendido de ella, yo misma voy a por ello. Si quiero salir o celebrar algo, yo misma me moveré y lo diré. Porque no puedo exigir que quien no lo sabe lo adivine. Pero está claro que ella no opina así.

Así que va a ser cierto lo que decía mi tía. Los hijos somos unos ingratos.

Porque encima de crecer y volvernos independientes, tenemos la desfachatez de no ser clones suyos. De no compartir su cerebro, y por tanto adivinar sus pensamientos. Porque al final, nos empeñamos (putos cabrones egoístas que somos, oyes) en seguir nuestro camino, y no el que ellos nos quieren marcar.

Por favor, Leo.

Si me vuelvo así, abofeteame. Fuerte. Hasta que se me pase la tontería, porque me lo mereceré.

jueves, 7 de noviembre de 2013

BIEN ESTÁ LO QUE BIEN ACABA...

...dicen que dijo Shakespeare…

En cualquier caso, es cierto que a mi siempre me han gustado los finales felices, y que un final amargo (sobre todo si no aporta nada) me puede estropear una buena historia. Por eso le he cogido manía a películas como “Un puente hacia Terabithia”. Pero también reconozco que un buen final es un buen final, y a veces para conseguir eso, no puede ser tan feliz.

La cosa es que conseguir un buen final no siempre es fácil, y eso lo veo mucho últimamente en los videojuegos. Bueno, y en las historias, y hasta en las entradas de este blog, que nunca sé como acabarlas, pero esta entrada es sobre videojuegos.

Ya habéis visto que en este blog se habla a menudo de ellos, y es que para mi los videojuegos son una forma más de contar historias, con el aliciente de que las vives casi en primera persona. El caso es que, igual que algunos juegos como el muy recomendable Bioshock Infinite tienen finales estupendos y sorprendentes, me ha pasado varias veces que un videojuego que estaba disfrutando enormemente me deje como al del chiste del pingüino con un final brusco, mal pensado, o que simplemente no termina de cuadrar con la historia.Ya me pasó con el Tomb Raider Underworld, que se suponía que explicaba muchas de las interesantes cuestiones que se plantean en Legend, o con otros juegos que tras una buena historia terminan en plan “Chis-pun” y dices “¿Y ahora qué?”.

Curiosamente, uno de los finales de videojuego que más polémica han llevado, el de la saga de Mass Effect, no me ha afectado tanto como otros. Quizás es que desde el momento en que oí que el tercer juego iba a ser el último yo ya me había hecho a la idea de que el protagonista tenía que morir (tampoco es que fuera un drama. Ya muere al principio del segundo juego, y lo “resucitan”, en una maniobra un tanto extraña e innecesaria para el argumento), o quizás es que mi familia y yo somos más listos que la media, ya que las principales quejas eran que las decisiones no contaban (qué poco debe haber jugado esa gente a la desafortunada segunda parte de la saga Dragon Age, porque ahí sí que se pasan todas tus decisiones por donde yo te diga), y que el final era difícil de entender, cosa que nosotros entendimos desde el principio. De hecho, Leo no tuvo el menor interés en jugar la versión “ampliada” del final que Bioware desarrolló a raíz de la gran cantidad de quejas porque para él (y para nosotros, todo sea dicho) no aportaba nada que no hubiésemos entendido la primera vez que lo jugamos. Aunque personalmente, y por lo que veo en los foros que frecuento (principalmente Deviantart y ese agujero de fanáticos que es Tumblr), creo que la principal queja venía de las fangirls (si, desgraciadamente en su mayoría mujeres, aunque quizás sea porque mujeres son las principales personas que sigo en esos foros) que se quejaban de que si su Shepard moría, no podría ser feliz forever and ever con su amorcito.

A ver. Estás leyendo a la persona que se “construyó”, a base de walkthroughs, el que para ella era el mejor final posible para su personaje en su juego favorito, Dragon Age Origins. La que se hizo su propio PJ después de que Josema sacrificara a la que habíamos jugado entre los tres, porque esa escena le partió el corazón y quería un final más feliz para la suya. Pero ese es MI final, el que yo elegí, y jamás me atrevería a decirle a nadie que el mío es mejor que el suyo.

Pero con Mass Effect no pasaba eso. De las tres opciones finales en el juego, solo en una el protagonista tenía una posibilidad de que, en una escena final, apareciera una imagen de su pecho respirando.


Las fangirls se aferraron a eso: Su Shepard sobreviviría. Sobreviviría aunque eso significase elegir la opción que condenaba a dos razas a la destrucción total y a todas las demás a un retraso tecnológico del que les costaría siglos salir, si no milenios.

Y claro, como se sentían culpables, empezó a correr por ahí una “teoría de la adoctrinación” según la cual si elegías cualquier otro de los finales, que suponían la muerte física del cuerpo del protagonista, era porque los malos de la historia te habían lavado el cerebro.

Y eso es lo que me parece indignante. Que quieran imponer su versión de la historia.

A mi me encantan los finales felices. Me encantaría que el protagonista de esta historia se quedase por siempre jamás con su amorcito. Pero a veces, el protagonista tiene que sacrificarse por el bien de los demás. Y eso es correcto. Tan correcto como ser egoísta por una vez. Quizás más.

Y nunca entendí porqué tanta angustia, porqué tanta polémica, por qué tanto odio y tanta presión. Bioware había hecho cosas mucho peores que el final de Mass Effect 3 *coughDragonAge2cough*. Ningún final era perfecto, por supuesto. Pero esa era la gracia. No podía haber un final mejor que otro, porque entonces, todos cogerían el mismo. Todos tenían que tener pros y contras.

Al final la empresa cedió a la presión. Creó un final extendido, intentando explicar las cosas. En su honor diré que no se vendieron a las quejas del todo. Demostraron que los otros dos finales no eran malos (explicando lo que algunos ya habíamos entendido desde el principio), pero no los cambiaron, ni dieron la razón a los que hablaban de lavados de cerebro. Y con el tiempo, la polémica, como tantas, se ha ido diluyendo.

Pero me voy del tema. Toda esta larga charla sobre finales, en realidad, era para hablar de otro juego.

Al poco tiempo de esta polémica, cayó en mis manos “Las Cadenas de Satinav”, de la saga alemana “Schwarzen Auge” (conocida como TheDark Eye en el ámbito anglosajón).

Voy a alargarme más, porque quiero hablar de esta saga. Los roleros de pro quizás conozcan el juego original. Yo desde luego lo conozco a través de mi marido, a quien dudo que alguien supere en la cantidad de juegos de rol de todos los paises, culturas y hasta idiomas que colecciona. Se trata de un entorno de fantasía que en Alemania ha superado en ventas al clásico D&D desde siempre y que sigue sacando suplementos a un ritmo imparable. Me ha sacado de muchos apuros a la hora de regalarle cosas a mi marido en cumpleaños y aniversarios y eso que él no sabe alemán (y en inglés solo existe el libro básico y poco más). Así que imaginaros si es un mundo rico e interesante.

A pesar de los libros, cuando yo empecé a encariñarme de ese mundo fue cuando Josema se hizo con un juego de rol de ordenador llamado Drakensang y del que creo que ya he hablado alguna vez. Era la primera vez que yo veía un juego así de verdad (yo solo solía seguir los de aventura tipo Tomb Raider) y poder crear tu propio personaje (aunque fuera con limitaciones) y vivir la historia tú mismo era toda una experiencia. Con ese juego cogí la costumbre de compartir con él las decisiones de su personaje (una elfa pelirroja), y para mi cada vez que dedicaba un rato por las tardes del fin de semana a jugar en casa de mis padres, que era donde teníamos un PC para jugarlo (no había versión de Mac) era un acontecimiento. De hecho, cuando Dragon Age lo desbancó, al principio para mí fue un drama.

Me encariñé mucho de los personajes, sobre todo esa amazona Tulamida, Rhulana, que acabé customizando como muñeca de resina, la encantadora ladrona pelirroja Gladys o el enano adorable y cascarrabias Forgrimm. O quizás esos tres son los que más recuerdo porque llevándolos en el grupo nos deleitaron con el mejor combo de comentarios (cada vez que seleccionabas a uno de ellos para el combate soltaban una frase al azar) que he visto en mi vida:

-         Rhulanna: “Por Rondra!” (La diosa de las amazonas)
-         Forgrimm: “Por Ardo!” (el amigo muerto cuyo asesinato estamos investigando)
-         Gladys (con su voz cantarina y adorable): “Por supuesto!”

Así que cuando me recomendaron este nuevo juego, aunque el estilo de juego no era de rol y el diseño era completamente distinto, supe que tenía que jugarlo (o, en mi caso, ver a alguien jugarlo, que, como de costumbre, fue Leo).

Se trataba de un juego de “Point and click” (o sea, de señalar con el ratón y seleccionar), al estilo de maravillas como el clásico “Monkey Island”. Un tipo de aventura que me encanta, porque no suele haber combates y nunca tienes que actuar contra reloj, por lo que no me estresan nada. Si a eso le añadimos una banda sonora bellísima, y que el diseño y los dibujos, completamente hechos a mano, eran de una belleza y una inocencia de cuento de hadas impresionante, la verdad es que me enamoró desde el principio. Es cierto que tiene algunas animaciones cutres (como la escena del beso), y que es un estilo de juego que puede que no guste a muchos… pero al poco rato la historia ya me tenía enganchada y los personajes ya me habían enamorado a pesar de (o quizás precisamente por) sus muchos defectos.

Por lo que el final me dejó devastada.

A pesar de que me lo veía venir desde el principio, y de que en realidad, era la única forma de que la historia acabase “bien”, el final me destrozó. Me tuvo toda el fin de semana ansiosa e incluso me hizo soltar alguna lágrima cuando pensaba que nadie me veía, recordándolo.


Y es que me había encariñado tanto de la pareja protagonista y de su historia de amor que lo que les ocurre al final, me rompió el corazón en pedazos.

(Aun así, masoquista que es una, el regalo de Navidad de ese año que le pedi a Josema fue la edición coleccionista del juego. Para tener una copia física y todos los dibujos y los extras posibles del juego, aunque estuviera en alemán. Decisión reforzada cuando descubrí que una de las artistas de Deviantart con las que mejor me llevaba esos días había participado, aunque solo fuera un poco, en el desarrollo del mismo).

Así que cuando hace escasamente una semana me dijeron que había salido una segunda parte, "Memoria" en la que parte de la trama consistía precisamente en la aventura que los protagonistas vivían para arreglar ese amargo final… bueno, había que verla.

Malditos desarrolladores de Daedalic, en su amor por los finales agridulces, de nuevo el final no era perfecto. Encima en este caso, a pesar de ser un juego muy lineal, teníamos dos opciones: conseguir su meta, o renunciar a ella y no reparar nada… opción que a lo largo del juego (e intentando no hacer spoilers) tenía cierto sentido. Porque conseguir su meta no dejaba las cosas como estaban antes de que ocurriera su desgracia.

Tenían que empezar de nuevo.

Y bueno, eso restauró un poquito mi corazón. Con superglue, y viéndose las grietas, pero al menos… he podido elegir.

Y ahora entiendo… un poquito, solo un poquito, a las fangirls de Mass Effect y su forma de llevar el drama. Sigo sin entender esa presión para cambiar el final…

Pero entiendo la angustia y el dolor que algunas sentían. Porque sí,estos malditos videojuegos…estas malditas historias…

…te parten el alma.

jueves, 24 de octubre de 2013

SITIOS TÓXICOS, GENTE TÓXICA



Internet es el mal. Yo ya lo sabía. Como con los móviles o la PlayStation, me resistí MUCHO a que entrase en casa… porque sabía que ocurriría lo que ocurrió. (Bueno, lo de los móviles es otra historia relacionada con mi odio a los teléfonos). Si siempre me ha gustado escribir cartas y conocer gente de otros sitios, Internet ha sido mi perdición. Si no eran foros era el blog. Si no era el blog eran foros. Dejé de lado un tiempo las muñecas (nunca del todo, aún cae alguna) debido al dinero del piso, pero me metí como comento en esta entrada en Deviantart. Al año siguiente la cosa había degenerado en un grupo de rol online que me tuvo enganchada todo el viaje a Portugal y que de pronto en un mes acabó como el Rosario de la Aurora.   lo hubiera hecho), me encuentro con una persona encantadora que se encariña de mi personaje… y que acaba aceptando una relación de ficción que en la realidad se convierte en una amistad incomparable en la vida real. De hecho, una de las principales razones por la que fuimos a Vietnam fue para conocerla en persona. Por que, claro, si puedo elegir una amiga del alma… ¿pa que elegirla cerca? ¡Al otro extremo del mundo, que mola más!
Josema estaba hasta los mismísimos de que le gorroneara el iPad para contestar mensaje tras mensaje, y cuando estaba a punto de dejarlo (qué tranquila habría sido mi vida si

La cuestión es que lo pasábamos tan sumamente bien, y estábamos tan enganchadas, que empezamos a animar a los amigos del Deviant para que se unieran al grupo. A raíz de mi comic ya tenía un grupito de amigos más o menos íntimos que incluso habíamos quedado un día en Santander para conocernos en persona, al menos los que podíamos desplazarnos allí, y hasta creamos un grupo-dentro-del-grupo para jugar con nuestros personajes y crear historias más complejas. Era un sueño dentro de un sueño, como decían en la Princesa Prometida, lo pasabamos genial y todo eran piruletas y arco iris.

Debido a aquello, y también debido a mi traslado de hospital (con lo que se acabó la desagradable tensión que hacía que necesitase crear historietas para evadirme), poco a poco fui abandonando el comic que me estaba haciendo tan popular en el Deviant. Por otro lado, por esa época estaba teniendo lugar un fenómeno que poco a poco iba “abduciendo” a la gente habitual de Deviantart. Se llama Tumblr, y para quien no lo conozca, es otro tipo de plataforma de “microblogging”, muy centrada en lo visual (la mayoría de las entradas son imágenes, aunque también puedes subir videos, música, textos, etcétera, que puedes rebloguear y, opcionalmente, comentar) que, a pesar de lo difícil que hace comunicarse con otras personas, estaba teniendo un éxito brutal entre los artistas, hasta el punto que muchos de ellos desaparecían del dA tras abrirse cuenta en tumblr.

Como hice al principio con otras cosas, yo empecé por rehuirlo. Si la gente se hacía cuenta ahí y desaparecía de otros foros, no era algo en lo que yo quería involucrarme. Pero una de las personas del grupo empezó a poner cosas relacionadas con nuestro grupo de rol, y al final caí.

Me hice una cuenta solo para eso, para hablar del grupo y “rebloguear” cosas relacionadas con nuestros personajes, como nuestros dibujos, fotos de los actores que los interpretarían si hicieran una película, imágenes que nos los recordaban, cosas que nos inspiraban para nuevas partidas, etcétera.


Era muy divertido… al principio. Agregué como amigos (funciona un poco como Deviantart: tu puedes seguir a quien quieras y la gente te puede seguir de vuelta o no, según prefieras, y todo lo que esa persona publique en sus blogs lo ves en tu página personal, con lo que puedes decidir si lo reblogueas, si le das a “me gusta” o si simplemente pasas de largo) a toda la gente con la que jugábamos (incluso de las que no eran del “grupo dentro del grupo”) y a un montón de amigos más de otros círculos. Con el tiempo, incluso gente que conocía a través de otras personas porque publicaban cosas que me parecían interesantes.

En cuanto a la gente que me seguía de vuelta, como estaba completamente centrada en el grupo de rol (intentaba ser equitativa y prestar atención a todos los personajes, pero bueno, era imposible no tener cierta preferencia por el mío y su novio, ¡no?), había alguna persona que me decía “Yo no te sigo porque me pierdo” y lo entendía. No estaba ahí para ser popular, al fin y al cabo. Solo era una herramienta para canalizar mi última obsesión.

Pero al cabo de un tiempo, y la verdad es que no mucho, en realidad, noté alguna cosa rara. Gente que, se suponía, eran amigos desde el principio, formaban parte del “grupo-dentro-del-grupo”, y, vamos, tenían que saber de que iba la cosa, parecían ignorar nuestros trabajos, sobre todo cuando subíamos (sobre todo Trinh, mi amiga de Vietnam, yo ya dibujaba bastante menos) algún dibujo, mientras que ellos hacían un garabato y eran todo “Oooohs” y “Aaahs” de todo el mundo. Trinh me hizo un comentario al respecto y yo fiel a mi “No achaques a la malicia lo que pueda explicar la estupidez” le quitaba importancia. “No lo habrán visto, mujer”. Al fin y al cabo, Tumblr es como el Facebook: lo antiguo en el tiempo va quedando abajo y muchas veces se te escapa.

Pero un día, como digo, subí un dibujo y la falta de atención por parte de nuestros “amigos” me llamó la atención a mí también y comenté algo así como que nos sentíamos ignoradas… y eso provocó de pronto una “Amigoterapia” (o así le llamaron) en la que se juntaron dos personas del grupo y otras dos que no tenían nada que ver con ello pero que por algún motivo se sintieron aludidas y que puesto que también eran amigas nuestras (o eso creíamos) decidieron ayudar, y montaron una multiconversación en Skype.

Espero que no se dediquen a la psicología, en serio.

Si antes de la conversación yo pensaba que no había habido ninguna mala intención en el hecho de que nos ignoraran, después de ella no me quedó ninguna duda de que lo hacían a mala leche. Vale, las dos que se metieron sin que tuvieran nada que ver, cuando me decían que mi tumblr les confundía y que se perdían, tenían toda la razón del mundo, y la verdad es que no iba nada contra ellas. Pero… ¿las otras dos?

Las otras dos eran parte de nuestro grupo de rol. Conocían a nuestros personajes desde el principio. JODER SE UNIERON AL GRUPO POR NOSOTRAS.

A ver, no es que fuera obligatorio que rebloguearan nuestros dibujos, o que dijeran qué bonitos eran, o yo que sé. Pero es que cuando era cualquier otra persona se deshacían en cumplidos, mientras nosotras como mucho recibíamos un “me gusta” de gente que ni siquiera tenía que ver con nosotras… Un doble rasero que mosqueaba, y mucho.

Y aún tenían el valor de decirme que “Estaban hartas de lo que yo ponía” y una de ellas hasta admitió tener bloqueadas (con una aplicación que se llama “tumblrsaviour” y que te bloquea las palabras clave que tu elijas) las etiquetas de mis personajes, y que claro, no veía nuestros dibujos porque no aparecían en su página.

Os podéis imaginar mi sorpresa. O sea, que nos ignoraban a propósito.

La noticia me cayó como un jarro de agua fría.

Cuando una de las otras dos personas que no tenía nada que ver con el tema dijo, al terminar la conversación, algo así como “Me alegro de que se haya arreglado todo” me di cuenta de que no se habían enterado de nada. En cualquier caso, y visto que molestábamos, dividí mi tumblr en dos, uno para las cosas “asépticas” que no molestasen a nadie (gatitos, humor y Doctor Who, principalmente) y otro para mis cosas de rol… y aunque pudiera parecer una decisión tomada por una rabieta, fue una liberación.

Porque en ese segundo blog, ahora sí que no me cortaba. Ya no tenía que preocuparme por ser pesada o molestar a los demás. Todo era sobre mis personajes, y, sí, aún seguía con la costumbre de poner cosas de los otros, pero ya no necesitaba ser equitativa ni tener cuidado. Era para mí, y para mi amiga, y poníamos lo que nos daba la gana, y al que no le gustase, que no nos agregase. ¡Hasta me podía permitir el lujo de poner cosas “subidas de tono”!

Es curioso que del grupo de rol que “tan unidos estábamos” solo siguiera este segundo blog una persona – bueno y un poco más tarde otra. El resto pasó olímpicamente. Pero tampoco dí mucha publicidad al segundo blog, así que vamos a pensar que… no se han enterado.

Eso me dejó alguna cosa clara, aunque el tiempo me ayudaría a concretar más.

Con respecto a Tumblr como sitio en sí: Para empezar, que Tumblr es tóxico. Muy tóxico. Divertido también, pero tóxico. ¿Por qué? Bueno:

-         La comunicación es mala. Si te comunicas con otra persona a base de rebloguear fotos o mensajes de texto, tu blog queda feo y redundante. Si lo haces por mensaje privado, la información es limitada y se pierde cuando respondes. Eso hace que haya muchos malentendidos, sobre todo con gente a la que no conoces.
-         La gente además es muy rarita y se ofende por nada. La persona que creó el mensaje original (lo correcto en tumblr obviamente es rebloguear el mensaje original, conservando los créditos y referencias del autor del mismo, y eso es lo que hago) recibe todos los comentarios que haces, incluso aunque sea una fotografía. Hay gente que simplemente los ignora, pero hay gente que me ha mandado mensajes diciendo que “Por favor no rolee en SU foto del actor/actriz X porque es SU musa”. Al final he decidido ignorarlos. ¿Qué c*ñ* le importa a esa persona si eso no se ve en SU blog? ¿Y quien le ha dado potestad sobre ese actor o actriz para decidir que SOLO ella puede rolear con él/ella? Podría entenderlo si fueran comentarios ofensivos, pero es que no lo son. Son cosas intrascendentes como “Ella contestaría tal cosa” o “Si fuera pelirroja sería una foto perfecta”, que solo van a ver las personas que sigan MI blog, no el suyo.
-         Por último, Tumblr es el paraíso de los “Social Justicars”. Y sinceramente, cansa. Cansa mucho. ¿Qué es un Social Justicar? Bueno, son defensores de causas que, en general, tienen sentido o son loables (como el matrimonio gay, o la lucha contra las violaciones o el racismo), pero que lo hacen desde el fanatismo y la intolerancia, de forma que todos los hombres son malos o si eres heterosexual no tienes derecho a opinar. Con decir que una persona dejó de seguirme cuando reblogueé una opinión que decía que una mujer también puede ser machista…. Esta imagen resume claramente lo que te puedes encontrar en tumblr:


En resumen, tumblr es el lugar donde la gente está ofendida porque la última película de Disney, Frozen, basada en un cuento escrito por Hans Christian Andersen, está protagonizada por personajes de raza blanca. Supongo que con eso se resume todo.

En cuanto a la gente… Bueno, solo decir que si alguien presume de “ser una borde, y que la gente se piense que vas de broma y no se ofenda”… es porque es una borde. Y que encima enseñe a la gente que le rodea a ser bordes también… pues bueno. Que les sepa mal lo que tu haces (por ejemplo hacer comentarios cómplices con tus amigos o poner cosas sobre tus personajes) pero ellas hagan exactamente lo mismo e incluso a mayor escala (inundarte con sus personajes y encima presumir de ello, o hablar en público de sus cosas y de lo maravillosas de la muerte que son sus amiguitas del alma y contar chorradas que no tienen nada que ver con los que les leen). Ya la rematadera era cuando algún seguidor suyo comentaba lloriqueando que había gente que criticaba sus comentarios y les soltaban “ES TU BLOG, ASI QUE PUEDES PONER LO QUE TE DE LA GANA”. Oh. En el mío no, pero en el de otros sí, ¿no?. A la primera persona que dejé de seguir en tumblr fue por eso.

Al final dejas de darte mal, pero claro, que alguien que pensabas que era tu amigo/a te bloquee primero en un blog, luego deje de seguirte, luego te acabe borrando incluso en skype, que al final la tengas que bloquear tú también porque como comentes en algo que esa persona haya creado le moleste, y que al final hasta personas que creías que eran también amigas tuyas pongan un mensaje diciendo “He dejado de seguir a mucha gente, ya era hora de que hiciera limpieza de blog”, compruebes, veas que aun te siguen, les mandes una nota dándoles las gracias, E INMEDIATAMENTE TE DEJEN DE SEGUIR… queda feo.

Muy feo.

No sé si Tumblr es tóxico y pervierte a la gente o estas personas ya eran así. En cualquier caso, no siento que hayan decidido ignorarme. Supongo que no soy lo suficientemente popular ni les lamo el culo lo suficiente, pero qué se le va a hacer, tengo cosas más interesantes en que dedicar mi tiempo.

Mantengo mi cuenta de tumblr, la de rol para mi y a mi gusto, pasándome por el forro las críticas de los demás, y la genérica sin molestarme ya ni en comentar porque veo que los comentarios ofenden, e incluso he creado otra para almacenar referencias sobre vestidos porque es un tema que me encanta, pero ya no me involucro. Tener una opinión en tumblr es peligroso. Le dedico un rato breve al día, y luego ya lo dejo. No merece tanto tiempo, y solo lo valoro como fuente de información (hay noticias que gracias a tumblr soy la primera en enterarme) y para desmelenarme con respecto a mi personaje de rol. Pero nada más.

Y en cuanto a estas personas… solo siento el tiempo que perdí con ellas, y, a veces, que tengo que poner buena cara, porque todavía son amigas de otra gente que, hasta ahora, sí que me respeta y (creo) me aprecia, y me niego a romper con ellas solo porque haya una manzana podrida.

Algún día apuñalarán por la espalda a alguna de las demás. Hasta entonces… con su pan se lo coman.

lunes, 22 de febrero de 2010

OREGON YE NAZION

Hace algún tiempo me pasaron en uno de esos correos electrónicos en los que la gente comparte contigo cadenas en pps, chistes en formato word y enlaces de las más diversas índoles un enlace a un video sobre un grupo reivindicativo llamado “Comando Almogávar”. Pinché el enlace y de inmediato me aficioné a las andanzas de este grupo en Youtube, porque sabían reirse de los nacionalismos extremistas, daban un buen repaso a la historia de nuestra región y denunciaban situaciones de actualidad con un sentido del humor sano e imaginativo. Se trataba de escenas cortas de un programa de humor de Aragón TV, llamado “Oregón TV”, y ya entonces la cosa prometía ser interesante.

Así que cuando pocos meses después me llego otro email con una serie de enlaces para aprender “Oregonés en 14 lecciones” y vi que era de la misma gente, aparte de empaparme con dichas lecciones y de reirme como una descosida al verme identificada con ellas la mayoría de las veces, me apresuré a reenviar el mensaje y publicitarlo entre todos mis amigos de internet, para que nos conocieran un poco más a los Oregoneses/Aragoneses…

Ahora Oregón TV vuelve a saltar a la actualidad a raíz de un video musical. Y es que en otra de las secciones de su programa, que por cierto no suelo seguir en antena, sino a través de los videos que ellos mismos cuelgan en Youtube, hacen versiones de canciones de todos los tiempos con temas que nos tocan de cerca, desde los trajines inmobiliarios en la localidad de La Muela y su a pesar de todo popular alcaldesa (Hija de la Muela) hasta las obras del tranvía (la parodia del Smells like teen spirit de Nirvana).



Pero la que ha saltado a todos los medios, por las reacciones que ha ocasionado en la región vecina, ha sido la versión de la Ranchera de Rocío Durcal “Me gustas mucho”, en la que se mete sin tapujos con la manía de ciertos sectores catalanistas de pretender cambiar la historia, de negarnos a los aragoneses nuestra identidad histórica y de barrer para casa diciendo por un lado que la Corona de Aragón de toda la vida ahora resulta que era Catalanoaragonesa y por otro, traduciendo los nombres de nuestros Reyes e incluso cambiando su numeración. Y es que, como bien dice el estribillo de la canción y yo he dicho muchas veces, les jode mucho que los que tuvieramos el título de Reino, los que salimos en los libros de historia que todavía no han conseguido cambiar (entre ellos los Archivos de la Corona de Aragón que ellos conservan en Barcelona, o toda la bibliografía que se conserva sin ir más lejos en el Sur de Francia), seamos los aragoneses… porque Barcelona, por importante que fuera comercialmente, por mucho que le interesase a Ramiro I el monje aliarse con ellos y por mucho que fuese nuestra salida al mar, nunca dejó de ser un condado…

Que triste es el complejo de inferioridad…

lunes, 25 de enero de 2010

AL SEÑOR ALEMÁN ME LO CARGO SÍ O SÍ


En algún momento del verano pasado, quizás durante el concierto que vimos en Viena, se nos ocurrió a mi marido y a mí (tanto monta, monta tanto) que, dado que la ilusión de la vida de mi madre era ver algún día en directo el concierto de Año Nuevo en Viena, podíamos regalarle las entradas y el viaje un año de estos por aquello de que hoy es hoy y de que a pesar de todas nuestras diferencias (sobre todo respecto a la limpieza y mantenimento de la casa), la queremos. Así que a la vuelta del viaje, todavía más animados cuando, al contarles el conciertEnlaceo que habíamos visto, mi padre comentó “¿Quizás tu madre se conformaría con esto?”, me dediqué a informarme sobre precios, horarios, y, sobre todo, como conseguir las entradas para dicho concierto.

Aparte de los precios, que me dejaron con la mandíbula desencajada (700 euros por butaca?????), la principal dificultad estaba en que, dada la gran demanda de (ricachones) que querían comprar entradas, estas se adjudicaban por riguroso sorteo. Esto es, tenías que apuntarte en una lista de espera para ver si tenías la oportunidad de gastarte una pasta en las entradas correspondientes. El plazo se abría unos días en enero, y en Marzo te contestaban diciendo si tenías derecho a pagar el pastón o no. Y encima agradecidos, oigan.

Bueno, un año es un año, y la ilusión de la vida de una madre vale la pena, así que decidimos que este año lo intentaríamos, a ver que pasaba. Y lo apunté en algún rincón de mi cerebro y me dije “En enero lo miraré”. Sin decirle nada a mi madre, por supuesto. Queríamos que fuese una sorpresa.

Y en enero, concretamente ayer día 24, domingo, mientras mi madre me enseñaba unas fotografías de Brujas que le habían mandado por email, me acordé. ¡Mierda! ¡El sorteo del Concierto de Año Nuevo!. Con todo el sarao del cambio de trabajo y esas cosas, no me había ni acordado de mirarlo en todo el mes. Así que me cambié el anillo de dedo para que lo primero que hiciese al poner el ordenador al llegar a casa fuese mirar la página de la Filarmónica de Viena y apuntar, rápidamente, todos los correos electrónicos que me permitiese el sistema y la dirección IP para tener el máximo de oportunidades posibles.

Así que dicho y hecho, llego a casa por la noche, abro la página y leo “El plazo es del 2 de enero al 23 de enero”. Por un momento, mirando un calendario equivocado, creo tener una mínima esperanza: “Hoy estamos a 23, ¿no?” “No”, me dice Josema. “23 fue el sábado. Hoy es 24”.

Desilusión, cabreo conmigo misma y desesperación. Por más que miro y remiro la página, los muy puñeteros lo tienen bien calculado: si había algún enlace para apuntarse, ya lo han borrado. Se me ha pasado… ¡por un puñetero día!

Y me siento estúpida, cabreada y con ganas de darme yo misma de collejas, porque ahora, hasta el año que viene, no tendremos otra oportunidad de intentarlo (ni siquiera de conseguirlo, solo de intentarlo) y todo por mi maldita cabeza despistada monotarea que sólo puede estar pendiente de una cosa a la vez: en este caso, el cambio de trabajo…

domingo, 3 de enero de 2010

FELIZ GUARRO VIEJO

Este fin de año nos hemos ido al Monasterio de Boltaña, por hacer algo diferente. Ha sido una pequeña escapada familiar, Josema, Leo y yo solicos. Cena (exquisita, y con una orquesta bastante buena) y baile (con una discomovil que nos aguó la noche porque sólo sabían poner pachanga y además de la cutre). Luego desayuno, visita al pueblo, hora en el spa (muuuuuuy pijo, los baños Japoneses y los de Budapest nos han acostumbrado a cosas más naturales) y visita nocturna al precioso pueblo de Ainsa, donde los efectos del agua a presión se hicieron notar en mis cervicales y casi se nos fastidia la fiesta.

A la vuelta, como Leo se había quedado chafado porque no nos nevó, dimos un rodeo y encontramos algo de nieve, y vimos algunas de las maravillas del Pirineo como el Collado de las Hadas o el precioso pueblo de Roda de Isábena. Pero la guinda del pastel la puso el retorno a casa: nuestros maravillosos vecinos habían celebrado su fiesta de Año Nuevo el día anterior (o quizás la de Nochevieja, a saber), habían sacado la bolsa de la basura al rellano con sus correspondientes restos de pescado y marisco que, dos días después, olían que apestaban, y por supuesto, pasaban olímpicamente del tema.

No era la primera vez que lo hacían: si algún día no había recogida de basuras por ser festivo (como este caso) y se les ocurría dejar la bolsa en la puerta, ahí se quedaba hasta que al día siguiente por la noche la recogía el portero. Unas navidades incluso dejaron TODOS los cartones de TODOS los regalos de los nietos, que no se podía ni pasar de la escalera a nuestra puerta, y pese a que les llamé la atención, ahí siguieron todo el puente. Pero al menos eran cartones: la impresión que daban (encima esa noche vinieron a cenar mis suegros y tuvieron que apartarlos todos para pasar) era pésima, pero no olían mal.

A pesar de que había luz en su casa, llamé a la puerta varias veces y nadie me respondió, así que al final les pasé una nota por debajo de la puerta. La nota decía que dejar la bolsa con pescado podrido durante tres días era antihigiénico y que por favor, la bajasen al contenedor o daría parte a Sanidad. No la firmé, es cierto. Pero al día siguiente cuando salimos de camino a casa de mis padres la bolsa seguía ahí (daba arcadas cada vez que abrías la puerta) y oí como cuchicheaban al otro lado, así que llamé al timbre. No les quedó más narices que abrirme. Cuando les comenté que si no iban a bajar la bolsa al contenedor se me pusieron como fieras diciendo que si les había mandado un anónimo, que si patatín que si patatán. Pero ¿qué tonterías dices de anónimo, si ahora estoy dando la cara, gilipollas? Y si ayer no te dio la gana abrir, no me vengas con historias. En fin, malas caras, malos modos, y por supuesto, y a pesar de que el hijo, que pudo poco, pudo mucho, me dio con la puerta en las narices, aseguró que sí, que sí, que luego la bajaba al contenedor, cuando volvimos por la tarde la bolsa seguía ahí, apestando todo el rellano. Solo desapareció cuando la recogió el portero (porque según ellos, es que ese es su trabajo y para eso le pagan, va a ser que tiene que venir el hombre después de las uvas por capricho de unos guarros que se las dan de señoritos), dentro de su horario habitual de trabajo, por supuesto. Sobre todo seriedad.

En fin, un comienzo de año de lo más prometedor. A pesar de que me quejé a la Comunidad de Vecinos, me dijeron que poco se podía hacer, excepto comunicarles la queja. Pues que se la comuniquen, porque a partir de ahora y vista su actitud, cada vez que vea una bolsa suya en el rellano lo voy a pregonar a todo el vecindario. Aunque imagino que de poco servirá – a mí se me caería la cara de vergüenza, de hecho, si algún día saco la basura un poco tarde y me la encuentro al día siguiente en la puerta cuando voy a trabajar, me pongo como un tomate y la bajo corriedno al contenedor. Pero claro, hay gente que no sabe lo que es eso de la vergüenza. Ni el respeto, ni la educación. Aunque claro, a lo mejor tampoco saben lo que es un esternocleidomastoideo o un ornitorrinco. Vamos, que su coeficiente intelectual llega a dos cifras de pura casualidad. Si no no se explica…

miércoles, 25 de noviembre de 2009

EL HIJO DE PUTA ALEMAN ATACA DE NUEVO


Nunca he sido una persona constante en mis pasiones. Lo que me gusta, me apasiona durante un tiempo, luego me voy enfriando y paso a otra pasión, y aunque lo que fuera que me gustaba no deja de gustarme, ya no soy capaz de sacrificarme por ello como lo hacía en el apogeo de dicha pasión. Me ha pasado con mil cosas, desde el Rol a Starwars pasando por las miniaturas de Perfume o las casitas de muñecas. Y me pasó con Spandau Ballet.

Spandau Ballet fue mi grupo favorito durante los 80 y parte de los 90. Los conocí en un concierto que dieron en las Fiestas del Pilar en 1983, quizás el primer concierto importante al que fui en mi vida, y fue el típico flechazo emocional adolescente. Recortes de la Superpop, intentar conseguir todas las versiones de todos sus discos, y, por supuesto, la meta de toda adolescente (o quizás no tan adolescente, pero yo es que tuve una adolescencia un tanto tardía), poder verlos en persona otra vez...

Aquello no se cumplió hasta 1987, en que volvieron a tocar casi por sorpresa en Zaragoza. En aquel concierto conocí a un grupo de personas con las que compartí la pasión y algunos de los mejores años de mi vida (aunque soy de esas personas afortunadas que puede decir eso de casi todos mis años). Con el apasionamiento y el tiempo libre de nuestra edad, creamos un club de fans, nos movimos, nos enteramos de mil cosas, hasta hacíamos un fanzine y nos colábamos en las ruedas de prensa de otros famosos para entrevistarles para el mismo. Fue una época gloriosa, divertida, en las que hicimos, dijimos y planeamos cosas que quizás ahora no me atrevería ni a imaginar, pero de la que jamás me arrepentiré.

Como todas mis pasiones, con el tiempo se fue apagando. Ellos desaparecieron del panorama musical, mis amigas y yo fuimos emparejándonos y creando nuestras propias vidas, y aunque sus canciones seguían trayéndome fantásticos recuerdos y encendiendo todas las células de mi ser, ni se me habría ocurrido sacarme un billete a Londres para ver un concierto de Tony Hadley en solitario ni, en la mayoría de los casos, seguí atenta a su carrera.

En eso, envidio a mi amiga Pilar. Pilar es una de las personas que conocí en ese concierto, con la que con nuestros más y nuestros menos he seguido manteniendo contacto, y que sí ha sabido mantener viva la llama. Ella ha seguido su carrera, en la época en la que ellos estuvieron de bajón llegó a conocerlos en persona y ha continuado con la labor de informar a las fans e incluso a mantener una página web sobre ellos.

Ella es la que me ha enredado maravillosamente en su retorno musical, la que me iba manteniendo más o menos informada de las novedades, y con la que el próximo 12 de Marzo me escaparé, por primera vez en mi vida (ya me vale, con 42 años) a ver un concierto yo sola fuera de Zaragoza.

Y después de que Pilar me avisó por facebook, por email y hasta por SMS de que ayer Spandau Ballet salía en El Hormiguero, que ella iba a estar de público en el programa, y de que yo le prometiera que lo grabaría, voy y se me olvida.

Completamente.

Hasta el punto que esa misma noche fui yo la que sugerí poner una película de DVD, y la que, cuando la misma estaba empezando y los tres estábamos absorbidos viéndola, juró en hebreo cuando sonó el teléfono a las 9,50. ¿Quién c*ñ* será a estas horas y qué tripa se le habrá roto?

Otra amiga (que gran palabra, que grandes personas, que desagradeciros somos con ellos a veces), Lourdes, me llamaba para avisarme “¡Sonia! ¿Has visto quién está saliendo en el Hormiguero?”



Menos darme de cabezazos, de todo. ¿Cómo se me pudo olvidar? ¿En qué puñetas estaba yo pensando?

Pude verlo casi entero, porque creo que empezó con retraso. Hasta me lo grabaron (a trompicones y con problemas porque las desgracias nunca vienen solas, menos mal que son desgracias menores) mis padres. Pero lo estúpida, lo idiota, lo despistada que me sentí, no tiene nombre.

Maldito señor alemán. ¿Por qué no me dejará en paz?

Ah, Pilar, saliste guapísima en el programa.

miércoles, 23 de septiembre de 2009

COMO PERROS Y GATOS


Toda mi vida he sido más de perros que de gatos. Me creía a pies juntillas la leyenda de que los gatos son “mala gente” y “no son de fiar”, que son independientes, que antes cambian de amos que de casa y que solo puedes hacerles carantoñas cuando ellos quieren. Mientras que los perros eran fieles, cariñosos, y que darían la vida por sus amos si se terciaba. Así que los gatos, aunque hermosos en la distancia, y adorables cuando se dejaban tocar (normalmente los gatitos pequeños que veía en casa de mi tía Araceli; cuando de adulta empecé a frecuentar otra gente con gatos adultos, veía que pasaban olímpicamente de las visitas y que no aceptaban carantoñas más que de sus dueños) nunca entraron en mi lista de las mascotas que algún dia iba a tener.

Como he comentado muchas veces, la cosa cambio cuando Jonsey se autorregaló como regalo de cumpleaños cuando Leo cumplió 4 años.

Durante ese tiempo he llegado a algunas conclusiones, y sé que algunas son disparatadas, pero me da igual.

La primera es que los gatos son marcianos.

Llegué a esa conclusión aquella vez que Jonsey se “emporró” comiendo alguna planta alucinógena indeterminada. Se pegaba el rato tumbado con ese tercer párpado que tienen (sí, como las serpientes) y las pupilas contraidas en un hilillo, también como las serpientes, con una cara de alienígena que daba miedo. Cuando lo llevé al veterinario para consultarle y que le pusiera tratamiento, resultó que la mayoría de los medicamentos humanos que les damos a los perros (como la aspirina) son venenosos para los gatos porque no pueden metabolizarlos. Vamos. Que su metabolismo no tiene nada que ver con el de otros mamíferos de pro, y no es que los perros y los humanos estemos emparentados, la verdad.

La segunda, que engrana con la primera, es que nos vigilan. Particularmente a los coleccionistas de muñecas.

Atad cabos. Jonsey apareció por nuestra vida cuando empecé a coleccionar muñecas Nancy, y TODAS las coleccionistas de Nancy con las que me relacionaban tenían gato. En el foro de BJDs en el que estoy, no creo que me pase mucho si digo que el 90% de los participantes también tienen gato. Tiene que haber alguna relación. Entre otros grupos la presencia de estos animales no tiene ni de lejos tanta intensidad.


La tercera es que la mitad de las leyendas sobre los perros y los gatos son mentiras... o verdades a medias.

Los gatos no son más inteligentes que los perros. Ni de coña. Que requieran menos cuidados, puede, y eso de que hagan pipí en su bandeja de arena y no haya que sacarlos a la calle (cosa que me consta que se puede enseñar también a los perros pequeños), o de que no haya que bañarlos porque se lavan solos, es de lo más práctico, pero poco más. O eso, o a nosotros nos ha tocado el único gato tonto. Porque Jonsey es estúpido. No aprende. Si algo le reporta un daño, el que sea, le da igual. Lo vuelve a hacer las veces que haga falta. Un buen ejemplo son esos estúpidos gatos paracaidistas que se tiran de un séptimo piso. No les da para más.

Otra es que son independientes. Y una m. Jonsey no aguanta quedarse solo, y está siempre en la misma habitación que nosotros. Y cuando quiere mimos, está más tiempo encima de nosotros que cualquier perro. Ninguno de nuestros perros (ni siquiera la excepcional Kira) se tumbaba encima nuestro mientras veias la tele o ibas al baño. Jonsey sí. Y creo que aún no nos ha perdonado que le dejásemos solo en casa cuando nos fuimos a Japón de vacaciones, pese a que dicen que un gato prefiere quedarse solo en casa a pasar unos días en casa de algún desconocido. Desde luego, el nuestro prefiere estar con alguien. Es un p... cobarde.

Si es cierto que no son de fiar. No traicioneros, porque para ser traicionero hay que ser inteligente, y os aseguro que se les ve venir de lejos. Pero eso de que esté ronroneando y demandando caricias y a los cinco minutos y sin mediar ningún tipo de estímulo para ese cambio de actitud te salte al brazo e intente desgarrarlo con furia devoradora no acaba de parecerme muy normal. No sé si es signo de estupidez supina o un intento alienígena fallido de dominar el mundo. Mientras que un perro dará la vida por su amo. De eso estoy segura, he tenido varios.

Y el caso es que quiero a ese estúpido psicoputa de gato que tengo. Me encanta achucharle como al peluche que es y mirarle a sus preciosos ojos azules. Pero sigo pensando que dónde esté un perro, que se quiten todos esos pedantes orgullosos alienígenas felinos altaneros.

Como decían en Babe, el cerdito valiente: Guárdate del felino sibilino...

EN BUSCA DEL TESORO


Hace ya algún tiempo comenté que al final el Ayuntamiento nos la metía doblada y nos instalaban un inútil tranvía (que después de la experiencia en Sevilla, en la que nos adelantaban los peatones, todavía le tengo más manía) en vez del cada vez más imprescindible metro que necesita Zaragoza. Pues bien, este mes han comenzado las obras y han cortado uno de los ejes centrales de la ciudad, el que va desde la antigua carretera de Valencia hasta la Gran Vía, cerrando el acceso al Hospital Miguel Servet (el más grande e importante de la ciudad) y una de las dos únicas salidas del cada vez mas populoso barrio de Valdespartera.

Si eso ya está trayendo el caos circulatorio a la ciudad (no pueden pretender que usemos el transporte público cuando a) También está afectado por los desvíos y b) Trabajo demasiado lejos para que me valga la pena utilizarlo ya que tendría que levantarme hora y media antes), para colmo a algún iluminado se le ha ocurrido poner, a la vez, el carril bici (contra el cual no estoy, siempre y cuando los ciclistas se dignen utilizarlo) por todas las grandes avenidas de la ciudad, así que TODAS las vías alternativas (el Paseo de las Torres, Duquesa Villahermosa, Hernán Cortés) también tienen tramos en obras que estrechan y dificultan más aún el tráfico.

Y para terminar de rematar la faena, este verano también han decidido empezar una serie de obras de supuesto acondicionamiento de varias calles de la ciudad que aún no han terminado, así que también tenemos completamente cerrados al tráfico, por ejemplo, la Avenida de Madrid (incluido su transitado cruce con la Vía Universitas/Calle Rioja), el Paseo de las Damas o el Coso Bajo. Por poner unos pocos ejemplos, y hablando sólo de las calles que yo he visto. Que seguro que en barrios que yo no transito hay más obras.

Y aunque ya no debería pensar en ello, porque como digo siempre, el urbanismo es un acto de Fé, como la Santísima Trinidad, ya que no hay forma humana de comprenderlo, no puedo evitar preguntarme ¿a quién se le ha ocurrido semejante barbaridad? Que sí, que si hay que hacer obras se hacen, pero una detrás de otra, por el amor de Dios, no todas a la vez. Ir al trabajo o a buscar a Leo al cole se está convirtiendo en un auténtico infierno y lo peor de todo es que, al menos en el caso del j*d*d* tranvía (sí, lo odio), que terminen las obras no va a ser para nada garantía de que las cosas vuelvan a la normalidad, porque me apuesto lo que queráis a que cuando abran esas calles al tráfico, la mitad de los carriles van a quedar restringidos al uso exclusivo del tranvía, si no restringen tramos enteros, con lo cual a efectos prácticos, va a ser como si no los hubieran abierto. Vamos, que ya podemos aferrarnos a nuestras vías alternativas, si nos dejan.

Que sí, que entiendo que hay que favorecer el transporte público, pero como digo siempre, j*d*r al que no tiene más remedio que usar el coche no es la forma de favorecer el autobús, o en este caso el tranvía.

Y encima, lo que digo, TODA la ciudad levantada. Como comentábamos el domingo pasado, se parece a la época en la que en Madrid, Gallardón estaba a la búsqueda del tesoro. Al parecer, aquí en Zaragoza también debe haber rumores de que hay un tesoro, y allá donde ven la equis, se ponen a picar.

Aunque mi teoría es otra. Con la crisis, muchas empresas constructoras se han quedado sin trabajo, ya que no hay forma de vender pisos como antes, así que han llamado por teléfono a sus amiguitos políticos (sí, aquellos que antes les daban los permisos de obra para hacer edificios en un metro cuadrado, como el que hicieron en tiempo record al lado de mi casa), y estos les han dado trabajos alternativos en las reformas que (probablemente) necesitaba la ciudad.

A todos a la vez.

Tiene cojones la cosa.

viernes, 11 de septiembre de 2009

MATRIMONIADAS

Y siguiendo con Praga, y otros recuerdos del viaje, enlazo a un tema al que llevo varios días dándole vueltas.

El caso es que en Praga, Radek, nuestro guía de una jornada, era muy dado a hacer las típicas bromas tipo “el matrimonio es un error”. Al enseñarnos la puerta del edificio que está justo al lado del famoso reloj astronómico, nos explicó que por ahí salían las parejas recien casadas, e hizo un chiste estúpido sobre que la gárgola triste era el novio, la sonriente la novia, y la que reía a carcajadas sobre el dintel, la suegra. Soltó una indirecta a una pareja joven y acaramelada en el grupo, que le cortaron al unísono enseñándole sus alianzas de boda y diciéndole muy sonrientes que era “too late” (debían estar de viaje de novios), y no era la primera vez que le daba vueltas al tema porque ya en Budapest habíamos visto unas camisetas con unos muñequitos vestidos con traje de novios (de nuevo él triste, ella sonriente) y con el texto “Game Over” en Budapest.

La verdad es que ese tipo de bromas acaban molestándome. Si tan malo fuera emparejarse, el ser humano no llevaría haciéndolo desde el principio de los tiempos. Si solo quisiéramos casarnos las mujeres, como dan siempre a entender en estas bromas pesadas, dado que durante décadas ha gobernado el hombre, no existiría el matrimonio. Ni hubiera habido matrimonios de conveniencia en los que rara vez elegía ella.

En realidad, supongo, esto enlaza con la misma tontería que da lugar a las despedidas de solter@ de las que hablé en su momento. Una incongruente relación del matrimonio con la falta de libertad, a la que en realidad, si es que se ha hecho, se ha renunciado ya con el noviazgo, con la elección de una persona con la que compartir la vida (o al menos, una parte de la misma, hasta que se cansen y se separen). Elección que, en realidad, hoy en día, se ha hecho con esa libertad a la que dicen que renuncian... En fin, que en el fondo, es una chorrada y un “estaban verdes” por parte de los amigos solteros, que siguen con las ganas...

Sobre todo, cuando recuerdo alguno de los resultados de mi tesis doctoral (con el sugerente título de “Problemática social y patología psiquiátrica en la población anciana de Zaragoza”, o algo similar...): la depresión es mucho más frecuente en las mujeres casadas que en las solteras, mientras que los hombres casados son felices, y tienen a deprimirse con más frecuencia cuando se quedan viudo o solterones. Es un hecho estadísticamente significativo, que conste en acta.

La explicación, en realidad, es sencilla, y como mujer casada que soy, la llevo sufriendo en mi carne varios años. La mujer casada, todavía hoy, se ve obligada a cuidar de su marido y sus hijos, de la casa y, si trabaja, del trabajo. Siempre se tiene la sensación de que cuando algo falla es culpa tuya, y a menudo tienes que dejar a un lado tus intereses personales por los de tu familia. ¡Cuántas veces habré estado haciendo algo, lo que sea, sin pedir ayuda a nadie, y he tenido que dejarlo porque por un lado Leo me pide ayuda con la tele, los deberes o simplemente para sacarle algún juguete de un armario inaccesible, y por el otro Josema me pide que le ayude a elegir una compra, a buscar algo que no encuentra o simplemente, para que le diga que hora es!

Que sí, que a muchas mujeres nos hace mucha ilusión eso de casarnos, la boda, ser princesa por un día y el “Vivieron felices para siempre” que nos han hecho creer en los cuentos de hadas. Pero no. El cuento, la aventura, el culebrón, empieza siempre después.

Y, ojo, que no digo que no sea maravilloso, que lo es. Pero como buena aventura, hay momentos en que estás al borde del abismo y te preguntas por qué demonios te tuviste que meter en semejante berenjenal, y es sólo cuando llegas al tesoro (una mirada de los ojos grises de tu hijo, un abrazo en el momento oportuno de tu marido) cuando te das cuenta de que sortear los dardos envenenados de los Hovitos o superar las pruebas de fe para llegar al Santo Grial han merecido la pena.

domingo, 30 de agosto de 2009

¿QUÉ ES LA PAZ?

Una de las ventajas (o desventajas) de cumplir años en Agosto es que a menudo me pilla de vacaciones en algún sitio fuera de mi ciudad. En este caso, nos ha pillado volviendo de nuestro viaje: desayuno en Praga, carretera y manta, y pausa en Nuremberg para comer, y, de paso, visitar el casco histórico de esta preciosa y no tan conocida ciudad alemana.

En realidad para mí Nuremberg no es una completa desconocida, dado que he tenido familia allí (creo que ahora se han desperdigado por otros lugares del mundo, pero hace unos años todavía se les podía localizar en dicha ciudad). Así que años ha, aprovechando otro viaje de verano, les hicimos una visita, y ya me llevé la misma sensación que me he llevado ahora.

Nuremberg, como otras tantas ciudades europeas, fue casi destruida durante la Segunda Guerra Mundial. En su caso, y quizás por su fuerte vinculación con el partido Nazi, da la sensación de que el ejército enemigo se cebó en ella con cierta alevosía, y ya la primera vez que estuvimos nos sorpendió encontrar carteles con fotos de las ruinas del casco antiguo medieval (que ahora ha sido reconstruido magníficamente) y el texto en alemán “Nunca más”: Qué quereis que os diga, me da igual el bando en que estuvieran, se me puso un nudo en la garganta. Todavía más cuando mi tío nos llevó a ver el monumental estadio en el que Hitler daba sus discursos, ocupado en aquella época por las tropas americanas (hablo de antes de la caída del muro de Berlín, en que en el reparto de Alemania entre los vencedores Nuremberg les tocó a los Estadounidenses), que impedían el paso al mismo a los ciudadanos alemanes mientras los hijos de los soldados americanos lo utilizaban para jugar al béisbol. En ese momento, hasta me pareció natural que en Alemania estuvieran volviendo a resurgir pensamientos neonazis... No sé, ¿cómo os sentiríais vosotros si viniera gente de un país que en realidad nunca ha tenido nada que ver con las ansias de conquista (justificadas o no) de vuestros antepasados, y ocupase un monumento, como puede ser el Valle de los Caídos, por poner un ejemplo de ideología similar, y lo tuviera de patio de recreo para sus hijos, sin dejar entrar a la gente de la ciudad? A mi me parecería humillante, la verdad, y prepotente por parte de los vencedores.

Este año no llegamos a ver dicho estadio, y los carteles que digo ya no estaban, pero en la iglesia de San Sebaldo, en pleno centro de la ciudad, todavía exponían una pequeña muestra del proceso de restauración de la misma. El texto que acompañaba a las fotos, que se pueden ver en esta página web (aunque el texto es diferente), estaba en varios idiomas, entre ellos el español, y era desgarrador. Referencias a cientos de años de cultura derribados por los suelos, a inocentes que pagan las deudas de los errores cometidos por sus gobernantes, y una pregunta, una pregunta que te pone un nudo en la garganta:

¿Qué es la paz?

¿Acaso es pasear entre las ruinas sin miedo a la caída de las bombas?

Recuerdo haber sentido algo parecido (incluso más intenso) cuando visitamos Hiroshima en 2007. El parque de la Paz, hermoso, apacible, relajante, está plagado de pequeños monumentos que te ponen los pelos de punta. No sólo el de la niña Sadako, cuya historia es quizás la más conocida, sino también ese monumento a la madre en la tormenta, intentando salvar de forma imposible a sus hijos del viento nuclear. O ese monumento a las niñas de un colegio, que se encontraban precisamente allí haciendo un simulacro cuando estalló la bomba. Y no sabes qué te afecta más, si el hecho de que murieran allí todas esas vidas inocentes, o que los Estado Unidenses (sí, de nuevo ellos) prohibieran al gobierno japonés utilizar las palabras Bomba Atómica en los monumentos a sus víctmas, por lo que tuvieron que esconderla bajo la fórmula e=mc2 (formas curiosas de eludir la censura, como aquella ingeniosa conmemoración española de los “25 años de Paz y Ciencia”, auténtica, de la que existen sellos y todo).

Me parece muy bien que la historia la escribran los vencedores, y estoy de acuerdo en que durante la Segunda Guerra Mundial, la ideología Nazi era moralmente nefasta y Hitler era el malo de la película, pero de algún modo, no puedo evitar indignarme al pensar en que Nuremberg no sólo era el lugar dónde Hitler daba sus discursos. Era también una ciudad, con sus gentes, sus trabajadores que madrugaban todos los días, sus niños que iban al colegio. Gente a quien Hitler ni les iba ni les venía, simplemente les cayó encima como otro gobernante más, y que pagaron, sí, pagaron muy caro, y sobre todo, por parte de un país que se inmiscuyó en la guerra sin que le afectará lo más mínimo (y que ahora aún llora la destrucción, ínfima en comparación, aunque una sola vida humana ya sea una pérdida incalculable, de sus torres gemelas), con sus vidas, sus hogares, su historia y su cultura.

Y me entran ganas de llorar, y me avergüenzo del género humano.

 
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