Nuestra antigua directora llevaba en el movil la fanfarria de Star Wars. No os podeis imaginar el respingo que yo pegaba cada vez que le sonaba el móvil en una reunión… Por algún motivo, me sentía aludida yo también.
Por desgracia, nos destituyeron a esta estupendísima mujer antes de que pudiera preguntarle hasta que punto ella era friki de Star Wars…
El caso es que ayer miércoles tuve una reunión a la que me fui en el coche con nuestra nueva directora. A raiz de un comentario tonto, y por hablar de algo, saqué a colación una frase de “El Señor de los Anillos”. Y empezamos a hablar de la novela, de cuándo nos la habíamos leído, de lo mucho que nos habia gustado (las dos leímos aquella vieja edición en un solo tomo de Círculo de Lectores, esa que cuando me la llevaba al colegio la gente me preguntaba si era La Biblia, y yo estaba tentada de contestarles que, en cierto modo, para mi si lo era), y de lo que nos entristecía que hoy día hubiera tantos fans que, como en aquella parodia de los fans de Batman que dibujo Cels Piñol, se considerasen los fans numero 1 de la trilogía por haber visto las películas, haberse comprado todas las ediciones limitadas, saberse el guión al dedillo… y no tuvieran ni la menor idea de que “Ah… ¿pero que hay un libro?”…
Y me encontré con que tengo otra jefa friki...
A esta marcha, dominaremos el mundo...
jueves, 15 de enero de 2009
JEFAS FRIKIS
QUIERO SER EL DR. HOUSE

Y no precisamente porque quiera estar en el mismo hospital que el guapísimo Chase (que no sería un mal motivo), ni porque Gregory House lleve el tipo de vida que a mi me gustaría llevar, o porque envidie su puesto en el hospital.
Me conformo con tener su mala leche y saber poner a la gente en su sitio como hace él.
La cosa ya comenzó el lunes con un enfrentamiento con uno de los cardiologos del hospital. Resulta que el martes teníamos el ingreso de un paciente de hematología, especialidad en la que gracias a Dios tenemos pocos casos, pero siempre complicados, y que casi siempre requieren aislamiento. Yo tenia una habitación individual en reserva desde el viernes, pero ese fin de semana otra de las cardiologas me la ocupó para trasladar a su padre, que YA estaba ingresado en una habitación individual, pero en otra planta. Por supuesto, lo hizo sin contar conmigo y me hizo una pequeña faena, porque ahora para poder aislar al enfermo de hematología, yo tenía que ingresarlo en una habitación doble y bloquear la otra cama, lo cual en temporadas como esta, en las que el hospital está prácticamente lleno y cualquier cama nos es necesaria, es un problema bastante puñetero.
Pero dadas las circunstancias no me quedaba más remedio que hacer eso, porque además, los pacientes de hematología llevan unos tratamientos tan complejos y peligrosos, que a menos que sea completamente imposible, he de intentar que el paciente ingrese en la planta dedicada a dicha especialidad, que comparten con cardiología, por lo cual tuve que juntar las dos unicas camas disponibles para hacer una habitación libre entera en la que realizar el aislamiento.
El caso es que para ello, tenía que programar otro ingreso pendiente para una patología cardiológica en una planta diferente, en la que aún me quedaba alguna plaza libre (lo que llamamos un “fuera de área”), ya que en el servicio de Cardiología no me quedaba más que la habitación de dos camas que iba a destinar al ingreso de hematología: en una cama, el paciente, y la otra bloqueada por la necesidad de aislamiento.
Pues bien, como media hora antes de la hora de salida, cuando todavía tenía que terminar de distribuir los ingresos programados, y decírselos a mis compañeras antes de las 3 de la tarde para que ellas pudieran coger el autobús e irse a sus casas, apareció este hombre.
He de decir que hasta ahora me había caído bien. No pensaba que fuera un impresentable egoísta e infantil como me habían demostrado ser otros de sus compañeros. Pero vi que me equivocaba. Se pegó esa preciosa media hora de trabajo que me quedaba discutiendo conmigo sobre la, según él, dudosa necesidad de ingresar al paciente de hematología en la planta que comparten ambos servicios por delante del menos problemático paciente de cardiologia. Yo, ingenua de mí, pensaba que podía razonar con él, pero solo consegui que al final, en un arranque de rabieta infantil, el buen señor decidiera que prefería anular el ingreso, y por tanto el procedimiento al que debía someterse, del paciente de cardiología, antes que ceder e ingresarlo en otra planta.
Solo después de eso, y de dejarme toda la labor de más de media hora por hacer, con lo cual me tuve que quedar un rato extra en mi despacho para terminarla, consintió en marcharse del despacho y dejarme en paz, en una extraña situación de tablas. Yo había cumplido con mi deber, sin dar mi brazo a torcer, pero él había jodido a un paciente haciéndome, a sus ojos, aunque no a los míos, responsable.
En fin, pareció que la cosa no iría a más, pero el miércoles, antes de irme con la directora a la reunión de la que hablé en la entrada anterior, me vino un señor bastante malencarado al despacho, protestando con muy malos modos por haber trasladado a su padre el lunes anterior ya que según “el médico, eso le había causado una recaida en su patología”. Y empezó con amenazas sin dar lugar a ofrecerle ninguna solución, lo cual en muchos casos me hace plantearme dos veces el intentar solucionar nada…
Me encantaría haber podido ser como el Dr. House, haberle mandado a hacer puñetas y haberle dicho que esto no era un hotel, sino un hospital, y que las camas estaban supeditadas a las necesidades asistenciales. Concediéndole el beneficio de la duda, he hablado hoy con otra de las doctoras, ya que, con mi suerte acostumbrada, el cardiólogo al que tenía que ponerle los puntos sobre las íes no estaba. El comentario de su compañera fue “¡Vaya, con eso ya tendríamos para publicar un caso! Paciente que empeora por cambio de habitación”. Y por evitarnos problemas, decidimos de común acuerdo realizar el cambio.
Pero que quereis que os diga. Me sentí mal. Ese señor, esos señores (porque pongo la mano en el fuego a que mi amigo el cardiólogo le había enzurizado contra mí) se han salido con la suya usando malos modales. Debería ser al contrario.
¿Dónde está el Dr. House cuando se le necesita?
Publicado por Sonia en 13:29 4 comentarios
Etiquetas: preocupaciones, series TV, Trabajo
miércoles, 14 de enero de 2009
CROFT MANOR

El día de Reyes uno de los regalos de Leo fue el juego Tomb Raider Underworld para la PS3.
Tengo que decir que cuando oí hablar por primera vez de Lara Croft, allá por los 90, y me vi sus primeros diseños poligonales en los que saltaban a la vista particularmente dos polígonos en concreto, le cogí bastante manía al personaje. Me parecía un símbolo machista e insípido y no entendía la razón, aparte de la hormonal, de su éxito.
Luego, cuando Leo se empeñó en tener el Tomb Raider Legend para la PS2, y se lo vi jugar (porque yo soy adicta a ver jugar juegos de ordenador, no a jugarlos. La misma diversión y ni gota de estrés), tuve que tragarme mi opinión. El juego era impresionante, la historia enganchaba y Lara, como personaje, se ganó mis simpatías casi desde el principio.
Una persona que acaba de matar a un yakuza japonés y que cuando le preguntan donde está responde con todo su cinismo “Depende de si ha sido bueno o malo”, ya tiene todos los puntos para entrar en mi lista de gente guay.
Si además le añadimos que sus proporciones empezaban a ser más “normales”, que su belleza (curiosamente, de “vulgar” mujer castaña de ojos castaños) era más terrenal y que lo más interesante de ella era su intelecto (vale, y sus dotes como gimnasta. Si fuera al programa Ninja Warrior, dejaría en bragas a Yamada, Nagano y todos los demás. Es más, aún estoy esperando que alguien que entienda de programación haga un guiño a este programa y haga una versión en el escenario del monte Midoriyama con Lara Croft como concursante…), le fui cogiendo hasta cierto cariño, empezando a ocupar un lugar en mi lista de mujeres “como las que me gustaría ser de mayor”.
Pero hay una cosa que envidio de Lara Croft por encima de todas. Su mansión. Noventaitantas habitaciones. Una biblioteca inmensa. Cama con dosel, baño con Jacuzzi, habitación vestidor toda forrada en madera, piscina gimnasio cubierta… y todo con ese aire neo gótico…
Hay dos edificios que son mi sueño imposible, dos edificios en los que si fuera archimillonaria, como Lara, me gustaría vivir. Uno es el Seminario de Zaragoza, precioso edificio también neogótico, descomunal, inmenso, que ahora ha comprado (y destrozado, hasta el punto en que se les hundió el tejado durante las reformas) el Ayuntamiento.

El otro es la Mansión Croft.
Por eso, cuando en el último videojuego de Lara Croft, Tomb Raider Underworld, esa maravillosa mansión vuela en pedazos (no, no es un spoiler. El videojuego comienza con esa explosión), me quedé con algo roto por dentro…. Hasta el punto que cuando llega ese momento en el juego, cuando queda claro que la mansión no es prácticamente más que cenizas, se me debió poner tal cara de tristeza, que el propio Leo me dijo “Tranquila, mamá, que sólo es un videojuego…”
Publicado por Sonia en 12:58 1 comentarios
Etiquetas: Conociéndome, preocupaciones, videojuegos
viernes, 9 de enero de 2009
CACERÍA DE BICHOS
Vaya nochecita he pasado. Esta noche el sueño no ha podido ser más peliculero. Medio Hollywood en una pesadilla.
El comienzo en realidad era más bien psicodélico. Todo empezaba con este blog, en el que escribía una entrada sobre “por qué quiero estar delgada” y comentaba escenas de “Alien” en las que primaba la importancia de ponerse un traje de vacío (en el que yo, con mi talla, seguramente no me podría meter). Tras elementos que no recuerdo bien sobre una casa con ventanales tipo caravana que había que tener cerrados o entornados, yo estaba en un tren y tenía un hijo adolescente, al que pillaba con unos amigos que estaban tomando droga. Me ponía firme con ellos, y les decía que ellos que se matasen como quisieran, pero que ni se les ocurriera meter a mi hijo en ello, y al más chulito de ellos lo echaba del compartimento. Luego me iba al baño. De una forma u otra, en mi organismo había entrado la droga también, y yo lo sabía, por eso no me sorprendía cuando empezaba a notar los efectos. Por cierto, hacía tiempo que yo no era yo. En mi reflejo en el espejo había una mujer rubia, delgada, elegantemente vestida con blusa blanca y minifalda marrón.
La parte de los lavabos del baño estaba empapelada con dibujos de tipo rococó, y de pronto yo veía como los dibujos empezaban a meterse por mi piel, hasta que sólo veía mis ojos en el espejo. Aquello tenía tintes de pesadilla, pero como una espectadora, yo sabía que era debido a la droga, así que decidía esconderme en la cabina del wc, que no tenía empapelado, hasta que se me pasara el efecto. Al poco rato, decidía salir, me quitaba la minifalda, me vestía con pantalones, y de nuevo no era yo. Era Ellen Ripley.
El tren había parado en una estación, y estaba sospechosamente vacío. Como en esa patética escena de “Species”, en la que Forest Withaker (que interpreta a un médium) entra en una habitación llena de sangre hasta el techo, y dice, como si fuera una revelación que nadie más puede sentir, “Aquí ha ocurrido algo horrible”, yo también sabía que esa ausencia de gente no era normal. Y lo sabía porque era Ripley, y dónde está Ripley, hay Aliens.
Efectivamente, al salir del vagón, me encontraba una auténtica carnicería. El tren había parado en un apeadero o pequeña estación de un barrio, y allí no habían dejado a nadie con vida. Lo que me tranquilizaba, a medias, era ver que mucha gente parecía muerta por heridas de bala. Como si el ejército hubiera intervenido y hubiera acabado con la amenaza.
Pero yo era Ripley, y dónde está Ripley, hay Aliens. Yo sabía que eso no había terminado tan fácilmente, y, efectivamente, el primer bicho salía detrás de mí. No me preguntéis como lo mataba, pero acababa con él, y, como en el cómic de Alien vs. Predator, lo descuartizaba con cuidado de que no me salpicase su sangre ácida para hacerme una armadura con su coraza. Porque habría más. Seguro.
Tras un pequeño paréntesis en el que me ha dado tiempo hasta a hacer una lista de los aliens con los que he acabado (por Dios, ¿hasta les ponía apodos y todo?), estoy acabando con los últimos con el sencillo método (qué sencillo parece todo en los sueños) de improvisar un lanzallamas con las tuberías de gas del edificio. No veáis como ardían los malditos, sobre todo los pequeñajos que llevaban poco tiempo fuera del cuerpo humano.
Claro, nada es perfecto, y mi lanzallamas improvisado fallaba a veces, pero en general los iba manteniendo a raya. Además, empezaba a unirse gente en mi ayuda. Gente de los alrededores que iba viendo lo que pasaba y quería acabar con ellos también, o gente que simplemente pasaba por ahí. También había gente estúpida, por supuesto. No sería una buena historia de Aliens sin alguien que apoyase al bicho. Como un grupito de estúpidos adolescentes (a ver, es un cliché. En las películas, los adolescentes en manada siempre son estúpidos) que llevaban un doberman alien y no me dejaban matarlo, hasta que el bicho se volvía contra ellos, claro. Entonces me pedían ayuda, pero era tarde para salvarlos a todos.
Luego aparecen un grupito de negros, entre ellos Chris Tucker (ayer mismo vi empezar una película cutre de terror protagonizada por él, así que imagino que por eso lo metí en mi sueño). Vienen con cierta chulería y me dan mala espina, así que decido ponerles bajo vigilancia. Si dan muestra de estar contaminados, acabaré con ellos sin compasión. Y efectivamente, ante la menor muestra de amenaza, les cambia la cara como a los vampiros de Abierto hasta el amanecer, muestra inequívoca en mi sueño de que llevan un Alien en la tripa. Así que lanzallamas con ellos. Esto empieza a parecerse al Thriller de Michael Jackson.
El último grupo son unos estudiantes de medicina. Muy en plan anuncio de Coca Cola. Vienen a ayudar, pero yo ya no me fio de nadie, y hago bien, porque una de ellos me dice en plan bruja malvada del este que no conseguiré acabar con ellos nunca, y que además no puedo distinguir quienes están contaminados de quienes no. Empiezo a sentir un cansancio inmenso, a darme por vencida...
Pero entonces otra de ellas salta a un parapeto, y de la falda hippy que lleva saca una ametralladora, y dice que ella no se rinde, y empieza a disparar, y yo me uno a ella, pero eso ya es una pesadilla, porque son demasiados, y se reproducen como zombies, y yo ya no sé si eso es Aliens, Resident Evil o qué, solo se que cuando abrí los ojos y vi que solo quedaban cinco minutos para que sonase el despertador, por una vez, lo agradecí... volví a cerrar los ojos, y seguí disparando hasta la hora de levantarme...
Publicado por Sonia en 9:53 4 comentarios
jueves, 8 de enero de 2009
PEQUEÑOS DESCUBRIMIENTOS

Soñar que te persigue la Sra. Coulter (de “La Brújula Dorada”), que, por mucho que sea la bellísima Nicole Kidman, no deja de ser la mala de la película. Correr por toda la ciudad intentando por todos los medios que no se haga con Leo. Buscar refugio en la Basílica del Pilar, recordando en el último momento que estamos en un universo alternativo y que aquí la religión son ellos, y que casi nos metemos en la boca del lobo.
Encontrarnos con ella de frente, y que de pronto con unos pases jedi les borre la memoria a Josema y a Leo, y a mi no porque por algún motivo soy inmune a sus poderes, y que entonces de pronto Josema me dice que no nos conoce de nada y que ya no nos ayuda, y tener que salir corriendo tirando de Leo sola y desesperada (a pesar del hechizo, Leo sigue corriendo conmigo). Arrancarle a la dama una especie de bufanda dorada al subir desesperadamente a un autobús y descubrir que era parte de su peinado y que al arrancarle los cabellos, como Sansón, perdía parte de sus poderes.
Coger un poco de ventaja, escondernos en una frutería en la que amablemente nos hacen un hueco detrás del mostrador (como en “La Búsqueda”), pero estropearse todo porque justo cuando está ella husmeando en plan “aquí huele a niño, fi, fa, fo, fu”, Leo recuerda quien soy y me llama mamá en voz alta.
Y como siempre, en el momento de máxima tensión adrenalínica, despertar, y respirar de alivio, al descubrir que Leo duerme tranquilamente a mi lado, y darme la vuelta y abrazarle, y poderme volver a dormir tranquila.
Abrir los ojos un momento, y descubrir que son solamente las 2,30, y que aún me quedan 4 horas de sueño hasta que suene el despertador....
...No tiene precio.
Publicado por Sonia en 10:24 0 comentarios
LA ÚLTIMA ESTRELLA
Se acabaron las navidades. Ayer recogí los adornos navideños con una sensación de tristeza. Puse los últimos villancicos mientras lo hacía (en realidad, los únicos que he puesto en todo el año): el disco Christmas in the Stars, que por fin he conseguido en versión MP3 ya que hasta ahora solo tenía aquel vinilo que compré en el Corte Inglés por 100 pesetas allá por los años 80. Villancicos de Star Wars, que quería que mi hijo escuchara también. Por absurdo que parezca, todavía me emociono al oirlos, ya sé que soy una friki.
Qué vacía resulta la casa sin el árbol, el Belén y los espumillones, y que increíble es decir eso con respecto a mi casa, en la que impera el horror vacui. Y encima, siempre queda alguna cosita suelta, un espumillón que se queda olvidado en una habitación, y que cuando por fin has empaquetado todo y lo has guardado en el armario, te mira con aire culpable desde la silla o la cama, no sé si culpándote por haberle olvidado, o por haber quitado a todos sus compañeros, y lo esconder avergonzada...
Por la tarde quedamos con Vero en el Canterbury de debajo de casa, y asistimos al desmontaje de las luces que adornaban las ventanas de dicho bar. No puede evitar exclamar en voz alta la pena que me daba que se acabasen las navidades, lo que me valió una sonrisa del camarero que cargaba las ristras de bombillas. Y no lo digo solo porque se acaben las vacaciones y el no madrugar, aunque reconozco que eso también me fastidia. Se acaba la magia. Se acaban las lucecitas que te animan el corazón en las noches más largas y frías del año.
Por eso, cuando esta mañana, de camino al trabajo, he visto en un piso de la calle Corona de Aragón que todavía relucía una de esas estrellas luminosas multicolores de los chinos, se me ha alegrado un poquito el alma. Ojalá esa última estrella todavía dure unos poquitos días más. Porque así se me hace más llevadero todo. Hasta quitar los adornos de mi despacho.
Adios, navidades. Hola, rutina...
Publicado por Sonia en 10:17 0 comentarios
martes, 6 de enero de 2009
¿QUIEN DICE QUE LOS REYES MAGOS NO EXISTEN?
Mirad lo que me han traido esta mañana.
Despues de quedarme algo chafada por que no fuera seleccionada mi foto en el concurso de Dollzone, voy y me encuentro esto. Es curioso que me sintiera desplazada del de Dollzone, en el que tenía bastantes esperanzas, porque me parecía que mi fotografía era bastante decente, y que en este, que no tenía ninguna oportunidad, acabe entre los tres finalistas, lo cual ya me supone una cabecita de premio. Eso me pasa por tener tan poca fé.
Y es un concurso apetitoso, porque si gano hacen una muñeca inspirada en mi dibujo, según estas reglas.
Lástima que, como en los viejos tiempos del Elfdoll club, una de las personas esté recibiendo votos a mogollón de gente que se registra solo para votarle. A ver, no es que mi dibujo sea mejor que los otros dos, más bien al contrario. Pero es triste que el primer día se registrasen 30 personas, las 30 españolas, y esta chica recibiera 30 votos de golpe. Siempre me pasa lo mismo. En fin, con su pan se lo coma. Debería conformarme con mi cabecita y con haber llegado a la final, y tras el chasco inicial, es lo que estoy haciendo.
De todos modos, y puesto que otros no tienen esos escrúpulos, si quereis ayudarme a mi (o simplemente equilibrar las cosas), este es el enlace para votar.
Hay que registrarse en el grupo de yahoo primero, pero se puede configurar para que no os manden ningún mensaje ni basura al email... así que el esfuerzo es pequeño... y mi agradecimiento será grande ;-)
Publicado por Sonia en 9:12 0 comentarios
Etiquetas: BJDs, Momentos de gloria

